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Una mujer es una copa de bendición

Dr. Michael LaitmanUna mujer es un símbolo del deseo. El deseo debe ser elevado en el trabajo espiritual al nivel en el que es purificado de todas sus mezclas egoístas.

Como se afirma en el Zohar La’am, “Levítico”, “Amor”, Ítem 38: Moisés dijo: “Es una Mitzvá (mandamiento) que el gran sacerdote debe casarse con una virgen”. Como se dice: “Él no debe tomar una viuda, divorciada, deshonrada o una prostituta, pero debe tomar a una virgen por esposa. “¿Por qué debe él tomar sólo una virgen impecable? Esto es porque una mujer es una copa de bendición “si ha sido probada ha sido viciada”. Esto se refiere a Maljut que es llamada una copa de bendición. El gran sacerdote que sacrifica la ofrenda ante el Señor debe ser entero y perfecto en todas sus partes, ya que los defectos descalifican a los sacerdotes. Completo en su cuerpo, completo en su Nukva, para que pueda mantener el dicho: “eres completamente hermosa mi esposa y sin defectos.”

Por lo tanto los nombres de “viuda”, “divorciada”, “deshonrada”, “prostituta” y “casada”, significan que el deseo aún no es completamente puro y libre de ego. Es sólo después de la purificación total, que se hace merecedor del nivel en el que el sacerdote trabaja. Este nivel es llamado una virgen. Convertirse en virgen significa ascender al nivel que no está corrupto por la inclinación egoísta. Entonces podrá ser utilizado como la Nukva por el sacerdote ya que está libre de partes e inclusiones egoístas y así él puede casarse con ella. Esto significa que con la ayuda de ese deseo, él ahora puede recibir la Luz Superior para realizar el Zivug de Haka’a y después dar a luz a un nivel superior.
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El aumento en el CI se ha detenido

Dr. Michael LaitmanEn las noticias (de InoSMI): “Durante décadas, el CI (índice de coeficiente intelectual) entre los occidentales fue en constante aumento debido a una mejor nutrición, crecimiento, educación y salud. Pero después de un largo plazo de crecimiento del CI, comenzó a declinar.

“Esto el llamado el efecto Flynn. Por ejemplo, en Finlandia, el coeficiente intelectual no ha crecido desde 1997. La disminución del coeficiente intelectual es lenta y constante. Si nos fijamos en la situación de hace 30 años y comparamos el estilo de vida y salud de los jóvenes, la situación está empeorando.

“El pos-modernismo es la época en que la sociedad comienza a darse cuenta de que no es conveniente ser un héroe; es más fácil vivir como una persona común y corriente; toda persona tiene el derecho de estar en este camino; todo el mundo tiene razón en su propia manera; una persona tiene el derecho a elegir su sexo, tierra natal. La vida de hoy, y no la vida futura, está siendo cada vez más importante; hay un rechazo por un futuro brillante.

“La idea de la justicia está perdiendo importancia como la fuerza motriz. La hermandad, la justicia, las relaciones tribales ya no son centrales. Existe un Yo. Ideas Nacionales, de orientación, publicidades que sean seguidas por todo el mundo están ausentes. Hay diferentes grupos con sus propios intereses y puntos de vista. Pero la idea de una nación unida ha terminado.

“La necesidad de la expresión cultural a través de la comunicación por Internet ha aumentado. En la era moderna, el trabajo unía a la gente, pero ahora – los medios de comunicación e Internet. No hay ideología dominante, ni religión dominante”.

Mi comentario: Hemos utilizado todo nuestro egoísmo y alcanzamos su saturación. La nueva generación no tiene nada a que aspirar; hay comida, sexo; todo está disponible, y con un montón de tiempo libre. En este entorno, no hay necesidad de un IQ elevado.

Por el contrario, a partir de nuestro tiempo, el ser humano estará constantemente en degradación, especialmente con la introducción de nuevas tecnologías y la liberación de hasta un 90% de la población mundial de los requerimientos de trabajo, debemos involucrarlos con el estudio del método de formación y educación integral – que es el desarrollo intelectual obligatorio en igualdad con la naturaleza!
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No cavar un hoyo para otra persona

Dr. Michael LaitmanEn una etapa particular del desarrollo, la humanidad finalmente consigue la oportunidad de entender su naturaleza humilde y egoísta al mal. Si lo vemos de cerca, parece que no hay nada bueno en nosotros. Llevamos a cabo incluso las obras más sublimes y más generosas con un único objetivo de explotar a otros.

