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La huida hacia la unidad

Pregunta: Ya llega la festividad de Pascua. ¿En qué debemos enfocarnos ahora? ¿Cómo podemos utilizar este tiempo para la unidad?

Respuesta: La Pascua es un momento muy especial en el que yo descubro que estoy en el exilio. Este es el comienzo de la esclavitud de Egipto. A menos que yo me sienta en el exilio, aún no estoy en Egipto, ni soy esclavo aun del Faraón. Para expresarlo de otra manera, si no me esfuerzo por la unidad, aun no he comenzado el proceso. Pero cuando me atraigo hacia la unidad y siento que no puedo unirme debido a que mi ego me detiene y bloquea el camino, entonces el ego se ha revela como Faraón. Éste me controla y no me deja llegar a la unidad y descubrir al Creador.

En el exilio yo no siento al Creador, siento que me falta Él. Entonces continuo dirigiéndome hacia la unidad, y el ego, el Faraón, aparece como si estuviera cada vez más endurecido. Finalmente, yo no sé qué hacer, no veo ninguna salida, y entonces se revela en mí el punto llamado “Moisés“. Este empieza a sacarme hacia lo desconocido, mientras que yo estoy confundido y sin saber en qué difiere este punto del Faraón. Así, Moisés crece en el palacio del Faraón, en el ego, ya sea que se sepe de Faraón o que se funda con él en mis ojos. Él aspira directamente al Creador, pero se nutre de amor propio.

Y, de esta manera yo avanzo: Quiero construir una vasija, pero en vez de ello construyo “ciudades pobres”, Pitón y Ramsés. Cada vez que quiero acercarme a los demás, unirme, surgen nuevos problemas: disputas y separación, desapego e indiferencia. El ego ostenta el poder y no me deja libre, no me deja hacer nada. No importa cuán arduamente intente atraerme hacia la conexión, esta no existe. Mis esfuerzos le hacen bien al “Faraón” y dañan a “Israel”.

Y así llego a las diez plagas de Egipto, yo sufro porque mi deseo egoísta no me deja unir con los amigos. En respuesta a todos mis intentos se acumula en mí un gran sufrimiento, y éste jala de mí en diferentes direcciones. Le da a mi “bestia” todo lo que quiere, pero me impide el paso hacia la unidad porque de lo contrario yo escaparía de Egipto.

Entonces Moisés va donde Faraón: “Deja ir a mi pueblo”. Nosotros tratamos de unirnos aún más y queremos escapar del control del Faraón. Esto ya es una verdadera revelación. Entonces, ¿qué podemos hacer? Después de todo, el Creador endurece constantemente mi corazón.

Así atravieso yo las diez plagas, hasta que me las arreglo para soltarme totalmente de mi ego. En la oscuridad, yo me escapo hacia la unidad, a la montaña de odio (Sinai), que se me revela y hacia la garantía mutua como medio esencial contra el ego. Yo no suprimo el odio, no lo anulo, sino que más bien construyo la garantía mutua a su alrededor. Después de todo, este odio es una adquisición que no tiene precio: Gracias a la garantía mutua, yo seré capaz de convertir esta montaña de odio en la cima de la Santidad, en la montaña del Señor.

Hoy en día no se trata solo de nosotros. El mundo entero está comenzado este proceso al descubrir que el ego destructivo que lo controla, amenaza con borrar a toda la humanidad de la faz de la tierra….

(74225 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 2 de Abril del 2012, “Introducción al TES”)

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Celebrando la victoria de la intención

Rabash, artículo “Purim“: Está dicho que al final de la corrección, todos los días festivos serán anulados excepto por el Libro de Esther porque nunca ha habido tan grande milagro como el de ese día. Ni en los Sábados ni en otros días especiales se ha revelado una Luz tan grande sino sólo en los día de Purim. Y es por eso que hay una gran ventaja de Purim por encima de todos los otros días.

En realidad, antes del final de la corrección es imposible corregir todas las chispas y vasijas fragmentadas, sino sólo 288 de 320 chispas para conectarlas al otorgamiento. Y esto es clarificado gradualmente, pero quedan 32 chispas de todas las chispas, las cuales no pueden ser clarificadas.

Y esto es llamado el “corazón de piedra” (Lev HaEven). Y es sólo cuando todas las 288 chispas sean clarificadas por completo, que el corazón de piedra será corregido, como está dicho:”Y removeré el corazón de piedra de tu carne, y te daré un corazón de carne, y entonces la muerte desaparecerá por siempre, y todo el mal será corregido en bien, y la oscuridad brillará como la Luz”.

