Una nueva vida #392 – La fuerza del bien y la fuerza del mal

Una nueva vida #392 – La fuerza del bien y la fuerza del mal
Dr. Michael Laitman en conversación con Oren Levi y Nitzah Mazoz

Resumen

Pregunta: Todas las religiones presentan al mundo dominado por dos fuerzas: la fuerza del bien y la fuerza del mal. Así siente el hombre común. Le parece que las fuerzas del bien y del mal trabajan en él, ¿cuál es la fuerza buena que hace todo bien y cuál es la fuerza maligna que trae todos los problemas?

Muchos sueñan que hay una sola fuerza en el mundo, la fuerza del bien y en general, no entienden por qué existe la fuerza del mal. Esta división, esta lucha constante entre bien y mal, entre luz y oscuridades, entre destrucción y construcción, nos acompaña toda la vida, ¿por qué hay conflicto entre esas dos fuerzas?

Respuesta: No hay conflicto. Pensamos que existen fuerzas buenas y malas, pero no hay fuerzas malas y buenas en la naturaleza. Es cierto que hay fuerzas opuestas: más y menos, atracción y repulsión, luz y oscuridad.

Sin las fuerzas opuestas, la vida no podría existir, no habría metabolismo en los cuerpos vivos, no habría conexión entre las partículas fundamentales ni entre los cuerpos en el espacio, conectados en un todo.

La vida siempre se basa en el encuentro entre fuerzas y flujos que se unen en la ‘línea media’ que los conecta. Operan dos fuerzas opuestas y de su equilibrio nace la siguiente fase de una nueva vida.

En otras palabras, las fuerzas opuestas existen dentro de la materia y crean armonía particular entre ellas. Así, electrones y positrones, forman la fuerza opuesta que existe en el átomo, los átomos se conectan entre sí y, por atracción, forman moléculas. Y dentro de las moléculas, las fuerzas opuestas pueden determinar que es bueno y que es perjudicial para su conexión. Así que atraen y absorben los materiales benéficos y repelen los dañinos. Así es el metabolismo, la vida y la evolución comienzan.

Todo sucede por la correcta integración entre las dos fuerzas opuestas. Sin esto, no hay desarrollo ni vida. Y sin esto, el universo no podría evolucionar en el nivel inanimado ni, especialmente, en el nivel vegetal. En las plantas la integración de fuerzas opuestas es más compleja y, aún más compleja, en el nivel animal.

En el cerebro y la percepción humana a todos los niveles, hay un escrutinio complejo de la definición de bien y mal. Nuestro intelecto se basa en un escrutinio constante de la lucha entre fuerzas opuestas y en la búsqueda de una forma de conexión que nos dé el máximo beneficio.

No es posible usar una fuerza sin la segunda fuerza; sólo es posible en su integración. Así se construye la vida. En los niveles inanimado, vegetal y animal, este sistema funciona y se desarrolla de forma excelente.

Si a veces vemos desastres naturales, esto es sólo porque los medimos con respecto a nosotros. Sin embargo, de hecho, todo el universo, el mundo, los niveles inanimado, vegetal y animal avanzan bajo la influencia de las fuerzas positivas y negativas que operan entre ellos y promueven su evolución.

Todo está bien hasta llegar a los humanos. Las fuerzas del bien y del mal, como las llamamos, son manejables incluso en la humanidad. Si conociéramos el programa de la naturaleza y protegiéramos el equilibrio entre las fuerzas positivas y negativas, viviríamos en paz y tranquilidad.

El problema es que la humanidad tiene libertad de elección. Elige, según su deseo, el equilibrio entre las fuerzas positivas y negativas. Aquí se revela el origen de nuestra arruinada naturaleza; porque tomamos decisiones a favor de lo agradable y cómodo para nosotros, en lugar de tomar la decisión correcta.

Estamos más interesados en lo rentable que en la verdad. Así, pavimentamos un camino torcido que no pasa en medio de la fuerza negativa y positiva, que para promover la evolución, debe ser igual y su integración correcta. En cambio, constantemente buscamos lo agradable para nosotros a expensas de los demás.

Finalmente, somos parte de la naturaleza integrada y debemos mantener la armonía general con el mundo inanimado, vegetal y animal, evolucionar junto con la naturaleza, en la misma dirección. Si, junto con la libertad de elección, protegiéramos el equilibrio y la armonía entre las dos fuerzas, evolucionaríamos correctamente.

No utilizaríamos las fuerzas de la naturaleza más de lo que necesitamos para vivir en armonía entre nosotros y con el ambiente. Nuestra vida sería más fácil y pacífica. Obtendríamos de la naturaleza lo necesario para nuestra existencia y usaríamos el resto del poder para nuestro desarrollo interno.

El problema de la humanidad inició cuando comenzamos a producir más de lo necesario para la vida. Este es el punto crítico desde el cual la humanidad comenzó a autodestruirse. Desde entonces, nos apartamos del equilibrio de fuerzas y empezamos a cambiarlas según el deseo de nuestro ego.

Este es el cuadro general: hay una fuerza positiva, una fuerza negativa y nosotros, los humanos, con nuestro egoísmo, estamos entre ellas. Si usáramos estas dos fuerzas para equilibrar nuestra vida y el ego que surge en nosotros, las usaríamos sólo para nuestro crecimiento espiritual interno; nos elevaríamos al siguiente nivel, llamado nivel hablante.

La vida material, es decir, la vida dentro de nuestro cuerpo en el nivel animal, con lo requerido para nuestra existencia, alimento y familia, subsistiría, de forma equilibrada, en el estado en el que debe estar. Y usaríamos nuestro egoísmo para equilibrar las dos fuerzas opuestas y elevarnos al nivel espiritual, a la vida espiritual.
De Kabtv ‘Una nueva vida #392 – La fuerza del bien y la fuerza del mal’, 3/jun/14

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