Ynet: “La derecha en Europa – una bomba de tiempo”

De mi columna semanal en Ynet: “La derecha en Europa – una bomba de tiempo

El último referéndum en Italia y la renuncia del primer ministro Renzi anuncian el reforzamiento de los movimientos fascistas y prueban que es tiempo de que los europeos se unan. En la actualidad, los vientos de protestas nacionalistas están dirigidos hacia los poderes establecidos pero, pronto podrían dirigirse hacia los millones de inmigrantes y, más tarde como ha sucedido en el pasado, hacia los judíos. Rav Laitman explica cómo desactivar la bomba de tiempo nacionalista que amenaza el destino del pueblo judío.

En mis últimos artículos, he discutido con gran detalle los cambios globales actuales y he explicado que todo emana de las leyes de la naturaleza. Las cuales enseña la sabiduría de la Cabalá. El mundo está cambiando, la economía está tomando una nueva forma, los regímenes están cambiando justo ante nuestros ojos, y la voz del pueblo británico que eligió abandonar la Unión Europea y la voz de los estadounidenses que llevaron a Trump hasta la Casa Blanca, hicieron eco en la voz del pueblo italiano quienes dijeron no al referéndum y se opusieron fuertemente a las reformas en la constitución italiana, una verdadera rebelión en una tambaleante UE.

Los vientos de protestas nacionalistas en Italia están ahora dirigidos hacia los poderes políticos establecidos pero, pueden cambiar de dirección y dirigirse hacia los millones de inmigrantes extranjeros y más tarde, como siempre, hacia los judíos. Esta peligrosa tendencia fascista, antisemita podría afectar el destino de Europa, el destino del pueblo judío y el destino de la humanidad como un todo.

El colectivo es mayor que la suma de sus partes

El fascismo es parte del ADN italiano. En 1919, cerca de un año después de la Primera Guerra Mundial, el fascismo, como una visión del mundo, surgió de un régimen dictatorial en Italia, el cual reemplazó la democracia liberal. El fascismo italiano le atribuyó un gran significado a la idea del estado eterno y exigió al individuo mortal que sacrificara sus aspiraciones y sus metas para el bien mayor: no hay clases sociales, no hay individuos y la nación es un cuerpo vivo que respira.

A través de una ideología nacionalista coherente que enfatizaba el odio hacia los extranjeros, el supuesto fundador del fascismo Benito Mussolini recuperó a sus paisanos de la pobreza, los problemas sociales y el desempleo, los mismos problemas que enfrenta Italia hoy.

Mussolini en persona ideó el término “fascismo”, el cual viene de la palabra italiana “fascio”, es decir manojo o unidad. Es un antiguo símbolo romano de un manojo de varas como una representación de fortaleza a través de la unidad en contraste con la debilidad del individuo. Es una conexión egoísta y explotadora cuyo único propósito es ganar poder y control, y esto eventualmente provoca la destrucción de la “nación unida”.

Cien años después de haberse desvanecido, los partidos nacionalistas están despertando una vez más y apuntan hacia la necesidad real por la unidad. Es perfectamente claro que la unidad que surge del estrecho egoísmo está preocupada sólo por su propia nación. La pregunta es; si existe otra opción, ¿es posible llevar a la creciente necesidad por unidad hacia un nuevo camino y, si es así, cómo?

El logo judío

A diferencia del logo fascista, hace cientos de años, la numerosa unidad de fuerza israelí del pueblo judío era similar a un manojo de cañas: “¿Si alguien toma un manojo de cañas, puede romperlas todas al mismo tiempo? Si las toma una por una, incluso un bebé puede romperlas” (Tanjuma). La historia de la unidad de Israel se remonta a la antigua Babilonia hace 3500 años. En esos días, la sociedad primitiva era como una familia donde todos se entendían unos a otros. “Ahora toda la tierra era de un solo idioma y palabras uniformes” (Génesis 11:1). De pronto, la naturaleza egoísta del hombre hizo erupción. El mismo deseo de recibir placer que nos motiva a través de placer o sufrimiento exigió placeres más grandes a expensas de otros. La explotación mutua provocó una profunda crisis social que dividió a los babilonios y provocó una guerra civil.

Los frustrados babilonios buscaron una salida de la espesura de la crisis social, y la salvación apareció en la forma de Abraham, el gran sacerdote babilonio de la época que los reunió alrededor de él, les enseñó la sabiduría de la Cabalá y cómo estar conectados y amarse el uno al otro. Un grupo de babilonios que alguna vez estuvieron distanciados se conectaron como un hombre en un corazón y fueron llamados Israel a causa de su deseo de asemejarse al Creador, “Yashar El”, para atribuirle todo a la única fuerza de la naturaleza que es completa y eterna.  A partir del momento en que la nación de Israel fue establecida, tuvo una sola meta: servir como un ejemplo de unidad para las otras partes de la humanidad dividida, ser una luz para las naciones del mundo.

