JPost: “¿Puede haber nazismo en EUA?”

Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “¿Puede haber nazismo en EUA?”

A principios de los años de 1950, Ashlag escribió: “No hay esperanza de que el nazismo muera con la victoria de los aliados, porque mañana los anglosajones adoptarán el nazismo” ¿Podría tener razón?

Después de setenta incidentes de amenazas de bomba dirigidos a JCC [centros comunitarios judíos] en todo Estados Unidos, dos cementerios vandalizados (uno en St. Louis y otro en Filadelfia), una maestra en Texas, que fue despedida por un Tweet que incluía la frase “mata algunos judíos” y tras swastikas e insultos raciales pintados en carros, un edificio y una escuela, cerca de Búfalo y un administrador de CUNY quejándose de tener “demasiados judíos” en la plantilla, podemos oficialmente decir que existe antisemitismo en EUA. Finalmente, los líderes judíos sienten la suficiente confianza para hablar de una “pandemia mundial” sin excluir a EUA del panorama.

La intensificación del antisemitismo no es coincidencia. Es resultado de un proceso natural y obligatorio, por el cual, mientras más egoísta se vuelve la sociedad, más propensa es hacia el antisemitismo. En el libro, Como un manojo de cañas: por qué la unidad y la garantía mutua están en la agenda del día y en el sitio de internet, “Why do people hate jews”, muestro que sin importar la procedencia, más allá de cierto nivel de egoísmo, el antisemitismo debe emerger de la misma forma que hay un límite para la cantidad de sal que puede disolverse en agua, antes de que comience a verse.

Egoísmo vs ley de unidad

Maimónides, Midrash Rabá y muchas otras fuentes nos hablan de que en el tiempo de Abraham el patriarca, Abraham observó a sus paisanos construyendo la Torre de Babel. Notó que los constructores se estaban volviendo cada vez más centrados en sí mismos y alineados, lo cual lo impulsó a buscar una explicación. El libro Pirkey de Rabí Eliezer (capítulo 24) ilustra cómo los babilonios “querían hablar entre sí pero no conocían el lenguaje del otro ¿qué hicieron? Cada uno tomó su espada y pelearon entre ellos a muerte. En realidad, la mitad del mundo fue masacrada ahí y de ahí se dispersaron por el mundo”.

Este odio preocupó a Abraham y se preguntaba quién o qué estaba causando este cambio. De acuerdo a Maimónides, Abraham “comenzó a reflexionar día y noche, en cómo era posible que esa rueda siempre girara sin conductor” (Mishné Torá, capítulo 1). Al hacerlo, descubrió una fuerza unificadora que es la raíz de la creación y llamó a esa fuerza, “Dios”.

Abraham se dio cuenta que para asegurar una buena vida, la gente no necesitaba postrarse ante este Dios ni ofrecerle sémola, como hacían sus paisanos en esa época. Todo lo que necesitabas hacer con el fin de ser feliz y resolver el odio, era elevarte por encima de él y unirte. Pero cuando Abraham sugirió que los babilonios se unieran en lugar de pelear, su rey, Nimrod, lo expulsó del país.

Mientras el exiliado Abraham deambulaba hacia Canaán, la gente “se unía a su alrededor y le preguntaba acerca de sus palabras”, escribe Maimónides. “él enseñó a todos … hasta que miles y decenas de miles se reunieron a su alrededor y ellos son el pueblo de la casa de Abraham. Él plantó su precepto en su corazón, compuso libros acerca de ello y enseñó a su hijo, Isaac. E Isaac enseñó y advirtió, e informó a Jacob y lo designó maestro, para sentarse y enseñar…y Jacob, nuestro Padre, enseñó a sus hijos”.

Finalmente, una tribu que conocía la ley de unidad fue formada, también el odio por esa ley y por los que la defienden.