Se concluye que la Luz de Purim corresponde al final de la corrección y es revelado sólo por milagro. Y por esa razón, todos los días festivos son anulados excepto Purim, que pertenece al final de la corrección, en el que todo el mal será corregido, y no habrá diferencia entre el maldito Amán y el bendito Mordejai, y Amán también será corregido en bondad.

Amán es el ego que se manifiesta cuando nos elevamos a partir del exilio y alcanzamos el nivel llamado “otorgar con el fin de otorgar” que caracteriza a Mordejai el justo. El justo simboliza el atributo de Bina (Jafetz Jesed) desde el cual nos elevamos incluso más alto y borramos totalmente la historia de Amalec al alcanzar el nivel de “recibir con el fin de otorgar”. Este es ya el próximo grado.

Cuando Mordejai, la intención de “otorgar con el fin de otorgar“, el punto en el corazón, se manifiesta en una persona, ella comienza a pelear con el deseo de recibir dentro de él. Amán es el nieto de Amalec, lo que significa que está dos grados por detrás de Amalec. Cuando Amán es corregido por Mordejai, se acerca a Amalec un grado y se vuelve su hijo.

Amán y Amalec son las fuerzas egoístas, Klipot (cáscaras). Amán es revelado al principio de nuestro camino, y tenemos que llevarlo hacia la corrección, “otorgar con el fin de otorgar“, la cual es llamada Mordejai. Así nos elevamos un grado hacia arriba, al nivel del hijo. Después llegamos al mismo Amalec, la cáscara que está en oposición a “recibir con el fin de otorgar”. Esto corresponde al Árbol del Conocimiento del Bien y el Mal.

Amalec simboliza la intención egoísta, todo el gran deseo de recibir con la intención para uno mismo que descubre y corrige gradualmente la persona. Amán es la parte de Amalec que es revelada al entrar en la espiritualidad, el atributo de Bina. Después son revelados muchos otros malvados descritos en la Torá, y todos son descendientes de Amalec. Sólo tenemos que destruir la descendencia de Amalec, “borrar la memoria de Amalec”, porque esta es la intención egoísta.

Por supuesto, no se trata de personas o acciones, sino de intenciones.

(72159 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 8 de marzo de 2012, Escritos de Rabash).

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Primero aprendemos a no robarle al Creador

Pregunta: ¿Cómo se sienten las guerras de los Macabeos y de Januka el trabajo interno, durante el ascenso de Maljut a Bina?

Respuesta: El trabajo siempre es en el deseo de recibir que se despierta y sobre mi intención con respecto a él. La guerra de los Macabeos simboliza el hecho de que tengo que elevar mi intención por encima del deseo de recibir, no usarlo, sino solo elevarme por encima de él. Yo no desciendo dentro del deseo; no lo estudio. Lo principal es restringir mi deseo de recibir, elevarme por encima de él y adquirir la forma de Bina: otorgar a fin de otorgar. A Bina se le llama Jafetz Jesed, y tiene un deseo enorme, todo el Maljut de Ein Sof. Pero yo no uso este deseo; Sólo me elevo por encima de él y quiero otorgar más que ninguna otra cosa. Yo no toco este deseo.

Es como la persona a quien le puedo dar 10 dólares para que me los guarde, sabiendo que no los gastará. Hay gente de la que puedes depender incluso si hablamos de unos 100, 1000, 10.000 y hasta un millón de dólares. Este es el nivel de Bina en la persona en el que puedes estar seguro de que no gastará este dinero, lo que significa cuan pura puede mantenerse sin tocar el dinero. Pero hay gente que puede utilizar el deseo de recibir con la intención de otorgar: agarrar el “dinero” y de alguna manera otorgar con él.

Estamos obligados a usar nuestra vida corpórea de acuerdo a nuestra necesidad, y esto no debe “ser criticado ni elogiado”, es decir que no deberíamos utilizarlo en este mundo egoísta sino para alcanzar el nivel de Bina en el sentido espiritual.

Este es el estado preliminar desde donde empieza la sabiduría de la Cabalá y que nos explica cómo trabajar con los deseos de recibir con la intención de otorgar. En ellos, ya nos parecemos al Creador. Hasta entonces no llenas a otros, sino que simplemente no quieres recibir nada, como una persona que vive sola en el bosque sin necesitar nada.

