Jerusalem Post: ‘Pesaj – historia de hebreos que querían ser egipcios’

En mi columna regular en The Jerusalem Post: ‘Pesaj – historia de hebreos que querían ser egipcios

El faraón con egoísmo esclavizó a los hebreos; Moisés desinteresadamente los liberó. El ‘rey’ del egoísmo sigue esclavizando nuestros corazones. Para liberarnos de la esclavitud debemos liberarnos del odio a otros.

Para la mayoría, la historia de nuestro éxodo de Egipto no es más que un cuento. Una historia fascinante, sin duda, pero ¿es relevante para nuestro tiempo? Cuando se ve contra los platos servidos en la mesa, es injusto con la Haggadah. Sin embargo, si supiéramos lo que realmente significa Pesaj para todos nosotros, estaríamos ‘bebiendo’ la narración, en vez de esperar a que llegue el evento principal: la comida.

Bajo el cuento sobre la lucha de una nación para ser libre, está la descripción de un proceso que nosotros como judíos pasamos y que vivimos de nuevo hoy. Por una buena razón la Torá nos ordena vivir cada día como si acabáramos de salir de Egipto. El sufrimiento de nuestros antepasados debe ser signo de advertencia y señal de ruta, que nos señala el camino en un mundo de incertidumbre y temor.

Auge de Israel en Egipto

Cuando los hermanos de José fueron a Egipto, lo tuvieron todo. José el hebreo fue gobernante de facto de Egipto. Con la bendición del faraón, decretó todo lo que sucedió en Egipto, como dijo faraón a José: ‘Tú estarás sobre mi casa y según tu mandamiento todo mi pueblo rendirá homenaje. … Te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. … Yo soy faraón, pero sin tu permiso nadie levantará mano ni pie en toda la tierra de Egipto‘ (Génesis 41: 40-44).

Gracias a la sabiduría de José, Egipto no sólo se convirtió en una superpotencia, sino que también esclavizó a las naciones vecinas y tomó el dinero, la tierra y los rebaños de sus pueblos (Génesis 47:14-19). Y el principal beneficiario del éxito de Egipto fue la familia de José, los hebreos. El faraón le dijo a José: ‘La tierra de Egipto está a tu disposición; acomoda a tu padre y a tus hermanos en la mejor tierra, que vivan en la tierra de Gosén (la parte más rica y exuberante de Egipto) y si conoces a hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado‘ (Génesis 47:6).

Hay una buena razón por la que José tuvo tanto éxito. Tres generaciones antes, su bisabuelo, Abraham, encontró un método para curar todos los problemas de la vida. Midrash Rabbah dice que cuando Abraham vio a los habitantes de Ur de los caldeos, peleando entre ellos, lo perturbó profundamente. Después de reflexionar, se dio cuenta que cada vez eran más egoísta y ya no podía llevarse bien. Su odio les hacía luchar y pelear, a veces hasta la muerte. Abraham se dio cuenta de que el ego no podía ser borrado, pero podía ser cubierto con amor, centrándose en conexión en lugar de separación. Por eso, Abraham es considerado símbolo de bondad, hospitalidad y misericordia.

Aunque Nimrod, rey de Babilonia, expulsó a Abraham, Maimónides en Mishneh Torah (capítulo 1) y en muchos otros libros se describe cómo vagó hacia la tierra de Israel y reunió a decenas de miles de seguidores que entendieron que la unidad por encima del odio es la clave para una vida de éxito. Cuando Abraham llegó a la tierra de Israel, era un hombre rico y próspero o como la Torá lo describe, ‘Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro’ (Génesis 13: 2).

