En las garras despiadadas de tiempo

Dr. Michael LaitmanPregunta: En la edad adulta, una persona comienza a darse cuenta que su tiempo es limitado. Mira hacia atrás y analiza lo mucho que ha logrado hacer con su vida y si todavía hay tiempo para cambiar algo.

Según estudios sociológicos, las personas dejan de preocuparse por su futuro a partir de los 65 años y dedican sus pensamientos a los recuerdos de la vida que han vivido.

Esto se debe al miedo al futuro, a lo desconocido, la incertidumbre de la muerte, y de nuestra existencia temporal. ¿Cuál es su punto de vista respecto al tema de nuestra vida limitada y cómo debemos relacionarnos con el tiempo correctamente?

Respuesta: El tiempo es un concepto muy concreto para nosotros. No lo sentimos tan fuertemente durante nuestra infancia, pero a medida que la persona se hace adulta y envejece, el tiempo es hace cada vez más importante para él.

Mientras un niño crece, poco a poco comienza a comprender qué es el tiempo como resultado de su relación con el entorno. Los niños pequeños y los bebés en realidad no sienten el tiempo, pero el entorno les presiona y los coloca en los marcos del tiempo: Tienen que levantarse a tiempo, comer a tiempo, ir a la escuela a tiempo, volver a casa, ir a dormir. Un niño no quiere estos marcos, pero no teniendo opción, se ve obligado a aceptarlos gradualmente. Por lo tanto, constantemente nos  acostumbramos a estar bajo el control del tiempo.

Entonces empezamos a estudiar y trabajar y esto nos persigue en los marcos del tiempo aún más. Comenzamos una familia y tomamos sobre nosotros responsabilidades aún mayores. Finalmente, el tiempo se convierte en una pesada carga que nos esclaviza.

Esto continúa hasta que nos retiramos; siempre y cuando nos sintamos encadenados al tiempo por muchas obligaciones diferentes, el tiempo es nuestro principal policía que exige constantemente obediencia y sumisión, y debemos obedecerla. Siempre existe la posibilidad de culparnos desde la perspectiva del tiempo: “¿Dónde has estado durante tanto tiempo y qué has estado haciendo? ¿Cuándo vas a volver?” etc.

Ya de niño una persona siente que el tiempo es limitado. No quiere sentir que está en los marcos del tiempo, pero está constantemente exigido a estar en ellos y adaptarse a ellos. Para un niño esto es un problema y trata de luchar contra él. Quiere jugar y no quiere estar en las garras limitadas de un punto en el tiempo a otro.

Cuando crece y se convierte en adulto, comienza a darse cuenta que es inútil luchar en contra y que solo puede decidir cómo llenarlo. Entonces comienza a correr junto con el tiempo a tratar de hacer lo mejor posible en el tiempo que se le dio. Así, valora sus logros, y de acuerdo con este criterio se compara a sí mismo con los demás: ¿Qué tan exitoso es a su edad en comparación con sus pares?.

Estamos en una constante competencia. El tiempo nos atrapa en su red y es una pesada carga sobre nuestros hombros, convirtiéndonos en sus esclavos.

Pero después de los 50 años una persona comienza a apagarse gradualmente. No tiene grandes planes como antes. Sus planes se vuelven gradualmente más modestos; se da cuenta que tiene que haber un equilibrio y que no debe exigir demasiado de la vida.

Siente sus limitaciones más y más; no puede luchar contra el tiempo, y sus opciones para llenarlo se convierten en bastante limitadas. Por lo tanto, prefiere pasar más tiempo con su familia y sus hijos descansar y viajar.

El concepto de tiempo se convierte en importante ahora desde la perspectiva de lo agradable y cómodo que se siente en cualquier momento. Comienza a vivir en el presente más y no el futuro como lo hizo antes.

Por lo tanto, las personas mayores se vuelven más como niños, ya que los niños viven el momento.
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