Como un manojo de cañas—Mezcla de campanas, Parte 2

Dr. Michael LaitmanComo un manojo de cañas. Por qué la unidad y la garantía mutual están en la agenda del día, Michael Laitman, Ph.D.

Capítulo 7: Mezcla de campanas

Ser judío o no ser judío – he ahí la cuestión

España, una trágica historia de amor

Flavio Josefo escribió sobre la cálida bienvenida con que fueron acogidos los expatriados de Judea en Siria y Antioquía después de ser expulsados por los romanos. Los judíos estaban “muy entremezclados”, escribió, y vivían, “en la más imperturbable tranquilidad”. [i]

También escribió cómo el Emperador romano Tito Flavio, “los expulsó de Siria”. [ii] En Antigüedades de los Judíos, cita que el geógrafo griego Strabo decía, “Este pueblo ya se ha abierto camino hacia toda ciudad, y no es fácil encontrar un lugar en el mundo habitable que no haya recibido a esta nación y en la que no haya hecho sentir su poder”. [iii]

La forma vacilante en que los judíos son primero bienvenidos y luego rechazados, después bien recibidos nuevamente, luego expulsados nuevamente, si no destruidos totalmente, se ha repetido en numerosas

ocasiones desde la destrucción del Primer Templo. [iv]

Como indicamos anteriormente, los judíos exiliados del Primer Templo que optaron por dispersarse fuera de Babilonia una vez que fueron liberados, pudieron asimilarse de tal forma que desaparecieron. Sin embargo, muchos, si no la gran mayoría de los judíos que fueron exiliados después de la destrucción del Segundo Templo, todavía son reconocidos como tal, al menos por herencia o por algún tipo de práctica.

Hubo muchos intentos por convertir a los judíos al Islam o a la cristiandad y ellos mismos algunas veces lo desearon, intentando activamente convertirse. Y sin embargo, en su mayoría esos intentos fracasaron o

tuvieron un éxito marginal.

El Profesor e investigador de historia judía en la Universidad de Wisconsin, Norman Roth, destaca tanto las tentativas masivas de conversión de los judíos como las trágicas consecuencias resultado de estos esfuerzos. En Judíos, visigodos, musulmanes de la España Medieval; colaboración y conflicto, él escribe, “En los Siglos XIV y XV, miles de judíos se convirtieron, casi siempre por su propia voluntad y no bajo coacción a la cristiandad. El papel de estos conversos (judíos que se convirtieron al cristianismo) en la sociedad suscitó una feroz hostilidad contra ellos en el Siglo 15, que finalmente resultó en una guerra. Emergieron el racismo y el antisemitismo, por primera vez en la historia en gran escala y se proclamaron los estatutos de limpieza de sangre (distinguiendo a los antiguos cristianos puros de aquellos con ancestros musulmanes o judíos). Al final la Inquisición fue revivida, entre los falsos cargos, la ‘falta de sinceridad’ de los conversos y muchos fueron quemados. Nada de esto, sin embargo, tenía algo que ver con los judíos, quienes en su mayoría continuaron con sus vidas y sus relaciones normales con los cristianos como antes”. [v]

Ciertamente, no solo los judíos que se sostuvieron en su fe no fueron dañados, sino que incluso alimentaron un vínculo único con sus anfitriones españoles. Según Roth, “Tan insólita, podría hasta decirse única, era la naturaleza de esa relación (entre judíos y cristianos) que se usa un término especial en español para ello, un vocablo que no tiene una traducción precisa en otros idiomas, “convivencia”, que significa vivir juntos con afinidad. En verdad, el alcance real de convivencia en la España cristiana

medieval aún no ha sido completamente revelado”. [vi]

La investigación de Roth resalta que mientras los judíos permanecían leales a su herencia y no intentaban asimilarse a culturas extrañas, eran bienvenidos, o por lo menos los dejaban en paz. Y particularmente en

España hubo momentos de tal calidez e intensidad en la relación que verdaderamente parecía ser una historia de amor, completa con todas las pruebas y tribulaciones por las que pasan las grandes historias de amor. Sin embargo cuando los judíos trataban de mezclarse con otras naciones y se volvían como ellos, estas naciones los rechazaban y los forzaban a volver al judaísmo, o los forzaban a convertirse, pero en forma coercitiva y despectiva.

