JPost: “Éxodo – el secreto de nuestra nación”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “Éxodo – el secreto de nuestra nación

Este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo; esforcémonos por conectar con otros, de corazón.

Platillo Seder de PESAJ – este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo

Cada Pesaj, centramos nuestra atención en la lucha histórica entre Moisés, el faraón y la esclavitud de los hebreos. Sin embargo, la historia de nuestro pueblo en Egipto es más que una memoria colectiva; es una representación exacta de nuestra situación actual.

El Éxodo es la culminación de un proceso que realmente, comenzó cuando un erudito de Babilonia, llamado Abraham, descubrió la razón de los problemas de la humanidad y trató de comunicarla al mundo. Mishneh Torá de Maimonides narra que Abraham era un joven inquieto cuyo padre, Terá, poseía una tienda de ídolos en el centro de Ur, una bulliciosa ciudad en la antigua Babilonia.

La venta de ídolos y amuletos era un buen negocio, pero Abraham estaba disgustado. Se dio cuenta de que sus paisanos eran cada vez más infelices. Noche tras noche, Abraham reflexionó sobre el enigma de las tribulaciones de los babilonios, hasta que descubrió una verdad profunda: los humanos carecen de bondad. Según el libro Pirkei de Rabí Eliezer (capítulo 24), Abraham observó a los constructores de la Torre de Babilonia y los vio pelear. Trató de persuadirlos para que dejaran de luchar y cooperaran, pero se burlaban de él. Eventualmente, lucharon entre sí hasta la muerte y la torre nunca fue terminada.

El desesperado Abraham empezó a decirle a sus paisanos que dejaran de lado sus egos y odios y se centraran en la conexión y la hermandad. Sugirió que se elevarían por encima de su odioso ego y se unirían.

Abraham comenzó a reunir seguidores, hasta que a Nimrod, rey de Babilonia, le enojó la creciente popularidad de Abraham y lo expulsó de Babilonia, a él y a su séquito.

En el camino hacia lo que sería la Tierra de Israel, Abraham y su esposa Sara, hablaron a todo el que quiso escuchar. Después de algún tiempo, la compañía de Abraham contó con decenas de miles de discípulos y seguidores.

Maimónides escribe que Abraham adoctrinó a su hijo Isaac, en la idea de conexión por encima del odio, Isaac le enseñó a Jacob el mismo principio y después de unas generaciones, se creó una asamblea única. Aún no era una nación, pero tenía una forma única de unidad.

Su ‘adhesivo’ fue la idea de que el odio sólo puede triunfar al profundizar la unidad y el amor mutuo.

El pueblo de Abraham no tenía ninguna afinidad biológica, sin embargo, su solidaridad se hacía más fuerte cada día, gracias a sus esfuerzos por unirse.

El éxodo de Egipto fue la etapa para forjar la nación israelí. Cuando salieron de Egipto, fueron ante el Monte Sinaí, cuyo nombre deriva de la palabra hebrea Siná (odio). Moisés, que unió a los israelitas en Egipto, escaló la montaña a su regreso trajo la Torá, el código de unidad, mientras el pueblo de Israel se preparaba para recibirla, comprometiéndose a unirse ‘como un hombre con un corazón’. Con este compromiso, pasó la prueba. Se les declaró no sólo nación, sino que se les dio el encargo de ser ‘luz para las naciones’.

La formación de la nación israelí parece narrar la improbable alianza de una nación de extraños.

Sin embargo, en realidad, esta historia representa la batalla que todos enfrentamos entre nuestro odio innato a los demás y la necesidad de conexión.

El faraón, la inclinación al mal, convirtió nuestro mundo del siglo 21 en un Egipto contemporáneo, donde el egoísmo es el rey y el narcisismo, la tendencia. Nuestro mundo contaminado y golpeado por guerras, una sociedad polarizada, depresión ubicua y tendencias enfermizas, como transmisiones en Facebook, en directo de suicidios, esto indica que el faraón es el rey del planeta y este mundo es Egipto.

Tenemos a nuestro faraón interno y también tenemos a nuestro Moisés interno, pero no puede tener éxito solo. Si no destinamos toda nuestra fuerza y deseo hacia la conexión, permaneceremos en Egipto, esclavos de nuestro ego y el mundo seguirá de mal en peor.

Actualmente estamos tan divididos que si tuviéramos que volver a comprometernos a ser ‘como un hombre con un corazón’ y, por lo tanto, a convertirnos en una nación, unánimemente declinaríamos. Somos esclavos voluntariosos de nuestro ego. El libro Yaarot Devash dice que la palabra ‘judío’ (Yehudi) viene de la palabra ‘unidad’ (Yihudi).

Mientras permanezcamos separados, no somos judíos, así como no fuimos judíos antes de unirnos y acordar esforzarnos por amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos.

Este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo; esforcémonos por conectar con otros, de corazón. En tiempos difíciles como el nuestro, nuestra unidad es vital. Restaurará nuestra individualidad y nos hará “una luz para las naciones”, ejemplo de solidaridad y cohesión y, nos liberará del azote del narcisismo y todos nuestros males sociales.

Pesaj feliz y kosher, queridos hijos de Israel.
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