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“Entre Mi pueblo Yo habito”

 Se ha dicho: “Entre Mi pueblo Yo habito”. No puede ser que el Creador, la fuerza superior, la Luz que llena a Maljut del Infinito, tratara a alguna de sus partes separadamente. Porque el sistema ha sido creado como una entidad común y sólo en su totalidad reina la luz.

E incluso en todos los grados del descenso de los mundos, Partzufim y Sefirot de arriba abajo, en cualquier caso el sistema queda entero, perfecto y solamente disminuye la medida de la conexión entre sus partes. Y por eso hablamos del descenso de los mundos: la disminución de la medida de conexión entre las partes del sistema común. Pero la cantidad de las partes siempre se queda constante.

Mientras se queda, aunque mínima, la conexión entre ellos, o sea, el otorgamiento mutuo, todavía se encuentran en lo espiritual. Pero en cuando su otorgamiento cesa, y ya no están conectados entre sí como un hombre con un, aunque pequeño, corazón, este sistema enseguida se encuentra en este mundo.

Y entonces el Creador ya no reina en ella, sólo ilumina de lejos con la Luz Circundante para despertarnos de este estado roto, devolvernos a la unión.

 (Extracto de la lección sobre el artículo de Rabash correspondiente al 14 de julio 2010).

Cómo comprender al Creador

laitman_2009-04_9136_wPregunta: ¿Por qué el sistema espiritual es tan complicado que cuando la creatura pide una cosa, recibe algo completamente diferente?

Respuesta: Ante todo, esto no es así. El Creador y la criatura se entienden uno al otro, trabajan juntos, entre ellos no hay disputas ningunas, pero a condición de que ellos se hagan una pareja.


Entonces la criatura recibe lo que pide. El Creador sabe de antemano qué pedirá la criatura y le da todo lo que ella necesite. Y no hay ningún problema.


Los problemas sólo surgen en la circunstancia cuando la criatura no lo pide según el orden de la escala, es decir, pide para su propio placer y, claramente, en lugar de esto recibe un peso en el corazón y sufrimientos. Y esto es para que vea que su estado es imperfecto y su dirección es errónea.


Por eso, sólo en el caso en el cual no exista una conexión correcta entre la criatura y el Creador, a la criatura le perece que el Creador no la entiende y no hace lo que ella necesita y por eso tiene muchas quejas hacia el Creador.


¿Dónde está todo lo que merezco? ¿Por qué Tú no me corriges? ¿Por qué no me llenas?”.


Pero en el momento que la criatura obtiene la conexión con el Creador, ella sabe precisamente que porciones de Luz recibe y por que, donde debe trabajar con la fe por encima de razón y dónde con sus propias fuerzas, etc.


Al Creador le interesa que el hombre lo conozca y camine junto a Él. ¿Pero en qué es que el hombre se encuentra en conexión con el Creador? En la fe por encima de la razón.


La criatura desea estar en conexión con el Creador por debajo del Majsom, dentro de sus deseos de recepción. Pero el Creador le dice: ”¡No! Asciende a Bina, alcanza las cualidades del otorgamiento y ¡sólo allí nos entenderemos el uno al otro! ¡Allí no tendrás ningún problema conmigo!”.


Está escrito: “El Creador creó al hombre derecho, pero las personas idearon muchos cálculos”. “Muchos cálculos” dentro del deseo de recibir placer, porque dentro de él hay muchos deseos diferentes.


Pero si todos estos deseos se cubren con un sólo deseo de otorgar, entonces, no tendrás muchos cálculos. Habrá sólo un cálculo con una sola dirección.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 25 de mayo 2010)

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¡No golpees el ordenador; no está vivo!

laitman_2009-08_2622[1]Pregunta: ¿Cómo explicar que el Creador se enoje?

Si hablamos de las constantes leyes espirituales, ¿por qué en el libro del Zóhar el Creador se percibe como si tuviese cualidades humanas, tales como la ira, la envidia, etc.?

Respuesta: La Torá nos habla en el lenguaje humano, contándonos sobre lo que nosotros percibimos y relacionamos con el Creador.

