Ynet: “Para que los hermanos vivan juntos en unidad”

De mi columna en Ynet: “Para que los hermanos vivan juntos en unidad”

¿Es el tribalismo bueno o malo? ¿cuál es su poder inherente que nos hace anhelar la sensación que se crea en tiempo de guerra? ¿cuál es el daño que su falta puede causar a nuestra sensación de seguridad y cómo podemos superarla? Rav Laitman sobre la sabiduría de la tribu.

Sebastian Junger, periodista y escritor estadounidense, ha dedicado la mayor parte de su vida en estar en campos de batalla peligrosos, durante guerras en todo el mundo para reseñarlos en periódicos. Una vez, cuando regresó de la primera época difícil y dura en Afganistán al seno de su amada familia en la gran ciudad de Nueva York, le esperaba una experiencia insospechada: de pronto, empezó a sentir estrés postraumático, ataques de pánico y depresión y no sabía qué hacer.

Como investigador por naturaleza, examinó este fenómeno a profundidad y descubrió que no estaba solo. Cientos de soldados, habían experimentado un trauma similar, pero el sorprendente descubrimiento que hizo Junger fue que, dentro de la depresión, había un profundo anhelo por la sensación de la tribu y de la hermandad que habían experimentado bajo el fuego de francotiradores.

En tiempo de guerra, los soldados duermen juntos, comen juntos y luchan juntos por un objetivo común y dan lugar a la creación de una hermandad colectiva. Pero una vez que se les retira de su grupo cohesivo y del sentido de ‘alianza’ y vuelven a la sociedad dividida y alienada, un sentimiento de vacío los ataca inmediatamente. Para Junger, tomó más de un año superar la situación que sólo empeoró, pero debido a su dolor y su reflexión propia, publicó Tribu hace unos seis meses, ahí examina los beneficios que hemos perdido a lo largo de los años cuando nos separamos de la vida de la tribu.

¿Qué ha perdido verdaderamente la humanidad cuando abandonamos el mundo tribal? ¿el precio que pagamos por nuestra vida individualista vale la pena? ¿qué podemos hacer hoy para reconstruir nuestra vida tribal, la cohesión y la unidad tan importantes para nuestra fortaleza personal y nacional?

Sabiduría tribal secreta

La primera (y última) época en que la humanidad se sintió como una gran tribu fue hace alrededor de 3,500 años en la antigua Babilonia. ‘Toda la tierra tenía una misma lengua  y voces unificadas’ (Génesis 11:1), el poder único inherente en el sentimiento tribal daba un sentido de un vientre protector y seguro y neutralizaba toda preocupación por sí mismo: de la preocupación por comida, ropa y refugio, a la sensación de seguridad en tiempo de guerra y la anulación de la incertidumbre sobre el futuro. La sensación de seguridad provenía de los miembros de la tribu que rodeaba a la persona, pero su origen era más profundo -el poder general de la naturaleza- una ‘tribu’ -más amplia en su alcance, que abarcaba el universo. La fuerza general de la naturaleza provee el poder positivo que nos alimenta individual y colectivamente, nos protege a nivel psicológico y nos sirve de refugio. Así como usamos la unidad familiar para apoyarnos, así el sistema de la naturaleza nos da sensación de calma y serenidad, acompañado de calidez, amor y relaciones equilibradas.

Una linda mañana, la naturaleza egoísta estalló en la tribu babilónica, entorpeció la serenidad que había hasta entonces y fortaleció el sentimiento de ‘yo’ en todos. Los babilonios comenzaron a dividirse y separarse en pueblos y tribus más pequeños (en retrospectiva, se convirtieron en el base de las setenta naciones del mundo, de las cuales el historiador Josefo escribió extensamente). La primera fuerza positiva fue abatida y reemplazada por la fuerza negativa del ego, que saltó a los cielos como lo indica la historia de la Torre de Babel. En lugar de ‘nosotros’, ‘yo’ fue creado. En lugar de preocupación por otros, había preocupación por uno mismo y en lugar de la tribu, el individuo fue el centro.

Si los babilonios hubieran preservado el sentido de tribu, aumentando el poder positivo que los unía sobre el vacío entre la fuerza negativa del ego, su relación se habría fortalecido y se habrían elevado a un nuevo nivel de existencia. Pero ¿cómo despertar la fuerza positiva? ¿cómo mantener contacto a pesar de la distancia creada? Eso es justamente la “sabiduría de la tribu” que Abraham enseñó.

