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Jewish Business News: “Uniendo los estados para un gran EUA en la era de Trump”

En mi columna regular Jewish Business News, mi nuevo artículo: “Uniendo los estados para un gran EUA en la era de Trump

El ataque con misiles de Trump contra Siria fue ampliamente aprobado, lo que indica que Estados Unidos quiere recuperar el papel de guardián internacional. Pero primero, Trump debe recuperar la unidad de Estados Unidos. Los judíos en su administración pueden ayudarlo a hacer precisamente eso.

En mi perspectiva, el tiempo de Trump en el cargo ha demostrado que merece la oportunidad de guiar al país, como lo expresó el ex vicepresidente Joe Biden el mes pasado.

Recientemente, el ex primer ministro sueco, Carl Bildt, se burló del presidente tras la implicación de Trump de que hubo un ataque terrorista en Suecia, perpetrado por inmigrantes. Bildt twitteó, “¿Suecia? ¿ataque terrorista?. Dos meses más tarde, el actual primer ministro sueco declaró que Suecia “nunca volverá” a los días de la migración masiva, después de que un inmigrante ilegal mató a cuatro e hirió a 15 personas en un ataque en el centro de Estocolmo.

Después de meses de burla porque Trump declaró que la administración Obama lo espió a él y a sus asesores, antes de las elecciones, Eli Lake, de Bloomberg, reveló que Susan Rice, ex asesora de seguridad nacional de Barack Obama, lo hizo.

Avance rápido

Trump debe seguir adelante con su agenda y llevar a EUA al siguiente nivel. Es decir, consolidar, unir y fundir la sociedad en un todo cohesivo. Como presidente de EUA, esta es su principal obligación para con su pueblo.

A pesar de lo que parece ser una campaña sistemática de medios liberales como CNN y el New York Times, para desacreditar al presidente Trump, las escisión que expuso por su propia elección, han estado en marcha durante décadas. Trump no las creó, pero su elección las llevó a la superficie.

El centro se está reduciendo rápidamente en ambos lados del mapa político. Trump llegó al poder en el momento en que el país requiere una transformación urgente en una sociedad con una agenda común.

El hecho de que Trump fue elegido demuestra que el pueblo estadounidense está en gran parte, detrás de él. Sin embargo, si sus acciones no forman parte de una estrategia global para unificar a la nación, no producirán el resultado deseado.

El gobierno no debe considerar los problemas como crisis aisladas, sino como indicadores de la desunión en la sociedad. El modo de trabajo debe parecerse al de una familia sana: tiene que priorizar, sin olvidar a ningún miembros de la familia. Si Trump logra a ver al pueblo estadounidense como a una familia saludable y cuida a todos sus miembros, no hay duda de que Estados Unidos volverá a ser genial.

El papel judío en la administración de Trump

Recientemente, Jonathan Levi, de Forward Magazine, preguntó: “¿Es Jared Kushner el ‘judío de la corte’ del reino de Donald Trump?” Claramente, no es el dinero de Kushner lo que el presidente Trump necesita. Él siente que necesita a Kushner precisamente donde lo tiene, como “asesor principal”.

Igual que con cualquier administración en las últimas décadas, la de Donald Trump está llena de judíos en posición clave. Los judíos están en la cima principalmente porque son grandes conectores, lo que los convierte en figuras clave en el funcionamiento de cada sistema. El problema es que cada administración usa a los judíos para promover su propia agenda. Trump establecerá un precedente si los usa para promover una agenda de unidad en EUA. Todos se beneficiarán con esto.

Hay una buena razón por la que los judíos sobresalen en conectar a la gente. El pueblo judío es la única nación del mundo que tiene un cumpleaños oficial. Según la Torá, el 6 del mes hebreo de Sivan, en el año 2488 en el calendario hebreo (1272 ac), el pueblo judío fue nombrado, al cumplir el requisito previo de comprometerse a unirse “como un hombre con un corazón”. Por lo tanto, el ascenso o caída del pueblo judío dependerá de su nivel de adhesión al principio de unidad.

La unidad de Estados Unidos primero

Si Trump realmente quiere cumplir su promesa de hacer a EUA grande de nuevo, tendrá que adoptar un enfoque diferente de sus predecesores. Eso también requiere que los judíos funcionen de manera diferente a las administraciones anteriores. Para que EUA sea grande, debe ser una nación unida. Trump debe exigir que los judíos faciliten la conexión y su relación entre ellos en ambos lados del mapa político y posteriormente, extiendan esa amistad al resto del pueblo estadounidense.

