Haaretz: “Nuestros peores enemigos”

En mi columna regular en Haaretz, mi nuevo artículo: “Nuestros peores enemigos

Los judíos convertidos en antisemitas rechazan, no sólo su herencia, sino principalmente su misión de llevar el método de conexión al mundo.

Tras un prolongado silencio en relación a las amenazas de bomba a los centros comunitarios judíos CCJ, el FBI publicó la asombrosa noticia de que la mayoría de las amenazas tenían un solo perpetrador y que el delincuente no es un extremista de ultraderecha ni un extremista musulmán, sino un israelí de EUA de 19 años, proveniente de Ashkelon, un pequeño poblado del sur de Israel. En realidad, el auto-odio de los judíos parece ser un perenne manantial de siniestra inventiva.

Otro ejemplo de odio entre judíos es su inclusión en el movimiento BDS. Finalmente, la ONU ya reconoce la naturaleza antisemita de BDS y está organizando una conferencia anti-BDS en la sala de la asamblea general de la ONU. Pero mientras el estado de Israel y varias organizaciones judías finalmente han convocado suficiente apoyo internacional para luchar contra el BDS, muchos judíos y ex-israelís están entre los líderes del movimiento y muchas organizaciones judías lo apoyan, como J Street, Jewish Voice for Peace y Judíos por la Justicia para Palestina.

El odio entre judíos no inició con el movimiento BDS. Tampoco con George Soros o Noam Chomsky. A lo largo de nuestra historia, hemos enfrentado disputas internas que a menudo resultaron en guerras declaradas. La rebelión de los macabeos, alrededor de 160 AC, fue antes que nada en contra de los judíos helenizados y no contra el imperio seléucida. Asimismo, el comandante del ejército romano que conquistó Jerusalén y exilió a los judíos fue Tiberio Julio Alejandro, un judío de Alejandría, que destrozó las puertas del Templo, cuya construcción se hizo con el oro y la plata que su propio padre había donado. También, previo a la ruina de Jerusalén, Julio Alejandro arrasó a su propia comunidad en Alejandría, causando que “el distrito entero [fuera] inundado con la sangre de 50,000 cadáveres que fueron apilados”, esto de acuerdo a el historiador judío-romano Tito Flavio Josefo. Similarmente, durante la inquisición española, el inquisidor en jefe Tomás de Torquemada era de ascendencia judía reciente, pero eso no aminoró su celo al expulsar y matar judíos. Y justo el siglo pasado, la asociación de judíos de nacionalidad alemana apoyaron y votaron por Hitler y el partido Nazi.

La historia está repleta de ejemplos de judíos que odiaban a su pueblo, tan vehemente que dedicaron todas sus vidas a su destrucción. Si existe un odio más enigmático que el antisemitismo, es el antisemitismo judío.

Quiénes son ustedes pueblo de Israel

Hace un par de años, escribí un artículo en The New York Times titulado Quiénes son ustedes pueblo de Israel, que hablaba del origen único del pueblo judío y la razón del antisemitismo. Las respuestas que recibí de lectores me hicieron escribir un ensayo más elaborado titulado Por qué la gente odia a los judíos, el cual convertí en un mini-sitio de internet que también contiene una copia gratis de mi libro, Como un manojo de cañas: por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día. Bajo las restricciones de una columna de un diario, sólo puedo ofrecer una breve explicación, entonces son bienvenidos a seguir cualquiera de los enlaces anteriores.

Si buscamos el origen específico de los judíos, no lo encontraremos. Nuestra nación es con base en una idea, no en linaje familiar ni en afinidad étnica ni biológica. El “progenitor” de la nación judía fue Abraham y nos referimos a él como “Abraham nuestro padre”. El libro Pirkei de Rabí Eliezer (capítulo 24) dice que Abraham estaba muy preocupado por los babilonios, entre quienes vivía. Veía que se volvían cada vez más hostiles entre sí y se preguntó por qué sucedía esto.

Mientras reflexionaba en el predicamento, escribe Maimónides en Mishné Torá (capítulo 1), se dio cuenta que en la naturaleza existe un equilibrio perfecto entre bien y mal, conexión y separación y fortaleza y debilidad. Todo en la naturaleza está equilibrado por su opuesto. Al mismo tiempo, se dio cuenta que la naturaleza humana, a diferencia del resto de la naturaleza, está completamente fuera de equilibrio. Entre los humanos, el mal reina por mucho. El odio de los paisanos de Abraham entre sí, le reveló la verdad acerca de la naturaleza humana: “La inclinación del corazón del hombre es malvada desde su juventud” (Gen 8;21).

Abraham supo que si la gente no replicaba el equilibrio de la naturaleza por voluntad propia, se destruiría a sí misma y su sociedad colapsaría. Comenzó a hablar de su idea a cualquiera que le escuchara y reunió un buen número de seguidores. Lamentablemente, como sabemos por Maimónides, Midrash Rabá y otras fuentes, Nimrod, rey de Babilonia, no estaba contento con el éxito de Abraham y lo persiguió hasta expulsarlo de Babilonia.

