“En la angostura”

Hemos entrado en un periodo especial llamado “En la angostura”, del 17 de Tamuz cuando las primeras Tablas fueron rotas, hasta el 9 de Av cuando el Templo fue destruido. Mirando hacia atrás en la historia, podemos entender muchas cosas acerca de este tiempo. Podemos ver cuán difícil es aceptar el método de unificación e, implementarlo. Esto es lo que testifican los días “En la angostura”.

Recibimos la Torá, el método de corrección, simbolizado por Moisés quien ascendió a la montaña por cuarenta días y trajo el método de unificación, desde el grado de Bina (Otorgamiento), pero el pueblo no pudo aceptarlo. Aun cuando todo fue preparado y dado de arriba, no podemos recibirlo.

Y en realidad, no es nuestra culpa. Es simplemente porque nuestros deseos aún no están suficientemente integrados con el bien y el mal, para permitirnos corregir uno, a través del otro. La integración ocurre precisamente en el rompimiento. Sólo una explosión puede ayudar a romper los límites entre dos opuestos que se rechazan uno a otro y, forzarlos a integrarse.

Esta integración debe ser completamente caótica y desordenada, bajo la presión de una fuerza explosiva porque no puede haber ningún orden en la integración del bien y el mal. El orden puede ser establecido sólo después de que se han integrado. Dentro de esa integración, con la ayuda de la Luz superior, todo puede ser discernido y clasificado y después, la conexión y construcción apropiadas, pueden ser alcanzadas.

Existe un proceso complejo que permite que cosas opuesta se unan en armonía y complemento mutuo. Esto es precisamente lo que sucede en el proceso de recepción de la Torá.

Es imposible hacerlo más rápido, con el deseo egoísta que acaba de salir de Egipto y tiene sólo una débil inclinación a ser corregido. Entiende que necesita ser corregido, pero no se da cuenta en qué grado es opuesto al estado corregido, porque aún no hay integración mutua.

Mientras estamos bajo el poder del faraón, del egoísmo, no sentimos que somos sus esclavos. Nuestro éxodo sucede en virtud de una fuerza externa que nos saca de ahí, mostrándonos que vale la pena. Sin embargo, esto no corrige nuestros deseos.

Vemos que esto nos sucede: cada día decidimos, finalmente, salir de nuestro egoísmo y comenzar a pensar en el grupo para que nuestra preocupación no sea por nosotros mismos a nivel personal, sino para que sea por todos. Sin embargo, no tenemos éxito.

Hacemos esfuerzos cada vez más grandes, pero siguen sucediendo pequeñas rupturas. Esto nos está sucediendo dado que somos consecuencia de muchas destrucciones y correcciones que ya han tenido lugar en nuestra raíz.

La Torá nos habla acerca de la preparación para la corrección. El camino por el que atraviesa la humanidad y que dura seis mil años, fue sólo preparación. La corrección se alcanza sólo hasta el final, en el día de Luz absoluta. Todos esos estados también son conocidos en la materia: la destrucción del Primer y Segundo Templos y las horribles guerras dentro de la nación de Israel. Todo esto es la encarnación material de los grados espirituales.

Después de la total integración, quel fue lograda con el costo de muchas guerras, fragmentos de la voluntad de disfrutar rota, se integraron completamente entre sí y cayeron incluso más bajo, justo hasta el fondo. Después de cuatro exilios y tres redenciones, necesario todo, estamos llegando al final del último exilio y al comienzo de la redención final.

Al observar este proceso, es obvio que la Torá no puede ser recibida de una sola vez. Y esto es indicado por el día 17 de Tamuz, el rompimiento de las primeras Tablas. Sólo después de que sucedió rompimiento y la integración mutua de los deseos espirituales, con los deseos materiales, es posible ascender para adquirir una forma diferente.

La primera Torá era “incorrecta”. Era necesaria sólo para que las Tablas fueran rotas y para alcanzar la corrección. La segunda Torá fue corregida, capaz de integrar los deseos de otorgar con los deseos de recibir, que es lo que sucede con ayuda de las segundas Tablas. Este es un proceso único, que testifica lo opuesto de nuestras cualidades a las cualidades de la fuerza superior.

Debemos tener una actitud equilibrada hacia esos días, viéndolos no sólo como días de duelo y ruptura, sino como algo inevitable por lo que tenemos que pasar. El mundo entero tendrá que pasar por esta destrucción de una forma u otra. Sin embargo, sí sabemos por qué estamos haciéndolo y con qué propósito, podremos pasarlo todo, por el camino de Ajishena (apresuramiento), como humanos.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 11/jul/17, clase con el tema “El periodo en angostura”

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