El mundo entero es un solo hormiguero

dr.laitmanEstamos hechos de la materia del deseo de recibir, como toda la creación. Pero en contraste con todo el resto, el humano sabe cómo dividirse en dos: en acción e intención. Es posible actuar como la naturaleza inanimada, vegetativa, y animada, o como niños pequeños que juegan sin ninguna intención interna, tomando lo que quieren para sí mismos.

Pero cuando el niño crece y toma la imagen del hombre en este mundo, ya no es posible conocer sus intenciones a partir de sus acciones. Podría ser que el acto sea un acto de otorgamiento, pero como es costumbre, la intención es por el bien de recibir. Esto significa que nuestro otorgamiento requiere compensación a cambio y que siempre estamos actuando por nuestro propio bien.

A partir de aquí es claro que si no nos cambiamos, entonces actuamos sólo por nuestro propio bien. Y debido a que el ego crece todo el tiempo, entonces toda nuestra actividad está basada en el nuevo ego y la intención se vuelve más y más egoísta. Así es como avanzamos hasta que la brecha entre nuestras acciones e intenciones se hace tan grande que comenzamos a prestarle atención a ello.

Cuando vemos una película antigua que fue hecha hace cincuenta años, se ve realmente infantil. A pesar de que ellas nos muestran ahí personas fuertes y heroicas, todos sus discursos y sus acciones parecen ingenuos como los de los niños pequeños. Esto se debe a que el ego aún era pequeño, no como en nuestro tiempo; sus comportamientos nos parecen ingenuos y primitivos. La acción y la intención son muy cercanas una a la otra, el acto corresponde precisamente a la intención como con un niño pequeño. No hay cálculos políticos engañosos detrás de todo eso.

Pero en nuestros tiempos, el ego de ha desarrollado tanto que nos lleva a la desesperación porque vemos que cada acción en nuestro mundo es sólo con una intención para uno mismo y nadie más. Ya no creemos en la publicidad, en lindas promesas, en palabras o acciones, ya no creemos en nadie, ni en políticos ni en personas ordinarias. Ni siquiera creemos en los miembros de la familia, porque vemos cuán egoísta es cada uno y cuanto se preocupa sólo por sí mismo, tanto los hijos como los padres. Entonces estamos alejándonos uno de los otros. Es claro para todos nosotros que todos nuestros actos son sólo para nuestro propio bien sin consideración alguna de los demás.

Incluso si estamos preocupados por alguien más, esto es sólo porque sentimos una conexión con él, y como resultado de eso, su problema se vuelve nuestro problema. Entonces pensamos en él como pensamos en nosotros mismos. Pero en esencia este es sólo un cálculo egoísta, porque no hay nada más. Así es como alcanzamos el reconocimiento del mal en nuestra naturaleza, entendiendo que todo es “por el bien de la recepción”.

El ego se desarrolla tanto que no es posible conectarnos con nadie. En las generaciones previas el ego aún no estaba tan desarrollado y no lo usábamos de forma tan ruda como ahora. Pero en nuestros días no nos importa nadie y nadie está avergonzado de nada, en su lugar incluso está orgulloso de su ego.

Los políticos y los hombres de negocios ya no tratan de disfrazar de sus actividades y de aparentar ser amables. Cada uno actúa de acuerdo a su deseo, temiéndole sólo al castigo, y haciendo un cálculo egoísta simple.

Y esto es bueno porque es una señal de que nuestra generación ha llegado al reconocimiento de la verdad acerca de sí misma. Finalmente hemos entendido quiénes somos y en qué clase de mundo existimos, y en qué clase de conexión nos encontramos entre nosotros. Todas las conexiones se han vuelto simples y claras, entre las naciones, entre las personas, en cada ciudad y familia. Mientras sea bueno para mí, permaneceré, y en el momento en que sea malo para mí, lo dejaré todo.

No hay otro cálculo. Nadie habla de patriotismo, de auto sacrificio por el bien de la patria o por el bien de alguien más. Un héroe moderno es famoso por el número de personas que ha matado en una película y no por la cantidad de personas que ha salvado.

El asunto es ¿podemos continuar existiendo de esta manera? Si continuamos desarrollando nuestra naturaleza egoísta, cuya fuente es el deseo de recibir, entonces sin vergüenza comenzamos a usar nuestro ego instintivamente como los animales.

Los animales actúan instintivamente de acuerdo al programa interno que está implantado en ellos, y los humanos pueden existir sólo si existe entre ellos algún tipo de conexión, como hormigas en un hormiguero. Somos siete mil millones de humanos, cada uno debe estar consciente de su lugar, de su papel, y su obligación. Y así es como, a través de trabajo recíproco, construiremos para nosotros mismos una vida segura.
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De la 1° parte de la lección diaria de Cabalá del 7/13/14, Shamati # 60

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