Siempre doy como ejemplo el ordenador. ¡Cómo nos irritamos con él aunque sabemos que es, simplemente una barra de metal! ¿Qué entiende él?… Sólo cumple con lo que está indicado en su programa. Todas sus acciones son correctas.

Y si pulsas una tecla incorrecta o no sabes cómo debe funcionar un programa, puedes irritadamente darles miles de veces a las mismas teclas, y miles de veces el ordenador te va a devolver el mismo mensaje de error.

Él no es como un hombre que pueda cambiar su comportamiento. El ordenador no cambia, no está vivo.

Pero tú lo tratas como a un hombre: “¡¿Por qué no me haces caso?!” Me irrito al recibir perpetuamente la misma respuesta.

Nosotros relacionamos nuestras cualidades, es decir, nuestro carácter, con el del ordenador deseando que cambie para que sea como nosotros. En realidad, somos nosotros quienes estamos quebrados y siempre cambiamos. El ordenador no está quebrado y, por lo tanto, siempre se comporta de la misma manera y siempre tiene razón.

Lo mismo ocurre respecto al Creador. No hablamos de Él mismo, sino de Bo-Re (Ven y Verás; de la percepción del Creador por el hombre.

El hombre reconoce al Creador, lo imagina en sus deseos (las vasijas de la percepción, Kelim). Y por eso adjudicamos al Creador las mismas reacciones y cualidades que nos caracterizan a nosotros.

Por eso está escrito que la Torá habla en el lenguaje del hombre. Para explicarnos cuál debe ser nuestra conducta correcta y ayudarnos a cambiar. Estamos obligados a imaginar al Creador igualmente cambiante, aunque en Él no haya cambios.

Lo perfecto no se puede cambiar. En el caso contrario, no sería la perfección.

Adjudicando al Creador nuestras cualidades y valorando su, supuestamente cambiante, actitud hacia nosotros, podemos vernos en dos manifestaciones: cómo soy por mí mismo, cómo me veo desde fuera y como estoy cambiando, en un mundo cambiante o constante.

¡Esta dualidad de la percepción, que nos permite imaginar que algo fuera de nosotros está cambiando, es un gran regalo del Creador!

Gracias a esto llegamos a la percepción de otra medida y el entendimiento del mundo espiritual. Gracias a esto podemos entrar en la percepción de este mundo siendo libres e independientes.

Por eso, la percepción de la realidad en nosotros, como existente fuera de nosotros y cambiante, fuera de nosotros, es nuestra salvación con respecto al encarcelamiento en la célula de nuestro mundo (de la percepción de la claustrofobia espiritual).

Esto es un punto fundamental que permite a la creación elevarse por encima de lo creado y convertirse en un hombre, Adam, semejante al Creador.

(Extracto de la lección por el libro Zóhar, correspondiente al 27 de abril 2010).

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Toda la creación es un juego del creador

Toda la creación es un juego del Creador

laitman_2009-08_5961_wPregunta: ¿Qué es el juego del Creador con la persona y cuál es el objetivo de éste?

Respuesta: Toda la creación es un juego, como está escrito. El creador formó el universo y la persona en él, para que la persona se desarrollara y alcanzara la semejanza con el Creador, a través de la conexión correcta entre la persona y el universo.

Este desarrollo se llama juego porque desarrollándome, crezco y me elevo a un escalón más elevado del desarrollo, y no simplemente acumulo conocimientos. Ahora nosotros debemos elevarnos al primer escalón espiritual. No lo vemos. Es como un juego: no sabes qué pasa, el final del juego es desconocido.

El mismo proceso pasa en el desarrollo de las plantas y los animales. Todo se desarrolla en forma de juego. Esto significa que me encuentro en un cierto escalón y no puedo discernir el escalón siguiente. Pero aplico esfuerzos de todo tipo para alcanzarlo.

Lo mismo ocurre con los niños que juegan todo el tiempo. Debido a estos juegos, de repente se hacen más inteligentes, comienzan a hablar y a comprender. Ellos no estudian idiomas ni ciencias, como nosotros. Ellos absorben en sí mismos el mundo circundante a través del deseo de comprenderlo.

Así somos nosotros respecto al mundo espiritual. Solamente necesitamos el deseo de sentirlo, y después de la sensación tenemos que comprenderlo y percibirlo adentro.