Si los consejeros judíos en posiciones clave establecen confianza y responsabilidad mutua entre ellos, será mucho más fácil para el presidente reconciliarse con el Partido Demócrata y establecer un gobierno que goce del apoyo pleno del Congreso. Mientras más espere Trump, más difícil le será operar.

Como líder inteligente, debe pedir a sus asesores que elaboren una ruta del actual partidismo a la confianza, la cooperación y eventualmente, cohesión de la sociedad estadounidense y el establecimiento político.

Esto hará de EUA, no sólo grande, sino también un modelo a seguir para las demás naciones, “una luz para las naciones”, si quieres. Implementar un plan de esta naturaleza revertirá la trayectoria global negativa y garantizará un futuro mejor para nuestros hijos y para las generaciones venideras.
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Mis pensamientos en Twitter, 23/abr/17

Los valores democráticos se han convertido en un cáncer, se devoran a sí mismos. Sólo los funcionarios de la #ONU y similares se benefician.

#420 el tabaco fue “eliminado”, pero la hierba, lentamente está siendo legalizada “en dosis medicinales” como una forma barata de mantener a la gente tranquila …

La UE debe reconocer que la paz con los inmigrantes es imposible, luego ver que lo mismo es cierto para #Israel y los Palestinos. Si el antisemitismo no los ciega.
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De Twitter, 23/abr/17

Material relacionado:
Mis pensamientos en twitter, 20/abr/17
Mis pensamientos en twitter, 18/abr/17
Mis pensamientos en twitter, 16/abr/17

JPost: “¿Puede haber nazismo en EUA?”

Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “¿Puede haber nazismo en EUA?”

A principios de los años de 1950, Ashlag escribió: “No hay esperanza de que el nazismo muera con la victoria de los aliados, porque mañana los anglosajones adoptarán el nazismo” ¿Podría tener razón?

Después de setenta incidentes de amenazas de bomba dirigidos a JCC [centros comunitarios judíos] en todo Estados Unidos, dos cementerios vandalizados (uno en St. Louis y otro en Filadelfia), una maestra en Texas, que fue despedida por un Tweet que incluía la frase “mata algunos judíos” y tras swastikas e insultos raciales pintados en carros, un edificio y una escuela, cerca de Búfalo y un administrador de CUNY quejándose de tener “demasiados judíos” en la plantilla, podemos oficialmente decir que existe antisemitismo en EUA. Finalmente, los líderes judíos sienten la suficiente confianza para hablar de una “pandemia mundial” sin excluir a EUA del panorama.

La intensificación del antisemitismo no es coincidencia. Es resultado de un proceso natural y obligatorio, por el cual, mientras más egoísta se vuelve la sociedad, más propensa es hacia el antisemitismo. En el libro, Como un manojo de cañas: por qué la unidad y la garantía mutua están en la agenda del día y en el sitio de internet, “Why do people hate jews”, muestro que sin importar la procedencia, más allá de cierto nivel de egoísmo, el antisemitismo debe emerger de la misma forma que hay un límite para la cantidad de sal que puede disolverse en agua, antes de que comience a verse.

Egoísmo vs ley de unidad

Maimónides, Midrash Rabá y muchas otras fuentes nos hablan de que en el tiempo de Abraham el patriarca, Abraham observó a sus paisanos construyendo la Torre de Babel. Notó que los constructores se estaban volviendo cada vez más centrados en sí mismos y alineados, lo cual lo impulsó a buscar una explicación. El libro Pirkey de Rabí Eliezer (capítulo 24) ilustra cómo los babilonios “querían hablar entre sí pero no conocían el lenguaje del otro ¿qué hicieron? Cada uno tomó su espada y pelearon entre ellos a muerte. En realidad, la mitad del mundo fue masacrada ahí y de ahí se dispersaron por el mundo”.

Este odio preocupó a Abraham y se preguntaba quién o qué estaba causando este cambio. De acuerdo a Maimónides, Abraham “comenzó a reflexionar día y noche, en cómo era posible que esa rueda siempre girara sin conductor” (Mishné Torá, capítulo 1). Al hacerlo, descubrió una fuerza unificadora que es la raíz de la creación y llamó a esa fuerza, “Dios”.

Abraham se dio cuenta que para asegurar una buena vida, la gente no necesitaba postrarse ante este Dios ni ofrecerle sémola, como hacían sus paisanos en esa época. Todo lo que necesitabas hacer con el fin de ser feliz y resolver el odio, era elevarte por encima de él y unirte. Pero cuando Abraham sugirió que los babilonios se unieran en lugar de pelear, su rey, Nimrod, lo expulsó del país.

