Creando cualidades iguales a las del Creador

No hay Creador sin creación. Si no hay creación, no existe el concepto de “Creador” en absoluto; hay sólo Luz superior abstracta en sí misma, llamada “Atzmuto” (Su Esencia). El Creador comienza donde ya hay un cierto deseo en el que, de acuerdo con sus propiedades, la Luz superior puede ser revelada. Entonces aparece el concepto del Creador y la creación.

No hay creación sin Creador y no hay Creador sin creación. Es decir, la fuerza superior sólo tiene la forma que la persona le da, como está escrito, “Tú me has hecho” y “Mis hijos me han vencido”. Todo nuestro trabajo es preparar un lugar especial para la revelación del Creador y se encuentra en la decena. En la medida en que podamos conectarnos, en la medida de nuestra unidad, atraeremos la Luz que reforma, eso mejorará nuestras relaciones.

El Creador se transmite a la creación y le ayuda en todo para que lo descubra más y más. El Creador se revela a sí mismo en la decena, en la medida en que unimos nuestras fuerzas y su nivel. Esto requiere trabajo para superar, así como crear formas y cualidades especiales que correspondan al Creador.

La creación toma las propiedades que el Creador posee e intenta reproducirlas y el Creador muestra la creación, si sus supuestos son correctos o no. Así nos enseña el arte de crear la forma de creación similar al Creador, es decir, elevar al “ser humano” (“Adam“).

No hay trabajo más exaltado ni interesante que revelar al Creador en la decena. Conquista absolutamente a todos y es imposible permanecer indiferente. Después de todo, esperamos con ansia construir y descubrir al Creador, que se manifestará en la medida de nuestros esfuerzos y nos complacerá.1

La Luz superior crea, dentro del deseo de disfrutar, todas las formas, de principio a fin y desaparece para permitirnos revivir estas acciones y estudiar el proceso que debemos pasar para lograr ser como el Creador. Como un escultor que crea una escultura de una pieza de mármol, esculpimos al Creador con nuestro deseo, para que adquiera la forma de otorgamiento y que la oscuridad brille como la Luz.

La forma en sí misma no es necesaria, pero en ella aprendemos quién es el Creador, de quien queremos ser similares. En principio, este era el propósito de la creación y lo demás fue sólo el medio para llevar la creación al nivel del Creador.

Toda acción en la vida personal y en la del grupo, tiene como único fin revelar dentro de nosotros la unicidad del Creador; todo está dirigido hacia el fin de la corrección y nos lleva hacia ese objetivo. Hasta qué punto participaremos, depende de nosotros.2

En la medida en que la creación logre despertar al Creador, sentimos que existimos, entendemos y sentimos. Esto es lo que representa la creación. El cuerpo vivo difiere del muerto en que obtiene algo por sí mismo. Es decir, todo debe estar precedido por el propio deseo.

El deseo general de disfrutar es creado por el Creador, su agrado, su satisfacción, también está en manos del Creador. Pero conectar el deseo con la satisfacción, es nuestra tarea.

¿Quién es el ser humano? Es alguien que entiende, es consciente, ora y hace esfuerzos para conectar su deseo con la satisfacción. ¿Por qué quiero unirlos? Para ser similar al superior, al Creador. Con este propósito, se me dieron estas dos fuerzas. Por un lado, el deseo y por otro, el poder de la Luz. En este trabajo, la creación manifiesta su deseo de parecerse al Creador y declarar que “No hay nada más que Él”.3

De la 1a parte de la lección diaria de Cabalá 16/abr/18, Preparación para el congreso en Nueva Jersey

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