Jane S. Gerber, experta en historia sefaradí en la Universidad de la Ciudad de Nueva York, elocuentemente detalla el grado en que los judíos conversos de España se integraron a la vida secular y cultural de España.

“Profundamente arraigados en la península ibérica desde los inicios de su dispersión”, escribe Gerber, “estos judíos alimentaron fervientemente un amor por España y tenían una gran lealtad a su idioma, sus regiones y tradiciones (…) De hecho, España había sido considerada como una segunda Jerusalén.

“Cuando el decreto de expulsión del Rey Fernando y la Reina Isabel fue promulgado el 31 de marzo de 1492 ordenando que los 300,000 judíos abandonaran España en los siguientes cuatro meses, los sefaradís

reaccionaron con sobresalto e incredulidad. Seguramente, sintieron ellos, la importancia de su gente en todos los ámbitos de la vida, la absoluta antigüedad de sus comunidades (…) y la presencia de tantos judíos y cristianos de ascendencia judía (conversos) en los íntimos círculos de la corte, las municipalidades e incluso la iglesia católica, podrían darles protección e impedir el decreto.

“…Los judíos españoles se sentían particularmente orgullosos de su largo linaje de poetas, cuyas composiciones aún eran declamadas. Sus filósofos habían tenido mucha influencia entre los eruditos de Occidente, sus innovadores filólogos se habían ganado un lugar perenne como pioneros del lenguaje hebreo, y sus matemáticos, científicos e innumerables físicos habían ganado aclamación. El ingenio y el servicio público de los diplomáticos sefaradís también llenaron los anales de muchos reinos musulmanes. De hecho, no solamente habían residido en España, habían coexistido al lado de musulmanes y cristianos, observando la noción de la convivencia con la mayor seriedad.

“La experiencia sefaradí suscita el tema de la aculturación y la asimilación como ninguna otra comunidad judía lo ha hecho. Durante muchos siglos, la civilización judía tomaba prestado libremente de la

cultura anexa musulmana… Cuando las persecuciones arrollaron a los sefaradís en 1391 y les ofrecieron la opción de la conversión o la muerte, los números de conversos superaron el considerable número de mártires. La verdadera novedad de esta conversión masiva, única en la experiencia judía, ha inducido a los eruditos a buscar causalidad en un alto grado de aculturación alcanzada por los sefaradíes”. [vii]

Y sin embargo, no fue la aculturación lo que causó que los españoles se volvieran en contra de los judíos. Fue más bien que los judíos abandonaron la cohesión social y la garantía mutua, cualidades que (en gran medida) les habían ganado la estima inconsciente de la nación en la que vivían. “Los comentaristas medievales particularmente”, continua Gerber, “preferían culpar a la aculturación judía de la ruptura de la disciplina comunal, y algunos de los más grandes historiadores judíos modernos, como Itzhak Baer, han citado además el impacto corrosivo de la filosofía averroísta y el cinismo de los cortesanos judíos asimilados de España. Pero en la ola de conversiones masivas y los agudos conflictos comunales, no fueron solo los filósofos que sucumbieron frente a la persecución”, [viii]más bien toda la comunidad sufrió.

Por consiguiente, conscientes o no, los judíos fueron afectados, y fueron finalmente expulsados de España porque habían caído en la desunión, olvidando los poderes y los beneficios que la unidad puede aportarles, y que nuestros sabios enseñaron a nuestros antecesores durante generaciones. El Libro del Zóhar habla de la panacea de la unidad, “Porque son un corazón y una mente… no fallarán en lo que pretendan hacer y no habrá nadie que pueda detenerlos”. [ix]

Pero El Libro del Zóhar, que resurgió en España unos cuantos siglos antes de la expulsión, no podía salvar a los judíos. Eran sencillamente demasiado espirituales y culturalmente asimilados para unirse, y llevar a cabo el rol predestinado de ser una luz para las naciones. Y puesto que no quisieron ajustar su rumbo por consentimiento propio, la Ley de Otorgamiento de la Naturaleza, el Creador, lo hizo a través de su entorno, los españoles cristianos a quienes los judíos respetaban.

