Ynet: “La delgada línea entre el amor y el odio”

Tisha B’Av [el 9 de Av] es la expresión directa y más cercana de la clara conexión entre el odio infundado entre la nación de Israel y la destrucción, pero no sólo eso. Mientras exista el odio, la destrucción continuará  acosándonos. En la víspera del 9 de Av tomemos un minuto y detengámonos nuestra persecución diaria y reunámonos para una evaluación conjunta. Usando los libros de Cabalá y la orientación proporcionada por nuestros maestros espirituales, los cabalistas, podemos aprender a amar de nuevo.

Dr. Michael Laitman

“Cinco cosas ocurrieron el 9 de Av: nuestros antepasados escucharon por primera vez que no iban a entrar a la tierra de Israel; el primer y segundo Templos fueron destruidos y fue conquistada y rota la ciudad de Beitar. Cuando llega Av disminuimos la alegría”. (Talmud Bavli, Masechet Ta’anit).

La víspera del 9 de Av es el final de las tres semanas de los días de Bein Hametzarim (los días entre el 17 de Tamuz y el 9 de Av). Es un símbolo de la destrucción del segundo templo para muchos, pero un breve vistazo a los libros de historia revela la sorprendente verdad que el templo y su destrucción no importan tanto como el inmenso odio infundado entre los Judíos en Jerusalén en ese tiempo.  El odio era tan profundo que es la raíz de  todas las destrucciones y el sufrimiento de la nación de Israel a lo largo de la historia.

No sólo la destrucción del primer y segundo templos ocurrió el 9 de Av, muchos otros desastres sucedieron también: las tablas de los Diez Mandamientos fueron rotas en esta fecha, Jerusalén fue conquistada y destruida por los romanos y Bar-Kochba y decenas de miles de sus seguidores fueron asesinados en la ciudad. En tiempos posteriores, los judíos ingleses fueron expulsados de Inglaterra en 1290, los judíos de Francia en 1306, los judíos de España fueron expulsados en 1492 y durante el Holocausto la expulsión masiva de judíos a los campos de muerte tuvo lugar en esta fecha.

¿Cuál es la raíz del odio infundado?

EL odio infundado es una parte natural del desarrollo de la humanidad. Según la Cabalá “El corazón del hombre es malo desde su juventud” y la fuerza egoísta negativa crece y nos separa de forma continua. Para evitar eventos destructivos adicionales y construir el amor fraternal, tenemos que añadir la fuerza positiva a este proceso que va a equilibrar la fuerza negativa del ego. La fuerza positiva es la fuerza de la conexión, una fuerza que existe en la naturaleza, aunque está oculta. Sin embargo a diferencia de la fuerza del ego que se desarrolla de forma natural, la fuerza positiva es creada únicamente por nuestros esfuerzos. Una vez que comenzamos a realizar esfuerzos con el fin de cerrar la brecha entre nosotros y acercarnos el uno al otro, para reforzar las conexiones entre nosotros elevándonos por encima de nuestras diferencias, no desdibujándolas, vamos a impulsar la fuerza positiva que se oculta en naturaleza.

Mientras nos rehusemos a tratar a nuestro ego, sólo seguirá creciendo hasta que entre en erupción en forma de un rechazo mutuo y odio amargo que traerá otro desastre sobre nosotros, para que despertemos y volvamos al buen camino. Esto es lo que les pasó a los hijos de Israel cuando salieron de Egipto. El egoísmo creció a nuevas dimensiones y los llevó a un odio infundado, a conflictos internos inútiles y a disputas personales sin fin. Bajo el ataque de los pensamientos de odio derivado de la raíz del Monte Sinaí, se les exigió a los hijos de Israel a unirse como un solo hombre con un solo corazón. La condición con la que se enfrentaron al pie de la montaña era clara: o se unen o este lugar será su tumba. La gran tensión entre los rechazos mutuos que sentían y la necesidad de garantía mutua generó la necesidad del método correcto de conexión.

Fue Moisés, el líder de la nación, quien se enfrentó a la demanda de la gente para conectarse. El subió a la cima de la montaña y recibió la Torá: los medios para estimular la fuerza de la conexión entre las personas. Pero la nación de Israel escogió la separación y el odio en lugar de prepararse para el momento sublime de la recepción de la Torá.

