Ynet: “¿Cuál es la ley oculta de la naturaleza?”

En mi columna en Ynet: “¿Cuál es la ley oculta de la naturaleza?

Una mariposa que agita sus alas en París crea pequeños cambios en la atmósfera que en última instancia puede generar un tornado en Brasil. El “efecto mariposa”, que opera en un sistema integral, también tiene un lado optimista: una pequeña acción de nuestra parte en beneficio de la sociedad, puede desencadenar mucha más bondad en el otro lado del globo.

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Imagínese a un individuo que decide retirarse de la vida social a fin de vivir en una cueva o en las montañas o en una isla desierta en medio del océano.

Vive aislado de todo: no comida rápida, no Internet, no teléfono celular y no gente alrededor de él, sólo él mismo y la naturaleza que lo rodea. Al principio, es probable que sienta una agradable sensación de libertad, su sueño hecho realidad, pero muy pronto, se encontrará con dificultades para satisfacer sus necesidades básicas: alimentación, protección contra depredadores, abrigo en los cambios de clima, problemas para cuidar de sí mismo en caso de lesión o enfermedad y sin nadie con quien compartir sus momentos de tristeza y de alegría.

Irónicamente, esta persona puede ser cualquiera de nosotros. Incluso en la era global del siglo 21, en una sociedad en la que todos estamos conectados a través de la tecnología avanzada, todos se retiran a su propia isla desierta, prefieren alejarse de los demás y cuida de sí mismos, en vez de cooperar con su medio ambiente. Al hacer esto, vamos en contra de la naturaleza, alterando sus leyes globales y el resultado inmediato es que nuestras relaciones están en crisis, en un callejón sin salida expresado en la alta tasa de divorcios, conflictos entre vecinos y colegas, guerras entre pueblos y naciones, pobreza, hambre y privación, que por desgracia, se están convirtiendo en rutina diaria de la mayoría de la especie humana.

¿Cómo hemos alcanzado a esta situación absurda en un mundo tan desarrollado? ¿qué podemos hacer para mejorar las cosas y que es lo que la naturaleza realmente espera de nosotros?

Cómo sobrevivir en estos días

El hombre es un ser social por naturaleza. La naturaleza lo ha motivado durante siglos para crear relaciones sociales, económicos y culturales, que se han tejido en una red global cerrada, gracias a la cual se puede obtener todo lo que se quiere con el clic de un botón. Puede parecer que la naturaleza opera de forma aleatoria, sin propósito determinado ni dirección, pero la gran naturaleza funciona de manera muy precisa, de acuerdo a un rango predefinido de leyes que impulsan cada detalle en armonía hacia una meta única: conectar a toda la humanidad en una sociedad .

La naturaleza podría haberse desarrollado de manera perfecta hacia la felicidad última, hacia la unidad global donde pudiéramos vivir como una gran familia, pero esto no es lo que vemos. Entonces, ¿qué nos impide una conexión así? Es nuestra naturaleza egoísta. El corazón del hombre es malo desde su juventud, la fuerza negativa en nosotros que a menudo nos hace preferir nuestro bienestar al bienestar de los demás.

La combinación de la naturaleza que nos presiona desde el exterior con diferentes cambios climáticos y pone obstáculos en el camino para unirnos en una sola sociedad, junto con las fuerzas que operan en nosotros desde el interior, los sentimientos negativos que nos hacen sentir repulsión por otros, nos están llevando a un choque final. Alteran el equilibrio en nuestras relaciones y conducen a la desintegración de la infraestructura social y a todos los problemas y desastres que encontramos.

Debemos estimular la fuerza de la conexión, la fuerza positiva, con el fin de superar el ego y equilibrar las malas relaciones entre nosotros. Cuando nos sentamos juntos en una mesa redonda y centramos nuestra conversación en el punto interno que nos une, el esfuerzo para dejar la isla desierta e ir hacia la parte común, revelará la fuerza positiva que se oculta en la conexión entre nosotros. Seremos envueltos en un sentimiento de amor y calidez. Esta convivencia nos hará sentir bien y confortables, pero esto es sólo el primer paso del proceso. Mientras más fuerte se haga la conexión entre nosotros, más conexiones crearemos que serán esencialmente similares a las conexiones que operan en la naturaleza.

Una relación de dar y recibir

En la mesa redonda aprenderemos acerca de la fuerza de la naturaleza que opera con el fin de conectarnos. Sólo hay dos leyes: dar y recibir. La ley de la recepción obliga a cada individuo en la sociedad a obtener sus necesidad básicas para así cuidar de su propio bienestar y prosperidad. La ley de dar, por el contrario, obliga a cada individuo a cuidar la propiedad  y el bienestar de la sociedad. La ley de recepción está incrustada en nosotros, igual que la ley de la gravedad. La seguimos de forma natural ya que si no lo hacemos, seremos “castigados”. Una persona que deja de trabajar, por ejemplo, pronto se enfrentará a problemas económicos. La vida misma nos obliga a guardar la ley de la recepción.

El cumplimiento de la ley de dar es mucho más complicado. Nuestra contribución al desarrollo de la sociedad no siempre da fruto inmediato y a veces, se necesite tiempo hasta que este bien vuelve a nosotros. Por lo tanto, no tenemos ni el deseo fuerte ni el impulso natural de obedecer la ley de dar y cuidar la prosperidad de la sociedad. Cuando no obedecemos esta ley, el castigo llega muy pronto. Como Baal HaSulam, Rav Yehuda Ashlag, escribe en su artículo La Paz.

“Porque la humanidad es llevada a una confusión atroz y la lucha y el hambre y sus consecuencias no cesan hasta ahora. Y la maravilla de esto es que la naturaleza, como juez competente, nos castiga según nuestro desarrollo, ya que podemos ver que en el grado en el que la humanidad se desarrolla, aumentan los dolores y tormentos que rodean nuestra existencia”.

Así, tienes una base empírica, científica, que Su providencia ha mandado que observemos con toda nuestra fuerza el mandamiento de dar a otros con precisión completa, de tal modo que ningún miembro de nuestra sociedad trabaje menos de lo requerido para asegurar la felicidad de la sociedad y su éxito. Y mientras estamos ociosos en la realización de ello al máximo, la naturaleza no dejará de castigarnos y tomar su venganza.

La ley de dar nos es ocultada intencionalmente, ya que gracias a este ocultamiento tenemos oportunidad de desarrollarnos de forma independiente con el fin de adquirir la gran sabiduría que se oculta en la naturaleza. Una mariposa que agita sus alas en París crea pequeños cambios en la atmósfera que en última instancia pueden generar un tornado en Brasil. El “efecto mariposa” que opera en un sistema integral, también tiene un lado optimista: una pequeña acción de nuestra parte en beneficio de la sociedad puede desencadenar mucha más bondad en otro lado del globo. Esta bondad tarde o temprano volverá a nosotros. La naturaleza es más fuerte que todas nuestra fuerza y continuará “golpeandonos” hasta que nos unamos a ella y cumplamos con la ley de dar. Así abriremos el camino seguro hacia la felicidad.

Basado en Necesidad de ser cauteloso con las leyes de la naturaleza, del artículo La Paz, de Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam).
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Del artículo de Ynet 2/jun/16

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