Haaretz: “Treinta y cinco siglos después, aún es el faraón vs Moisés”

En mi columna regular en el diario Haaretz publicó mi nuevo artículo “Treinta y cinco siglos después, es aún el faraón vs Moisés

De caudillos de Egipto nos convertimos en esclavos, porque no quisimos ser judíos -unirnos por encima del odio.

La historia de la liberación de los hebreos de la esclavitud, ha capturado la imaginación de millones de personas en toda la historia. El Éxodo ha llegado a ser símbolo de la lucha del hombre por liberarse de la opresión y la injusticia. Pero hay algo raro acerca del Éxodo: la Torá nos ordena que todos y cada uno nos veamos cada día como si recién saliéramos de Egipto ¿por qué es tan importante? ¿podría ser que bajo el relato épico, esté un significado más profundo y críptico?

Si vemos en los textos de nuestros sabios desde siglos, en realidad encontraremos que el Éxodo de Egipto detalla un proceso por el que pasamos los judíos, que estamos pasando de nuevo y que impacta las vidas de judíos y no judíos en todo el mundo. Si entendemos mejor este proceso, encontraremos respuestas certeras a muchas de las cuestiones más urgentes de hoy para los judíos, tales como la esencia del judaísmo y por qué existe el antisemitismo.

El secreto de Abraham

Cuando los hermanos de José fueron a Egipto, tuvieron la mejor vida que se pudiera imaginar. Con la bendición del faraón, José fue gobernador de facto en Egipto. “Estarás sobre mi casa y de acuerdo a tu mandato todo mi pueblo hará homenaje”, dijo el faraón a José. “Ve, te he establecido sobre toda la tierra de Egipto…Yo soy el faraón, aun así sin tu permiso nadie levantará mano ni pie en toda la tierra de Egipto” (Gen 41:40-44).

Bajo el liderazgo de José, Egipto no sólo se convirtió en una superpotencia, sino además hizo a las naciones vecinas esclavas del faraón, tomó su dinero, tierra y rebaños (Gen 47:14-19). Aun así, los principales beneficiados del éxito de Egipto fueron los hebreos. Conociendo a quién debían su riqueza y poder, el faraón dijo a José: “La tierra de Egipto está a tu disposición; establece a tu padre y hermanos en lo mejor de la tierra, que vivan en la tierra de Goshen [la parte más rica y opulenta de Egipto] y si conoces algunos hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado” (Gen 47:6).

El secreto del éxito de José estaba en su linaje, Tres generaciones antes, su bisabuelo Abraham, vio a sus coterráneos de Ur de los caldeos, perder su estabilidad debido al creciente odio entre su pueblo. En toda la antigua Babilonia, la gente se volvía cada vez más centrada en sí misma y aislada. Esto se manifestó de forma más evidente en los esfuerzos por construir la ambiciosa Torre de Babel. El libro Pirkey de Rabí Eliezer describe cómo los constructores de la torre de Babel “empujaban los bloques [para construir la torre] desde el este, después descendían por el oeste. Si un hombre caía y moría, no le prestaban atención. Pero si un bloque caía se sentaban y se lamentaban, ‘ay de nosotros; ¿cuándo vendrá otro en su lugar?” Finalmente, el libro continúa, los babilonios “Querían hablar entre sí pero no conocían el idioma del otro ¿qué hicieron? Cada uno tomó su espada y pelearon entre sí a muerte. En realidad, la mitad del mundo fue masacrado y a partir de ahí se dispersaron por el mundo”.

Muy perturbado, Abraham reflexionó en la difícil situación de sus paisanos y cayó en cuenta que la intensificación del egoísmo no podía ser detenida. Para sobreponerse, sugirió a sus coterráneos incrementar la cohesión de su sociedad en sincronía con el crecimiento del ego. En Mishné Torá (capítulo 1), Maimónides describe como Abraham empezó a “dar respuestas a la gente de Ur de los caldeos”.

El éxito de Abraham atrajo la atención de Nimrod, rey de Babilonia, quien, según el Midrash (Bereshit Rabá 38:13), confrontó a Abraham e intentó probar que se equivocaba. Cuando el rey Nimrod fracasó, expulsó a Abraham de Babilonia. Mientras el expatriado deambulaba hacia la futura tierra de Israel, continuó hablando a los que se acercaban de su descubrimiento y acumulando seguidores y discípulos. De acuerdo al Mishné Torá de Maimónides (Reglas de idolatría, capítulo 1:3), “Miles y decenas de miles se reunieron alrededor de Abraham. Él plantó su precepto [de unidad como antídoto para el egoísmo] en su corazón, compuso libros acerca de esto y enseñó a su hijo Isaac. Isaac se sentó y enseñó e informó a Jacob y lo nombró maestro, él tenía un método bien establecido para lograr la estabilidad y prosperidad social a través de la unidad ante la alienación y egoísmo crecientes.  

