Expiación, el primer paso hacia la corrección

Dr. Michael Laitman.jpgEs costumbre de leer las Slijot (expiación) en el Sidur antes de Rosh HaShaná y de pedir perdón por todos los errores y pecados que cometimos en el año anterior. La persona por lo general pide perdón si le ha hecho algo malo a alguien, no con el fin de corregir el mal. Pero las Slijot son la revelación del reconocimiento del mal que causamos con o sin intención.

Todos sabemos que incluso en la corte el pedir perdón o una disculpa de un lado a otro se toma en cuenta. A veces, el tribunal decide que el delincuente debe pedirles perdón a los ofendidos y si ellos perdonan al delincuente la pena se mitiga.

Esto significa que el pedir perdón ya es una corrección, dado que la persona admite que ha causado un daño. A pesar de que no haber corregido esto aún, ella ya se compromete a corregirlo. La petición de perdón es el primer paso de la corrección, así que tenemos que valorarlo y tomarlo en cuenta.

Decimos Slijot al final del año, al final de un ciclo, al final de un nivel espiritual. Completamos el nivel espiritual en un buen estado, puesto que la Torá siempre habla de un ascenso, pero al mismo tiempo llegamos a la destrucción. Al final del año es el Nueve de Av junto con todos los problemas asociados a él: la destrucción del Primero y del Segundo Templo y más. Luego está el momento de las Slijot en el que descubrimos los resultados de la ruptura y nos damos cuenta cuán rotos, bajos, y repugnantes somos, entonces pedimos perdón.

Curiosamente, el mes en el que lloramos y pedimos perdón con el corazón roto debido al reconocimiento del mal se llama “Elul”, que es el acrónimo hebreo de “Yo soy de mi amado y mi amado es mío”.

Pero si me doy cuenta de que soy malo, es culpa del Creador, porque Él creó mi inclinación al mal. Entonces, por qué debería pedir perdón por eso.

Resulta que la consecuencia deseada de nuestro trabajo, del nuevo nivel que hemos adquirido, es la revelación de la inclinación al mal que hay en nosotros. Descubrimos el mal en nosotros y lo atribuimos a nosotros mismos, al darnos cuenta de que está dentro de nosotros y queremos deshacernos de él. De lo contrario, no se llama el reconocimiento del mal.

Si la persona se siente mal en su ego (su deseo de recibir), inmediatamente quiere deshacerse de él. Si me arrepiento de mis acciones por lo tanto me comprometo a deshacerme de los atributos en mí, pero, mientras tanto, no sé cómo hacer eso. Entre tanto, no puedo hacerlo ya que me falta la fuerza y el conocimiento para hacerlo. Pero me doy cuenta de que es malo, es decir que puedo determinar mi estado.

Se trata de la conexión entre nosotros, porque toda la corrección comienza con eso. Esto significa que todo el mal se revela en contraste con la unidad, la cual no queremos, rechazamos, y de la que tratamos de escapar de todas las maneras que podemos. Este es todo el mal; esta es nuestra inclinación al mal.

Por supuesto, la inclinación al mal nos la dio desde arriba el Creador. ¡Nosotros no lloramos por el hecho de que esta sea parte de nosotros, sino por el hecho de que nosotros no queremos deshacernos de ella! ¡Lloramos porque nos identificamos con el ego y estamos dispuestos a permanecer en él para siempre! No nos arrepentimos del mal, sino del hecho de que estamos de acuerdo en vivir en él.

Debemos dirigir todas nuestras quejas al Creador, “ir al artesano que me hizo”. ¿Y cuál es mi propio pecado? ¿Es mi culpa no haber trabajado lo suficiente con los medios que Él me dio con el fin de estar libre de este pecado? Por esto es que lloro, por mi impotencia y mi renuencia a estar libre de mi ego.

Lloramos por nuestra incapacidad de salir de nuestro ego y le pedimos al Creador que nos ayude, dándonos cuenta de nuestra debilidad con respecto a la inclinación al mal que se revela.

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De la 3° parte de la lección diaria de Cabalá del 9/7/14, El Zóhar

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