Un HaVaYáH

El Creador creó un sistema HaVaYáH y luego lo rompió para dar a los seres creados una oportunidad de acercarse a Él y lo dividió en muchos sistemas individuales. Después de todo, para alcanzar la esencia del Creador, Sus cualidades, carácter, conducta, otorgamiento y Su actitud hacia nosotros, debemos gradualmente revelarlo desde las cosas más fáciles hasta las cada vez más complejas.

El primero es sólo un punto y luego crece: Ibur, Yeniká y Mojin. Esto es lo último de la realización del primer HaVaYáH, y luego el segundo comienza, lo que significa que el primer HaVaYáH se duplica para que podamos sentir mejor al Creador. Existe ya una necesidad de conexión mutua entre el Creador y el ser creado: todo el sistema comienza a crecer a partir de una gota de semen.

El Creador siempre se oculta y abruma nuestro corazón y debemos sobreponernos a esto y descubrir que el Creador está detrás de todo. En cada momento esos sistemas individuales HaVaYáH (decenas) se conectan más y más y se reúnen hacia un solo HaVaYáH.

El universo surgió de una sola chispa a partir del Big Bang y se expandió de ahí a toda dirección. Ahora, partes de este HaVaYáH regresan de todas estas direcciones y se reconectan. De hecho, esta separación existe sólo en la relación entre nosotros, y aprendemos cómo conectar el infinito número de partes en un único principio, “No hay nada más aparte de Él”.

Vemos que cuanto más avanza nuestro mundo más se conectan todos sus sistemas,  manufactura y ciencias. La sabiduría de la Cabalá revela claramente toda la evidencia de que nada existe más que un HaVaYáH.

Es como si en este mundo separamos la materia y su comportamiento en distintos niveles, estudiados por la física, química, biología, zoología y se consideran sólo las propias leyes. Entonces tendremos fórmulas matemáticas que describen las relaciones entre todas las partes, todos los deseos.  

No importa en qué nivel estas partes se conectan —en el inanimado, vegetativo, animal o incluso el nivel hablante, en la mente y en el corazón— las mismas fórmulas operan donde sea. Por lo tanto, después de muchas investigaciones empezamos a ver cómo todo se junta en una decena.

Necesitamos pensar en esto, incluso ahora, e intentar tratar a toda la creación como una decena. Para el Creador no existe diferencia entre lejos y cerca —para Él todos son iguales y todos se conectan en un todo. También necesitamos intentar relacionarnos en la misma forma con el ser creado, volvernos más sensibles a los amigos que están lejos y con aquellos que no están en el mismo sitio, país o continente.

Todos ellos están incluídos en la vasija del alma. Para mí, todos los puntos en el corazón que el Creador eligió y empuja hacia Él son inseparables de mí, como mi propia alma, o incluso más importantes. En esta forma todos nos uniremos en una decena.1

La corrección sucede de lo ligero a lo denso, por lo tanto, los deseos más livianos son elegidos primero: 2000 años + 2000 años + 2000 años (HaBaD–HaGaT–NeHY). Las primeras generaciones, relativamente fácil, alcanzaron la Torá y las correcciones, porque eran menos egoístas y no requerían tantos años de trabajo duro para esto.

Sin embargo, somos nosotros, los más egoístas quienes revelamos la mayor Luz, a pesar de que se manifiesta en los deseos más ligeros. Luego todo esto se reduce a una decena, pero por ahora nosotros hacemos el trabajo y estamos en la obscuridad y la Luz se manifiesta en los Kelim (vasijas) de los antepasados.  

Somos llamados “la última generación” por una buena razón. De hecho, pertenecemos a los últimos deseos, los deseos más burdos y pesados incluídos en la corrección. Sin embargo, necesitamos estar orgullosos de que se nos fue dada la oportunidad de atraer la mayor luz para los Kelim de los antepasados.

Necesitamos entender que estamos haciendo un gran trabajo, aunque nos parezca insignificante y así, atraemos la gran Luz, que es absolutamente invisible para nosotros, porque se revela en los Kelim por encima de nosotros. ¿De dónde podemos tener motivación para el trabajo, si no tenemos conexión con el grado de los antepasados, donde la Luz se revela a través de nuestros esfuerzos?

Este es un problema y por lo tanto, sólo necesitamos continuar “como un buey a la yunta y como un burro a la carga” hasta que todo se conecte en una decena, al menos aproximadamente, para que la luz del grado superior alcance nuestra decena inferior. Esto no pasa en un sólo momento. Existen diez Sefirot de Luz directa, diez Sefirot de Luz reflejada; y en cada Sefirá hay diez Sefirot horizontalmente, y así sucesivamente.    

Tomará mucho tiempo hasta que todas estas Sefirot se extiendan desde arriba hacia abajo y a través de ellas, corregidas ante nosotros la más débil Luz de Nefesh fluya hacia nosotros. Fue mucho más fácil alcanzar la espiritualidad en su tiempo. Por lo tanto, se conocen como los padres y nosotros como los hijos, la última generación.2

La tragedia en el desierto de Aravá

Todos deben intentar ver y sentir que esta pérdida (10 jóvenes perdieron la vida en una inundación) sucedió en nuestra propia familia, a sus propios hijos. Entonces, entenderemos qué tan lejos estamos de la conexión. Después de todo, cuando nos enteramos de la tragedia, estábamos molestos y preocupados; no obstante, nos fuimos a dormir y tomamos nuestro desayuno por la mañana, como acostumbramos. Esto no es para nada el dolor que ha caído en las familias de los adolescentes que perdieron sus vidas. Pero, ¿por qué no nos sentimos exactamente de la misma forma? Porque no estamos lo suficientemente conectados, de hecho, todos deberían sentir tal dolor, como si hubieran perdido a su propio hijo.

Todas las tragedias en el mundo pasan porque el Creador necesita ser revelado, cuando el momento de hacerlo ha llegado, pero no lo revelamos. Este es el sufrimiento.3

De la primera parte de la lección diaria de Cabalá sobre el tema: “Conectar al mundo entero a la decena” (preparación para el congreso “Todos como uno” en Nueva Jersey 2018”, 27/abr/18.

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