Ynet: “Sí, vivimos en una realidad virtual”

De mi columna en  Ynet: “Sí, vivimos en una realidad virtual

“Muchos científicos, filósofos y empresarios piensan que es muy probable que la gente viva en un mundo virtual, simulado por una computadora” dice un sorprendente reporte publicado por el Bank of America. ¿Podría ser que vivamos en una especie de matriz? Rav Laitman habla sobre el origen de tales teorías.

Dr. Michael Laitman

El reporte, que fue enviado a millones de clientes del segundo banco más grande de Estados Unidos y que fue ampliamente cubierto por la prensa mundial, sorprendió a todos. Aunque su propósito era explicar la razón por la que se debe invertir en el campo de la realidad virtual, la pregunta existencial que trajo ha intrigado a las masas y ha comenzado un debate en el tema que casi se había desvanecido después de las olvidadas películas; Matrix.

La inspiración de esta teoría inusual tiene base en las ideas del empresario Elon Musk, del astrofísico Neil de Grass Tyson y del profesor Nick Bostrom, de la Universidad de Oxford, quienes insisten que es muy probable que nuestro mundo sea realmente un simulacro.  

¿Estamos realmente viviendo en una realidad virtual o tal vez somos parte de un experimento cósmico? Nuestro universo es sólo un gran programa de computadora, un simulador en tercera dimensión de una realidad en la que materia, energía, electricidad, nuestros pensamientos y deseos son sólo resultado de cálculos matemáticos complejos?  

Cien por ciento realidad virtual

De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá, la “singular” idea de una realidad virtual no sorprende en absoluto. Cabalá lo ha tratado desde el principio de la creación. En libros antiguos de Cabalá, escritos hace más de 2,000 años, como el Libro del Zohar, se revela que no hay sólo veinte o cincuenta por ciento de probabilidad  que nuestra realidad sea virtual, sino, realmente ¡100 por ciento!  

De hecho, es imposible calcular la probabilidad de si existe o no tan inmensa realidad. Todos sus detalles son totalmente controlados por leyes claras y absolutas, como leyes de física y química, que no pueden demostrar la existencia ni el propósito de esta realidad, sólo caracterizar sus diferentes componentes, como lo hacen los científicos en relación a cada pequeño detalle en nuestro mundo. Los cabalistas son los únicos que decodificaron el propósito oculto de este “producto de computación”, que se extiende ante los ojos con todos los detalles, desde el Big Bang, hace 14 mil millones de años. Rav Kook escribió en su libro Shmona Kvatzim “para los grandes que tienen logros, el mundo tangible y temporal no tiene lugar. Ellos no consideran ni valoran la vida corporal, como la gente que ve esta imagen fija del mundo. El problema constante de los grandes es la eternidad. Esto envuelve su alma y llena toda su existencia”

Los cabalistas nos dicen que la enorme materia que llena y rodea todo el universo, hasta distancias infinitas, es sólo una milésima de la materia que se nos revela y no es real. Así que debemos explorar no la materia revelada, sino la red de fuerzas dispersas en el amplio espacio y que nos están ocultas. Estas fuerzas operan el programa de la realidad en que vivimos y en el momento en que las revelemos, igual que miles de cabalistas lo hicieron antes, podremos saber de dónde venimos, entender cuál es el propósito de la creación y cómo se expresa en nuestro mundo. Por lo tanto, podremos planear nuestro futuro y manejar mejor nuestra vida.      

Dr. Michael Laitman

De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá, el programa que maneja la percepción de la realidad en toda la evolución es llamado, egoísmo. Esto significa, hecho para autobeneficio, una inclinación que es el mal desde pequeños, un deseo que es exclusivamente para encontrar un poco más placer, incluso a expensas de los demás. La fuerza negativa de nuestra naturaleza egoísta nos guía toda la vida persiguiendo siempre satisfacción y por lo cual funcionan nuestros cinco sentidos y nos hacen trabajar todo el día, desde el nacimiento hasta la muerte.