Esto sucede también con respecto a nuestros hijos amados; hacemos todo sólo para nuestro propio beneficio y placer. Una persona es un gran egoísta tal que él actúa únicamente y sólo en una dirección, por sí mismo. Él no es capaz de realizar cualquier otra acción. La pregunta es, ¿Por qué la naturaleza nos ha creado de esta manera?

En primer lugar, corresponde a nosotros ser conscientes de nuestro lugar en el enorme mecanismo de la creación. Estamos en ella como los niños pequeños que no entienden lo que están haciendo en esta tierra, que somos muy pequeños en relación con las dimensiones del universo infinito. Esta Tierra es como la habitación de nuestros hijos, cuando rompemos todo como niños traviesos cuyos padres les deja desatendidos.

Y de repente nos acordamos que, fuera de esta sala hay todavía una gran casa y como parece, los padres somos los que nos crearon. La naturaleza no es un medio ciego y salvaje, porque no puede ser que este mundo apareció por sí mismo y por casualidad. Parece que hay leyes en las que debemos estudiar y sentir, cambiar de alguna manera.

Ha llegado el momento de dejar de correr salvajes como niños pequeños, luchando entre nosotros todo el tiempo. Ven, vamos, por lo menos a detenernos por un momento y dejar de pelear como los inquilinos que viven en el mismo apartamento. En cambio, debemos ver las cosas con una visión más amplia, mirar alrededor y ver lo que está sucediendo. ¿Tal vez vamos a tener éxito en la búsqueda del significado en nuestras vidas y de lo que vamos a hacer ahora.?

Después de todo, estamos sufriendo de los conflictos entre nosotros y no vemos nada bueno en esta vida. Esta cuestión ocupa a la humanidad cada vez más y se requiere pensar. ¿ Tal vez ha llegado el momento de abandonar la arrogancia y el odio que no son beneficiosos para nadie?

Esta es una característica típica de nuestro tiempo. Si antes alguien pensó que podía lograr todo a través de la fuerza y dominar el mundo entero como Genghis Khan, Julio César, Alejandro de Macedonia, el Faraón, o Nabucodonosor, en nuestro tiempo no hay más grandes dictadores, ni Hitler, ni Stalin.

El hombre de hoy ve que no hay nada eterno en el mundo y que todo ha terminado muy rápidamente. Así que no hay razón para perder la vida que se nos da sólo de una vez. La persona llega inconscientemente a conclusiones como éstas y entra en la desesperación.

Y sin embargo, en la profundidad de la parte inferior de esta desesperación hay una perla maravillosa que puede ser tomada; se llama el mes de Elul. Esto es cuando finalmente comenzamos a entender que todo lo que está sucediendo es para enseñarnos algo. Después de ese descubrimiento que ya comenzamos con un nuevo desarrollo y no permanecemos dentro de los conflictos mutuos que atraen a naciones enteras. En su lugar nos elevamos a otro nivel de existencia, un nivel sublime.

El mes de Elul está diseñado para renovar, el pensamiento decisivo sobre nuestras vidas. Debemos sentir nuestro estado presente como intolerable y entender que no puede haber nada más con nuestra naturaleza egoísta. Depende de nosotros para vernos a nosotros mismos en el marco de esta enorme y completa  naturaleza que es pura y sublime, completamente perfecta e infinita, y luego se sorprende por nuestro estado.

¿Cómo puede ser que un ser humano con una emoción tan desarrollada e inteligencia que le sitúa por encima de toda la creación se encuentra en el estado más bajo, más vil y despreciable de todos, perjudicial para él y el resto de la naturaleza? ¡Ninguna otra criatura es siempre tan dañina!

Todo el resto actúa no por su inteligencia, sino que obedecen a instintos que siempre se dirigen hacia las mejores situaciones posibles. Por lo tanto un animal no yerra. El gatito más pequeño no se cae desde una altura porque se protege instintivamente, mientras que un niño pequeño puede caer porque no siente peligro.

Lo que resulta de esto es que junto con nuestra emoción desarrolla e inteligencia también se es libre de elección libre de elección y la posibilidad de utilizar nuestro más alto potencial para desarrollar correctamente o incorrectamente. Este es todo el problema.