Unos siglos después, Moisés quiso hacer lo mismo que Abraham. Él deseaba unir a su pueblo y enfrentar la fiera resistencia del faraón. Como Abraham antes que él, Moisés huyó con su pueblo, pero esta vez eran millones y por lo tanto necesitaban una “actualización” del método de conexión de Abraham.

La actualización fue la Torá –una serie de leyes que se reducen a un solo principio, el cual el viejo Hillel describió muy simplemente: “Aquello que odias, no se lo hagas a tu prójimo; esta es toda la Torá. El resto es comentario; ve a estudiar” (Shabbat, 31ª). Bajo la guía de Moisés, las tribus hebreas se unieron y se convirtieron en nación, pero sólo hasta que se comprometieron a ser “como un hombre con un corazón”. La nueva nación obtuvo su nombre, Israel, de su vocación, ir Yashar-El (directo a Dios) -lograr la misma unidad de la fuerza que Abraham descubrió.

Inmediatamente después de convertirse en nación, a Israel se le dio la misión de completar lo que Abraham había intentado lograr cuando por primera vez comenzó a hablar de unidad por encima del odio- que el mundo entero se beneficie del método. “Moisés deseaba completar la corrección del mundo en ese momento. …Sin embargo, no tuvo éxito a causa de las corrupciones que sucedieron en el camino”, escribió Ramjal en su comentario a la Torá. Pero cuando Israel logró la unidad, se le dio la tarea de transmitirla, o como lo expresa la Torá, ser “luz para las naciones”.

Cuando el ego extiende la ruina, los judíos son culpados

Después de que se formó la nación judía, los judíos conocieron muchas altas y bajas. Cuando la unidad prevalece entre nosotros, prosperamos. Cuando el ego toma el mando, sufrimos. Pero cuando el egoísmo de nuestros ancestros llegó a tales niveles que no podían tolerarse entre sí, sina’at hinam (odio infundado/sin base) explotó entre ellos y debilitó su fortaleza. Finalmente, el líder de la legión romana en Judea. Tiberio Julio Alejandro, judío él mismo, su propio padre había recubierto de oro las puertas del Templo que él destruyó, exilió a los judíos de la tierra de Israel. En palabras del Maharal de Praga: “El Templo fue arruinado a causa del odio infundado, porque sus corazones se dividieron y no eran dignos del Templo, el cual es la unificación de Israel” (Netzaj Israel).

El odio que nos destruyó entonces, aún persiste. Y aún así, la semilla de unidad vive dentro de nosotros y es nuestra única fuente de fortaleza. Por siglos, nuestros sabios han hecho énfasis en que la unidad es la llave de nuestra salvación. El libro Maor VaShemesh escribe, “La primera defensa contra la calamidad es amor y unidad. Cuando existe amor, unidad y amistad entre todos en Israel, ninguna calamidad puede caer sobre ellos”. Asimismo, El libro de la conciencia escribe, “En cada generación, se nos ordena reforzar nuestra unidad para que nuestros enemigos no gobiernen sobre nosotros”.

Aun cuando la semilla de unidad existe dentro de nosotros, mientras estemos desunidos, no podemos ser “luz para las naciones” y no estamos extendiendo la unidad al mundo, como Abraham y Moisés lo intentaron. Al mismo tiempo, la humanidad se vuelve cada vez más egoísta. Nuestro egoísmo es tan intenso que, incluso cuando sabemos que estamos arruinando el futuro de nuestros hijos al contaminar el planeta, simplemente no nos importa tanto como para detenernos. Entendemos que el pluralismo es importante y el liberalismo es vital para la sociedad, pero cada uno es tan narcisista que no puede escuchar al otro, mucho menos unirnos por encima de nuestras diferencias. En tal estado, el odio hacia los judíos se intensifica porque tenemos la llave para sobreponernos al egoísmo y al mismo tiempo, nuestro egoísmo rechaza ese remedio, como el rey Nimrod y el faraón. Aquí es cuando la situación se vuelve peligrosa para los judíos.