(64300 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/26/11, Escritos de Rabash)

No hay descansos en el camino

Pregunta: ¿Qué significa el “descanso en el camino”, que simboliza la fiesta de Januka?

Respuesta: En el mundo espiritual no hay descansos, no es que tú recibas un descanso del trabajo espiritual y vuelvas a casa. Parar implica que  adquirimos la cualidad de Biná y ahora tenemos que darnos la vuelta. Hemos elevado Maljut a Bina, y aquí ocurre la fiesta de Januca.

Y ahora empezamos hacer lo contrario: bajar Bina a Maljut, es decir, a trabajar con los deseos de recibir (AJAP). Así, estamos trabajando con un creciente deseo de disfrutar, hasta que descendamos a sus capas más profundas. El ascenso de Maljut a Bina se llama “la Guerra de Macabeos”, otorgamiento realizado con el fin de otorgar. Y el descenso de Bina a Maljut se llama la fiesta de Purim, “la recepción realizada con el fin de otorgar”.

(64306 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/26/11, Escritos de Rabash)

Un acercamiento al nuevo mundo

Cuando nacemos en el mundo del otorgamiento, en primer lugar tenemos un acercamiento con él, al igual que una persona que comienza un nuevo trabajo y se le da algún tiempo para ajustarse y llegar a conocer el nuevo lugar de trabajo. Durante este tiempo, sólo se le enseña lo que debe hacer y sólo aprende y no produce nada.

Es igual que un niño pequeño, que sólo está obligado a escuchar y a aprender, a ver y a experimentar las cosas. No importa si comete errores o actúa tontamente. Él será corregido. Esto significa que en el mundo espiritual somos tratados primero como se trata a los niños pequeños.

Pero todo esto viene después de los grandes esfuerzos que hacemos con el fin de trascender el Majsom (la barrera), de haber nacido en el nuevo mundo y comenzar a vivir en el mundo del otorgamiento. Con respecto a todo nuestro trabajo anterior, el tiempo que viene después de nuestro nacimiento se llama “parqueo”, y Januca simboliza esta (“Janu-ka”, de reposo). La persona llega a una situación cómoda. Sigue haciendo esfuerzos, pero de otro tipo, con el fin de conocer el buen mundo.

Ella tercamente trabaja en contra de su ego. Esto es similar a la marcha por el desierto, sobre la cual la Torá nos dice que es un tiempo destinado a la preparación y que termina al entrar a la Tierra de Israel.

Januca es el trabajo con la Luz de Jasadim, en el estado de pequeñez. Tenemos que aprender a conectar el deseo de recibir que está revelándose ahora con las fuerzas de otorgamiento.

En el otorgamiento, con el fin de otorgar, no utilizamos toda la profundidad de este deseo, pero aún así existe en nosotros. Es como un bebé: Ya tiene las piernas, aunque todavía no pueda caminar, tiene un cerebro, aunque no ha aprendido a pensar como un adulto. Un bebé recién nacido no puede ver ni oír nada, pero aún así tiene ojos y oídos.

Un bebé tiene todos los órganos que tiene un adulto. Lo único que le falta son los dientes. Los dientes simbolizan el poder de aclarar, el cual aun no ha adquirido. Los “dientes de leche” crecen sólo después de algún tiempo, y sólo se usan para aclarar la Luz de Jasadim (la leche simboliza la Luz de Jasadim) en el estado de pequeñez.

Cuando crezca, tendrá los dientes permanentes con los que podrá masticar y aclarar el llenado de su vasija de recepción, la Luz de Jojma, y sentir el “sabor” de la Luz.

Januca es la primera parte de nuestra absorción dentro del mundo espiritual, del mundo superior, llamado el “mundo del otorgamiento”. Este es el otorgamiento con el fin de otorgar, en el que nosotros transferimos todos nuestros deseos al nivel de otorgamiento mutuo y aprendemos cómo opera este sistema. Nosotros somos incorporados a él como niños pequeños que viven en el gran mundo, que aprenden y hacen algo junto con los adultos, juegan con ellos.

Esto se conoce como “parqueo”, porque hasta ahora, durante el tiempo de preparación, la persona trabajó duro en contra de sus deseos egoístas. Después, cuando él se mueve del nivel de “otorgar con el fin de otorgar” (Jafetz Jesed), a la siguiente etapa, al nivel del amor, la Tierra de Israel, comenzará a trabajar de nuevo con sus vasijas de recepción.