“Mientras Moisés estuvo con ellos, los unió y los conectó, entonces la asamblea de Israel fue como un solo hombre con un solo corazón. Eran como un muro fuerte contra las fuerzas externas que no podrían penetrar a la totalidad de Israel, sino sólo cuando hubiera una grieta en la pared de Israel (“Shem Shmuel”).

Los hijos de Israel utilizaron la pequeña grieta en las relaciones entre ellos y prefirieron construir el becerro de oro, símbolo del culto al ego, que cultiva la competencia y la persecución brutal de los logros a expensas de los demás. Cuando Moisés bajó y regresó al pueblo, se sorprendió al descubrir hasta qué punto la gente se alejó de la meta para el que fueron hechos y rompió las tablas, los valores de la unidad y la garantía mutua, como una expresión de sus sentimientos.

“Después del episodio del becerro, los hijos de Israel perdieron el nivel de conexión que tenían y tuvieron que volver a conectarse (“Shem Shmuel”). Sólo cuando acordaron hacer un pacto y aceptar la unidad como el valor más elevado fueron dignos de recibir la Torá.

La idea principal de la Torá se basa en la unidad y es así que cuando recibieron la Torá por supuesto que inmediatamente se sintieron responsables unos de otros (Likutei Halajot). Gracias a ello, las segundas tablas de los Diez Mandamientos no se rompieron. Teniendo el método de conexión, continuamos a la conquista de la tierra de Israel con una mayor conexión y amor y luego construimos los dos templos. “Es por el templo que nos convertimos en una nación y cuando estuvimos divididos, se destruyó el lugar de la unidad de Israel y así fue que a causa del odio infundado la ciudad y el templo fueron destruidos.” (El Maharal de Praga).

La destrucción nunca ha terminado

El 9 de Av en tanto que un recordatorio de nuestra preferencia equívoca de desarrollarnos a lo largo del camino egoísta y estrecho, en lugar del amor a los demás es cada vez más relevante. Mientras el ego siga creciendo e hinchándose, alimenta al odio infundado y destruye las relaciones entre nosotros, por lo que “se nos ordenó reforzar la unidad entre nosotros en todas y cada una de las generaciones” (Sefer Hatoda’a).

El mundo de hoy está en una crisis profunda en todos los aspectos de la vida y la incertidumbre con respecto al futuro es tan grande que una tercera guerra mundial puede surgir, por eso hay que retomar desde el punto que dejamos. El becerro de oro ahora es revelado a todos y la decepción que trae consigo nos lleva al borde de un abismo. “Todos los problemas y sus propósitos son proporcionar a una persona razones mentales para que ella lamente la destrucción del templo espiritual en su corazón, que es el camino a la redención” (Michtav Me’Eliyahu). A pesar de los momentos de éxito que tuvimos durante los dos mil años de exilio, todavía nos enfrentamos a una montaña de odio y estamos obligados a tomar una decisión y escoger lo bueno.

Tenemos que reconocer al egoísmo como una enfermedad que nos roe desde el interior y prepararnos para recibir la Luz de la Torá. Como dijo Baal HaSulam “Tal como dijeron los sabios (Masejet Kiddushin): “He creado la inclinación al mal, he creado la Torá como una especia” que se refiere a la Luz de la Torá que reforma”. La fuerza de la conexión de la Torá puede iluminar todos los lugares oscuros y ocultos en nuestras relaciones, remendar las conexiones que se habían roto y darnos una buena sensación de plenitud y eternidad. Sólo entonces “una gran Luz saldrá de la oscuridad, la maldición en sí se convertirá en una bendición y la destrucción del templo se convertirá en su construcción” (La Santa SHEL”A).

Por lo tanto, es específicamente en nuestros tiempos que el mejor remedio es revelado, el método de conexión, la sabiduría de la Cabalá. Esto explica por qué nuestra naturaleza egoísta e impotencia nos dominan y al mismo tiempo nos permite evocar la fuerza positiva oculta en la conexión correcta entre nosotros y por lo tanto puede ayudarnos a evitar los problemas que acechan a la vuelta. “La profundidad del mal es una buena profundidad, la profundidad del odio es la profundidad del amor y si fuéramos destruidos por el odio infundado, seríamos reconstruido por el amor infundado (“Orot HaKodesh“).
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De artículo de Ynet 11/ago/16

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