Cómo las tablas se voltearon en nuestra contra

Como vimos, el faraón apoyó la unidad de los hebreos. Les dio la mejor tierra de Egipto y les dejó cultivar su modo de vida único -siempre mejorando la unidad- no sólo de forma ininterrumpida, sino con su pleno apoyo. Eventualmente, esa unidad única se convirtió en la esencia del judaísmo. Como el libro Yaarot Devashi (parte 2, Drush  2) nos dice, la palabra “Yehudi” (judío) viene de la palabra  “yihudi”, unido.

Los problemas comenzaron cuando José murió. En el libro Noam Elimelej  dice que el faraón “es llamado la inclinación malvada”. Faraón no es sólo egoísmo; es el epítome del egoísmo. Es amable contigo mientras lo sirvas. Cuando le dijo a José, “Yo soy el faraón, pero sin tu permiso nadie levantará mano ni pie en toda la tierra de Egipto”, quería decir que José gobernaría sobre Egipto porque el faraón sabía que la unidad paga. Sin unidad, no habría razón para hacer, a la familia de José, ningún favor especial.

Aun así, después de la muerte de José, los hebreos no conservaron su unidad. Querían ser como los egipcios: egoístas. Pero no eran conscientes de que al hacerlo, perderían el favor a ojos del faraón y se convertirían en lo que los judíos siempre han sido: parias. El Midrash Rabá (Éxodo, 1:8) escribe, “Cuando José murió dijeron, ‘seamos como los egipcios’. A causa de que lo hicieron, el Creador convirtió el amor que les tenían los egipcios en odio, como fue dicho (Ps 105), ‘Él cambió su corazón hacia odiar a Su pueblo, hacia abusar de Sus sirvientes’”.

El libro de la consciencia (capítulo 22) escribe de forma incluso más explícita que si los hebreos no hubieran abandonado su camino de unidad, no hubieran sufrido. Después de citar el Midrash añade, “El faraón observó a los hijos de Israel después de José y no reconoció a José en ellos”, es decir la tendencia a unirse. Y a causa de que “Nuevos rostros fueron hechos, el faraón declaró nuevos decretos sobre ellos. El libro concluye, “Verás, mi hijo, todos los peligros y todos los milagros y tragedias son todas desde ti, a caus de ti y a cuenta de ti”.

En otras palabras, el faraón se volvió contra nosotros porque habíamos abandonado nuestro camino, el camino de unidad por encima del odio y queríamos dejar de ser hebreos. En toda nuestra historia, las peores tragedias cayeron sobre nosotros cuando quisimos dejar de ser judíos y abandonar el camino de la unidad. Los griegos conquistaron la tierra de Israel porque queríamos ser como ellos y adorar al ego. Incluso peleamos por ellos, cuando los judíos helenizados pelearon contra los macabeos. Menos de dos siglos después, el Templo fue arruinado a causa del odio infundado. Fuimos deportados y exterminados en España cuando quisimos ser españoles y dejar nuestra unidad y fuimos exterminados en Europa por el país donde los judíos querían olvidarse de nuestra unidad y asimilarse. En 1929, Kurt Fleischer, líder de los liberales en la asamblea de la comunidad judía de Berlín, de forma precisa expresó nuestro ancestral problema: “El antisemitismo es el látigo que Dios nos envía para unirnos y soldarnos juntos”. Qué tragedia fue que los judíos de entonces no se unieron a pesar de la acertada observación de Fleischer.

Éxodo

Cuando Moisés llegó, supo que el único modo de salvar a los hebreos era sacarlos de Egipto, fuera del egoísmo que estaba destruyendo sus relaciones. El libro Keli Yakar (Éxodo 6:2), escribe acerca de Moisés: “El espíritu del Señor habló a la hija del faraón para llamarlo Moshe (Moisés) de la palabra “Moshej” (sacar) porque él es quien saca a Israel del exilio”. Es decir, como José antes de él, Moisés unió al pueblo alrededor de él y de esa manera los liberó de Egipto.