Así que Januca es una festividad “espiritual” y sus símbolos son el aceite y la luz.

(63970 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 12/22/11, Escritos de Rabash)

“Una cucharada por tu mamá, una cucharada por tu papá”

Todas las festividades son símbolos del alcance espiritual de la persona. Si empiezo a desarrollar en mí el deseo de otorgar, entonces paso a través del estado de “arrepentimiento” (un período antes del Año Nuevo, Rosh HaShaná), cuando aclaro todo mi mal. Es decir, veo cuán grande es mi ego, al cual no puedo resistir y que comete varios crímenes. Como está dicho en la oración para pedir absolución, de Rosh HaShaná: “Hemos transgredido, hemos traicionado…”.

Entonces veo que debo empezar mi camino de nuevo y realizar un cambio dentro de mí: de un egoísta, que hace todo para su propio beneficio, debo convertirme en alguien que otorga, cuida sólo del beneficio del prójimo. Empiezo a entender, que el yo real es precisamente este “prójimo” que me parece ajeno, mientras que mi yo, a quien consideré mi yo anteriormente, no es yo, sino una fuerza impura (mi ego, una serpiente, que se encuentra dentro de mi) que todo el tiempo demanda un llenado.

Si una persona empieza a tratarse a sí misma de esa manera, como se trata a una serpiente astuta, mientras que a los demás los trata como a sí misma, a su “yo” real, entonces, tal cambio de conciencia se llama el comienzo del Año Nuevo para dicha persona.

Después de esto, lo único que la persona tiene que hacer es corregirse, es decir, llegar a ser igual a la fuerza superior, a la fuerza del Creador: debe convertirse en alguien que otorga. La recepción para nosotros mismos nos da la sensación de “este mundo”. Si mi “yo” está dirigido al otorgamiento, hacia afuera, hacia los demás, entonces, dentro de dicha aspiración, empiezo a sentir otro mundo: el mundo superior.

Otorgamiento es cuando amo a alguien y por eso, quiero darle placer: como un amigo hacia su amigo, un anfitrión hacia su huésped. Le cuido tanto que restrinjo mis propios deseos, no quiero recibir ningún deleite y pienso sólo en su placer.

Al obtener este “escudo”, el cual me garantiza que no recibiré para sí mismo, estoy listo para recibir y, mediante esto, dar placer a la otra persona.

Todo lo que recibo es por él, como le decimos a un niño, “Una cucharada por tu papá, una cucharada por tu mamá”. Sin embargo, en el mundo espiritual esta no es una acción simple. Debo restringir mi deseo y abrirlo al placer, pensando sólo en el prójimo. Es decir, mi mente y mi corazón se encuentran dentro de él. Entonces, todo el placer que pasa a través de mi, pasa para beneficio de los demás.

(58133 – De la lección nocturna de Hoshanah Rabá del 19 de Octubre del 2011, Shamati)

