Haaretz: “La reunión Trump-Netanyahu y la oportunidad para la paz”

En mi columna regular en Haaretz, mi nuevo artículo: “La reunión Trump-Netanyahu y la oportunidad para la paz

Shalom (paz) significa hashlama (complementar), como las partes que compiten se complementan para hacer algo nuevo y completo.

La semana pasada, el presidente de EUA, Donald Trump y el primer ministro israelí, Benjamin Netanyahu, se reunieron por primera vez tras la toma de posesión de Trump. Los dos se conocen desde hace tiempo y no tuvieron ningún reparo en mostrar que comparten amistad personal más allá de las formalidades cordiales requeridas en tales eventos. Si hubiera que negociar la paz entre el primer ministro Netanyahu y el presidente Trump, probablemente formarían, sellarían y entregarían el acuerdo antes de la primera conferencia de prensa.

Pero Trump no es parte en el conflicto israelí-palestino. Los dos partidos son, israelíes y palestinos y los palestinos tienen una idea muy diferente de la solución deseable para nosotros.

En la rueda de prensa que siguió a la reunión, el presidente Trump dijo que no le importaba la solución que se había alcanzado, siempre y cuando ambas partes lo acordaran. En sus palabras: “Estoy muy contento con la [solución] que ambas partes quieren. Puedo vivir con cualquiera. Si Israel y los palestinos son felices, estoy contento con lo que más les guste”. Un poco más tarde añadió: “Como con cualquier negociación exitosa, ambas partes tendrán que hacer compromisos”, [volviéndose a Netanyahu] , “¿Sabes eso, verdad?” A esto, Netanyahu respondió rápidamente, “¡Ambos lados!”

De la etiqueta a la sustancia

Más adelante en la rueda de prensa, Netanyahu mencionó que él quisiera cambiar de “etiqueta a la sustancia” es decir, hablar sobre la puesta en práctica de la paz y no quedarse en lemas tales como “solución de dos estados.”

Pero, ¿cómo puedes hablar de paz con un compañero que no quiere reconciliarse contigo? En verdad, debemos reconocer esto ahora, la única paz que los palestinos quieren es la tranquilidad de haber expulsado a los judíos de Israel hacia el Mediterráneo o a otro país o a otro mundo. Tres veces se les ha ofrecido ser Estado, una de ellas, incluyó la retirada del 97 por ciento de los territorios ocupados en 1967, así como el derecho de retorno de miles de palestinos. Para justificar su rechazo a esta oferta, Abbas declaró: “Las brechas eran amplias” (29 de mayo de 2009).

De hecho, como dijo Netanyahu, lo que nos falta es sustancia. Pero la sustancia debe comenzar con la comprensión del significado de la paz, antes de tratar de lograrla. De hecho, el compromiso no es la paz; es simplemente una cese de las hostilidades hasta que un lado se sienta lo suficientemente fuerte como para aniquilar por completo el otro.

En lugar de compromisos, debemos buscar el verdadero significado de paz. Para la mayoría “paz” es sólo una palabra, una fantasía de jóvenes ligeramente “desquiciados” o una plática requerida de políticos durante campañas electorales o respuestas pomposas cuando se les pregunta acerca de su visión de un mundo mejor. Pero en realidad, como acabo de mostrar, no hay paz.

Y sin embargo, cuando vemos a la naturaleza, vemos que a pesar de las constantes luchas por la supervivencia, la naturaleza mantiene un equilibrio que fomenta crecimiento y prosperidad. Sorprendentemente, las luchas realmente contribuyen a la sana evolución de las especies. Las especies rivales se complementan y se alimentan unas de otras, manteniendo salud y vitalidad mutuas. La existencia de depredadores garantiza la prosperidad de toda la cadena alimentaria. En algunos casos, la eliminación de una especie animal daña, no sólo la fauna del ecosistema, sino también su flora e incluso la topografía de ese sistema.

La palabra hebrea para la paz, Shalom, no tiene nada que ver con compromiso. Viene de la palabra “Hashlama“, que significa complementar y pertenecer a un estado donde los partidos contrarios se complementan, creando así una creación nueva y completa, que faltaría sin su contribución individual, como lo muestra el ejemplo en el enlace anterior .

El Creador primordial de la paz

Curiosamente, la primera persona que comprendió la esencia de la paz fue Abraham, el Patriarca. Maimónides describe en detalle cómo buscó en la naturaleza hasta que descubrió que todas las fuerzas y todos los elementos, aparentemente conflictivos de la naturaleza, se complementan (Mishneh Torah, capítulo 1).

Abraham no comenzó su búsqueda por curiosidad científica; estaba preocupado por el odio que estallaba entre su gente, quería entender su causa y encontrar una solución. Abraham observó a los constructores de la Torre de Babel y se dio cuenta de que su odio los destruiría. El libro Pirkey de Rabbi Eliezer (capítulo 24) dice que “Si un hombre caía y moría, no les interesaba. Pero si caía un ladrillo, se sentaban y gemían: “¡Ay de nosotros! ¿cuándo vendrá otro en su lugar?’ La alienación entre los constructores se hizo tan mala que “querían hablar entre sí, pero no conocían el lenguaje del otro. ¿Que hicieron? Cada uno tomó su espada y lucharon entre sí hasta la muerte. De hecho, la mitad del mundo fue sacrificada allí, el resto se esparció por el mundo”.

Viendo todo este odio, Abraham desarrolló un ingenioso método de conexión. En lugar de obligar a la gente a conectarse a pesar de su odio, los animó a permanecer individualistas y a conectar con otros por encima de su separación. No le pidió a nadie hacer concesiones. Simplemente dijo que nuestra singularidad complementa la unicidad de todos los demás. Los otros no son rivales como pensamos y, juntos nuestro ser único forma un todo que es la creación conjunta de todos nosotros. Es como un niño, que es la creación amada de ambos padres.

