Ynet: “¿Quién está detrás de la revolución que desarrolla al mundo?”

De mi columna en Ynet: “¿Quién está detrás de la revolución que desarrolla al mundo?”

La cadena mundial de ataques terroristas, el despertar del extremismo islámico, el declive de la Unión Europea y la creciente polarización entre sectores y comunidades, revelan que el mundo se desmorona. Cuanto antes seamos conscientes de este desarrollo, antes estaremos listos para el cambio y así, prevenir los desastres.

Para iniciar una revolución social efectiva, sólo necesitamos una cosa: el deseo de cambiar instantáneamente nuestras interacciones sociales insoportables.

En su mayor parte, este cambio es resultado de la demanda de un grupo social particular que atrae a las masas hacia un objetivo claramente definido, pero no necesariamente cada esfuerzo genera una verdadera revolución. ¿Cuándo lo hace? Hasta después de que se creen nuevas relaciones, se produce la reorganización de la estructura social y de sus instituciones. Cuando este cambio se hace permanente, es posible decir que ocurrió una revolución. De hecho, así iniciaron la mayor parte de las grandes revoluciones del mundo, a lo largo de la historia: la revolución en EU, la revolución francesa, la revolución bolchevique, las revoluciones de la Primavera del Pueblo en Europa y la ola de las revoluciones de la Primavera Árabe en Oriente Medio.

La pregunta es: ¿cómo responder en la situación opuesta cuando estallan revoluciones y crisis que cambian la cara de la sociedad humana y por primera vez, no tenemos capacidad para controlar lo que está sucediendo? El resultado ya apareció ante nuestros ojos. El mundo se desmorona y la humanidad se hunde en la confusión.

Una llamada global para despertar

Día a día, el mundo se sorprende y consterna con los sucesos dramáticos del sistema internacional, en particular con las convulsiones extremas en los países desarrollados: los aterradores ataques terroristas en Europa que alientan un fuerte aumento del nacionalismo de derecha, Brexit que señala el inminente fin de la UE, las terribles purgas tras el intento de golpe de Estado en Turquía, las olas de inmigrantes musulmanes que vagan entre los continentes y la campaña electoral en Estados Unidos que se ha deteriorado a un mínimo histórico. La inestabilidad global ha generado caos, la relación esperada entre causa y efecto casi no existe y como el ritmo de eventos extraños sigue creciendo, es difícil, si no imposible, tomar decisiones.

A pesar de la tecnología avanzada y de sofisticados medios de comunicación, es imposible prever el resultado, establecer programas gubernamentales, planear estrategias a largo plazo, hacer presupuestos y administrar. La aprehensión por el estallido de una tercera guerra mundial afecta a muchos y está creciendo a la luz de experiencias pasadas que se acumulan y demuestran que, incluso alianzas, acuerdos y tratados de seguridad pueden ser violados en un momento crucial. De incidente en incidente, la falta de control es evidente para líderes políticos: desde los principales dirigentes, asesores y gerentes hasta funcionarios menores. Es claro para todos, que ser líder en el siglo 21, es administrar el mundo entero.

De lineal a global, de ‘yo’ a ‘nosotros’

Al analizar el proceso que lleva a la crisis global actual, debemos considerar a otro jugador que ha entrado en el campo: una red global e integral de comunicaciones, empieza, gradualmente, a transformar cada elemento de la sociedad, donde cada uno se convierte en una parte inseparable del conjunto, como los órganos del cuerpo humano. Este no es un proceso familiar de globalización que se usa para crear cooperación empresarial internacional; sino en un nivel más profundo de relaciones entre nosotros; el deseo común estaba oculto a nuestros sentidos y ahora se vuelve claro, como una red estable y unificada de apoyo mutuo.

