Shavuot: acerca de dar y recibir

Shavuot es la entrega de la Torá que se extendió por milenios, ¿qué nos fue dado en el Monte Sinaí? ¿por qué volvemos todo el tiempo a ella? ¿cuánto tiempo podemos recibir la Torá?

El pueblo judío se forjó en el horno de Sinaí. Los relámpagos brillaban en la cima de la nube negra, los truenos retumbaban y veíamos fuera del campamento con miedo. El juicio final se oía en todas partes. La montaña emitía humo y temblaba, cuando llegamos a su pie. Y Moisés fue a la cima, cuando lo llamó el Creador.

¿La Torá describe esta imagen de Hollywood o algo mucho más serio? El hecho es que está sucediendo dentro de nosotros hoy ¿tal vez la nube cayó en el corazón? ¿tal vez fue la montaña de odio, colgada sobre nosotros en humo y fuego? ¿tal vez las pasiones eran truenos y ardían en nosotros, haciéndonos estremecer hasta el fondo de nuestra naturaleza?

La Torá no es una crónica de acontecimientos pasados, por el contrario, describe el momento en que se decide nuestro futuro. Por primera vez se requiere una respuesta clara de todos nosotros: ¿estamos dispuestos a aceptar la garantía mutua como ley de vida? Después de todo, esto exactamente es la Torá -la instrucción para ser garantes unos de otros.

Desde entonces la lección principal pasa de generación en generación: la Torá que nos fue dada una vez, necesitamos recibirla una y otra vez. Debemos recibirla en el monte del odio (Sina), bajo el rugido de la tormenta que rabia dentro. Aceptando esta ley vivimos juntos en nuestra tierra, rechazandola nos dispersamos en otras naciones.

El hecho sorprendente en la era moderna es que la tierra de Israel que nos fue “dada”, como la Torá, aún espera que la recibamos, desde la proclamación de la independencia, hace casi 70 años. Hace medio siglo unimos a Jerusalén. Sin embargo, esto aún no es la garantía ni la nación unida ‘como un hombre con un corazón’. Sí, físicamente ‘salimos de Egipto’, regresamos a casa, pero internamente aún no hemos pasado por el monte Sinaí y por lo tanto, corremos el riesgo de perder nuestra oportunidad.

El estado moderno de Israel es un espacio histórico de oportunidad. Y lo más importante, está abierto no sólo para nosotros, sino para todo el mundo. Después de todo, hoy, la humanidad es en un barril de pasiones. Y nuestra elección será decisiva.

Medicina a la medida

Shavuot, como todas las fiestas judías, nos llama a la acción. Es brillante, está llena de blancura, pero no es simple. Si fuera suficiente con tomarnos las manos y sonreír unos a otros por segundos, hace mucho tiempo hubiéramos construido una ‘ciudad jardín’ para que todos la admiraran.

Sin embargo, no es así. Nos dieron la tierra y la oportunidad de vivir en ella como hermanos y en vez de eso, vacilamos, peleamos, bebemos la sangre del otro y tratamos, de alguna manera, de resolver los problemas como vienen.

El destino nos da la oportunidad única de unirnos y ni siquiera entendemos qué sucede. Tropezamos unos con otros, la gente se asfixia en la indiferencia, arde en ira y ensordece con el cañonazo de la enemistad sectorial, pero pretendemos que todo está bien, nada malo. Podemos seguir viviendo así. Tenemos tal experiencia de desastres detrás de nosotros que aparentemente no podemos quejarnos.

Sin embargo, ¡es sólo un respiro! De hecho, lenta pero ciertamente nos presiona el monte de nuestro propio odio. No vemos fuera del campamento, pero el monte cuelga sobre nosotros ahora mismo.

Naturalmente, cuando no sentimos, no necesitamos la Torá. El relámpago resplandece en algún lugar y desde algún lugar sentimos el fuego, el corazón a veces ruge, pero estamos en nuestra tierra y no en algún desierto. ¿Verdad?

No, estamos donde está nuestro corazón. Estamos en el desierto de relaciones estériles y sin alma. Si de pronto descubrimos que el egoísmo nos desgarra, si intentamos conectarnos a algo integral y enfrentarnos a la insuperable división interna, entonces necesitaremos ayuda.