Nimrod, rey de Babilonia, no estuvo de acuerdo con la noción de Abraham, de conexión por encima del odio y lo expulsó de Babilonia. Abraham partió a Canaán y en el camino habló a cualquiera que quisiera escuchar. “Dado que [la gente] se reunió alrededor de él y le preguntó acerca de sus palabras”, escribe Maimónides, “enseñó a todos. … Finalmente, miles y decenas de miles se reunieron alrededor de él y ellos, son el pueblo de la casa de Abraham”

El grupo que Abraham desarrolló, vivió con un simple principio: no trataron de arrancar el odio entre ellos, sino que se esforzaron por conectarse por encima de él. Esto siguió siendo el lema de “la casa de Abraham”, que más tarde se convirtió en el pueblo judío, hasta su exilio después de la ruina del Segundo Templo. El más sabio de todos los hombres, el rey Salomón, describe sucintamente este principio en Proverbios (10:12): “El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes”.

Para Israel, la paz siempre ha sido complementarse

“La esencia de la vitalidad, la existencia y la corrección de la creación es alcanzada por gente de diferentes opiniones que se mezcla en amor, unidad y paz” (Likutey Halachot [Reglas Variadas]). “La esencia de la paz es conectar dos opuestos. Por lo tanto, no te alarmes si ves a una persona cuya opinión es completamente opuesta a la tuya y pienses que nunca podrán hacer la paz. O, cuando vea a dos personas que son completamente opuestas entre sí, no diga que es imposible hacer la paz entre ellas. Por el contrario, la esencia de la paz es tratar de hacer la paz entre dos contrarios” (Likutey Etzot). Estos y muchos otros textos escritos a lo largo de la historia judía ejemplifican la idea de que la paz en el judaísmo no es la mera ausencia de guerra, sino que es un medio para lograr una mayor unidad en un nivel superior de conexión entre la gente.

A los pies del monte Sinaí, alcanzamos el primer nivel de unidad y nos convertimos en una nación después de comprometernos a ser “como un sólo hombre con un sólo corazón”. Inmediatamente después, fuimos instruidos para ser “una luz para naciones”, es decir, transmitir ese método para lograr la unidad al mundo. En esencia, este método era el mismo que Abraham había desarrollado y tenía la intención de compartir con su paisanos, los babilonios. Por lo tanto, no es sorprendente que una vez que los judíos lograron la unidad, lo primero que se les ordenó fue compartir esa unidad. Esta es la razón por la que “Moisés deseaba completar la corrección del mundo en ese momento. … Sin embargo, no tuvo éxito debido a la corrupción que hubo a lo largo del camino” (Comentario Ramchal sobre la Torá).

Paz en tiempo del odio

Abraham no pudo compartir su sabiduría con los babilonios y desaparecieron. Así pasó con todos los otros imperios que construyeron su poder sobre el egoísmo. Sólo los judíos, aunque pocos en número, sobrevivieron durante muchos siglos por su capacidad para unirse por encima de su odio. Pero cuando abandonaron la ley de cubrir el odio con amor, también perdieron su tierra y fueron esparcidos alrededor del mundo. Hasta hoy, no existe un solo texto judío que atribuya el exilio de los judíos de la tierra de Israel a otra razón que no sea el odio interno.

Hoy, estamos de vuelta en nuestra tierra, pero las naciones nos dieron nuestro Estado; no lo “ganamos”. Es decir, no restauramos el principio de que el amor cubre todos los crímenes e internamente, aún estamos en el exilio. La paz y la seguridad vendrán sólo cuando restauremos este modus operandi entre nosotros. “La principal defensa contra la calamidad es el amor y la unidad. Cuando hay amor, unidad y amistad entre todos en Israel, ninguna calamidad puede pasar por encima de ellos”, escribe el Maor VaShemesh (Luz y Sol). “Cuando Israel tiene unidad, no hay fin a sus logros”, añade Noam Elimelech.

Podemos pensar que somos pocos y débiles, porque estamos enormemente superados en número contra el mundo árabe. Pero si nos unimos, venceremos a todos los enemigos, no con guerra, sino cubriendo el odio con amor.

Por lo tanto, el primer y más importante tratado de paz que debemos firmar no es con nuestros vecinos árabes, sino con nuestros vecinos judíos. Aquí está la clave para resolver el conflicto de Oriente Medio. Cuando nos unamos, seremos verdaderamente “una luz para las naciones”. Toda la gente y todas las naciones querrán aprender el método de conexión que Abraham desarrolló y sus discípulos y descendientes, pulieron y perfeccionaron, precisamente para que hoy podamos usarlo para nuestro beneficio.

Una vez que nos unamos, el odio de todas las naciones hacia nosotros desaparecerá, como si nunca hubiera existido. Por ahora, el odio de las naciones nos impide dispersarnos por completo entre ellas. Una vez que nos unamos entre nosotros, no necesitaremos el antisemitismo para mantenernos juntos y, desaparecerá. Esta semana, miles de personas de todo el mundo, de todas las nacionalidades y creencias se reunirán en Ganei Hataarucha, Tel-Aviv, por encima de sus diferencias. Cada una es una prueba viviente de que el método de Abraham funciona, si solo haces un pequeño esfuerzo para conectarte. Invito a todos a ver este milagro por ustedes mismos. Llama al 1-700-509-209 y encuentra por ti mismo lo que sucede cuando “el amor cubre todos los crímenes”.
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