JPost: “Israel debe ser el faro de paz que el mundo espera”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo: “Israel debe ser el faro de paz que el mundo espera

A 70 años de la declaración de la independencia de Israel, demos una profunda mirada a nuestro estado actual. Especialmente porque a principios de esta semana, el presidente de EUA repentinamente reconoció el derecho de Israel a existir.

“Siguió durante muchos momentos angustiosos de esa noche invernal de 1947. Finalmente, el locutor perforó el silencio con su anuncio: 33 a favor, 13 en contra, la resolución fue aprobada. Israel fue declarado estado. Luego vino el baile y las lágrimas y aparecieron banderas. Los vehículos tocaron el claxon tan fuerte como pudieron y los sonidos del Shofar sonaron en todas las sinagogas … Mi padre me dijo, mientras paseábamos entre los círculos de bailarines, ‘Observa esto, mi niño, porque mientras vivas nunca olvidarás esta noche y lo contarás a tus hijos y nietos mucho después de que nos hayamos ido’ Amos Oz, Cuento de amor y oscuridad

De hecho, nunca olvidaremos esa noche. En algún lugar, en los rincones de la memoria colectiva de Israel, aún se escuchan los gritos de júbilo y los estallidos espontáneos de cantos, como un recordatorio inoportuno de que no fue sólo un sueño. Por un breve momento experimentamos cómo se siente estar juntos, unidos como uno.

Setenta años de guerra interminable, lucha interna y búsqueda agotadora de nuestro camino, hacen que en ocasiones te detengas y te preguntes si realmente ocurrieron alguna vez esos eventos. Por un lado, no podemos descartar nuestros logros. Tenemos bandera e himno, una compañía eléctrica, aeropuerto, ejército, industria próspera de alta tecnología y una cultura rica. Hay mucho de qué enorgullecerse.

Pero imagina si pudiéramos tomar las esperanzas y sueños, desde lo más profundo de los corazones de los que bailaron y derramarlos en el lado opuesto de nuestra vida actual en el estado de Israel; si observamos cuidadosamente y somos honestos con nosotros mismos, ¿alguna de esas aspiraciones se hizo realidad? ¿logramos lo que se esperaba que fuéramos, -un pueblo unido, independiente y libre en nuestra propia tierra? ¿Naciones Unidas votarían de la misma forma si volviera a votar hoy?

¿APRENDIMOS ALGO DE NUESTRO EXILIO?

La brecha entre los sueños del pasado y la realidad actual es innegable. En algún momento, debimos haber perdido algo grande. Regresamos a la tierra de nuestros antepasados, después de dos mil años en exilio y tratamos de crear una versión moderna de la cultura hebrea, pero no es suficiente.

En algún momento, las manos que una vez se abrazaron estrechamente comenzaron a ceder e incluso cada uno jala en su propia dirección. Han pasado setenta años y aún no encontramos la fórmula para convertir esa sensación fugaz de unión en una experiencia duradera.

Con todo el respeto debido a Naciones Unidas, la justificación del estado de Israel se remonta a tiempos remotos, cuando Abraham el patriarca, en la antigua Babilonia, reunió discípulos que buscaban la fuente de la vida. Juntos descubrieron el método para elevarse por encima del ego y cultivar una preocupación genuina por los demás. El grupo creció hasta que finalmente se convirtió en una nación -la nación de Israel- que habitó la tierra que se le dio con base en “ama a tu prójimo como a ti mismo”.

Desde entonces, nuestra obligación moral y espiritual ha sido “ser luz para las naciones” y servir como ejemplo positivo para el mundo. Es el único precepto real para nuestra existencia como nación y para la tierra en la que residimos.

EL PUEBLO ELEGIDO TIENEN UNA MISIÓN ESPIRITUAL

Los largos años de exilio nos hicieron olvidar que tenemos una misión espiritual. Pero a fines del siglo XIX hubo un cambio fatal y el pueblo judío comenzó, una vez más, a añorar regresar a su tierra y construir un estado independiente. Fue precisamente en ese momento, que el método de Abraham resurgió como ‘la sabiduría auténtica de la Cabalá’. Con este nuevo giro de acontecimientos, Baal HaSulam y Rav Kook, dos de los grandes cabalistas del siglo XX, declararon que nuestra independencia externa depende directamente del logro de nuestra independencia espiritual:

‘Mientras no percibamos nuestro propósito por encima de nuestra vida corpórea’, escribió Baal HaSulam en su artículo Exilio y redención, ‘no tendremos resurrección corpórea, ya que somos el pueblo del ideal’.

Con los ojos del mundo fijos en Jerusalén, la importancia del fragmento anterior se vuelve más relevante que nunca: Israel no puede ser una sociedad basada en valores y principios egoístas, incluso si ante otros países parece tener éxito. El pueblo de Israel debe redescubrir sus bases de amor mutuo y ser un faro de paz para el mundo.

En el Israel de 2017, la tierra prometida se convirtió en la tierra de leche, miel y Coca Cola y los autos solo pitan en la calle después de haber triunfado en el extranjero, en juegos de fútbol o basquetbol.

Sin embargo, ahora más que nunca, el mundo necesita el ejemplo positivo de unidad. La fracturada realidad actual de la sociedad israelí nos da la oportunidad perfecta para construir una nueva base para nuestra vida compartida como nación. Es hora de que los israelíes comiencen a bailar en torno a un ideal espiritual de amor. Así, Jerusalén puede convertirse en el faro de paz que el mundo espera que sea.
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