Punto de contacto con la verdad

¿Cómo lograr una verdadera oración que nazca de un deseo genuino? Está escrito: ‘El hombre está donde están sus pensamientos’. Por lo tanto, debemos comenzar a identificar dónde están nuestros pensamientos: restringirme a mí mismo y a mi deseo, hasta un punto y, apegarme al Creador. Así, empiezo a sentir en mí diferentes estados, y en cada uno debo volver a adherirme al Creador.

Puede ser que no sepa exactamente cómo lograr esa restricción hasta ese punto, pero sigo intentando, como un niño que quiere crecer. Así empiezo a construir mi Partzuf espiritual y escudriño los disturbios que el Creador me envía por todas partes, me asustan, me confunden y agitan mi corazón y mi mente. Incesablemente regreso al punto de adhesión. No se me pide nada más; así construyo mi plano espiritual.

Si me anulo por encima de los disturbios y me vuelvo a unir al Creador, entonces cada disturbio en mi corazón y mi mente se corrige y es incluido en la santidad. Por eso, siempre permanezco en el deseo genuino y en la oración verdadera, tratando constantemente de volver a la adhesión y dándome cuenta de que no puedo hacerlo sin la ayuda del Creador. Constantemente descubro problemas y aplico mi esfuerzo para pedir adhesión al Creador.

Mi primer punto de adhesión debe ser genuino. No soy parte de él, sólo tengo la meta de adherirme al Creador. Y luego empiezo a estudiar al Creador. Con sus acciones en mí, puedo saber cuál es su actitud, su carácter, su comportamiento y comprendo lo que Él quiere decirme. Esto, en esencia, es la llamada ciencia de la Cabalá.

Los libros de la Torá son santos porque fueron escritos por aquellos que en el momento en que escribieron esos libros estaban en santidad en el mundo espiritual, es decir, en otorgamiento y logro de la fuerza superior, en amor fraternal. Si la persona escribe desde el sentimiento de logro del Creador -‘el bueno que hace el bien’, desde el deseo de hacer el bien a todos, desde el estado de amor al prójimo como a sí mismo, sus escritos se llaman sagrados y contienen la cualidad de otorgamiento –Biná.

Sin embargo, el que lee este libro puede no tener la intención correcta. Pues nacemos egoístas y partimos de un equilibrio negativo, deseando obtener recompensa o al menos, evitar el castigo. La gente piensa que la Torá es un remedio maravilloso para todos los problemas y que al estudiarla se volverá mejor en este mundo y tal vez, en el otro mundo. Por lo tanto, estudia para beneficio propio en este mundo y en el otro, por miedo al castigo y por el deseo de recibir recompensa. En ese caso, lo que interesa es, cuántas Mitzvot observó y cuántos libros estudió.

Grandeza del Creador significa que en cualquier estado que pueda surgir, sean cuales sean los problemas y las desgracias que sobrevengan, primero y principalmente pienso en Él. Ni siquiera en mi adhesión con Él, sino sólo en Él, en darle placer.

¿Cómo se puede comprobar si realmente uno se preocupa por su incapacidad para otorgar al Creador o si sólo se piensa en uno mismo: ‘por qué aún no logro el otorgamiento?’ La forma de verificarlo es si se está dispuesto a ayudar a que otros logren otorgar al Creador. Así, realmente la dirección es hacia el otorgamiento.

Cada día para salir de Egipto

En primer lugar, debemos adherirnos al Creador, luego, percibir los disturbios en este punto de adhesión y usarlos para aumentar la adhesión con el Creador, sin profundizar en los problemas de la vida. Debo abandonar todos mis temores y problemas y adherirme a ‘No hay nada más que Él’. Me incluyo en el Creador como un punto, en esa realidad única que existe, como al principio de la creación.

‘Sepan que antes de la creación sólo existía la Luz superior que lo llenaba todo …’ Y luego, en esta Luz superior fue formado un punto negro, opuesto a la Luz en su deseo por placer. Pero se anula por completo ante la Luz y yo, ¡quiero hacer lo mismo! Después de alcanzar el punto de adhesión con la Luz, es decir, de sólo ver al Creador en todo lo que me sucede, podré abrir mi mente y corazón, mis pensamientos y deseos, hasta el punto en que pueda verlos como el Creador.

No tengo nada propio, me vuelvo un sólo punto. Y mis sentimientos no me pertenecen, son enviados por el Creador, para que me adhiera a Él aún más. Y mi punto de adhesión comienza a expandirse por encima de todos los disturbios y mi área de adhesión con el Creador sigue creciendo. Por lo tanto, no son disturbios, sino ‘ayuda en contra’, porque son en mi contra, pero me ayudan a aumentar aún más mi adhesión. No siempre logro referir todo al Creador, aunque entiendo que así debería ser. Los problemas y los miedos pueden ser tan grandes que no podré permanecer en adhesión con el Creador. El signo de adhesión es la alegría que viene de ‘No hay nada más que Él, el bueno que hace el bien’. Cuando estoy en adhesión con Él, siento la perfección, porque todo el que se adhiere a la perfección, también es perfecto.

Si no hay alegría, estoy en el exilio, no en adhesión con ‘No hay nada más que Él’.

Estoy sentado en el trabajo y me siento en exilio, pierdo el tiempo innecesariamente. Alguien trajo todas estas tareas y tengo que desperdiciar mi vida en ellas. No hay salida, tengo que seguir, pero con la intención de que al hacerlo me adhiera al Creador y me anule ante Él. Y todo se debe al trabajo y a los disturbios, al llamado mundo imaginario que me da oportunidad de aumentar mi adhesión. Si logro la adhesión, dejo de sentir este mundo, desaparece. En lugar de estar separado se une, al ocultar la pantalla se vuelve revelación.

Convierto el exilio en redención simplemente al referir todo al Creador y eso es suficiente. Toda la diferencia entre Egipto e Israel es que el mismo deseo revelado en Egipto cambia su intención a otorgamiento; pasa por el desierto y llega a la tierra de Israel. Por lo tanto, cada día debemos vernos saliendo de Egipto.

Todos los días debo esforzarme por lograr adhesión con el Creador, así revelo que estoy en exilio. Por lo tanto, mi trabajo diario es adherirme al Creador por encima de la separación y convertir mi naturaleza malvada en buena y, el ángel de la muerte en el ángel de la vida.
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De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá, 7/mar/18, Escritos de Rabash

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