De repente el mundo espiritual se manifiesta adentro y lo siento. Ya que representamos la vasija de la sensación, el deseo. La comprensión y la razón llegan después del deseo.

(Extracto de la lección nocturna sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 21 de abril 2010).

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El escribano de la Torá

izuchayu_knigu_100_wpDel libro Shamati: El libro, el autor, el relato. El libro es el estado antes de la Creación (la idea).

El autor es el dueño del libro. La unión del autor y el libro se descubre como “el relato”.

Es necesario “recibir el relato”, o sea la Torá junto con el Dador de la Torá.

¿Nos percibimos en alguna realidad y debemos descubrir lo que significa?

¿Es una ilusión o la verdad?

En mí se desarrolla algún programa en una cadena de causa y efecto, pero ¿quién es su autor? ¿Podré conocer al autor de la historia que estoy leyendo dentro de mí?

El mismo libro (toda esta realidad) ya existe antes de que empezara a leerlo y descubrirlo.
Pero todos los descubrimientos están en mí, dependen de como leo esta historia, de como paso por este libro de principio a fin, y de mis impresiones.

Y dentro de este relato, en la media de mi conocimiento e inclusión en él, descubro al autor del libro.
Entro dentro de este libro, y su historia empieza a construirme y me prepara además para ser su autor (escribano).

La historia es la Torá que nos lleva al descubrimiento completo de todo el libro, en el cual nos encontramos junto con el Dador de la Torá.

Cada uno de nosotros descubre el libro de nuevo individualmente, pero necesita al maestro que le ayuda a leerlo.

En nuestro mundo, el adulto lee el libro al niño hasta que este aprende a leer solo.

Igual en la ciencia de la Cabalá, el adulto(espiritualmente) tiene que ayudar al niño, porque es imposible descubrirlo solo. Esto se produce únicamente por la transmisión del maestro al alumno.

Así, cada uno de nosotros aprende a leer este libro, y pasa a través de toda la historia para descubrir en él a su autor.

Hasta que no aprenda a leer solo y no termine todo este camino, no descubriré el libro y a su autor, ya que sólo es posible en la semejanza a Él.

Poco a poco yo mismo me convierto en autor porque escribo la Torá en el material de mi deseo, que cada vez adquiere las nuevas formas de las letras.

Aunque el libro ya está escrito por su Autor, yo mismo me convierto en su autor. Pasando este relato de principio a fin, me comparo y me uno con el libro, con su autor y la historia.

Nota: En hebreo existe la palabra Sofer que significa el escritor (el autor) y el escribano.

Se considera que el autor es sólo el Creador, el cual escribió un único libro que incluye todo, la Torá.
Nosotros tan sólo la copiamos (descubrimos), cada uno dentro de sí mismo.

(Extracto de preparación a la lección sobre el libro Shamati, correspondiente al 18 de abril 2010).

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En busca de una base sólida

laitman_2009-11-06_zohar_tv_8214_w¿Quién es el Creador? El Creador es mi sensación interna de un peldaño superior, de un estado elevado, tal como puedo imaginarlo.

Cada vez que yo cambio, dibujo de nuevo en mí mismo al Creador. Por eso Él se denomina Bo-re (ven y ve).

Debemos entender que aquí no hay nada absoluto y definitivo. Todo depende del discernimiento, revelación, y percepción del hombre. En la realidad no hay verdad eterna e invariable. Ella cambia constantemente y debemos estar preparados para esto.

¡Lo que era negro será blanco y al contrario! Toda la actitud cambiará, cambiarán el valor y el juicio de las cosas. Nos parece que se trata de un sistema inestable que no tiene ninguna base. Por otro lado, esto justamente nos da una nueva y única base que se llama fe por encima del conocimiento.

Esto significa que, en los deseos egoístas, es imposible recibir ningún conocimiento sólido, como una ley rígida que nunca cambiará. ¡Y esto empuja al hombre adelante, obligándole a buscarse para sí mismo una base sólida!