En los días más prósperos de la monarquía española, por ejemplo, cuando su orgullo y confianza estaban en su punto más alto, el hacha cayó sobre los judíos. A pesar de su inmersión en la sociedad española y su alejamiento de su propia religión, los judíos fueron culpados por todos los problemas de España, expulsados, torturados y asesinados por la inquisición, bajo el liderazgo de Torquemada, quien -como Tiberio- era de ascendencia judía. El siglo pasado, Alemania estaba en la cima del mundo. Pero al caer, volcó su ira sobre los judíos. Cuando Adolf Hitler no pudo expulsar a los judíos, porque nadie los recibía, simplemente los exterminó.

Balanceándose entre nazismo y unidad

El Libro del Zóhar escribe, “He aquí, cuán bueno y cuán placentero es para los hermanos también sentarse juntos. Esos son los amigos mientras se sientan juntos, y no están separados el uno del otro. Al principio, parecen como gente en guerra, deseando matarse entre sí. Después regresan a estar en amor fraterno…Y ustedes, los amigos que están aquí, como estaban en agrado y amor antes, de aquí en adelante tampoco se apartarán…y por su mérito habrá paz en el mundo” (Aharei Mot).

Similar a El Zóhar, su gran comentador, Rav Yehuda Ashlag, escribió que “la nación israelí ha sido construida como una puerta, con la cual el mundo puede entender el agrado y la tranquilidad en el amor a otros”. Como Ashlag, Rav Kuk escribió, “En Israel está el secreto de la unidad del mundo” (Orot Kodesh).

Tanto como podamos odiar la idea, somos los portadores del método de corrección de Abraham, contra el egoísmo que separa y destruye nuestro mundo. Si no implementamos entre nosotros este método de unirnos por encima de nuestras diferencias, las naciones nos culparán de sus aflicciones y nos castigarán una vez más. Pero si lo implementamos entre nosotros, el mundo entero vendrá a aprender cómo. El antisemita más notorio en la historia de EUA, Henry Ford, reconoció la misión de los judíos hacia la sociedad en su libro, El judío internacional -el principal problema del mundo: “Los reformadores modernos, que construyen modelos de sistema sociales, harían bien en observar el sistema social bajo el cual se organizaron los primeros judíos”.

Por décadas, EUA ha ido por el camino de creciente egoísmo, alienación y aislamiento social. Desde hace varios años, la depresión ha sido la principal causa de enfermedad en el país y la desesperación está creciendo rápidamente. Si un libro titulado La epidemia del narcisismo: viviendo en la era del privilegio puede llegar a la lista de los más vendidos de The New York Times y los millennials definen su medio ambiente como la cultura de “Yo,Yo,Yo”, sabes que el país está al borde de la implosión. Y cuando la sociedad colapse, fácilmente podría tomar la forma de nazismo o fascismo extremo.

Pensamos que la Alemania nazi fue un evento de una sola vez. Pero decir “Nunca más” no evitará que la historia se repita. Nos olvidamos que no fueron los alemanes quienes inventaron la estrella amarilla, sino los británicos, desde 1218.

A principios de los años 1950, Rav Yehuda Ashlag escribió en Los escritos de la última generación: “el mundo erróneamente considera al nazismo un resultado particular de Alemania. En verdad…todas las naciones son iguales en eso; no hay ninguna esperanza de que el nazismo muera con la victoria de los aliados, porque mañana los anglosajones adoptarán el nazismo”.

Si los judíos de EUA no toman su vida en sus manos y se fuerzan a sí mismos a unirse por encima de su mutuo desagrado, los estadounidenses los forzarán a hacerlo a través de derramamiento de sangre. No hay más tiempo. Los judíos deben dejar de lado todas sus diferencias y unirse, porque la unidad es la única salvación del pueblo judío y porque cuando nos unimos, somos luz para las naciones, damos al mundo lo que Abraham tenía destinado para que lo tuviera la humanidad, desde hace casi cuatro milenios y es lo que el mundo tanto necesita en la actualidad.
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