La convención de San Petersburgo: Un revés del ego

Dr. Michael LaitmanEn el segundo día de la convención se propone que examinemos el asunto, “¿Cómo nos deshacemos del ‘mal olor’ del ego en descomposición con la ayuda de nuestros esfuerzos?” Hay artículos de Baal HaSulam y de Rabash en los cuales está dicho que cuando la persona ve cómo su feo deseo gradualmente muere en agonía, se siente complacida por esto porque con esto ella nace. En el mismo grado en que el ego entra en descomposición, ella siente que Adam (el hombre) nace dentro de sí.

El ego está como invertido, vencido bajo el arado. Esto significa que está invertido, invertido en altruismo. El arado es la Luz del Creador. El fertilizante es nuestros esfuerzos con los cuales previamente queríamos llenar el ego.

En última instancia, bajo la influencia del Creador, la cantidad de nuestros esfuerzos se vuelve cualitativa. Recibimos un ego opuesto en el cual se revela “el capullo de la flor en el suelo”, la característica altruista, nuestra alma. De esto se habla en el segundo artículo del Libro del Zóhar, “Los capullos de flores”.

Después de que el verdadero “yo” crece en nosotros, debemos hacer escrutinio para ver si estamos listos para conectarnos al “nosotros” es decir alcanzar el mismo pacto acerca del cual hablamos al comienzo. Así, el segundo día finalizará con esto, donde nosotros (individualistas) estamos conectados en un solo “nosotros”, es decir nuestro “yo” único. Con esto nos vamos a dormir alegres, satisfechos, y felices.

El resultado del día entero debe ser una plegaria, nuestro deseo reunido, tanto como sea posible, el anhelo por la meta, por el poder de realizar esta meta. Cada etapa debe estar acompañada por un amoldamiento cada vez mejor de esta petición, de esta plegaria.
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De la Convención en Sochi del 8/25/14, Lección 4

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