Baja ligeramente para subir infinitamente

Los deseos fueron originalmente creados por el Creador y nada es nuevo, todo depende de la conciencia de la persona: cómo los reconoce, los distingue y los conecta.  En el estado de descenso, uno revela que está en exilio y de acuerdo a la profundidad de esta conciencia puede alcanzar la liberación.  

Todo está determinado por la conciencia. Un bebé y un adulto viven en el mismo mundo, pero ¿un bebé mira tanto como el adulto?

Por eso la conciencia, experimentada en el exilio, nos ayuda a alcanzar la liberación. Finalmente, ocurre en los mismos órganos de percepción, que sólo se invierten y se desarrollan a través de nuestros esfuerzos en 620 veces.

Si sentimos el exilio al mismo nivel en el cual sentimos la liberación, nunca seremos capaces de salir de este. Pero gracias al trabajo en el grupo y la Luz que reforma, alcanzamos un ascenso 620 veces más poderoso que el descenso. No necesitamos sentir la caída hasta el fondo para sentir el ascenso infinito.

El Creador lo hizo para que sintamos el ascenso 620 veces más que el descenso. Este es el propósito de la ruptura. En un descenso resulta que no podemos conectarnos y todos sienten este estado en sus mezquinos egoísmos personales. Mientras que en un ascenso, en unión, revelamos nuestro deseo común, en el cual todos nuestros esfuerzos, deseos y plegarias toman forma. Y entonces, su fuerza se potencia 620 veces.

Es decir, es imposible incluso comparar el descenso y el ascenso. No obstante las caídas parecen muy fuertes, no placenteras y que nos hunden, no son nada comparadas con el ascenso, que es 620 veces más poderoso.
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De la primera parte de la lección diaria de Cabalá, Escritos de Rabash, 8/mar/18

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