En una estructura tan armoniosa, las leyes de la conducta funcionan diferente: nadie es más ni menos importante, ninguna nación es más ni menos destacada que los otros países. Todos se aprecian uno al otro y todos son iguales y de la comunidad de todos surge una preocupación mutua. Rabí Yehuda Ashlag (Baal HaSulam) escribió en Introducción al Libro del Zohar: “De hecho, cuando todos los seres humanos estén de acuerdo en abolir y erradicar su voluntad de recibir para sí mismos y no tengan otro deseo que otorgar a sus amigos, todas las preocupaciones y peligros en el mundo dejarán de existir y todos tendrán una vida plena y sana, ya que cada uno tendrá al mundo entero cuidando de él, dispuesto a satisfacer sus necesidades. Sin embargo, mientras cada uno tenga sólo el deseo de recibir para sí, será la fuente de todas las preocupaciones, sufrimientos, guerras y matanzas, de las que no podremos escapar “.

Mientras sigamos aferrados a nuestra percepción egoísta natural y no nos adaptemos a la nueva realidad global, la disonancia seguirá creciendo. Como resultado, hay una gran volatilidad, las crisis nos golpean una tras otra y la única esperanza que nos queda es la visión de los líderes mundiales, que no tienen poder y no pueden predecir los acontecimientos ni tomar acciones preventivas.

¿Cómo se comporta uno en un mundo conectado?

Dejemos de enterrar la cabezas en la arena. El orden ha cambiado y es imposible detener o negar la nueva realidad y la futilidad del sistema actual. Si en el pasado sentimos necesidad natural e interior de cambio y la fuerza de la revolución trajo la transformación de la sociedad humana; hoy el mundo nos empuja hacia un rincón y nos presiona para cambiar y construir nuevas relaciones: entre persona y persona, entre marido y mujer, entre padres e hijos, entre empleado y empleador, entre banqueros e industriales y entre políticos y ciudadanos.

La olead de crisis que nos ha afectado en los últimos años y que se ha intensificado en los últimos meses, es sólo reflejo de nuestras relaciones egoístas. Es expresión de los eslabones rotos en la red de conexiones que debemos corregir. Fue por eso que el comunismo fracasó, el sueño americano terminó y la Unión Europea se rompe. Cada sistema -incluyendo los sistemas socioeconómicos- que ha florecido o se ha desvanecido es el resultado directo de nuestras relaciones.

El punto de inflexión de la humanidad depende de una revolución radical sin precedentes, pero la revolución es conceptual, material y espiritual, suficiente para provocar una revolución en el corazón de cada persona. En lugar de preocuparnos por nosotros mismos, debemos preocuparnos por los demás: ¡en lugar de ‘yo’, ‘nosotros’!

ynet-revolution-300x169

Tendencia hacia la unidad mundial

“Me alegro de haber nacido en esta generación, en la que es permitido revelar la sabiduría de la verdad. … Depende, no de la grandeza del sabio, sino del estado de la generación” (Baal HaSulam, La enseñanza de la Cabalá y su esencia).

Nuestra generación individualista está obligada a iniciar el camino de la unidad y del apoyo mutuo. Sólo así nos adaptaremos a la red global de conexión que se está revelando. Para evitar llegar al borde del abismo, debemos atender las señales de advertencia que aparecen en el camino que nos guía a desarrollar sensibilidad hacia los demás y a conectarnos de manera madura y responsable.

La sabiduría de la conexión, es decir, Cabalá, es la respuesta precisa a la separación cada vez más profunda entre nosotros. Este método puede ayudarnos a desarrollar la necesidad de responsabilidad mutua y de conexión. Rav Kook escribe alabando esta sabiduría: ‘Precisamente en el momento de más peligro y crisis, debemos tomar el mejor remedio’ (Cartas, volumen 2). Mientras más pronto abramos los libros de Cabalá para aprender a construir  nuestras relaciones correctas y para actuar de acuerdo con las leyes de la naturaleza que siempre aspiran a la armonía y al equilibrio, mejor será para nosotros. Así sabremos cuál sistemas de vida es esencial para nuestra existencia y cómo construirlos para hacer nuestra vida mejor.
[191555]
Del artículo de Ynet 8/feb/16

Duscusión / Compartir Retroalimentación / Haz una pregunta



Entradas Previas: