Como una monstruosidad

Dr. Michael LaitmanVivimos en un momento especial, emocionante que está lleno de acontecimientos imprevisibles. Los últimos 60 a 70 años después de la Segunda Guerra Mundial, pensamos que habíamos creado un entorno bueno, viable.

En Estados Unidos, Europa, Israel y en muchos otros países, el pueblo judío comenzó a sentir más confianza, no como exiliados a merced de los anfitriones que podían hacer lo que quisieran con ellos. Por el contrario, comenzaron a comportarse como iguales.

Es bastante sorprendente cuán rápido cambian las cosas. Después le dimos al mundo gran cantidad de científicos destacados, culturas florecientes y economía, hicimos enormes contribuciones en todas las esferas de la vida humana, de repente, apareció una nueva oleada de sorprendente antisemitismo.

La intensidad de esta, es tan mala que en algunas ciudades de América, los judíos tienen miedo de llevar Kipá (Yarmulkes) en las calles. Nuestros hijos son golpeados en las universidades y acusados de todo tipo de pecados.

Los antiguos, primitivos y densos prejuicios que repiten la vieja calumnia sobre los judíos que supuestamente “beben sangre en la Pascua”, que encabezan un gobierno secreto mundial que quiere dominar el mundo, y, en general, son culpables de todos los desastres que la humanidad está atravesando, se han revivido ahora nuevamente.

Vemos que este sentimiento es inherente a los seres humanos por naturaleza y no depende de los niveles de desarrollo o de la cultura. Las naciones del mundo viven junto a nosotros; nosotros existimos entre ellas, y, no obstante, de repente, una animosidad deprimente, salvaje, medieval, se despierta en ellas.

¿De dónde provienen estos problemas? ¿Por qué nos terminamos de estar en el centro de todos los predicamentos? ¿Por qué provocamos el odio en ellos? Millones de personas de todo el mundo participan en las manifestaciones contra los judíos. Los estudiantes y profesores universitarios firman peticiones contra el estado de Israel.

Incluso los judíos que no están dispuestos a asociarse con Israel todavía caen en una categoría de personas odiadas y perseguidas sólo por su etnia judía.

La cosa es que el antisemitismo es una parte de la naturaleza. Todos los grandes pensadores señalaron este fenómeno. Einstein escribió que el antisemitismo es una sombra de nuestra nación que no podemos ocultar.

De hecho, la animosidad de los judíos, incluso emerge en los países donde los judíos nunca se han asentado. Realmente, nunca hemos tenido ninguna relación con estas naciones, pero de alguna manera todavía somos objeto de su odio. Independientemente del hecho de que ayudemos a muchas naciones del mundo y expresemos nuestro deseo de mantener buenas relaciones con ellos, aun así nos consideran parias: los más extraños, las criaturas más incomprensibles que no pertenecen a este mundo.

¿De dónde viene esta sensación? ¿Qué es: una maldición o una bendición? ¿Cuál es la raíz del problema?

Para comprender este fenómeno, volvámonos hacia la historia, al momento en que nacieron nuestros pueblos. Hace aproximadamente 4000 años, en la antigua civilización de Babilonia, sus habitantes vivían en paz y amistad. De repente, apareció un creciente descontento entre ellos, una escalada de reproches mutuos, y un aumento de la sensación de distanciamiento entre su pueblo.

Los buenos amigos que hablaban el mismo idioma y que se entendían muy bien, se volvieron una entidad hostil basada en los celos, el odio y la rivalidad. Los cambios notables que atravesaron desencadenaron una pregunta en ellos: “¿Qué está pasando con nosotros?”

En ese momento, un antiguo sacerdote babilónico, Abraham, uno de los muchos que exploraba este fenómeno, encontró una solución a ello. Mediante el estudio de la naturaleza como filósofo, astrónomo y un gran científico de su época, llegó a la conclusión de que este estado se debía a la naturaleza misma de la sociedad humana que se desarrolla a propósito de la manera en que lo hace, la cual se sumerge en su propio egoísmo y, finalmente, tendrá que elevarse por encima del ego.

Según Abraham, el período de paz que una vez disfrutaron babilonios se los dieron como ejemplo. Más tarde, apareció la era de la manifestación del ego, una cualidad negativa que puso en peligro su buen estado.

Esto no fue accidental. Más bien sucedió porque las personas tenían que crecer conscientemente, imponiéndose al egoísmo que las apartó, les separó unas de otras, y amenazó con destruir completamente toda la civilización. Abraham explicó que los habitantes de Babilonia tenían que recuperar la cooperación positiva entre ellos a pesar de violento egoísmo que había en ellos en ese momento.

Dado que él era un gran científico, un líder espiritual de la nación, hizo que su teoría fuera clara para la consideración del público. También comenzó a difundir esta idea por todas partes. Así, en un corto período de tiempo, la antigua sociedad babilónica aprendió sobre el punto de vista de él.

La parte del pueblo que entendió su enfoque y aceptó su solución al problema, respondió a su llamado y lo apoyó. Sin embargo, la gran mayoría de las personas no estaban dispuestas a aceptar sus ideas. De acuerdo a su etapa de desarrollo interno, ellas estaban seguras de que debían continuar tranquilamente su existencia, que les parecía muy bueno.

“¿Por qué es malo?”, le preguntaron. “Sí, competimos unos contra otros… ¿y qué? Por eso, desarrollamos ciencias y promovemos la cultura. La competencia nos da estímulo adicional para un rápido desarrollo”. Esto erara cierto ya que el egoísmo mejoraba en los humanos para empujarlos a la siguiente etapa de desarrollo.

Esta situación abrió dos caminos de tal forma que los babilonios pudieran elegir. El primer camino era sobre el desarrollo de la moralidad en la sociedad en la que prevalecía una interconexión benevolente entre todos sus miembros por sobre los logros científicos y tecnológicos. Este método estaba basado no en destruir el egoísmo, sino más bien en la elevación por encima de él y la construcción de una conexión aún más fuerte entre todos.

El segundo camino era sobre el avance egoísta interno. Estaba basado en la competencia y la supresión de otros. Sin embargo, estimulaba el progreso tecnológico.

Esto explica el por qué sólo una pequeña parte de los babilonios se unió al grupo de Abraham. Él los llevó a la tierra de Israel. De este momento en adelante, sus seguidores fueron llamados “Israel”, lo cual significa “directamente hacia el Creador”, es decir, hacia la fuerza superior de la naturaleza que nos gobierna y nos motiva a unirnos. Así es como nació la nación judía.

La humanidad se dividió en dos partes ideológicamente opuestas: los judíos que perseguían la meta de la unidad de acuerdo a la regla de “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y las naciones del mundo que eran contrarias a esta norma debido a su intenso antagonismo y a la inclinación por el desarrollo técnico y material.

Ambas partes eran totalmente contradictorias entre sí en cuanto a su filosofía ante la vida. Esta es la principal diferencia entre el pueblo judío y el resto de la humanidad. Este es el origen de la constante animosidad de siglos de duración con respecto a los judíos.
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Del Kab.TV “Historias breves” del 10/24/14

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