La parte inanimada de la naturaleza, las plantas y los animales no tienen la libertad de elección que hace posible el uso de las emociones y la inteligencia de manera diferente. Con ellos todo está simplemente dirigida hacia el auto-beneficio, aquí y ahora. Con los seres humanos no hay nada como esto.

Y  por lo tanto, el ser humano, a diferencia de un gato o un perro, se puede dañar a sí mismo. Básicamente, esto es lo que sucede. Contamos con más inteligencia que el resto de las criaturas, y sin embargo lo usamos para nuestro perjuicio y ni siquiera podemos entender esto. Parece que queremos utilizar esta inteligencia para nuestro propio bien y en detrimento de otros. Sin embargo, en última instancia, se deduce que estamos cavando un pozo para nosotros mismos.
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Desde Kab TV  “Una nueva vida” 9/14/14

Como un manojo de cañas – El Espectro y el Espíritu

Dr. Michael LaitmanComo un manojo de cañas, Por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día, Dr. Michael Laitman

Prólogo: El Espectro y el Espíritu

Cómo llegué a escribir este libro

Nací en agosto de 1946 en la ciudad de Vitebsk, Bielorrusia. Fue el segundo verano después del final de la Segunda Guerra Mundial, y la vida era parsimoniosa, cojeando lentamente hacia la acogedora monotonía de la normalidad. Siendo el primogénito de un padre dentista y una madre ginecóloga, tuve una infancia más bien despreocupada, creciendo cómodamente en un barrio suburbano, despreocupado de los problemas materiales que inquietaban a la mayoría de mis amigos de la infancia.

Y sin embargo, una sombra me acosó durante toda mi infancia e incluso durante la adolescencia. Fue el espectro del Holocausto, un fantasma que muchos optaron por no volver a mencionar, aunque siempre estuvo ahí. Los nombres de los miembros de la familia o de los amigos que murieron, eran mencionados con un tono sombrío, dándoles una presencia extraña, como si estuvieran todavía con nosotros, aunque yo sabía que no era así.

Y más extraña aún fue la reacción de mis compañeros rusos hacia los judíos. Los niños con los que crecí odiaban a los judíos, simplemente porque eran judíos. Ellos sabían lo que les había ocurrido a sus vecinos judíos apenas un año atrás, pero eran tan sarcásticos y hostiles como antes de la guerra, según lo que escuché de los mayores. Yo no podía entender esto. ¿Por qué eran tan odiosos? ¿Qué daño imperdonable les habían causado los judíos? ¿Y en dónde habían escuchado esas horripilantes historias acerca de lo que los judíos podrían hacerles?

Como era de esperarse de un hijo de padres con profesiones médicas, yo también tomé una profesión médica como mi carrera “de elección”. Estudié medicina bio-cibernética, una ciencia que estudia los sistemas del cuerpo humano,  y  me  convertí  en  un  científico,  un investigador  en  el  Instituto de Investigación de la Sangre, en San Petersburgo. Y mientras fantaseaba sonriendo con orgullo en el púlpito, en Estocolmo, Suecia, como ganador del Premio Nobel, una pasión más profunda que albergaba emergía hacia la superficie de mi conciencia.

“Quiero entender el sistema” -comencé a pensar- “para saber cómo funciona todo”. Pero más que nada, me puse a meditar sobre por qué todo era como era. Como un científico de corazón, empecé a buscar respuestas científicas que pudieran explicar todo, no solo la forma de calcular la masa de un objeto o la aceleración de su caída, sino lo que causaba la existencia de ese objeto en primer lugar.

Y ya que no podía encontrar una respuesta en la ciencia, decidí seguir adelante. Después de ser un refusenik durante dos años (judíos soviéticos con permisos denegados para emigrar al extranjero), finalmente obtuve mi permiso para ir a Israel en 1974.

En Israel, no dejaba de buscar el sentido y la razón detrás de todo. Dos años después de llegar a Israel, comencé a estudiar Cabalá. Pero no fue hasta febrero de 1979, que me encontré con mi maestro, el Rabash, hijo primogénito y sucesor de Rabí Yehuda Leib Halevi Ashlag, conocido como Baal HaSulam (Dueño de la Escalera) por su Sulam (Escalera) comentario sobre El Libro del Zóhar.

¡Por fin mis plegarias habían sido escuchadas! Cada día, cada hora, despuntaban nuevas revelaciones. Las piezas del rompecabezas de la realidad tomaban su lugar, una por una, y comenzó a formarse dentro de mí una imagen coherente del mundo, como si la niebla misma empezara a cobrar forma ante mis asombrados ojos.

