Haaretz: “Historia de la explotación – y por qué debe terminar”

En mi columna regular en Haaretz, mi nuevo artículo “Historia de la explotación – y por qué debe terminar

La explotación del neoliberalismo debe terminar. Conocemos los daños del egoísmo; sabemos cómo corregirlo, pero requiere nuestra determinación.

Cuando el Reino Unido votó a favor de romper con la Unión Europea, el mundo quedó en shock. Cuando Donald J. Trump sorprendió a los medios con su victoria, la gente quedó con la boca abierta, pero comenzó a darse cuenta de que los tiempos están cambiando. Cuando, la semana pasada, el primer ministro de Italia, Matteo Renzi, fue derrotado en el referéndum de su país y anunció su renuncia, la UE sufrió otro golpe, ya que Renzi es partidario ferviente de que Italia permanezca en la unión en ruinas. El próximo año, Francia, Holanda, Alemania y otros países europeos tendrán elecciones generales. En muchos, Francia y Holanda en particular, las voces en favor de dejar la UE crecen cada día. Como señalan Marcus Walker y Anton Troianovski de The Wall Street Journal: “Para la unidad de Europa, 2017 será un año de ajuste”.

Yascha Mounk, profesor de gobierno en Harvard, tiene razón al declarar: “¿Qué tan estable es la democracia? Las señales de advertencia están en rojo” Fascismo y nazismo aumentan en el mundo occidental y, a menos que tomemos una acción rápida y resuelta, el mundo se sumergirá en otra guerra y con toda probabilidad, con uso pleno de armas nucleares.

El neoliberalismo es un síntoma doloroso, pero no es la enfermedad

Cuando se ve que los países dominantes de la UE explotan y empobrecen a las economías más pequeñas y débiles de la Unión o la influencia que Wall Street tiene en Washington, es fácil culpar al neoliberalismo de nuestros males. Y, está justificado, hasta cierto punto. Hay una buena razón por la que Jonathan D. Ostry, Prakash Loungani y Davide Furceri, miembros del departamento de investigación del Fondo Monetario Internacional (FMI) escribieron sobre los daños del neoliberalismo: “La desigualdad en aumento, que inició con la apertura financiera, podría socavar el crecimiento, que es lo que la agenda neoliberal desea de impulsar”. Después añaden, “las políticas deben ser diseñadas para mitigar algunos de los impactos [del neoliberalismo], por ejemplo, aumentando el gasto en educación y capacitación”.

Sin embargo, decir que el neoliberalismo es “la ideología en la raíz de nuestros problemas”, como lo hizo el columnista George Monbiot, es engañoso, porque el neoliberalismo es un síntoma, no la enfermedad. Para curarnos de fascismo, neoliberalismo, nazismo y de otros “ismos” que amenazan con terminar la civilización, debemos entender la raíz común -el daño que hace que explotemos y posiblemente, destruyamos a otros -y curarla.

Lo asombroso de la naturaleza humana

Sin humanos, la vida en el planeta Tierra sería más fácil. Incluso en áreas que los humanos han contaminado con radiación nuclear, los animales prosperan, simplemente por la ausencia de gente. En la zona excluida, alrededor del reactor nuclear de Chernobyl, “la naturaleza floreció cuando se eliminaron los humanos de la ecuación, incluso después del peor accidente nuclear del mundo”, dice Jim Smith, científico ambiental y autor de un nuevo estudio sobre la vida alrededor de Chernobyl.

La armonía de la naturaleza se altera cuando los humanos están cerca, porque somos impulsados por un sólo deseo: recibir tanto placer como nos sea posible y con el menor esfuerzo. Además, a lo largo de las generaciones, esta aspiración ha evolucionado hasta el punto que estamos arruinando nuestro planeta y arruinandonos unos a otros.

En tiempos prehistóricos, nuestro deseo de placer era natural y primitivo. Estábamos satisfechos si teníamos comida, refugio y podíamos criar a nuestra descendencia. Incluso entonces, algunos querían más que otros, una cueva más grande o más hembras (humanas), pero era un deseo natural que también tenían los animales y que no interrumpía el equilibrio de la naturaleza.

El problema es que a diferencia de los animales, en nosotros el deseo de recibir se intensifica y se desarrolla constantemente. Nuestros sabios dijeron (Midrash Rabah, Kohelet): “Uno no deja el mundo con medio deseo en la mano”. En otras palabras, mientras más tenemos, más queremos.

A medida que los deseos crecieron, la gente comenzó a congregarse en pueblos y ciudades. Pronto, las clases sociales aparecieron y la gente comenzó a esclavizar a otros. Someterse a la esclavitud fue una buena forma de conseguir el pan de cada día, pero a cambio cedían su libertad y se arriesgaban a la sumisión, crueldad y explotación. En ese momento de la historia, cuando empezamos a subyugar a nuestros semejantes, nuestro deseo natural por una vida buena y segura se convirtió en egoísmo: el deseo, no sólo de disfrutar de lo que tenemos, sino también de disfrutar de la superioridad sobre los demás y de la capacidad para dañarlos.

El ego nos impulsó a mejorar la tecnología y la producción, no sólo en beneficio propio, sino para dominar a otros. A medida que nos volvíamos menos sociales y más explotadores, los amos comenzaron a darse cuenta de que era menos rentable mantener esclavos que cobrarles impuestos . Esto marcó el comienzo del feudalismo.