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Lo que mostrará tu sombra

La aspiración por el otorgamiento a los demás se forma gradualmente en la persona a lo largo del tiempo, y representa la corrección de los deseos, si soy capaz de restringirlos, porque veo que la vida en el egoísmo no me trae ninguna alegría. Yo atraigo una pequeña iluminación desde arriba a través de mis estudios y esfuerzos. Y a pesar de que yo no sé qué es esta Luz, aun así esta me corrige y me cambia, poco a poco me conduce hacia el sentimiento del valor del otorgamiento.
Empiezo a sentir que me esfuerzo hacia el exterior, hacia un ser humano, hacia una conexión con todos los demás, y los percibo como partes de mi propia alma. Este es el resultado de la influencia de la Luz Circundante. Este cambio se produce desde dentro de mí y debido a mis esfuerzos, estudios, participación en la difusión y a la conexión con los amigos.
De esta manera llego a la decisión que me niego a seguir siendo un receptor que toma más de lo necesario para vivir. Empiezo a odiar la recepción egoísta. Y mi aspiración hacia el otorgamiento empieza a desarrollarse a partir de este punto, lo cual también ocurre debido a la Luz.
Lo que hago es intentar, pedir, rogar, demandar, y de esta manera obligo a que la Luz funcione dentro de mí. Y, finalmente, la Luz hace una corrección en mí, después de lo cual yo comienzo a sentir una aspiración hacia un ser humano y el verdadero amor, que no es el objeto de mi placer. Esto se debe a que ya he construido una barrera que no me permite disfrutar de manera egoísta, sino sólo desde el otorgamiento real.
El desarrollo de este tipo de aspiración en el hombre se conoce como “los siete días de Sucot“, cuando comienza a recibir la iluminación de la Luz Circundante que reforma. Esta Luz forma la cualidad de Bina, la fe por encima de la razón en el hombre, una cubierta, un techo de una estructura especial que se construye en Sucot en el “granero y el lagar”, es decir a partir de los deseos hasta ahora descuidados en su egoísmo, considerados como basura. Pero por el contrario, en el deseo de otorgar los eleva por encima de su cabeza.
Y, por último, llega a un estado en el que él mismo los comprueba: si todos sus deseos están dirigidos hacia el otorgamiento. Para esto él mira su “sombra”: si es santa o impura. Él se esconde de la Luz, y al hacerlo se abre para que la Luz entre en él más tarde y lo llene con la intención por el bien del otorgamiento. Comprobar la sombra después del final de la fiesta de Sucot y evaluar si pertenece a la santidad o a los malos espíritus, son el establecimiento de la actitud hacia el egoísmo y la transición a otra dimensión: la del otorgamiento.
Yo mismo sello mi deseo de recibir placer, y soy estoy listo para recibir por el bien del otorgamiento, convirtiendo así mi recepción en otorgamiento. Él y yo nos amamos, y es por eso recibo de Él para complacerlo a Él. Pero todo esto sucede después de que compruebo mi sombra y todas las correcciones que están simbolizadas en la fiesta de Sucot.
(58130- De la 1º parte de la lección nocturna de Hoshanah Rabá del 10/19/2011, Shamati  8 )

Lección nocturna de Hoshanah Rabá – 10.19.11

Shamati # 8 “¿Cuál es la diferencia entre sombra de Kedusha y sombra de Sitra Ajra?”

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Shamati # 243 “Examinando la sombra en la noche de Hoshaná Rabá”

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Shaar HaKavanot “Drushey Jag Sucot”, Drush 6

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Encontrémonos en la Sucá de paz

En nuestro mundo todos entendemos por qué los niños juegan y qué pasará cuando crezcan. Pero nuestro mundo es una copia del mundo superior, y este juego simboliza el hecho de que tenemos que avanzar lentamente hacia la verdad, constantemente eligiéndola a partir de la situación opuesta en la que nos encontramos.

El trabajo espiritual comienza con el hecho de que estamos apegados a los placeres falsos y a acciones que son totalmente egoístas. Sin embargo, entendemos que solo podemos crecer gracias a ellos, con el fin de tener libre albedrío para elegir y, para aclarar nuestras vasijas, nuestra actitud frente al superior por nosotros mismos.

No hay otra opción. Todo el tiempo caemos y nos levantamos nuevamente, y así es como avanzamos, como se nos dice: “Una y mil veces caerán los justos y de nuevo se levantarán”. Esta es la forma en la que nos movemos hacia adelante, y tenemos que ser pacientes y entender que esta es la única manera de construir una vasija perfecta e independiente. El que persevera triunfa. Lo principal aquí es la consistencia.

Vemos una copia de todos los procesos espirituales en la vida corporal también. Esta es la razón por la que hemos nacido en ella como los niños pequeños y sin cerebro; jugamos juegos sin sentido y somos incapaces de cuidar de nosotros mismos, hasta que poco a poco, gracias a estos juegos, crecemos y seguimos adelante con las correcciones más serias. Pasan muchos años hasta que la persona se “para sobre sus dos piernas” y está lista para la vida en este mundo.

Por lo tanto, después de las Slijot (los diez días de arrepentimiento), Rosh HaShaná (Año Nuevo), Yom Kippur (Día de la expiación), los cinco días entre Yom Kippur y Sucot, y los siete días de Sucot, alcanzamos el nivel de Sheminí Atzeret (el octavo día de la Asamblea): la unidad con la Luz. Poco a poco, día a día, realizamos aclaraciones, símbolo de ellas es la cubierta de la Sucá (Skhakh) hecha de “los desperdicios del granero y del lagar”. Es decir, está hecha de lo que una persona no respeta y de las cosas sobre las cuales nada piensa, creyendo que los alimentos que obtenemos del granero y del lagar son más importantes, despreciando los desechos.