Aun así, incluso después de la salida, los hebreos estaban en peligro de caer otra vez en el egoísmo. Recibieron el “sello” de nación sólo cuando reprodujeron el método de Abraham, unirse por encima del odio. Una vez que se comprometieron a unirse “como un hombre con un corazón”, fueron declarados “nación”. Al pie del monte Sinaí, de la palabra “sinaa” (odio), los hebreos se unieron y así cubrieron su odio con amor.

Con su unidad, Moisés restableció el compromiso de los hebreos de unidad como antídoto para el egoísmo. Esta ha sido la esencia del judaísmo desde entonces o como Hillel lo puso en el Talmud: “Lo que odias no se lo hagas a tu prójimo; esta es toda la Torá” (Shabat, 31a). Al cubrir su egoísmo con amor y unidad, los judíos lograron sobreponerse a las incontables pruebas y tribulaciones que soportaron, desde el Éxodo hasta la ruina del segundo Templo. El rey Salomón de forma sucinta puso en palabras el principio del judaísmo con un corto verso en Proverbios (10:12): “El odio agita las disputas y el amor cubre todos los crímenes”.

El faraón y Moisés dentro de nosotros

Como dice en Haggadá, es buena idea tener en mente que el faraón, José, Moisés y todos los personajes son algo más que parte de nuestra historia ¡Se nos ordena recordar el éxodo de Egipto cada día, porque en realidad es parte de nosotros! Todos tenemos al faraón, la inclinación al mal, pero no tenemos suficientes Moisés y José, la fuerza de unidad. Somos arrogantes, nos sentimos privilegiados y somos egoístas al punto del narcisismo. Hemos perdido nuestra identidad de judíos, nuestra tendencia a unirnos.

En consecuencia, tal como los egipcios se volvieron en contra de los hebreos cuando abandonaron el camino de José, el mundo se está volviendo en nuestra contra a causa de nuestra desunión. No encontraremos soluciones al antisemitismo al suprimir las diatribas antisemitas. Esto no arrancará el odio. Como El libro de la conciencia escribe en la cita antes mencionada, “Verás, hijo mío, todos los peligros, milagros y tragedias vienen de ti, a causa de ti y a cuenta de ti”. Nuestra desunión crea, alimenta y enardece la flama del antisemitismo.

Cuando Abraham encontró el camino para sobreponerse al egoísmo, quería compartirlo con todos. Así mismo, tan pronto como los hebreos se convirtieron en nación, se les dio la misión de ser “luz para las naciones”. Puesto de forma diferente, se les ordenó llevar la unidad al mundo y completar lo que Abraham había comenzado. Pero para lograrlo, debemos primero salir de nuestro Egipto interno -el gobierno del faraón dentro de nosotros- y elegir el camino de José y Moisés, el camino de la unidad. Moisés sabía lo que Abraham había querido e intentó hacer lo mismo. Ramjal escribió en su comentario de la Torá que “Moisés deseaba completar la corrección del mundo en ese momento. Sin embargo, no tuvo éxito a causa de la corrupción que ocurrió en el camino”. Así, al final, ser judío significa seguir el camino de Abraham y Moisés -el camino de unidad, responsabilidad mutua y hermandad. Cuando buscamos unidad, somos judíos. Cuando buscamos otras metas, no lo somos.

El festival de la libertad

Pesaj es el festival de la libertad. No podemos ser libres mientras seamos esclavos de nuestro ego. Liberarse del faraón significa libertad de la inclinación al mal: del deseo de dañar, de ser condescendientes y de oprimir a otros. Estamos lejos de lograrlo. Mientras permanezcamos de esta manera, no podemos esperar que el antisemitismo disminuya. Al contrario, sólo crecerá porque, como dije antes, nuestro egoísmo lo crea, lo alimenta y lo enardece.

Si queremos celebrar un Seder adecuado, debemos poner nuestras prioridades en el orden correcto: nuestra unidad viene primero y lo demás le sigue. Podemos no estar de acuerdo en política, asuntos LGTB, Israel o asuntos de familia. Pero si no nos unimos por encima de nuestros desacuerdos, estamos equivocados sin importar nuestra posición. Así como una madre ama a sus hijos sin importar sus rasgos, creencias y acciones, debemos encontrar la manera de, al menos comenzar a acercarnos. Este será el comienzo de nuestra liberación del faraón interno.

Este año, mientras discutimos la historia de nuestros ancestros, pensemos también en los ancestros en nuestro interior, la fuerzas de egoísmo o conexión y hermandad, a cuáles alimentamos y a cuáles debemos alimentar.

Nos deseo para todos un Pesaj feliz y kosher (libre de odio).
[205156]

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