Pero ésta sólo empieza a revelarse en lo espiritual, precisamente en la fe, es decir, en la fuerza del otorgamiento y no en la fuerza de la recepción. La base sólida se revela en aquellos hechos que están por encima de mi razón y sensación: en el nivel del otorgamiento, Bina.

Allí de repente se aclara que no hay cosas que se nieguen unas a otras y que entren en contradicción. Todo se convierte en partes de un todo único y perfecto, uniéndose y complementando una con otra: el Faraón, el Creador, el hombre, la serpiente.

Esta perfección se revela al hombre como una base sólida y firme para todas sus acciones.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 26 de marzo 2010)

La trampa para la Luz Superior

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Qué hicieron para nosotros los cabalistas del pasado? Crearon un sistema que une todas las almas rotas con la Luz del Infinito.

Unieron sus almas corregidas con una red —similar a una red para pescar— y, a través de ella, nos transmiten la Luz, reduciéndola hasta nuestro nivel.

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¡Si leemos el libro del Zóhar y nos sintonizamos para recibir esta Luz, entonces ella llega a nosotros!

Si en las generaciones anteriores no hubiesen existido los cabalistas, no tendríamos esta red de Luz y no podríamos conectarnos con ella. Sólo habría la Luz Superior simple y abstracta.

Pero gracias a las correcciones que hicieron los cabalistas, creando la unión entre sus almas, ellos construyeron todo este sistema de adaptación y reducción de las luces y su transmisión en nuestra dirección, peldaño a peldaño, de generación en generación. Y por eso esta Luz apropiada para nuestras almas.

Podemos ayudarles si elevamos nuestra plegaria —MAN, el deseo—, en respuesta a la cual llega desde arriba la Luz Circundante que retorna a la fuente. Una plegaria nace como resultado de la conciencia del mal, como está escrito: “Creé la inclinación al mal y la Tóra (la Luz) para su corrección”.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 26 de marzo 2010)

Todos los días de mí vida…

laitman_2010-02-02_2071[1]Todo depende del deseo, todo se revela dentro de él. Por eso, solamente necesitamos el deseo organizado y formado correctamente, orientado hacia la meta.

Para moldear nuestro deseo y darle la forma correcta y preparada para el relleno del Creador, Él juega con nosotros, escondiéndose y revelándose. El hombre no siempre discierne este juego que ocurre con cada uno de nosotros en forma constante, hasta la corrección final de cada uno.

Todo el tiempo se requiere discernir que todo el mundo es sólo la manifestación del Creador en diferentes formas: enemigos y amigos, molestosos y ayudantes, cercanos y lejanos, compañeros y absolutamente desconocidos.

Todo —personas, minerales, plantas, animales, pensamientos y deseos— llega del Creador que juega con el hombre, acercándose y alejándose. La única excepción es el punto de mí “yo”, el punto de la observación, desde el cual el hombre quiere crecer para hacerse semejante al Creador.

El Creador se acerca y se aleja sólo con una intención de empujar al hombre, como está dicho: “La Luz Superior empuja y excita los deseos”.

Si a pesar de estar desequilibrado todo el tiempo, el hombre aspira con todas las fuerzas a mantener el pensamiento que todo esto proviene del Creador —ya que “No hay nadie más aparte de Él” y el Creador es indudablemente “Bueno que crea el bien”—, los deseos del hombre se expanden.

Si el hombre realmente se mantiene con todas las fuerzas impidiendo la desconexión del pensamiento y la sensación de que precisamente es el Creador el que hace con él todas las acciones, sabe cómo usar correctamente cada minuto de la vida.

Ya que cada enemigo en realidad no es un enemigo, sino un ayudante para adherirse al Creador aún más fuerte, en los estados extremos.

Así el hombre puede avanzar hasta que alcanza un estado tal que está preparado para todo y puede sostenerse de pie contra todo, sólo para no alejarse del Creador. Y sólo sobre esto él pide.

Para ello no es importante lo que pasará en su vida. Él ruega sólo por una cosa: “Estar en la casa del Creador todos los días de mí vida”. El hombre justamente se alegra de todos los obstáculos que expanden sus deseos.

En estos obstáculos él ve ejercicios esenciales que el Creador le envía con amor y que  sólo espera por la preparación del hombre para revelarse a él.