Mi vida se había transformado, y me sumergí en los estudios y en asistir a Rabash en todo lo que podía. Tuve la suerte de poder mantener a mi familia con tan solo unas pocas horas de trabajo al día, y dedicar el resto de mi tiempo a absorber la sabiduría tanto y tan profundamente como me era posible.

Para mí, era como estar viviendo un sueño hecho realidad. Tenía una familia maravillosa, vivía en un país en el que me sentía libre, podía ganarme una buena vida con facilidad, y había encontrado las respuestas a mis permanentes preguntas.

Una de esas preguntas persistentes fue sobre el odio a los judíos. En Cabalá descubrí por qué ocurre, por qué persiste, y lo más importante, qué hay que hacer para sanarlo. En efecto, el antisemitismo es una llaga en el corazón de la humanidad, un eco de dolor sin cicatrizar que el mundo ha estado padeciendo desde hace casi 4.000 años, desde que Abraham -nuestro patriarca- salió de Babilonia.

La Cabalá me enseñó que Abraham le propuso a su gente unirse y ser una vez más “un mismo lenguaje e idénticas palabras” (Génesis 11:1), y que el rey Nimrod -el gobernante de Babilonia en aquel tiempo- le impidió a Abraham difundir su idea. Poco a poco, me di cuenta de que lo que el mundo necesita ahora es la misma unidad, fraternidad y garantía mutua que Abraham había desarrollado con su grupo y el de su descendencia y que el rey Nimrod le había impedido dotar a sus hermanos y hermanas de Babilonia.

En una lección matinal, mi maestro, el Rabash, me enseñó la Introducción al Libro del Zóhar de Baal HaSulam.  Al  final  de  la  misma,  Baal  HaSulam escribió que a menos que los judíos doten al mundo con el conocimiento y la orientación hacia la unidad, las naciones del mundo los detestarán, humillarán, expulsarán de la tierra de Israel y los atormentarán donde quiera que se encuentren. Yo había leído ese ensayo incomprensible antes, pero aquella mañana tuvo un impacto más profundo en mí. Sentí que otra etapa de mi desarrollo emergía desde el interior.

Más tarde, ese mismo día, nos fuimos a Kfar Saba, una pequeña ciudad cerca de Tel Aviv, a un Kolel (seminario judío) que llevaba el nombre de mi estimado mentor. En el sótano, el Rabash me mostró una caja de cartón mediana, llena hasta el borde con trozos de papel escritos a mano. Me preguntó si podía cargarla hasta el coche para llevarla luego a su casa.

Puse la caja en el maletero, y en el camino de regreso le pregunté qué eran esos papeles. Sin contemplaciones, murmuró: “Algunos manuscritos antiguos de Baal HaSulam”. Lo miré, pero él desvió su mirada hacia la carretera y se mantuvo en silencio todo el camino.

Esa noche, las luces de la cocina de Baruj Ashlag estuvieron encendidas toda la noche. Me alojé allí y meticulosamente leí cada trozo de papel hasta que encontré uno que me permitió finalizar mi búsqueda. Era la pieza del rompecabezas que estaba buscando sin siquiera saberlo. Fue el momento crucial, el primer paso en el camino que iba a tomar a partir de entonces.

El documento que descubrí -que ahora es parte de Los escritos de la última generación de Baal HaSulam- relata una historia de agonía y sed, amor y amistad, liberación y compromiso. Estas son las palabras que encontré:

“Hay una alegoría acerca de amigos que estaban perdidos en el desierto, con hambre y sed. Uno de ellos había encontrado una colonización repleta de abundantes delicias. Se acordó de sus pobres hermanos, pero él se había apartado mucho de ellos y no sabía en dónde se encontraban… Empezó a dar voces y a hacer resonar su cuerno; era posible que si sus pobres y hambrientos amigos oyeran su voz, se acercaran a este asentamiento colmado de delicias”.

“Así  es  el  asunto  que  nos  ocupa:  nos  hemos  perdido  en  el  terrorífico desierto junto con toda la humanidad y ahora hemos encontrado un gran y abundante tesoro, es decir, los libros de Cabalá. Ellos satisfacen el anhelo de nuestras almas y nos llenan abundantemente con exuberancia y concordancia”.

