Un alma similar al sistema de la creación

El alma común que era una y estaba conectada fue dividida en muchas partes después de la ruptura; necesitamos ensamblar y conectar esas partes con el fin de revelar al Creador a través de ellas.

La diferencia entre la vasija original y la reconstruida tras la ruptura es que la ruptura reveló nuevas cualidades que previamente no eran evidentes. Es a causa de ellas que el alma se fragmentó, y a través de su corrección son reveladas cualidades adicionales de la Luz en contraste con esos deseos rotos. Y de esta manera hacemos escrutinio de la interioridad del Creador que creó esta alma y corrige con Su Luz.

Si no fuera por la ruptura y corrección, no sentiríamos más que lo que el primer hombre, Adam, sintió antes del pecado, es decir sólo un estado de pequeñez (Katnut) Nefesh/Ruaj de Ruaj. Y tras la ruptura y corrección, revelamos la Luz completa de NaRaNHaY, es decir, nos adherimos al Creador mismo, llegamos a la equivalencia de forma con Él, entendemos Su manera y sabiduría incrustadas en la creación.

Por lo tanto, es imposible evitar la ruptura y corrección. El final de la corrección es un punto inicialmente incluido en el plan de la creación.

El alma tiene que corregirse de acuerdo al sistema entero de la creación que incluye en sí mismo todos los mundos de Adam Kadmon y ABYA. El alma es la parte más interna de todo el sistema de la creación, por lo tanto, a través de nuestra corrección debe adquirir la misma forma que todos los mundos superiores, consistiendo en tres partes: cabeza-cuerpo-extremidades (Rosh-Toj-Sof), después de tres líneas, y un gran número de formas complejas.

Cuando se conectan, las diferencias no desaparecen porque “el amor cubre todas las transgresiones”. El alma corregida mantiene todo el egoísmo dentro de sí, todos los inmensos deseos y contradicciones. Todo lo que existió antes es preservado, nada es borrado. Incluso, al contrario, las manifestaciones negativas nos ayudan a revelar la Luz, cuya ventaja es revelada a partir de la oscuridad.

Existe un gran trabajo ante nosotros; después de todo, Adam no tenía cabeza, cuerpo y extremidades -simplemente había un cuerpo posicionado en un nivel que era llenado con la Luz de Jasadim. Él nació circuncidado como un ángel, en el estado de pequeñez (Katnut). Un infante no tiene inteligencia y no puede estar de pie sino sólo estar recostado, su cabeza está en el mismo nivel del cuerpo.

Y necesitamos colocar esta alma rota de pie, en la posición erecta de una persona. Por lo tanto, en nuestro trabajo seleccionamos las partes del alma que pertenecen a la cabeza y el cuerpo y aclaramos el papel de cada una de ellas. Todas las partes del alma tras la ruptura ya están preparadas para la corrección, pero tenemos que invitar a la Luz superior, encontrar dónde se localizan las rupturas y corregirlas.

Aquellos que serán atraídos hacia el trabajo espiritual serán llamados la cabeza de Adam, el alma común. Y el resto son partes de su cuerpo. Es por eso que Israel, es decir, “aquellos que anhelan ir directo al Creador”, son llamados “Mi cabeza” (Li-Rosh).

Elegidos para trabajar sin recompensa

El pueblo virtuoso es aquel que trabaja en tres líneas, en la cabeza y el alma, y puede llevar a cabo escrutinios y correcciones transmitiendo la Luz a través de sí mismo hacia los deseos rotos para que estos se corrijan, se conecten y se unan a ella, creando así un Partzuf completo.

Necesitamos estar de acuerdo en ser el pueblo virtuoso porque no hay coerción en la espiritualidad. Por lo tanto, recibiremos golpes desde arriba hasta que demos nuestro consentimiento para este trabajo, y debemos estar de acuerdo de todo corazón. A través de los golpes comenzamos a entender qué es bueno y qué es malo para nosotros y por lo tanto, estamos de acuerdo.

Ser un sumo sacerdote (Cohen) significa no recibir recompensa por mi trabajo: él corrige al mundo entero y acerca a todos al Creador para que todos estén conectados con Él y llenos con la Luz de infinito, y no obtiene nada de ello. Esto es llamado el trabajo de un sumo sacerdote, Cohen.

El Cohen no tiene ningún terreno, ninguna propiedad, sólo puro trabajo para el Creador del cual a él no le queda nada. Su recompensa es sólo tener fortaleza para el trabajo con el fin de continuar trabajando y dando contento al Creador. Esto es otorgamiento puro.

Cada persona en el mundo en quien el Creador despertó una chispa espiritual pertenece al pueblo virtuoso y debe trabajar para la corrección del mundo. Debido al hecho de que nos conectamos uno al otro y llegamos a “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, llegamos al amor del Creador, y debemos atraer a la humanidad hacia nosotros. Esta es nuestra misión; después de todo, hemos recibido un deseo por este trabajo y no hay opción, tenemos que realizar este deseo.

El mundo está dividido en aquellos a quienes el Creador dio este deseo y a quienes Él no se los dio. Por qué se nos dio este deseo, no lo sabemos. Se aclarará más tarde, pero no será importante porque todos los que cumplen su misión son absolutamente iguales -todo se redondea en un círculo y cada uno alcanza todos los grados hasta la altura de nuestro precursor Moisés.1

De la tercera parte de la lección diaria de Cabalá 9/may/18, escritos de Baal HaSulam, “La garantía mutua”, punto 28

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