Preferir al hijo de la esposa no amada

Torá, Deuteronomio, 21:15-17: Si un hombre tiene dos esposas -a una la ama y a la otra la odia- y ambas le dieron hijos, pero el primogénito es el hijo de la odiada, cuando reparta la herencia a sus hijos, no podrá darle al hijo de la amada el derecho de la primogenitura, en detrimento del hijo de la odiada, que es el primogénito real.

Deberá reconocer como primogénito al hijo de la odiada y deberá darle doble parte de todo lo que posea. Él es su primogénito y a él le pertenece el derecho a la primogenitura.

Todo lo dicho en la Torá debe ser entendido en sentido espiritual, no material: no es que me gusta más un bebé que otro o ésta es la esposa amada y la otra no.

En el nivel espiritual, todo sucede de forma totalmente diferente. Mis deseos favoritos están egoístamente más cerca de mí. Los deseos no queridos me hacen trabajar más duro y por lo tanto, el primogénito viene de ahí.  Es mi fuerza.

El “primogénito” es mayor y más fuerte que lo que viene de un deseo débil que yo amo, así que contrario a todos los cálculos egoístas, debo preferir el deseo que se originó en la capa egoísta más seria.  

Mi “esposa odiada” es compleja, integrada, difícil y tiene carácter duro. Es mi más fuerte cualidad egoísta y por lo tanto, con su ayuda, puedo alcanzar una mayor altura espiritual.

Sin embargo, necesito trabajar en ello, sobreponerme a mi mismo y por eso, tengo que tomar precisamente el deseo no amado, elevarme por encima de mis cualidades egoístas para acercarme más al Creador e impulsarme más allá de mi egoísmo. Naturalmente, el hijo no amado da mayor ascenso, más grandeza. Por esta razón debe ser el preferido.

Pregunta: ¿Es la raíz de que los enemigos, eventualmente, se vuelven más cercanos a mí?

Respuesta: Por supuesto. Y viceversa, está dicho que aquellos que viven en tu casa serán tus enemigos, porque con tus enemigos tienes que trabajar más duro y consecuentemente, asciendes más alto.
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De Kabtv “Secretos del Libro Eterno”,  26/sep/16

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