Sin embargo, a medida que la tecnología avanzó, fue claro que se necesitaba capacitar a la gente para que fuera eficiente al producir riqueza para los señores feudales. Para aumentar la habilidad de los trabajadores, los gobernantes construyeron escuelas, que básicamente fueron fábricas para entrenar trabajadores. Un trabajador entrenado produce más riqueza para su amo y el feudalismo fue abandonado completamente y, con la ayuda de la Revolución Industrial surgió el capitalismo.

Por un tiempo, realmente parecía la estructura socioeconómica ideal. La mayoría trabajaba, mejoraba con el tiempo y, aunque la élite aún gobernaba y se hacía más rica y poderosa, la creciente clase media gozaba de libertad y disfrutaba de placeres que ni los reyes más poderosos habían disfrutado un siglo antes.

Pero, lo asombroso de la naturaleza humana -su egoísmo- crecía. Mientras más riqueza ganaban los capitalistas, más la convertían en poder e influencia política. Hoy, un político no puede ser elegido sin la ayuda de los súper ricos.

Para asegurar su poder, la élite financiera ha instaurado una política de laissez-faire, que elimina la regulación y les permite hacer lo que quieran y cuando quieran. Incluso le encontraron un nombre agradable: neoliberalismo.

Sin embargo, no hay nada liberal en el neoliberalismo, mucho menos humano. Como dijo Manuela Cadelli, presidenta de la Unión de Magistrados de Bélgica, en un artículo publicado en la revista en línea Defend Democracy Press: “El neoliberalismo es una especie de fascismo. El Estado está ahora a disposición de la economía y de las finanzas y lo tratan como subordinado y lo subyugan al grado de poner en peligro el bien común”.

Como lo demuestran los recientes acontecimientos políticos, la señora Cadelli tiene toda la razón. Si no actuamos con rapidez, el excesivo egoísmo de la élite los conducirá hacia el nacionalismo y el fascismo y finalmente, su anhelo incesante de dominio, conducirá al mundo a la guerra.

Terminar la explotación pacíficamente

Ya dijimos que no podemos detener la evolución del ego. Y podemos ver lo que pasará si continuamos dejándolo crecer sin control. Por lo tanto, para aliviar los males que ensucian la superficie de la sociedad, como el plástico ensucia nuestras playas, tenemos que aprender a canalizar el ego de forma positiva. Hasta ahora, sólo hemos tratado los síntomas de la evolución de nuestro ego. Pero ya debemos trabajar con el propio ego y reorientar su evolución, del actual modo antisocial a uno que beneficie a la sociedad y que apoye la satisfacción de nuestros deseos. Cualquier otra forma sólo resultará en la supresión del ego, que más tarde estallará con resultados terribles.

Mencioné anteriormente que los investigadores del FMI recomiendan “mayor gasto en educación y capacitación”. El problema es que cuando se piensa en educación, se piensa en aprender nuevos oficios y en acumular información. Eso puede ser útil y requerido, pero no mitiga el deseo de control del ego ni lo reorientan a fines pro-sociales. Por lo tanto, no resuelven el problema en su raíz. La solución al problema social vendrá cuando logremos dos objetivos: 1) educarnos sobre la necesidad y los beneficios del comportamiento pro-social; 2) capacitarnos para desarrollar comunidades que fomenten relaciones positivas entre sus miembros.

Puesto que la naturaleza no nos dotó de un ego naturalmente equilibrado, debemos ‘lograr’ ese equilibrio por nosotros mismos. Al hacerlo, aprenderemos cómo funciona la naturaleza y podremos funcionar armoniosa y pacíficamente, como la naturaleza. En una columna reciente titulada “New Economics Is Dead; Long Live New Economics” y en varios libros, en particular, Bail Yourself Out y Self-Interest vs. Altruism in the Global Era, detallé cómo se puede lograr este equilibrio. Aquí señalo algunos beneficios que obtendremos cuando lo logremos.

Utilizando la formación descrita en la columna que mencioné, en vez de suprimir el ego, encontraremos formas nuevas y relevantes para expresarnos, de las cuales toda la sociedad se beneficiará. Nuestro deseo de conocer nuestro potencial continuará desarrollándose, pero ya no amenazará a la sociedad ni inducirá una feroz competencia en puntos limitados por la élite.

En la nueva sociedad, la explotación será obsoleta porque no servirá a nuestros intereses. Nuestro interés propio y el interés de la sociedad convergerán porque la sociedad nos apoyará tanto como nosotros la apoyemos.

En tal sociedad, donde la responsabilidad mutua sea el nombre del juego, nuestras necesidades serán satisfechas en su totalidad porque no estarán a expensas de otros. El modo y el espíritu de nuestras acciones irá hacia la conexión más que hacia el aislamiento, por lo que, en forma natural, participaremos en actividades que contribuyan a la sociedad y a nosotros mismos.

Estamos en un momento en el que la historia de explotación debe terminar y debe terminar aquí. Ya conocemos los daños del egoísmo humano, pero también tenemos formas de arreglarlo. Todo lo que necesitamos es determinación firme y acción rápida.
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