Ynet: “Liberarnos de las calamidades”

Publicado el 31 de julio de 2016

Mi artículo, “Liberarnos de las calamidades” fue publicado en  El Jerusalem Post en Julio 28, 2016.

Las Tres Semanas, o Bein ha-Metzarim (“Entre las calamidades”), que comienza en el 17 de Tamuz (celebrado el pasado domingo) y termina en el 9 de Av (a celebrarse este año el domingo 14 de agosto) marca un tiempo muy oscuro en nuestro pasado. En los días de Candy Rush y Pokémon Go, ninguno realmente quiere saber de ésto, pero realmente deberíamos porque la enfermedad que devastó a nuestra nación hace 2,000 años nunca ha sido curada. Hoy, justo como lo hizo antes, está causando todos nuestros problemas.

Dr. Michael Laitman

 

La triste historia sobre Kamtza y Bar Kamtza

El Talmud (Masejet Gitin) nos dice que una vez, cuando el Templo seguía en pie, un rico judío en Jerusalén, tenía un amigo llamado Kamtza, y un enemigo llamado Bar Kamtza. Un día el rico judío decidió hacer un banquete. Envió a su sirviente a invitar a su amigo, Kamtza, al banquete, pero el sirviente equivocadamente invitó a su enemigo, Bar Kamtza. El sorprendido Bar Kamtza tomó esto como un gesto de reconciliación y aceptó la invitación. Se vistió con sus mejores atuendos y fue a la casa del hombre que pensaba no sería más su enemigo. Cuando el anfitrión notó que Bar Kamtza estaba ahí, se enfureció y le exigió que saliera cuanto antes. El mortificado Bar Kamtza pidió al anfitrión le permitiera permanecer. Incluso le ofreció pagar por su propia comida y bebida, y por todo lo demás también. El anfitrión no sólo le rechazó sin misericordia, sino que incluso sacó de su casa a Bar Kamtza y le echó a la calle.   

Humillado y desgraciado, Bar Kamtza declaró venganza no solo contra su anfitrión, sino también contra sus invitados, quienes le apoyaron. “voy a acusarlos ante el emperador,” decidió.

Bar Kamtza fué hacia el emperador Nerón, y le dijo que los judíos estaban planeando rebelarse contra él. Después de alguna astuta persuasión, el emperador fué convencido de que lo que Bar Kamtza le decía era verdad, y envió a su ejército a destruir Jerusalén y su Templo.

A través de las generaciones, esta famosa historia ha simbolizado el odio infundado que lleva a nuestro descenso moral y social y a nuestro consecuente exilio. En el clima social actual, no puede ser más pertinente. Como podemos ver, leer y escuchar cada día, conflictos, manipulaciones, y deshonestidad nunca han sido más prevalentes entre nosotros. El sarcasmo y la burla que usamos contra los demás no apuntan a nuestro ingenio, sino a nuestro disgusto mutuo.

Tiempo para reconectar nuestros lazos de amor

Las tres semanas marcan el tiempo entre la ruptura de los muros de Jerusalem y la ruina del Templo. El Sagrado Shlá escribió que “el odio infundado causó la ruina del Templo.” De hecho, como Baal HaSulam refiere, “Es una verguenza admitir que uno de los méritos más preciados que hemos perdido es el sentimiento natural que conecta y sostiene a cada una y todas las naciones. Los lazos de amor que conectan la nación, que son tan naturales y primarios en todas las naciones, se han venido degenerando y alejado de nuestros corazones, y se han ido.”  Como resultado, la única cosa que nos mantiene juntos como una nación es el odio del mundo hacia nosotros.

El mundo occidental de hoy sigue ofreciendo a los judíos libertad de expresión y movimiento. Debemos utilizar esta libertad para reestablecer el amor fraterno por encima de nuestra alienación y reconstruir nuestra humanidad. Ahora, antes que la puerta de la libertad se cierre de nuevo, nuestra nación debe trabajar arduamente para reconstruirse de las ruinas del odio infundado y dar cuenta de la vocación de nuestra gente —volverse en un modelo de una nación verdaderamente unida, una que todas las naciones quieran emular de forma que ellos también, puedan beneficiarse de ese único poder de la unidad.  

Construyendo el Templo dentro

Como nos reflejamos en la ruina del Templo, debemos considerar también el futuro. Cuando El Libro del Zohar  describe la construcción del Tercer Templo, no habla de ladrillos y arcos; habla de nuestras conexiones. Describe la reparación de nuestros corazones destrozados, que sufren de la enfermedad del odio infundado. El Zohar explica cómo el mundo entero vendrá a abrazar la radiante conectividad del pueblo unido de Israel. Construir el Tercer Templo hecho dentro de nosotros y entre nosotros, reparando nuestros lazos rotos y cubriendo nuestro odio con amor, o como el Rey Salomón escribió, “El amor cubre todos los crímenes.”  

Así como invocamos la fuerza negativa cuando nos separamos de los demás, invocamos una fuerza positiva cuando nos conectamos con los otros. Esta fuerza invierte nuestra desconfianza mutua en interés mutuo, y nuestro aislamiento en responsabilidad mutua. Lo bello de esta fuerza es que mantenemos nuestra individualidad y  cumplimos con nuestros atributos mientras contribuimos a la sociedad y obtenemos beneficios de las contribuciones de los demás. En esta forma, tejemos un manto de conexión que cubre nuestra separación.

El gen de la unidad

Hoy el judaísmo está fracturado y fragmentado en más piezas que las que probablemente alguien pueda contar. Pero el “gen” de la unidad se encuentra latente dentro de cada uno de nosotros, y podemos regresarlo a la vida si lo elegimos. Si, a pesar de nuestros egos separatistas, nos esforzamos por unir las fuerzas hacia nuestra meta común como una nación judía —proveer a la humanidad con un ejemplo de unidad en un tiempo en que lamentablemente lo necesita  —cumpliremos con nuestra vocación.  

Ahora es el momento de ser proactivos. El mundo está en una espiral descendente, y es claramente visible que el ego tiene al menos una gran participación en este descenso. Pero nadie sabe cómo parar nuestra conducta colectiva suicida. Nosotros, los judíos, portadores del principio, “ama a tu prójimo como a tí mismo,” debemos aceptar el reto, soltar nuestros egos, y unirnos por encima de ellos. Este es el mensaje positivo y real que debemos tomar de las tres semanas, y es la única cosa que garantiza nuestra seguridad y felicidad en Israel y todo el mundo.
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Del Jerusalem Post 31/jul/16

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