Michael Grant, clasicista inglés, autor y Profesor en la Universidad de Cambridge, estudió la incapacidad de los judíos para mezclarse: “Los judíos han dado pruebas no solo de no asimilarse, sino de no ser

asimilables… La demostración de que esto es así, lo evidencia uno de los más significativos momentos decisivos en la historia griega, causados por la gigantesca influencia ejercida a través de las épocas subsecuentes por su religión, que no solo sobrevivió intacta, sino subsecuentemente dio a luz a

la cristiandad”. [x]

De igual forma el Obispo del Siglo XVIII, Thomas Newton, escribió acerca de los judíos: “La preservación de los judíos es realmente uno de los más indicativos e ilustres actos de la divina Providencia… y qué más, sino un poder sobrenatural, pudo haber preservado de tal manera, como ninguna otra nación sobre la tierra ha sido preservada. Ni es la providencia de Dios menos notable en la destrucción de sus enemigos, que en su preservación… Vemos que los grandes imperios que en su momento sometieron y oprimieron al pueblo de Dios, todos han sido destruidos… Y si tal ha sido el final fatal de los enemigos y opresores de los judíos, que sirva como advertencia a todos los que en algún momento u ocasión estén a favor de elevar un clamor o persecución en contra de ellos”. [xi]

Ya que, como mencionamos en el Capítulo 4, los judíos representan en nuestro mundo la parte del alma de Adán que logró la unidad de los corazones y por consiguiente la conexión con el Creador, y debido a que su papel espiritual es el de esparcir la unidad y conexión que resulte, al resto de las naciones, las naciones rechazan las tentativas de los judíos de volverse como ellos. No es una elección consciente sino un impulso compulsivo que llega hasta ellos del mismo pensamiento de la creación. Esto raramente surge en la consciencia de los autores del sufrimiento, pero ellos lo ejecutan infaliblemente.

Un episodio singular del pensamiento de la creación que se despierta en la consciencia del ejecutor ocurrió en una noche fatídica y trágica en 1492. En The Jew in the Medieval World: A Sourcebook: 315-1791 (El judío del mundo medieval: Un libro de consulta: 315-1791), el erudito en historia judía, Rabí Jacob Rader Marcus relata los detalles del evento que descubrió había ocurrido. “El acuerdo que les permitía a ellos (los judíos) permanecer en el país (España) mediante el pago de una importante suma de dinero casi se lleva a cabo, cuando fue frustrado por la interferencia de un prior al que llamaban el Prior de Santa Cruz. (La leyenda relata que Torquemada, Prior del convento de Santa Cruz tronó con el crucifijo en alto ante el Rey y la Reina: ‘Judas Iscariote vendió a su maestro por treinta piezas de plata.

Su Alteza lo vendería nuevamente por treinta mil. Aquí está, tómenlo y realicen el trueque’)”. [xii]

Lo que aconteció después ilustra que pase lo que pase, los judíos se ven obligados a ser lo que son, y hacer lo que deben hacer. “Entonces la Reina respondió a los representantes de los judíos, con lo dicho por el Rey Salomón en Proverbios 21:1: ‘Corriente de agua es el corazón del rey en la mano del Señor, que Él dirige donde quiere’. Y agregó, ‘¿Ustedes creen que esto proviene de nosotros? El Señor lo ha puesto en el

corazón del rey’”. [xiii]

