La percepción de la realidad dentro de una Luz simple

wwwLa Luz superior está en reposo absoluto, y el Creador es bueno y benevolente. Esto significa que siempre estamos parados en presencia de la Luz, del bien absoluto que nunca cambia. Nosotros somos los únicos que cambiamos.

Es posible orar sólo por mi propia corrección. Pedirle al Creador que cambie es inútil porque Él es absolutamente el bien para todos, sin excepción, y no puede ser de otra manera.

La percepción correcta de la realidad es el entendimiento de que no puede haber cambio en la Luz y ni siquiera en nosotros, sino en mí solamente. Esto se debe a que la forma en la que siento cada uno en el mundo y todos los cambios que todos atraviesan, están determinados sólo por la manera en que yo mismo he cambiado. En vez de exigir que los demás cambien, a través de la cooperación mutua con ellos, yo tengo que convocar un cambio en mí, y luego cambiará el mundo entero.

Los sabios han comprendido desde hace tiempo a partir de sus experiencias de vida que no tiene sentido tratar de cambiar a los demás. Nadie va a cambiar y todo depende de mí. La sabiduría de la Cabalá lleva a la persona a una muy simple percepción de la realidad y le explica que cada uno debe corregirse sólo a sí mismo y no a los otros.

Pero con el fin de convencerme yo mismo de cambiar, requiero de un entorno. Al influir en la sociedad, yo mismo influyo en mí. Aparentemente quiero mejorar el entorno, pero en última instancia el entorno influye en mí y me cambia.

Yo juego con el Creador y con el entorno, pero esto es influir en mí. En última instancia, yo mismo me cambio de esta manera, al volverme similar al Creador. Entonces alcanzaré una verdadera percepción de la realidad y veré como se ve desde el costado de la Luz, desde el lado del Creador.

El Creador nos dio esta oportunidad de cambiarnos gradualmente a nosotros mismos, de producir constantemente los cambios dentro de nosotros mismos para volvernos similares a Él, a través del entorno. Si percibo al mundo entero y a todos los amigos como perfectos y sólo a mí mismo como necesitado de corrección, al acomodarme a ellos, seré hallado en el trabajo constante que me acerca al nivel del Creador.

Y en realidad, no importa qué suceda en el entorno, quién tenga razón y quién esté equivocado. Percibo todo esto como el juego del Creador conmigo. Él es quien organiza todo de este teatro a mi alrededor que me ayuda a adaptarme a Él. Porque si no existe otro además de Él y Él es bueno que hace el bien, entonces cualquier otra imagen que no provenga de la única buena fuerza atestigua de mi corrupción interna que debo corregir.

Entonces yo mismo tengo que estar en un proceso de escrutinio todo el tiempo, en un diálogo interno con el Creador escudriñando qué está dándome Él para que yo vea, escuche, pruebe, toque, piense e imagine. ¿Qué recuerdos flotan en mí, qué pensamientos giran dentro de mí?

¡El Creador crea todo un mundo a mi alrededor de tal manera que yo no olvide ni por un momento que todo esto ha sido hecho por Él, que yo estoy llevando a cabo un diálogo incesante con Él, que quiero descubrirlo, y entender! Es como un niño a quien se le dijo algo, pero no entiende nada y sólo se mira entusiasmado con la boca abierta. Es así como nosotros debemos tratar de entender en cada momento lo que el Creador quiere decirnos a través de todo este mundo que Él nos muestra.

Esencialmente sólo existe un muy pequeño deseo por el placer de recibir, que se siente a sí mismo como si existiera en un cuerpo físico con manos y pies, y alrededor de él hay otras formas, otros organismos, todo un mundo. Este inmenso mundo está cambiando todo el tiempo, todo gira dentro de él. Todo esto sólo existe en mi percepción interna, en mi deseo de recibir y es representado dentro de mi imaginación, pero no existe en la realidad.

Nosotros vivimos en un mundo imaginario así. Todas sus imágenes son formadas dentro de nuestro ego para que podamos interpretarlas correctamente. Si aceptamos la intención de otorgar por encima de nuestro deseo de recibir, entonces en vez de todas las formas de este mundo, sentiremos la Luz superior que llena toda la realidad. Tenemos que alcanzar una forma así de definitiva de la percepción.

Todo el trabajo es corregir nuestra percepción interna, ser liberados de esta imaginación patológica en la que existimos ahora, de este mundo imaginario, y llegar a la Luz simple, superior. A través del trabajo con el entorno, imaginándonos a nosotros mismos como cada vez más cercanos a la Luz Superior, es decir, al otorgamiento, a “ama a tu prójimo como a ti mismo”, podemos cambiar nuestra percepción; y en vez de este mundo, sentir el mundo superior.

Esta percepción distorsionada que retrata para nosotros este mundo físico desaparecerá y en su lugar sentiremos al Creador, y veremos que además de Él, no existe nada. Y nosotros existimos dentro de Él y todo está inmerso en un océano de Luz blanca. Esta será la verdadera percepción, y no la realidad imaginaria en la que ahora vivimos.

(143698 – De la Convención en Chile “Día uno” 7/30/14, Lección 2)

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