Mientras el expatriado deambulaba hacia lo que se convertiría en la tierra de Israel, siguió hablando de su idea, de que la sociedad humana debe cultivar unidad y hermandad, como antídoto al egoísmo y odio humano. Con el tiempo, Abraham logró miles e incluso decenas de miles de seguidores, a quienes él y sus discípulos adoctrinaron en el método de conexión que tiene un simple principio: Cuando el odio surge, cúbrelo con amor. Siglos después, el rey Salomón lo resumió en el verso: “El odio agita las disputas, el amor cubre todos los crímenes” (Prov 10:12).

A pesar de sus esfuerzos por unirse, los discípulos de Abraham no fueron considerados nación, hasta que lograron un profundo nivel de unidad y solidaridad. Al pie del monte Sinaí, se comprometieron a ser “como un hombre con un corazón”. Ahí y sólo ahí, fueron oficialmente declarados una nación. En ese mismo momento se le dio la misión de diseminar su método de conexión al mundo o como lo afirma la Torá, “ser una luz para las naciones”.

Con el paso de las generaciones, el pueblo judío desarrolló su método de conexión y lo adaptó a las cambiantes necesidades de cada generación. Durante el tiempo de Moisés, el simple principio que Abraham había enseñado no fue suficiente para guiar a toda la nación por el camino de unidad por encima del odio, entonces Moisés le dio la Torá. Pero el principio de cubrir el odio con amor permaneció igual. Cuando un hombre vino al viejo Hillel y le pidió que le enseñara la Torá, él simplemente dijo, “Aquello que odias, no se lo hagas a tu prójimo, esta es toda la Torá” (Talmud Babilonio, Masejet Shabbat, 31a).  

Judíos antisemitas

Pese a sus esfuerzos, el odio y egoísmo entre judíos estaba (y está) creciendo, igual que en las otras naciones. Mientras facciones del pueblo judío se volvían cada vez más centradas en sí mismas y no mantenían el principio de Hillel, se apartaban del pueblo judío y se asimilaron o, desarrollaron formas de judaísmo menos demandantes, las cuales servían a su creciente absorción en ellas mismas. Esas facciones eventualmente desaparecieron entre las naciones.

Sin embargo, a veces, como con los helenistas, esas facciones sin principios se convirtieron en firmes enemigos del judaísmo. Ka’ab al-Aḥbār, por ejemplo, no sólo era judío, sino un prominente rabí de Yemen que se convirtió al Islam y fue una figura importante en el establecimiento de la denominación suní. Ka’ab acompañó al califa Umar en su viaje a Jerusalén. Cuando Umar le preguntó dónde pensaba que el califa debía construir un lugar de adoración, Ka’ab apuntó al monte del Templo. Por eso, hoy el Domo de la Roca está localizado donde antes estuvo el Segundo Templo.

Al debilitar su orígen, los judíos convertidos en antisemitas están rechazando no sólo su herencia, sino sobretodo, su misión como portadores del método de conexión para el mundo.

Aun así, lo quieran o no, los judíos son tratados de modo diferente, a pesar de sus esfuerzos por mezclarse, pertenecer y asimilarse a la cultura local. Recientemente, Andreas Zick de la universidad de Bielefeld en Alemania reveló que el antisemitismo aún es un lugar común mportante en alemania, más aún, Zick lo atribuye a que los judíos “no son vistos como parte integral de la sociedad, sino como extranjeros”.

Seremos considerados extranjeros hasta que reconozcamos que fuimos formados a través de la unidad y que nuestra vocación es compartir al mundo el método para alcanzar la unidad por encima del odio. Todas nuestras fuentes afirman que el Templo que el converso Ka’ab al-Aḥbār convirtió en mezquita, fue arruinado por nuestro odio mutuo y que por eso estamos exiliados y dispersos. Continuaremos siendo parias hasta que restituyamos nuestra responsabilidad mutua, nuestro sentido de unidad y amor a otros. Cuando lo hagamos, seremos bienvenidos en todos partes. El antisemita más notable en la historia de EUA, Henry Ford, expresó esa demanda específica en su libro, El judío internacional- el principal problema del mundo: “Los reformadores modernos, que están construyendo modelos de sistemas sociales, harían bien en observar el sistema social bajo el cual estuvieron organizados los primeros judíos”.

Removiendo el odio

Durante esta época del año, en que las familias se reúnen para celebrar la Pascua, el festival de la libertad, debemos recordar que la única esclavitud que aún tenemos que desterrar es nuestro odio hacia nuestros hermanos de tribu. El Hametz (levadura), es nuestro odio infundado y removerlo, incluso sólo por la festividad de una semana, será la más grande operación de limpieza de nuestras vidas. Será además, el servicio más grande que podemos hacernos a nosotros mismos, a nuestra nación y al mundo.

Ser “una luz para las naciones” significa dar ejemplo de unidad y hermandad. Con nuestro odio actual, estamos dando el ejemplo opuesto. Biur Hametz (remover la levadura] significa remover el odio de nuestros corazones y prepararlos para la unidad y el establecimiento de la nación. Por eso en la Torá, la Pascua viene antes de la recepción de la Torá, que como dijimos es “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y la cual da comienzo a nuestra identidad.

En este tiempo de conflicto y alienación, seamos verdaderos judíos -unidos en amor que cubre todos los crímenes y vinculados en hermandad y responsabilidad mutua.

Les deseo una Pascua feliz y kosher (libre de odio).
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