Resulta que la salida ‘normal’ de Egipto no es el fin. El principal reto está por delante. Todos los caminos conducen al monte. A sus pies, habiéndonos dado cuenta finalmente del problema y reconocido la enfermedad, entenderemos y tomaremos la medicina. Antes estaba la ‘farmacia’, pero no sabíamos que estábamos enfermos. Por eso, la entrega de la Torá y su recepción, no es lo mismo.

¿Elixir o veneno?

La Torá es una medicina destinado exclusivamente para ‘uso interno’, para la conexión entre nosotros. Todos nuestros problemas, exilios, destrucción de los Templos, vagabundeos y persecuciones, fueron causados por el odio infundado que nos hizo extraños, lejanos entre nosotros.

La Torá nos permite acercarnos de nuevo, ‘salir del fuego’. Sin embargo, si la usamos sólo externamente, sin luchar por la unidad del pueblo, el ‘elixir de vida’ se convierte en ‘veneno mortal’.

No son metáforas en absoluto, sino términos precisos usados por nuestros sabios. Ni siquiera entendemos el daño que nos causamos al no usar la Torá o al usarla con el propósito incorrecto. A veces, incluso nos jactamos de nuestra ‘limpieza’, aunque en realidad, estamos hasta el cuello en nuestra propia suciedad. Los grandes sectores del país existen en ‘mundos paralelos’, casi sin tocarse. Algunos viven a expensas del resto de la población e incluso se oponen a ella bajo el pretexto de la ‘justicia’.

Todo lo que nos divide, directamente o bajo la cobertura de palabras hermosas y correctas, es un veneno mortal. Se come a todo el mundo.

Si dejamos de ver las preocupaciones cotidianas, veremos lo dispersos que estamos unos de otros. No sólo estamos separados, sino que disfrutamos incitando, humillando y pisoteando. Cada uno quiere tener más éxito, ser más rico, inteligente y alto que otros. Esto es especialmente evidente en los medios, donde los vicios de la sociedad son visibles como en la palma de la mano. Ya nadie se sorprende de nada y nadie se avergüenza.

No es la vista más agradable, pero todo cae en su lugar: vagamos en el desierto de la naturaleza humana y se eleva frente a nosotros como un monte. ‘Y arribaron al desierto del Sinaí. Acamparon en el desierto, Israel acampó allí, frente al monte’ (Torá, Éxodo, 19:2)

Ahora tenemos la oportunidad de recibir ayuda, una instrucción, una fuerza que nos unirá, para que construyamos relaciones saludables en la sociedad y vivamos felices en nuestro país. Este es el momento actual del desarrollo evolutivo: o creceremos y comenzaremos a usar la Torá según su propósito, en bien de la unidad por encima de los desacuerdos o, la adversidad de crecer nos obligará a hacerlo. En esencia, esta es la situación en la que cualquier niño se encuentra, tan pronto como deja de ser bebé.

Remedio para todos los tiempos

Lo mejor que podemos hacer por nosotros y por el mundo, es unirnos frente al monte del odio, el monte de nuestras dudas y, revelar a Moisés en de nosotros, el poder que nos jala (Mosheh) hacia arriba. Siempre funciona si estamos juntos.

Así entenderemos que no fueron algunos refugiados del antiguo Egipto los que acamparon en el desierto para recibir el regalo más importante en la vida, sino cada uno de nosotros, sin importar dónde vive ni su nacionalidad ni su religión, está al pie del monte. Aquí está sólo una nacionalidad, el humano y el corazón es uno para todos.

La Torá, de hecho, es la herramienta más poderosa y aún no sabemos usarla. El hombre no puede alcanzarla solo y no estamos preparados para hacerlo juntos. Nos dará seguridad y prosperidad y dará paz al mundo. Sólo debemos acostumbrarnos al hecho de que no funciona para una persona separada, sino entre todos.

Después de todo, el egoísmo se revela justo en relación con los demás. Una vez estalló en Babilonia y desde entonces, siempre se manifiesta en la sociedad, en la relación entre la gente.

Por lo tanto, la Torá tiene como objetivo corregir, en todo momento y en cualquier nivel de desarrollo técnico, la conexión del hombre con el ambiente. No puede ser reemplazado con los nuevos medios de comunicación. Nada de lo que tenemos funcionará correctamente. Sólo la relación positiva nos permitirá sentar las bases sólidas de nuestro futuro.
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