Un juego que se convierte en nuestra vida

eeePregunta: ¿Por qué un niño juega con tanta naturalidad y realidad, mientras que para un adulto el juego es farsa?

Respuesta: Es porque los adultos se han acostumbrado a vivir en una mentira: nuestra vida es una mentira y el juego es una mentira. No es un crimen, simplemente es nuestra naturaleza. Un juego es siempre una mentira, nunca la verdad, porque después de todo, no me represento a mí mismo, sino a alguien que me gustaría ser.

No seríamos capaces de avanzar sin juegos. Los niños perciben el juego como la verdad absoluta y, por tanto, se desarrollan y crecen. Si nos unimos de todo corazón en el juego, como niños, no podríamos dejarlo y seguiríamos jugando.

En realidad, esta es la herramienta que la sabiduría de la Cabalá utiliza. Dice: “¡Tienes que amar a los demás y en este amor comenzarás a sentir al Creador! Aquí, tienes un grupo de diez personas; empieza a crear relaciones entre ustedes, pretendiendo que cada uno ama a los demás. Tienen que crear tal ambiente entre ustedes que cada uno va a desaparecer ahí y se derretirá en su amor por los demás”.

Actúo en este amor una y otra vez, vuelvo a él mil veces cada día, hasta que me incorporo, hasta el punto en que me derrito en este amor y conexión. Entonces puedo alcanzar la revelación del Creador.

Al ser incorporado en el amor, estoy incorporado en el Creador. Esto deja de ser un juego y se convierte en el juego de mi vida. Primero lo simulo: pretendo que me encantan los amigos y me anulo ante ellos, aún sin deseos de hacerlo. Me obligo y me convenzo de que tengo que actuar este amor, aunque no lo siento en absoluto.

Pero de repente, siento una sensación agradable. Los otros me influyen creando un ejemplo para mí con su supuesta actitud amorosa; veo que son leales a este amor y me siento avergonzado de que no puedo devolverlo a ellos. Me critico y reprocho una y otra vez y, de nuevo me obligo a amar a los demás.

Pero cuando me anulo así, de pronto empiezo a ver cómo los objetos corpóreos que me rodean comienzan a desaparecer: mesas, sillas y paredes. Todo se borra de mi percepción y sólo una cosa permanece: el amor que siento. También yo desaparezco. Soy esclavo de este sentimiento de amor, no hay nada, solo ese sentimiento que es externo a mí, mi “yo” desaparece.

Mi “yo” es el ego que desaparece y empiezo a sentir cómo la fuerza superior, el Creador, lo llena todo. Es porque me he anulado y ahora lo puedo sentir. He anulado mi egoísmo y he recibido el atributo de la fuerza superior, el atributo de otorgamiento, este es el juego real.
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De Kabtv “Los capítulos de la Torá con Shmuel Vilozni” 2/feb/15

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