JPost: “Por qué Loretta Lynch está incitando a la gente a Lynch (linchar)”

Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “Por qué Loretta Lynch está incitando a la gente a Lynch (linchar)”

Cuando la democracia estadounidense colapse, los judíos arderán, como siempre ha pasado. Pero aún hay tiempo para evadir la agitación y la decisión de hacerlo, está en los judíos estadounidense.

El 4 de marzo, día de las manifestaciones pro Trump, Loretta Lynch pidió a la gente que luchara (si fuera necesario) hasta la muerte contra el presidente legal y democráticamente electo Donald Trump. En sus palabras: ‘la gente común … ha sangrado y sí, algunos murieran. … ya lo hemos hecho antes. Podemos hacerlo de nuevo’. A la luz del ‘ejército indignado de liberales exigiendo nada menos que la guerra total contra el presidente Trump’, como Jonathan Martin y Alexander Burns se refirieron a las turbas liberales en The New York Times, no es de extrañar que el senado demócrata alabara su discurso como ‘palabras de inspiración’.

Narcisismo y la “cesta de deplorables”

Vivimos en una era narcisista. Por eso The New York Times se entusiasmó con el libro The Narcissism Epidemic: Living in the Age of Entitlement, declarando que ‘las pruebas que Twenge y Campbell [autores] compilaron son convincentes y espantosas’. Desde fines de la década de 1970, la gente ha hablado de ‘la cultura del narcisismo’, creada por nuestra creciente auto absorción y egoísmo. El liberalismo, que se extendió por el mundo occidental, como reacción contra el fascismo que se apoderó de gran parte de Europa y que llevó al estallido de la Segunda Guerra Mundial, se impregnó con un sentido de derecho. Puesto que los liberales se consideran a sí mismos guardianes de la libertad de expresión y consideran a cualquiera fuera de su campo como enemigo de la libertad de expresión y lo etiquetan de fascistas, racistas y amenaza para la sociedad. Resulta que al deslegitimar cualquier otra opinión diferente a la suya, los liberales se han convertido en nazis. En tales circunstancias, es fácil ver cómo un ex procurador general podría racionalizar que alentar a los civiles a matar a otros civiles por sus opiniones políticas, constituye una declaración legítima y no una incitación al asesinato.

Lo que presenciamos hoy es la desaparición de la política de EUA. Los códigos de conducta que dominaron la diplomacia hasta el 8 de noviembre de 2016, fueron desechados tan pronto como llegaron los resultados de la elección. Ahora podemos ver quiénes son la verdadera ‘cesta de deplorables’.

Judíos: los grandes conectores

Cuando el infierno se rompe y la democracia estadounidense colapse, no habrá Loretta Lynch ni ningún ‘progresista’ de ideas afines que sufra. Serán los judíos. Los judíos juegan un papel prominente en ambos lados del pasillo político; son conspicuos, dominantes y activos. Cuando las cosas salgan mal, se convertirán en las primeras víctimas, como ha pasado a lo largo de la historia cuando se produce un trastorno. Aún hay tiempo para prevenir la catástrofe inminente y la elección para evitar el desastre está en los judíos estadounidenses, pero no deben demorar porque el tiempo se agota.

Los judíos somos grandes conectores. Conversamos, nos mezclamos y creamos conexiones que pavimentan nuestro camino a la cima, donde cuidamos los intereses de nuestras cohortes. Sin embargo, la creación de redes para obtener influencia política no es la razón por la que se nos dio esta aptitud única. Esta habilidad emerge de la raíz de nuestra personalidad y es nuestra razón de ser. Esta es precisamente la calidad que debemos introducir en el mundo fragmentado y odioso de hoy.

Midrash Rabbah, Maimónides, Pirkei de Rabi Eliezer y muchas otras fuentes nos dicen que nuestra nación comenzó como una colección de parias que descubrieron en Abraham a un maestro y un líder que les enseñó a cubrir el odio que encontraron en sus tribus indígenas con amor. Les enseñó a unirse por encima de su animosidad y los ‘entrenó’ en el fortalecimiento de sus vínculos. Mishneh Torá (capítulo 1) describe cómo ‘miles y decenas de miles se reunieron alrededor de Abraham, que plantó el principio [unidad por encima de la enemistad] en sus corazones’.

Así, en lugar de darse la espalda unos a otros y dispersarse, ‘la gente de la casa de Abraham’, como Maimónides se refiere a los hebreos, trató su ego igual que un atleta trata sus músculos. Para hacerse más fuerte, levanta peso cada vez más grande. Del mismo modo, los antiguos hebreos trataron su ego como ‘peso’ que había que levantar. Mientras más crecía su ego, más duro trabajaban para fortalecer su unidad por encima.