Windows 2016

Nuestro mundo se desarrolla rápidamente y como resultado, la tecnología se vuelve cada vez más sofisticada. Al principio de los años 80, el primer sistema operativo de una computadora era incómodo y basado en una ventana y una interfaz gráfica obsoleta. Unos años después, una nueva versión ya soportaba a varios usuarios y varios lenguajes y opciones. Hoy, los sistemas operativos son incluso más rápidos, estables, seguros y usan muy poco recursos del sistema. Muchos están en vías de trabajar en la nube, un servicio que brinda acceso a la información desde cualquier lugar y desde cualquier dispositivo. La diferencia entre las versiones es sólo en cómo han actualizado y mejorado nuestra vida y hasta qué grado nos pueden ofrecer una alternativa mejor, más económica y conveniente. De hecho, es todo lo que pedimos en la vida.

Traten de recordar su primera computadora. ¿Qué hubiera pasado si hubiéramos instalado un programa avanzado? Un error. Una crisis. No hubiera funcionado. Esto es exactamente lo que sucede con el sistema operativo de nuestra vida. El programa del egoísmo que nos ha estimulado por miles de años ya no es compatible con los nuevos programas que entraron a nuestra vida al principio del siglo 20, la realidad global en la que todos los componentes están interconectados y son totalmente interdependientes. Mientras más nos preocupemos por nosotros mismos, utilizando el programa egoísta obsoleto, más funcionaremos en contraste con la nueva realidad global, con el programa operativo que está siendo instalado. El choque entre estos dos opuestos es destructivo, doloroso y se expresa en problemas interminables, guerras y crisis diferentes.

¿Cómo actualizamos el programa?

El programa para crear hojas de cálculo (Excel, por ejemplo) está hecho de los mismos elementos que componen el programa para procesar documentos y material de textos (como Word), la única diferencia es la forma en que los elementos de cada programa se comunican. Lo mismo va para el programa de nuestra vida. Todos los errores son resultado de la falta de comunicación correcta entre nosotros.

Cambiar nuestro programa significa cambiar nuestras relaciones. En lugar de preocuparnos por nosotros mismos, utilizando a los demás y viviendo en una malvada realidad virtual, debemos hacer exactamente lo opuesto: preocuparnos por los demás, conectar con ellos, sentir lo que necesitan y darles fuerza positiva y amor. Hasta que el programa sea actualizado a una versión más avanzada, se abrirá ante nosotros una completa realidad eterna. Al usar el código que opera el programa de nuestra vida, “Ama a tu prójimo como a tí mismo” una regla que incluye toda la Torá, podremos traer un cambio importante a nuestra vida. Rav Yehuda Ashlag (Baal HaSulam) dice que toda la creación está hecha sólo para alcanzar este propósito, de forma que la humanidad se desarrolle en él y se vuelva más virtuosa, hasta que pueda sentir la fuerza superior tanto como se sienten unos a otros. Las virtudes que adquieren son como peldaños de una escalera, dispuestos uno a uno, hasta que la persona es plena y alcanza esta meta (Escritos de Baal HaSulam).

En la nueva realidad, comenzamos a sentir el propósito del programa operativo, de acuerdo al nivel de nuestra preocupación por otros y la forma en que el sistema funciona en nosotros. “Cuando la persona se cansa de recibir, se libera de todas las restricciones de la creación y se mueve libremente en el mundo del Creador; tiene la garantía que nada le sucederá y que nunca será dañada ni lastimada” (Escritos de Baal HaSulam).

A diferencia del programa egoísta, por primera vez, nos es dado control en nuestra vida, la capacidad de volvernos programadores y mejorar el programa de forma que incluso, nos de una realidad más perfecta. Luego, claramente veremos y sentiremos el verdadero programa de la realidad, la realidad que han buscado los grandes científicos y filósofos por décadas, con sólo, de veinte a cincuenta por ciento de éxito, según el reporte presentado por el Bank of America.
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De Ynet: “Si,vivimos en una realidad virtual” 27/oct/16

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