Una pequeña tribu dentro de la gran tribu de la naturaleza

Abraham reunió a un grupo de babilonios. Les enseñó la sabiduría de la Cabalá y les enseñó a volver a ser una tribu con cohesión que funcionara con altruismo. “La caridad y la paz entre una persona y otra nunca se ha encontrado tanto como en Abraham, porque, él fue padre de una multitud de naciones, las unió y estableció la paz entre todas las criaturas” (Gevurot HaShem, capítulo 6). El método que Abraham enseñó a los babilonios fue simple y lógico: trascender los conflictos que separan y conectarse con el amor.

¿Cómo se hace? Con esfuerzo y deseo de conexión, con amor fraternal que despierte la fuerza positiva que existe en la naturaleza. Como una pequeña tribu dentro de la gran tribu de la naturaleza, todas las partes se unen gradualmente en una gran familia por medio de esa misma fuerza positiva de la naturaleza.

Con la ayuda del método de Abraham, “El amor cubre todas las transgresiones” (Proverbios 10:12), los babilonios que estaban alienados unos de otros, se conectaron entre sí “como un hombre en un corazón” y durante muchos días, ese grupo se convirtió en el pueblo de Israel (Yisrael, Yashar El, directo al Creador, la fuerza positiva de la naturaleza). Hoy, la única misión del pueblo de Israel es transmitir la sabiduría de la tribu a la humanidad y ser “luz para las naciones” (Isaías 49: 6).

Pero como un gran aplanador, el ego continuó aplastando todo en su camino y dividiendo a las naciones, en más y más pueblos, naciones y culturas, incluso se dividieron en facciones, comunidades y grupos; en partidos políticos, corrientes y pandillas, hasta que la persona fue dejada sola. Hoy, la tribu mundial se ha vuelto moderna, dividida en fragmentos. ¿Qué transforma en tribu a toda la humanidad? La preocupación por todos, responsabilidad mutua y pertenencia a una sola fuerza.

¿Qué hemos creado durante estos 3,500 años? ¿la disolución de la gran tribu transformó nuestra vida y la hizo mejor y más cómoda? Ciertamente, no. Hemos regresado al punto de partida como si estuviéramos en Babilonia, millones de personas no saben cómo llevarse bien. Incluso si, por momentos, parece que se llevan bien y controlan la situación, el ego lo impide. Por otra parte, si dejamos que el ego siga operando, llegaremos a una guerra civil terrible.

No hay duda de que situaciones extremas como estas nos acercarán, como Junger testificó en su libro. La pregunta es, ¿por qué necesitamos una guerra o un gran desastre para superar la separación que el egoísmo siembra? ¿no hay otra forma de preservar la sensación de unidad y restablecer la sensación de tribu que es tan vital para nosotros? La solución sigue siendo la misma: tenemos que volver al consejo de Abraham, el padre de la nación y conectar entre nosotros. Sin embargo, a diferencia de los días de Babilonia, esta vez la conexión debe ser global, no local.

La tribu de la humanidad

Baal HaSulam escribió: “Por lo tanto, en nuestra generación, cuando cada persona sea ayudada para su felicidad por todos los países del mundo, es necesario que en esa medida, el individuo se esclavice al mundo entero, como rueda en una máquina .

“Por lo tanto, la posibilidad de tener conductas buenas, felices y pacíficas en un estado, es inconcebible si no las hay en todos los países del mundo y viceversa. En nuestro tiempo, los países están unidos para satisfacer sus necesidades, como los individuos estaban con sus familias en épocas anteriores. Por lo tanto, ya no podemos hablar o tratar con las conductas justas que garanticen bienestar de un país o una nación, sino el bienestar del mundo entero, porque el beneficio o daño de cada persona en el mundo depende y se mide por el beneficio de todos en el mundo” (Paz en el mundo).

Vivir en tribu, da paz y seguridad. La carga se distribuye entre todos y la supervivencia cotidiana, típica de una sociedad competitiva, desaparece como si no hubiera existido. En un futuro no muy lejano, cuando más y más gente esté desempleada, el modo de vida tribal nos dará todo lo necesario para nuestra existencia, con facilidad y comodidad.

La tribu no está en función de la cantidad de gente. Una tribu podría contener millones e incluso más. ¿Qué haría una tribu de toda la humanidad? Es preocupación por todos, responsabilidad mutua, pertenencia a una sola fuerza. Un pequeño paso hacia la conexión creará conexión cálida y amistosa y despertará la fuerza positiva. Así, ascenderemos a una dimensión espiritual, al sentimiento de una sola tribu en la que todos somos ‘hijos de Adam’, miembros de la tribu de Adam HaRishon (Primer Hombre). Así como Junger regresó del tribalismo momentáneo en el campo de batalla y anheló regresar al sentimiento de unidad, así, de un mundo tan dividido donde vivimos en guerra incesante, podremos regresar a vivir juntos en una tribu de hermanos.

De Ynet: “Para que los hermanos vivan juntos en unidad” 13/dic/16

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