Eventualmente, nuestros antepasados se convirtieron en ‘constructores de la sociedad’, atando, entre ellos, lazos tan estrechos que pudieron comprometerse a ser ‘como un sólo hombre con un sólo corazón’. Y tan pronto como hicieron este compromiso, se convirtieron en la primera y única nación en la historia que se erigió, sólo con base en unidad y amor a los demás, en lugar de la proximidad geográfica o la afinidad biológica.

Un ejercicio de unidad

En un mundo donde las naciones se están desmoronando por dondequiera y el odio está desintegrando países desde dentro y desde fuera, sólo un tipo de conexión puede unir de nuevo a la sociedad en un conjunto estable y cohesivo: el método de conexión que usaron nuestros antepasados –conexión por encima del odio al usar al ego como ‘peso’ para fortalecer nuestros ‘músculos sociales’. Por consiguiente, tan pronto como nos convertimos en nación, se nos encargó ser “luz para las naciones”. A través del tiempo, los judíos han meditado en el significado de esta tarea. Hoy, creo que es evidente que ser ‘luz para las naciones’ significa introducir este método único de conexión, que une a la gente donde todos los demás métodos no pueden.

Hay, sin embargo, un inconveniente: nosotros mismos hemos olvidado el significado y el propósito de la conexión. Nos conectamos sólo cuándo y dónde se adapte a nuestro interés egoísta. Usamos la cualidad que nuestros antepasados desarrollaron como remedio para los males del mundo, para beneficiarnos a expensas de los demás. La gente lo siente aunque no pueda articularlo. Siente que los judíos les debemos algo, que de alguna manera, somos culpables de sus problemas. En otras palabras, con su antisemitismo, están admitiendo que tenemos la llave de su bienestar, pero no la compartimos. Por eso, como dije antes, la elección para evitar el desastre está directamente sobre nosotros.

Una lección aprendida de Henry Ford

No necesitamos enseñar al mundo el método que hemos olvidado desde hace mucho. Sólo debemos lograr conexión con nuestros propios hermanos y por lo tanto, servir como ejemplo. Este desafío es nuestro ‘gimnasio’. Nuestro odio mutuo es el peso que tenemos que cargar para elevar y fortalecer nuestros ‘músculos’ de conexión. Esta es la implementación de nuestra tarea de ser ‘luz para las naciones’.

Rav Kook escribió, ‘Gran regla de la guerra de opiniones, cuando una opinión está contra otra, no debemos contradecirla, sino construir sobre ella y así, ascender’ (Cartas del Raiah). Del mismo modo, en el libro Likutey Etzot (Consejos varios) está escrito: ‘La esencia de la paz es conectar dos opuestos. Por lo tanto, no te alarmes si ves a una persona cuya opinión es completamente opuesta a la tuya y piensas que nunca podrán hacer la paz‘ Todo lo que tenemos que hacer para lograr la paz es seguir el consejo del más sabio de los hombres, el rey Salomón: ‘El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes’ (Proverbios 10:12).

El mundo espera nuestro ejemplo. Henry Ford, en una de las composiciones más antisemitas jamás escritas –El judío internacional: el principal problema del mundo– escribió específicamente que el mundo necesita el ejemplo de los judíos. En sus palabras: “Los reformadores modernos, que construyen sistemas sociales modelo, harían bien en examinar el sistema social bajo el cual los primeros judíos fueron organizados’.

Sin embargo, los reformadores modernos no podrán emular ese sistema, a menos que les demos el ejemplo. Los judíos, que son prominentes en ambos lados del mapa político en EUA, están en una posición única para cambiar el curso de la política, de la sociedad estadunidense y del mundo entero. Todo lo que necesitamos para lograrlo es atrevernos a unirnos unos con otros.

Y, precisamente, el resto del mundo puede ayudarnos a hacerlo. Si el mundo entiende la verdadera tarea de los judíos y nos exhorta (o, Dios no lo quiera, nos obliga) a hacerlo, de seguro nos uniremos. Precisamente porque los judíos tenemos dentro de nosotros el sentido innato de que estamos en deuda con el mundo, también somos más atentos a las críticas de las naciones que cualquier otra nación. Si el mundo le dice a los judíos: ‘¡Únanse!’ o los obligaremos. De hecho, ya nos está diciendo que lo hagamos. El antisemitismo es la forma del mundo de decirnos que nos unamos. Y debemos apresurarnos porque el mundo no nos ‘hablará’ de modo más agradable ni explícito, sino con más agresión.

Ahora que los otros modos de cercanía están colapsando y las sociedades se están desintegrando, sólo un método que nos eleve sobre nuestro odio y nos una por encima de él, puede tener éxito. Este método es nuestra herencia judía y nuestro deber es legar este método a la humanidad.
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