Yo dirijo a todo el mundo dentro de mí

Yo siempre me dirijo hacia “No hay nada más que Él”, que es la causa de todo lo que me está sucediendo, pero veo este mundo imaginario entre el Creador y yo, lo que me da toda clase de problemas. Tengo que imaginarme este mundo como un reflejo de mis cualidades internas. Dependiendo de mi percepción de la realidad, yo veo mis cualidades internas fuera de mí, a mi alrededor.

Si yo te veo frente a mí, significa que existes dentro de mí como un deseo particular con ciertas cualidades. Mientras corrijo mi relación externa contigo, aparentemente te dirijo dentro de mí. Ahora estás incluido en mí y ya no te veo en el exterior.

En nuestro mundo, primero se desarrolla un embrión dentro de su madre, luego nace y gradualmente crece hasta convertirse en un adulto. Aquí ocurre el proceso inverso, volviendo a la fuente hacia el interior. Así que estudiamos la Torá interna y penetramos en ella.

El mundo entero que yo veo desde afuera, necesito tratar de encontrarlo dentro de mí como mis cualidades internas. Si yo veo varios eventos en este mundo, buenos o malos, entonces debería tratar de imaginarlos dentro de mí y tratar de corregir la forma en que me relaciono con ellos, para cambiar mi deseo de otorgamiento. Si mi deseo está dirigido al otorgamiento, me vuelvo similar al Creador y me uno al Creador en un todo. Esto se llama adhesión.

Es deseable imaginar que la realidad externa se vea fuera de nosotros solo debido a nuestros estados internos no corregidos. Pero, de hecho, esta realidad debe ser interna. Es por eso que estudiamos la parte interna de la Torá, aprendemos que todo está dentro de nosotros y que la corrección tiene lugar dentro de la persona.

La Cabalá nos da un método práctico a través del cual uno puede corregirse a sí mismo y así cambiar el mundo que nos rodea, porque el mundo es nuestra proyección. Esto no es filosofía, sino la verdad. El filósofo es aquel que lo niega.

¿Cuál es el objetivo de todos nuestros esfuerzos para corregir el mundo? El nombre de “reformadores mundiales” es despectivo en la Cabalá, porque en lugar de cambiarse a sí mismos, intentan cambiar el mundo que los rodea. Es como los niños, que piensan que su juego es la verdad, y que el bebé real es el muñeco de trapo y no un bebé vivo.
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De la primera parte de la lección diaria de Cabalá 4/mar/18, Escritos de Rabash, volumen 2, artículo 44

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