La nación judía ha pasado por muchos cambios. Tras la destrucción del Segundo Templo, el egoísmo creció y el odio infundado se intensificó. El amor fraterno y el valor sublime de la unidad dejó de iluminar la visión espiritual, y la nación se dispersó por todo el mundo por dos mil años de exilio.

Los judíos no pueden deambular por todo el mundo y asimilarse con las otras naciones por siempre porque ellos tienen una gran responsabilidad y una obligación de llevar al mundo el método de conexión. Cada vez que los judíos intentaron negar su rol, pronto se les recordó en la forma del antisemitismo, el cual es la ley de la naturaleza.

Antisemitismo en breve

A principios del siglo XX, Henry Ford, un gran antisemita, publicó una serie de panfletos llamados “El judío internacional” en los cuales escribió: “El judío se ha acostumbrado a pensar que él es el único propietario del humanismo de la sociedad por demasiado tiempo. La sociedad tiene una gran demanda del judío, que él debe dejar de estar apartado, debe detener su abuso al mundo, debe dejar de relacionarse con grupos judíos como la meta de todas sus ganancias, y debe comenzar a cumplir la antigua profecía, dado que es mediante eso que todas las naciones de la tierra serán bendecidas”.

Ford es uno de muchos ejemplos. En 1364, el rey polaco Casimiro III dijo que los judíos siempre estuvieron conspirando, queriendo dañar a los cristianos, explotarlos, y empobrecerlos financieramente. En 1885, el filósofo alemán Paul de Lagarde ofreció al pueblo alemán un plan detallado de cómo deshacerse de la detestable raza judía viviendo entre ellos. Él dijo que uno no negocia con “pestes y parásitos” y uno no los educa, sino que deben ser destruidos “tan rápida y completamente como sea posible”. Adolf Hitler, el infame, escribió: “Porque el espíritu judío es el producto de la persona judía. A menos que expulsemos pronto al pueblo judío, ellos judaizarán a nuestro pueblo en muy poco tiempo”. Todos sabemos cómo sus palabras se convirtieron en acciones.

Pero incluso después del holocausto que impactó fuerte a los judíos, los vientos del odio están soplando una vez más. El escritor y diplomático francés Jean Giraudoux escribió que ¨la estirpe racial francesa estaba siendo amenazada por hordas de judíos de guetos de Europa central y del este descendiendo sobre Francia. Esos bárbaros judíos inclinados a la ilegalidad, y su corrupción quebrantaron los rasgos artesanales nativos de precisión, perfección y confianza”.

La unidad sana las heridas de la humanidad

Hitler, Ford, y muchos antisemitas en toda la historia han sentido subconscientemente que la nación judía tiene un papel significativo en el mundo, y que no lo cumple. Cuando la unidad entre el pueblo de Israel se debilita, el fascismo y el nazismo se fortalecen, “entonces no extraña que en esta generación todos los destructores entre las naciones del mundo estén levantando sus cabezas y principalmente queriendo destruir y matar a los hijos de Israel. Como dijeron los sabios, “ninguna calamidad viene al mundo a menos que sea por Israel dado que, como dice en Tikunei HaZóhar, Israel son la causa de la pobreza, el asesinato, los robos y la destrucción en todo el mundo” (Los escritos de Baal HaSulam).

Por otra parte, si actuamos de forma responsable y nos unimos como un hombre en un corazón, como nos enseña la sabiduría de la Cabalá usamos nuestro egoísmo correctamente, estimulando la fuerza positiva de conexión en la naturaleza e irradiándola a través de la red entre nosotros hacia el mundo entero. Baal HaSulam escribió, “la nación israelí ha sido construida como una especie de entrada mediante la cual chispas de pureza brillarán sobre toda la raza humana en todo el mundo… Hasta que se desarrollen a tal grado que puedan entender el agrado y la tranquilidad que se encuentran en el núcleo del amor de otros” (Baal HaSulam, “Arvut”). La unidad que se dispersa a través de nosotros hacia la red global suaviza los corazones de la humanidad y los acerca el uno al otro, y desactiva los pensamientos malvados que tienen de cómo dañarse a sí mismos a través de regímenes fascistas y, más aún, de cómo dañar a los judíos.

“Cuando hay amor, unidad y amistad, no hay espacio para ninguna calamidad” (Maor VaShemesh). En otras palabras, la decisión es nuestra. Sólo tenemos que mostrarle al mundo cómo conectarse adecuadamente. Una conexión poco firme entre nosotros provocará el surgimiento del fascismo, mientras que una conexión estrecha provocará su caída.
[199219]
Del artículo de Ynet, 12/8/16

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