Rendición, división, mitigación

Dr. Michael LaitmanBaal HaSulam, “Tú me has cercado por delante y por detrás”:

Rendición, división, mitigación (endulzamiento)

Hay tres discernimientos que se requieren de un hombre en el camino deseable: rendición, división, mitigación (endulzamiento), es decir “Luces con escritura deficiente”, dado que la Luz de este mundo fue creada a partir de la oscuridad, “tanto como la Luz aventaja a la oscuridad” y “¿Qué bien hace una vela durante el día?” su luz no brilla en el día.  Este es el significado de la Klipá (cáscara) que precede a la fruta. Por esta razón, quien se vuelve un socio del Creador en el acto de creación, extrae Luz de la oscuridad, es decir considera cuán bajo e innoble es uno, comparado con la sublime Kedushá (santidad) y cuán sucias son sus ropas. A través de ello, la Luz es rodeada.

Y con respecto a la pregunta del Creador, “temer el Gran y Terrible Nombre”, él intensifica con gran fortaleza para someter la maldad interior, entonces el sirviente malvado y la sirvienta malvada se rendirán ante la señora, la cual mora entre ellos en medio de su inmundicia, hasta que siente en su alma que el despertar de la exterioridad ha expirado y se ha rendido. En ese momento, será recompensado con “división”, distinguiendo entre Luz y oscuridad y no reemplazará mal por bien ni bien por mal. Y debería reemplazarlo, es decir, despertar hacia una inclinación necesaria, ser dedicado sólo al Creador. Esto es considerado “mitigación”, el anhelo por el Creador, con un amor genuino.

Este discernimiento viene después que separa el bien del mal, lo sublime del Creador y su falta de nobleza y observa, “deberás alejar el mal de ti” en sí mismo, porque él estará tan avergonzado de sus hechos. Entonces será recompensado con mitigar los remanentes de su inclinación, los cuales no pueden ser desterrados ni elevados a su raíz genuina.

Aquí es mencionado otra vez el principio básico con el cual nos es tan dificil  llegar a un acuerdo. No es tan obvio en nuestro mundo que el bien sólo es construido por encima del mal, algunas veces, sí sucede así, pero no vemos un patrón constante.

Somos atraídos hacia el bien en nuestro mundo, sin tomar conciencia de que está construido sobre una base malvada, por supuesto, se mantiene la conexión entre la rama y la raíz. No hay apetito si no tienes hambre y, si no hay apetito, no puedes disfrutar la comida, así es con todo. La gente paga mucho dinero e invierte gran energía y esfuerzo con el fin de despertar el deseo en su interior. Cuando no hay deseo, la persona no quiere vivir. No quiere disfrutar ni moverse. La falta de deseo es un estado muy problemático para una persona.

Pero en el mundo espiritual, el deseo es toda nuestra materia. Todo el mundo espiritual está hecho de deseo. En el mundo corporal, no estamos conscientes de esto porque el deseo está vestido en diferentes formas y aparece ante nosotros en la forma de naturaleza inanimada, vegetal, animada y humana. Necesitamos acostumbrarnos, entender y acercarnos a la percepción de que no puede haber ningún bien sin la revelación del mal que lo precede. Por lo tanto, es creado como la ventaja de la Luz a partir de la oscuridad.

Pero podemos distinguir la Luz de la oscuridad. si descubro en todos mis sentidos hasta qué punto mi naturaleza es egoísta -que es sólo un deseo de recibir para mí mismo y sufro por mi reconocimiento del mal- puedo rendirme y distinguir el bien del mal y entonces, llegar al estado de mitigación. Esas tres fases son necesarias a fin de convertir la oscuridad en Luz.

No borro el estado malvado previo. Siempre permanece debajo para que, en contraste con este, sea capaz de construir mi estatura, mi alcance, el espacio  entre la Luz y la oscuridad. Este contraste es muy importante. Entonces, si la oscuridad desaparece en la espiritualidad, la Luz también desaparece.

Entonces, debemos estar dispuestos a afrontar el hecho de que el mal no desaparece del mundo, sino que en realidad, por encima de este, construimos un buen estado, en fe por encima de la razón. Esos dos estados permanecen uno en contraste del otro y así es hasta el fin de la corrección. Este contraste parece desaparecer ahí; bien y mal son construidos uno contra el otro, mediante nuestro esfuerzo y se vuelven uno que surge de una fuerza, del Creador.

Esas tres fases -rendición, división y mitigación- corresponden a los tres estados: Ibur (concepción), Yeniká (amamantar) y Mojin (madurez). Primero, la persona se rinde, después distingue entre el bien y el mal y anula su maldad ante el superior. Después, comienza a distinguir, revisar y clarificar cuáles atributos son buenos y cuáles malos, es decir, comienza a crecer dentro del superior. Después, comienza a mitigar el mal, al construir el bien por encima de este.
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De la preparación para la lección diaria de Cabalá 21/feb/14

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