La ley del gobierno del mundo, parte 2

No podemos incrementar más nuestro deseo —ahora requerimos cambiar su uso. Pero la humanidad no lo entiende y por lo tanto, todo lo que está sucediendo es confuso.

Hemos entrado en un período en el que ya no necesitamos un gran deseo. Por eso, la generación moderna se muestra tan cansada y decepcionada con respecto al progreso. La gente joven no se esfuerza por tener carrera ni familia; no quiere pensar en el futuro, pues no tiene sentido para nadie.  

Todo esto sucede porque, en lugar de la ley lineal de crecimiento del egoísmo, que cada uno cumple en sí mismo, una nueva ley integral, que nos pide conectar con los demás, ha entrado en acción. Ahora, el desarrollo del mundo depende de la fuerza de nuestra conexión, justo como las células del cuerpo. Cuando más cordialidad y reciprocidad haya en nuestras relaciones con los demás, más avanzaremos.

Vemos la misma tendencia en el desarrollo de la tecnología; cuanto más complejos se vuelven los programas y los mecanismos y, más internos los componentes que tienen, más perfectos se vuelven los dispositivos. El progreso está teniendo lugar, no al profundizar en detalles concretos, sino por su mayor conexión. Todo el desarrollo tecnológico de las últimas décadas está basado en la creación de nuevas conexiones entre muchos elementos.

Pero en la sociedad humana no somos capaces de tal desarrollo, porque nosotros mismos, somos sus elementos. Y no queremos conectar con los demás. Por lo tanto, no entendemos lo que la ley de desarrollo nos pide. Este es hoy el mayor problema de la humanidad, el cual es ocasionado por la falta de entendimiento de que hemos entrado a una nueva era.  

Baal HaSulam llama a este período La última generación, porque la gente está comenzando a entender que terminó el desarrollo del egoísmo individual y el progreso futuro es posible sólo con el desarrollo de las conexiones correctas entre todos. Tenemos que entender que pertenecemos a un sistema que es operado por la ley de participación y comprensión mutua.    

Todos debemos sentirnos como células u órganos del mismo cuerpo, conectados adecuadamente. Cuando establecemos esa conexión, dentro de ella sentimos una fuerza común que permea toda la naturaleza y es llamada Creador. Nosotros mismos la creamos con nuestra correcta conexión y Lo revelamos en ella.

Este es el destino del hombre en este mundo y la llamada de nuestro tiempo. Ahora la humanidad debe elevarse a ese estado. Mientras más pronto tomemos conciencia de los estados que están ya integrados en el programa de la naturaleza y queramos seguirlos, más cordial y placentero será nuestro desarrollo. Entenderemos qué propósito está ante nosotros y recibiremos la respuesta correcta a todas nuestras acciones.  

El estado final ya existe en la naturaleza y estamos perfecta y mutuamente conectados en él. Este sistema es llamado Adam, primer hombre, es decir, “similar” (domeh) a la fuerza general de la naturaleza —la fuerza de otorgamiento y unión. La conexión correcta y mutua es llamada amor, en la cual cada uno entiende las necesidades del otro y puede interactuar correctamente con él.

Amar es saber cómo dar al otro lo que le falta y que él me de lo que me falta. Así, cumplimos con el mecanismo común e integral de la humanidad. Tenemos que entender que nada de más fue creado en el mundo. Y si conocemos el sistema, encontraremos un lugar adecuado para todos, que sólo esa persona única puede llenar.  

Cuando un niño arma Legos, usualmente le quedan algunas piezas extra. Pero es sólo porque no conoce el sistema completo. Sin embargo, el que creó el sistema, sabe exactamente donde debe ir cada parte y cuál es su verdadera función.

De forma similar, cuando aprendamos el sistema completo, entenderemos lo necesario que es cada uno y a partir de esto, desarrollaremos la actitud correcta frente a los demás. Finalmente, nada de más ha sido creado en el sistema de la naturaleza.  

Si entendemos que, de hecho, el sistema de la naturaleza es integral, perfecto, idealmente interconectado y que no lo vemos a causa de nuestro egoísmo, esta actitud es llamada fe por encima de la razón.  

Es decir, no soy guiado por lo que veo y entiendo ahora de acuerdo a mi desarrollo, como niño que no sabe cómo armar un rompecabezas, pero intento encontrar el lugar correcto para unir cada detalle, para conectarlo en un sistema completo. Esto se conoce como, trabajar por encima de la razón.

Por lo tanto, aprendemos, buscamos y estudiamos las leyes de la naturaleza. Tratamos de conocernos y averiguar cómo podemos unirnos de alguna forma. Mientras lo hacemos, descubrimos diferencias entre nosotros, como niños que toman piezas de un rompecabezas pero no las pueden unir.

Pero, también, debe entenderse que todas las piezas de este “rompecabezas”, cada persona en nuestro tiempo, ya ha crecido a su estado final y no tiene otra forma de desarrollo. Si la impulsamos y obligamos a desarrollarse como antes, aparecerán en ella mutaciones y formas malignas.

Y ésto es exactamente lo que vemos en nuestra sociedad y en nuestros hijos, porque no les damos un método adecuado de conexión, que debe ser el próximo estado de nuestro desarrollo. Sólo después de estudiar las leyes de la interconexión correcta entenderemos, a partir de ellas, las leyes que gobiernan al mundo y podremos ajustar nuestra vida.
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Del Congreso en Europa, “El futuro comienza aquí”, día uno 25/ago/17 “Las leyes de la dirección del mundo” lección 1  

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