Pero, lo que  a él le parecía como un desperdicio sin valor se convierte en lo más importante ahora. Si elevo este “desperdicio” por encima de mí y lo utilizo para cubrir mi ego, si me escondo a mi mismo debajo de esta cubierta, entonces seré capaz de disfrutar de su sombra. Así es como descubrimos la Luz superior, la cual no se revela directamente, sin la sombra. Por lo tanto, llegamos a la Sucá de Paz (Shalom Sukkat), bajo la cobertura perfecta (Shalem), la pantalla.

(57329 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 10/11/2011, Escritos de Rabash)

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Las oscuras letras que nos traen Luz

El alcance es interno, y no hay nada por fuera de nosotros. Todo lo que aparentemente nos rodea es simplemente una ilusión temporal, incluyendo este mundo imaginario, e incluso el mundo espiritual. Pero en el mundo espiritual al menos somos conscientes de que algo sólo parece estar por fuera de nosotros, porque es rechazado por nuestro ego.

Incorporamos los deseos de los demás en nosotros, según la medida de nuestra capacidad para hacerle sombra a nuestro egoísmo y ocultarlo, para darle la intención por el bien del otorgamiento, y hacerlo de acuerdo con el principio de “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, la ley de la Luz.

El símbolo de todas estas correcciones es una construcción especial llamada Sucá que nos muestra cómo construir la sombra. Nuestro hombre interior se sentará dentro de la Sucá y tomará los cuatro símbolos de Sucot con él: tres que pertenecen a Zeir Anpin (el Lulav [una rama cerrada de una palma datilera], los Hadasim [tres ramas con hojas del árbol de mirto], y las Aravot [dos ramas con hojas del sauce blanco]), y el cuarto (el Etrog [una fruta de un árbol de citrón, similar a un limón o toronja]), que pertenece a Maljut. Él los conectará entre ellos y empezará a balancearlos: hacia la derecha, la izquierda, adelante, atrás, arriba y abajo, en las seis direcciones que corresponden a las seis Sefirot de Zeir Anpin (VAK). Y al mismo tiempo él está dentro de la Sucá, donde sus tres paredes corresponden a las tres Sefirot de Jesed, Tifferet, Gevura (HGT). La Sefira Netzaj es el techo de la Sucá, y la Sefirá Jod es el suelo.

Resulta que el hombre se une por completo con Zeir Anpin, lo que representa las cualidades superiores de otorgamiento de él. Y cuando se conecta con todas estas cualidades en todas las direcciones, es decir, en todas las cualidades de VAK de Zeir Anpin, mientras que él mismo representa Maljut, al hacerlo de esta manera corrige y conecta todas estas cualidades juntas.

Y todo esto se hace gracias a la sombra, que puede ya sea ocultar o revelar. Una sombra que oculta es cuando trabajamos en contra de nuestra inclinación al mal, el deseo egoísta. Y la sombra que revela es cuando escribimos las letras de nuestro trabajo como si estuviéramos utilizando tinta negra sobre un fondo blanco. Así creamos las diferentes formas de ocultamiento, que son similares a la Luz. Gradualmente, toda la oscuridad se convierte en Luz debido a la creación de diferentes sombras (por ejemplo, en la forma de las alas).

El hombre no se conecta con la Luz, sino más bien con sus formas, y por el contrario, al ocultarse de la Luz con la ayuda de las sombras, construye formas similares a la Luz, al otorgamiento. Este es nuestro trabajo. Nosotros trabajamos hasta que adquirimos la equivalencia de forma y la adhesión (Zivug) con la Luz con la ayuda de todas las sombras, de todas las formas de oscuridad, de las “letras”, y de las colisiones con la Luz. Y al final toda la oscuridad brillará como la Luz.

Nuestro trabajo es crear formas de oscuridad, formas de letras, tales como las líneas negras y curvas y hacerlas similares a la Luz. Por ello, el símbolo de todas estas correcciones es la cobertura de la Sucá. Y todo nuestro trabajo consiste en encontrar la manera de construir ésta cubierta por encima de nosotros y sentarnos bajo su sombra, que nos permitirá alcanzar la Luz. Toda la Luz Circundante que nos llega y la que se mantiene por encima del techo de la Sucá actúa en nosotros, en la Sucá, de manera que las formas de la oscuridad brillan como la Luz para nosotros.

(57423- De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 10/12/2011, Escritos de Rabash)