Abraham pasó su conocimiento a todos sus discípulos y descendientes. Según Maimónides, ‘Abraham sembró este principio (unidad por encima del odio) en sus corazones, hizo libros y enseñó a su hijo Isaac. Isaac se sentó y enseñó a Jacob, lo nombró maestro, para sentarse y enseñar … y Jacob, nuestro padre, enseñó a todos sus hijos‘ (Mishneh Torah, capítulo 1). José, de la palabra hebrea Osef (reunión/asamblea), fue el principal discípulo de Jacob y se esforzó por establecer las enseñanzas de su padre. En Egipto, el sueño de José, de unir a todos sus hermanos bajo él, se hizo realidad y todos se beneficiaron. Este fue el apogeo de la estancia de los hebreos en Egipto.

Cómo las tablas se volvieron contra nosotros

Todo cambió cuando José murió. Como siempre sucede a lo largo de nuestra historia, cuando los judíos tienen éxito, su ego lo supera y desean abandonar el camino de unidad y ser como los lugareños. Este abandono es siempre el inicio de un giro peor, hasta que finalmente una tragedia o una prueba nos obliga a unirnos. Egipto no fue la excepción. Midrash Rabba (Éxodo, 1:8) escribe: ‘Cuando José murió, ellos dijeron: ‘Seamos como los egipcios’. Y como lo hicieron, el Creador convirtió el amor que los egipcios sentían por ellos en odio, como dice; (Salmo 105), ‘Él revirtió su corazón a odiar a Su pueblo, a abusar de Sus siervos’

El libro de la conciencia (capítulo 22) escribe aún más claramente que si los hebreos no hubieran abandonado su camino de unidad, no habrían sufrido. El libro comienza por citar el Midrash que acabo de mencionar, pero luego agrega: ‘el faraón miró a los hijos de Israel después de José y no reconoció a José en ellos’, es decir, la calidad de unión, la tendencia a unirse.

Y como ‘se hicieron nuevos rostros, el faraón declaró nuevos decretos’. El libro concluye ‘Ve, mi hijo, todo el peligro y todos los milagros y tragedias son de ti, por ti, y a causa de ti’. En otras palabras, el buen faraón se volvió contra nosotros porque abandonamos el camino de José, el camino de unidad por encima del odio.

Cuando Moisés llegó, sabía que el único modo de salvar a su pueblo era sacarlo de Egipto, fuera del egoísmo que destruía sus relaciones. El nombre Moshe (Moisés), dice el libro Torat Moshe (Éxodo, 2:10), viene de la palabra hebrea ‘Moshej’ (sacar) porque sacó al pueblo de la inclinación al mal.

Sin embargo, incluso cuando los sacó, seguían en peligro de volver a caer en el egoísmo. Recibieron su ‘sello’ como nación hasta que revivieron el método de Abraham, unirse por encima del odio. Una vez que se comprometieron a unirse ‘como un hombre con un corazón’, fueron declarados ‘nación’. Al pie del monte Sinaí, de Sinaa (odio), los hebreos se unieron y cubrieron su odio con amor. Fue cuando se convirtieron en la nación judía, como el libro Yaarot Devash (parte 2, Drush 2) escribe: ‘Yehudi’ (judío) viene de la palabra ‘yechudi’ (unidos).

El faraón y Moisés dentro de nosotros

Han pasado muchos siglos desde que se desarrolló esta historia épica, pero parece que hemos aprendido muy poco. Vean nuestros valores actuales, somos tan corruptos como los hebreos después de la muerte de José. Por ‘corrupto’, no digo que debemos evitar bienestar en la vida. Ni Abraham ni José se abstuvieron de ninguna forma. Por corrupto, quiero decir que somos descaradamente egoístas, narcisistas y promovemos estos valores donde quiera que vamos. Somos arrogantes, orgullosos y perdimos por completo nuestra identidad judía, es decir, nuestra tendencia a unirnos. En consecuencia, así como los egipcios se volvieron contra los hebreos cuando abandonaron el camino de José, el mundo se está volviendo contra nosotros hoy.