En efecto, los judíos fueron expulsados no solo porque habían dejado de tener un valor económico para los españoles. Los judíos habían sido reconocidos como un activo económico durante siglos. De hecho, cuando fueron forzados a salir de España, muchos de ellos huyeron a Turquía, donde fueron bienvenidos justamente por su contribución a la economía del país que los acogía. En consecuencia, el Sultán otomano Bayezid II, estaba tan satisfecho de la expulsión de los judíos de España y de su llegada a Turquía que se reporta que él “sarcásticamente agradeció a Fernando por enviarle algunos de sus mejores súbditos, empobreciendo así sus propias tierras y enriqueciendo las suyas (Bayezid)” [xiv]. Otra fuente reporta que “cuando el Rey Fernando, quien expulsó a los judíos de España fue mencionado en su [Bayezid] presencia, dijo, “¿Cómo se puede considerar al Rey Fernando, un gobernante sabio, si empobreció su propia tierra y

enriqueció la nuestra?”. [xv]

Una y otra vez, encontramos que no es nuestra astucia que nos concede el favor de las naciones. Más bien es nuestra unidad, pues nuestra unidad proyecta la luz sobre ellos, o más bien el deleite que estaban destinados a recibir a través de nosotros en el pensamiento de la creación. En las palabras del escritor y pensador Rabí Hillel Tzaitlin, “Si Israel es el único y verdadero redentor del mundo entero, debe ser apto para esa redención. Israel debe primero redimir su propia alma… ¿Pero cómo redimirá su alma? ¿La nación que está en ruinas, tanto material como espiritualmente, se convertirá en una nación integrada enteramente por redentores? …Con tal propósito, quiero establecer con este libro la ‘unidad de Israel’… Si es fundamentada, la unificación de los individuos tendrá como propósito el ascenso interior y una invocación para la corrección de todos los males de la nación y del mundo”. [xvi]

Ciertamente, incluso si ganamos todos los premios Nobel de aquí hasta el día del juicio final, por el beneficio que los logros científicos le ofrecen a la humanidad, no se nos dará ningún crédito, sino causará aversión. Podemos preparar a los mejores médicos, los más ilustres economistas, los científicos más brillantes y los más innovadores empresarios, pero hasta que no canalicemos la luz, el poder que hacemos surgir a través de la unidad, las naciones nunca nos aceptarán, y nunca justificaremos nuestra existencia sobre este planeta.

[i] William Whiston, Las obras de Flavio Josefo, 565.

[ii] ibid.

[iii] Josephus Flavius, Antiquities of the Jews, (Las antigüedades de los judíos) XIV, 115.

[iv] “Diaspora,” La enciclopedia judía, url: http://www.jewishencyclopedia.com/articles/5169-diaspora.

[v] Norman Roth, Judios, visigodos y musulmanes en la España medieval: cooperación y conflicto(The Netherlands, E.J. Brill, 1994), 2.

[vi] ibid.

[vii] Jane S. Gerber, Los judíos en España: Una historia de experiencia sefardí (New York, Free Press; Noviembre 2, 1992), Kindle edition.

[viii] ibid.

[ix] Rabbi Shimon Bar Yochai (Rashbi), El Libro de El Zohar (con el Comentario Sulam [Ladder] de Baal HaSulam, Noah, vol. 3, ítem 385 (Jerusalén), 132.

[x] Michael Grant, De Alejandro a Cleopatra: El mundo helenístico (New York: Charles Scribner & Sons, 1982), 75.

[xi] Citado en El Tesoro de las citas religiosas y espiritualess (US, Readers Digest, January 1, 1994), 280.

[xii] Jacob Rader Marcus, El judío en el mundo medieval: Un libro de consulta: 315-1791, (US: Hebrew Union College Press, 1999), 60-61.

[xiii] ibid.

[xiv] Dr. Erwin W Lutzer with Steve Miller, La cruz a la sombra de la creciente: una respuesta avanzada a la Guerra del Islam con la Cristiandad (Harvest House Publishers, Oregon, 2013), 65.

[xv] Israel Zinberg, Historia de la Literatura judía: El centro de cultura judía en el imperio otomano, Vol 5 (New York, Ktav Pub. House, 1974), 17 .

[xvi] Hillel Tzaitlin, El Libro de unos pocos (Jerusalén, 1979), 5.

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