Ynet: Nadie “merece” esto

Dr. Michael LaitmanEn mi columna en Ynet:

Nadie “merece” esto

El incremento del terrorismo musulmán es un signo exterior que sugiere aun más que el mundo está fuera de equilibrio. Es importante entender que mientras más continúen las oleadas de violencia, los pueblos del mundo apuntarán con un dedo acusatorio hacia nosotros. La respuesta está en la conexión entre el pueblo de Israel quienes están listos para cambiar el destino del mundo entero hacia una mejora. El viernes 13, en Francia se entendió algo – esta vez es una guerra ideológica, “el Islam contra el mundo occidental”, escriben los analistas. Y realmente, todos los símbolos de occidente sufrieron uno tras otro. Comenzando con el famoso estadio de fútbol de París, cafés y restaurantes de moda y terminando con un popular club de rock. El mapa de los asesinatos fue trazado como para verificar que tendrían éxito en golpear todos los símbolos del mundo libre.

Mientras tanto, Israel está acostumbrado a los ataques diarios; los miembros de la familia Litman (muertos), un padre y su hijo que estaban de camino a un Shabat antes de una boda fueron asesinados por un terrorista sediento de sangre. Los otros hijos de la familia fueron salvados sólo mediante un milagro.

La masacre en París causó reacciones mixtas en Israel. Por una parte, el horror, el dolor de la pérdida y el duelo, en la vida diaria israelí esto es familiar, despertó en nosotros la identificación con los franceses. Después de todo, conocemos los llantos de dolor, las velas en las calles, los jóvenes construyendo monumentos temporales en memoria.

Al mismo tiempo, otras voces fueron escuchadas: “¡Para que vean! Finalmente, sintieron lo que sentimos, ahora nos entienden”. Algunos fueron más lejos y ofrecieron hacer envíos de comida y vino de Judea y Samaría. Sí, los mismos productos que la unión europea decidió etiquetar hacía unos cuantos días.

Al mismo tiempo, se dispersó una esperanza oculta en muchos de que tal vez ahora los europeos “nos entenderían”, como hermanos en tiempos difíciles. Pero no nos engañemos. Desafortunadamente, mientras más se sienta Europa bajo ataque, más incrementará el odio hacia Israel.

¿Cuál es la diferencia entre un ataque terrorista en París y uno en Israel?

La oleada de terror en París es el primer heraldo negro de la nueva situación en la que está entrando el mundo. En el futuro cercano la presión insertada de forma congénita en los círculos extremistas musulmanes hará erupción a través de ataques terroríficos. La meta: imponer el Islam al mundo entero, Europa primero.

El Libro del Zóhar predijo estos procesos hace más de dos mil años, “Y en el futuro los hijos de Ismael provocarán grandes guerras en el mundo” (Zóhar para el pueblo, Parshat Vayerá). Incluso si en la superficie parece que las batallas son entre varias denominaciones musulmanas (Suníes, Chiitas), en la práctica todas las denominaciones se inclinan hacia la misma ideología.

El incremento del terrorismo musulmán en el mundo es un signo externo que indica más aún un mundo fuera de equilibrio.

De acuerdo al Libro del Zóhar, todos nosotros estamos conectados en una sola red. En la situación actual, la fuerza que fluye a través de esta red es una fuerza negativa, que nos arrastra hacia el separatismo extremo y el odio. En contraste, las fuerzas positivas que le dan vida a la red de conexiones entre nosotros; unidad, interés por los demás e interés mutuo, están ocultas y no están fluyendo a través de ella.

Incrementando la fuerza positiva en el mundo

En contraste con las naciones del mundo que fueron ensambladas sobre bases nacionales, la nación israelí fue fundada sobre una base ideológica. Hace 4000 años, en los días de nuestro padre Abraham la base original que nos conectaba era el altruismo. El carácter de la nación y la manera de su incorporación dictaba ya un papel histórico para nosotros: unirnos e inyectar fuerzas positivas, unificantes en la red de conexión entre todos los habitantes del mundo. Cuando observamos el oscuro abismo que corre por el mundo en estos días, la misión que nos fue impuesta se vuelve clara. La conexión entre nosotros es la única manera de inyectar bondad en el mundo, de ser una “luz para las naciones”. Por lo tanto es la única fuerza que hace posible mitigar el mal que se expresa en el presente en el terrorismo islámico. La conexión entre el pueblo de Israel es capaz de mejorar el destino del mundo entero. Esta es la verdadera guerra ideológica que se desarrolla hoy en día.

Es importante para nosotros entender que mientras más se vea el mundo inundado por oleadas de violencia, los pueblos del mundo nos apuntarán con un dedo acusatorio. La raíz del odio que ha estado ardiendo en ellos por 2000 años surge de una sensación inexplicable de que somos la raíz del mal sobre la faz de la tierra.

Los ataques en París e Israel son un llamado a despertar para el mundo entero, y para nosotros. Para prevenirnos del próximo baño de sangre, estamos obligados a conectarnos y hacer fluir la fuerza positiva, la fuerza de conexión, a través de nosotros, la cual contrarrestará la fuerza negativa en el mundo. Desde el momento en que comencemos a acercarnos el uno al otro, nuestras vidas y la del mundo mejorarán. La decisión está en nuestras manos.

El tiempo social apropiado

Acostumbrémonos a la conexión entre nosotros en la vida diaria: en casa, en el trabajo, en la calle e incluso en el supermercado. En la carretera, por ejemplo, uno puede cederle el paso a otros, no hacer sonar el claxon e imaginar que nuestro hijo favorito conduce el carro que está frente a nosotros.

Comencemos a mirarnos de forma favorable entre nosotros y, el momento en que identifiquemos nuestra inclinación malvada, la cual nos lleva hacia la competencia y la explotación en lugar de la amistad y fraternidad, la pescaremos con las manos en la masa y la silenciaremos.

El primer paso para nosotros es reconocer la naturaleza egoísta en la cual estamos actuando. Después de que llevemos a cabo un número de ejercicios simples como estos, los cuales detallaré más en los próximos artículos, veremos cómo sucederá el cambio entre nosotros, en la sociedad israelí y cómo cambiará la actitud del mundo hacia nosotros.
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De la Columna en Ynet 16/nov/15

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