Faraón y Moisés no son figuras históricas; viven dentro de nosotros y determinan nuestras relaciones cada momento. Cada vez que dejamos que el odio gobierne nuestras relaciones, volvemos a coronar al faraón. Y cuando nos esforzamos por unirnos, revivimos a Moisés y el juramento de ser ‘como un hombre con un corazón’. Andrés Spokoiny, presidente y director de la Jewish Funders Network, describió magníficamente nuestra situación en un discurso que dio el año pasado: ‘En los últimos años, vimos una polarización sin precedentes y fealdad en la comunidad judía. Aquellos que piensan de manera diferente son considerados enemigos o traidores, y los que no están de acuerdo con nosotros son demonizados’. Esta es precisamente la regla del faraón.

Ser judío no necesariamente implica observar costumbres específicas ni vivir en un país específico. Ser judío implica situar la unidad por encima de todo. Por muy feroz que sea nuestro odio, debemos elevarnos por encima y unirnos.

Incluso El libro del Zohar escribe explícitamente sobre la importancia suprema de la unidad por encima del odio. En la porción Aharei Mot, el Zohar escribe, ‘He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos también se sienten juntos. Estos son los amigos que se sientan juntos y no están separados unos de otros. Al principio, parecen personas en guerra, deseando matarse unos a otros. Luego vuelven a estar en amor fraternal. … Y ustedes, los amigos que están aquí, como estaban en cariño y amor antes, de ahora en adelante tampoco se separarán … Y por su mérito habrá paz en el mundo ‘.

Aprender del pasado

Versiones de la historia de Egipto han ocurrido a lo largo de nuestra historia. Los griegos conquistaron la tierra de Israel porque queríamos ser como ellos, adorar al ego. Incluso peleamos por ellos, como judíos helenizados, contra los macabeos. Menos de dos siglos después, el Templo se arruinó por nuestro odio mutuo infundado. Fuimos deportados y asesinados en España cuando quisimos ser españoles y abandonar nuestra unidad y fuimos exterminados en Europa por el país donde los judíos querían olvidarse de nuestra unidad y asimilarse. En 1929, el Kurt Fleischer, líder de los Liberales en la asamblea de la comunidad judía de Berlín, expresó con precisión el problema de nuestros siglos: ‘El antisemitismo es el azote que Dios nos ha enviado para llevarnos juntos y unirnos’. Qué tragedia fue que los judíos de entonces no se unieron.

Como no podemos aprender, hoy nos colocamos en la posición de siempre. Nos hemos convertido en esclavos de nuestro presunción y arrogancia y no queremos ser judíos, es decir, unirnos. Estamos permitiendo que el faraón gobierne de nuevo, ¿qué podemos esperar para salir de esto? No debemos volver a ser ciegos; deberíamos saberlo mejor ahora.

En cada uno de nosotros hay un Moisés, un punto Moshej (salir) hacia la unidad. Sin embargo, debemos coronarlo conscientemente. Debemos elegir liberarnos de los grilletes del ego y unirnos por encima de nuestro odio. Esto puede parecer una montaña imposible de subir, pero no se espera que tengamos éxito, sólo ponernos de acuerdo y hacer el esfuerzo. Así como los hebreos fueron declarados nación y fueron liberados de Egipto cuando acordaron unirse, sólo necesitamos unirnos, el resto seguirá. Encontraremos dentro de nosotros el poder y la capacidad de unión.

En esta Pesaj, realmente debemos pasar de odio infundado, la plaga de nuestro pueblo a restaurar nuestra hermandad. Hagamos de esta Pesaj una de acercamiento de reconciliación y acuerdo. Convirtamos este día de fiesta en un nuevo inicio para nuestra nación. Pongamos un poco de Seder (orden) en las relaciones entre nosotros y seamos lo que estamos destinados a ser, ‘luz para las naciones’, difundir el brillo de unidad en todo el mundo y a nuestros hermanos. Si sólo tratamos, sé que tendremos una Pesaj feliz, una Pesaj de amor, unidad y fraternidad.
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