Así la persona avanza hasta que termina todo este proceso llamado ocultación o el período de la preparación, y de “Lo Lishma” alcanza “Lishma“.

Cuando el Creador ve que el hombre terminó todo este proceso, Él se revela, y “la huida (Baraj) del Creador se convierte en la bendición (Baruj)”.

(Extracto de la preparación para la lección según el artículo 10 del libro Shamati, correspondiente al 22 de marzo 2010).

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shachmaty_wp[1]Pregunta: El Creador juega con el hombre ¿Cuáles son las reglas de este juego?

Respuesta: Las reglas del juego consisten en que el Creador tiene sólo una intención: acercar el hombre a Él.

El Creador cultiva en el hombre deseos egoístas. El hombre siente “pesadez en el corazón” y confusión. De repente, le parece que todo el mundo está contra él, que tiene muchos enemigos y una multitud de molestosos. Siente que está cansado, confundido, y tal vez un poco enfermo.

Es decir, siente una multitud de obstáculos exteriores e interiores. En realidad no son obstáculos, sino una adición del deseo de placer, en la que el hombre tiene una posibilidad adicional de conectarse con el Creador.

Habitualmente esto llega junto con un obstáculo inesperado, un inesperado miedo ante las personas o ante los poderes.

El Creador se viste en todos estos medios e imágenes de nuestro mundo. El hombre comienza a percibirlos como un pequeño niño que teme de todo en el mundo.

Él debe fortalecerse por medio de los libros, el entorno, el estudio, tratar de mantener todo el tiempo el pensamiento de que “No hay nadie más aparte de Él, bueno que crea el bien”.

No es fácil, ya que se trata de un juego por parte del Creador, un juego muy astuto para nosotros.

Él sabe cómo confundir cada vez al hombre en su nivel, con lo que requerirá muchos esfuerzos para no desviarse del camino, pensando que hay otra fuerza además del Creador.

(Extracto de la preparación para la lección según el artículo 10 del libro Shamati, correspondiente al 22 de marzo 2010).

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¿Cómo deleitar al Creador?

laitman_2009-05-28_8266_wPregunta: ¿Si el Creador es la cualidad de otorgamiento, entonces, cómo se puede deleitar a una cualidad? ¿Acaso Él necesita algo de mí?..

Respuesta: El Creador necesita que yo me deleite. El anfitrión sólo quiere una cosa: que el huésped se deleite.

Pero Él me pone una condición: sólo puedo deleitarme en el caso que consiga asemejarme a Él. Porque no queremos que un niño se deleite desde su pequeño nivel. Deseamos que él crezca, se haga adulto y más inteligente.

Le rodeamos con aquellos juguetes que no sólo le causan placer, sino que le desarrollan. En las actividades para los niños, buscamos un beneficio adicional. De la misma manera, el Creador se relaciona con nosotros. Él no quiere que nos quedemos como pequeños animales, porque si todo el tiempo estoy recibiendo dentro de mí, sólo voy a sentir una vida corta y nunca podré deleitar durante la misma.

Pero si me deleito llenando al Creador, entonces incluso el más mínimo placer —que yo le causo a Él en sus deseos, que están unidos a mí— no desaparece y lo siento constantemente. ¿Por qué todos los deseos que sentimos durante nuestra vida desaparecen? ¡Quiero que se queden! ¿Por qué deben desaparecer? Es como si nosotros estuviésemos de acuerdo con esto. Pero ¿por qué?

Lo espiritual se denomina Eterno, porque si una vez ha sentido el deleite allí, éste se queda y te llena todo el tiempo. Y todo esto porque el deleite no anula el deseo, ya que el deleite está en un lugar y el deseo en el otro.

Entonces, no tienes ningún problema: todo el tiempo sólo añades y añades. Por eso hay el ascenso por los escalones espirituales. Mientras que en este mundo todo sucede en un plano, donde avanzas de pérdida en pérdida, hasta que termina la vida y se acabó.

Confiemos en que captaremos esta posibilidad única que está en la ciencia de la Cabalá —la ciencia sobre como recibir el deleite eterno e infinito— y la realicemos.

(Extracto de la lección nocturna sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 17 de marzo 2010)