“Estamos saciados y hay más, pero el recuerdo de nuestros amigos que se quedaron sin esperanza en el terrible desierto persiste profundamente en nuestros corazones. La distancia es grande, y las palabras no pueden tender un puente entre nosotros. Por esta razón, hemos habilitado este cuerno para que resuene con fuerza y nuestros hermanos lo oigan, se acerquen y sean tan felices como nosotros”.

“Han de saber, hermanos nuestros, carne nuestra, que la esencia de la sabiduría de la Cabalá consiste del conocimiento de cómo el mundo descendió desde su elevado y celestial lugar, hasta nuestro innoble estado… Por eso es muy fácil encontrar en la sabiduría de la Cabalá todas las correcciones futuras destinadas a venir de los mundos perfectos que nos precedieron. A través de ella sabremos cómo corregir nuestros caminos a partir de ahora”.

“…Imaginemos, por ejemplo, que se encontrase hoy en día un libro histórico, representando a las generaciones de los últimos diez mil años, describiendo el comportamiento de los individuos y la sociedad. Nuestros líderes buscarían todo consejo para organizar aquí la vida en consecuencia, y no llegaríamos a “protestas masivas”. La corrupción y el terrible sufrimiento cesarían y todo caería pacíficamente en su lugar”.

“Ahora, distinguidos lectores, este libro está aquí delante de ustedes en un armario. Ahí se explica explícitamente toda la sabiduría del arte de gobernar y las conductas de la vida privada y pública que existirán al fin de los tiempos. Se trata de los libros de Cabalá, donde se establecen los mundos corregidos… Al abrir estos libros encontrarán todos los buenos comportamientos que aparecerán al final de los días y dentro de ellos encontrarán también buenas lecciones para resolver los asuntos mundanos de hoy en día”.

“…Ya no puedo contenerme. He resuelto revelar las conductas de corrección  de  nuestro  definido  futuro  que  he  descubierto  a  través  de  la observación y la lectura de estos libros. Decidí manifestarme a la gente del mundo con este cuerno, y creo y estimo que será suficiente para reunir a todos aquellos merecedores de empezar a estudiar y profundizar en los libros. Así que podrán pronunciar sentencia de sí mismos y del mundo entero bajo una escala de mérito”. (i)

Alrededor de un año después de encontrar estos documentos, publiqué mis primeros tres libros con la guía y apoyo de mi maestro. He estado publicando libros desde entonces, y he diseminado la Cabalá a través de otros numerosos medios.

La realidad existente es muy dura y la gente a menudo no tiene la paciencia o el deseo de profundizar en los libros, como lo imaginó Baal HaSulam. Pero la esencia de la sabiduría, el amor, y la unidad que constituyen los fundamentos de la realidad, y que inculca la Cabalá a sus practicantes, siguen siendo tan verdaderos como siempre lo han sido.

Además, dado que desde principios del siglo, el antisemitismo ha ido en aumento una vez más, esta vez en todo el mundo, el fantasma del odio a los judíos ha echado sus raíces en todos lados. Extendiéndose sigilosa y venenosamente, amenaza con infestar a naciones enteras con la judeofobia, y repetir los horrores del pasado.

Pero ahora conocemos la cura. Siempre que los judíos se unen, la serpiente oculta su cabeza. El espíritu de camaradería y de responsabilidad mutua ha sido siempre nuestra “arma”, nuestro escudo contra la adversidad. Ahora debemos reunir ese espíritu, cubrirnos con él y permitir que su calor sanador nos envuelva. Y una vez que lo logremos, debemos compartir ese espíritu con el resto del mundo, ya que ésta es nuestra vocación -la esencia de nuestro ser- “una luz para las naciones”.

Y por eso, porque todos necesitamos respuestas a nuestras preguntas más profundas, porque en el fondo todos los judíos quieren encontrar la cura para el antisemitismo, y porque es el legado de mi maestro y el gran maestro y padre de mi maestro, me he decidido a detallar lo que he aprendido de ellos. Ellos me enseñaron lo que significa ser un judío, lo que significa el compromiso, y lo que significa compartir. Pero sobre todo, me enseñaron lo que significa amar como el Creador.

 (i) Rabí Yehuda Leib HaLevi Ashlag (Baal HaSulam), Los escritos de Baal HaSulam, Los escritos de la última generación (Ashlag Research Institute – Israel, 2009), 813-814.