Mientras el exiliado Abraham deambulaba hacia Canaán, la gente “se unía a su alrededor y le preguntaba acerca de sus palabras”, escribe Maimónides. “él enseñó a todos … hasta que miles y decenas de miles se reunieron a su alrededor y ellos son el pueblo de la casa de Abraham. Él plantó su precepto en su corazón, compuso libros acerca de ello y enseñó a su hijo, Isaac. E Isaac enseñó y advirtió, e informó a Jacob y lo designó maestro, para sentarse y enseñar…y Jacob, nuestro Padre, enseñó a sus hijos”.

Finalmente, una tribu que conocía la ley de unidad fue formada, también el odio por esa ley y por los que la defienden.

Unos siglos después, Moisés quiso hacer lo mismo que Abraham. Él deseaba unir a su pueblo y enfrentar la fiera resistencia del faraón. Como Abraham antes que él, Moisés huyó con su pueblo, pero esta vez eran millones y por lo tanto necesitaban una “actualización” del método de conexión de Abraham.

La actualización fue la Torá –una serie de leyes que se reducen a un solo principio, el cual el viejo Hillel describió muy simplemente: “Aquello que odias, no se lo hagas a tu prójimo; esta es toda la Torá. El resto es comentario; ve a estudiar” (Shabbat, 31ª). Bajo la guía de Moisés, las tribus hebreas se unieron y se convirtieron en nación, pero sólo hasta que se comprometieron a ser “como un hombre con un corazón”. La nueva nación obtuvo su nombre, Israel, de su vocación, ir Yashar-El (directo a Dios) -lograr la misma unidad de la fuerza que Abraham descubrió.

Inmediatamente después de convertirse en nación, a Israel se le dio la misión de completar lo que Abraham había intentado lograr cuando por primera vez comenzó a hablar de unidad por encima del odio- que el mundo entero se beneficie del método. “Moisés deseaba completar la corrección del mundo en ese momento. …Sin embargo, no tuvo éxito a causa de las corrupciones que sucedieron en el camino”, escribió Ramjal en su comentario a la Torá. Pero cuando Israel logró la unidad, se le dio la tarea de transmitirla, o como lo expresa la Torá, ser “luz para las naciones”.

Cuando el ego extiende la ruina, los judíos son culpados

Después de que se formó la nación judía, los judíos conocieron muchas altas y bajas. Cuando la unidad prevalece entre nosotros, prosperamos. Cuando el ego toma el mando, sufrimos. Pero cuando el egoísmo de nuestros ancestros llegó a tales niveles que no podían tolerarse entre sí, sina’at hinam (odio infundado/sin base) explotó entre ellos y debilitó su fortaleza. Finalmente, el líder de la legión romana en Judea. Tiberio Julio Alejandro, judío él mismo, su propio padre había recubierto de oro las puertas del Templo que él destruyó, exilió a los judíos de la tierra de Israel. En palabras del Maharal de Praga: “El Templo fue arruinado a causa del odio infundado, porque sus corazones se dividieron y no eran dignos del Templo, el cual es la unificación de Israel” (Netzaj Israel).

El odio que nos destruyó entonces, aún persiste. Y aún así, la semilla de unidad vive dentro de nosotros y es nuestra única fuente de fortaleza. Por siglos, nuestros sabios han hecho énfasis en que la unidad es la llave de nuestra salvación. El libro Maor VaShemesh escribe, “La primera defensa contra la calamidad es amor y unidad. Cuando existe amor, unidad y amistad entre todos en Israel, ninguna calamidad puede caer sobre ellos”. Asimismo, El libro de la conciencia escribe, “En cada generación, se nos ordena reforzar nuestra unidad para que nuestros enemigos no gobiernen sobre nosotros”.

Aun cuando la semilla de unidad existe dentro de nosotros, mientras estemos desunidos, no podemos ser “luz para las naciones” y no estamos extendiendo la unidad al mundo, como Abraham y Moisés lo intentaron. Al mismo tiempo, la humanidad se vuelve cada vez más egoísta. Nuestro egoísmo es tan intenso que, incluso cuando sabemos que estamos arruinando el futuro de nuestros hijos al contaminar el planeta, simplemente no nos importa tanto como para detenernos. Entendemos que el pluralismo es importante y el liberalismo es vital para la sociedad, pero cada uno es tan narcisista que no puede escuchar al otro, mucho menos unirnos por encima de nuestras diferencias. En tal estado, el odio hacia los judíos se intensifica porque tenemos la llave para sobreponernos al egoísmo y al mismo tiempo, nuestro egoísmo rechaza ese remedio, como el rey Nimrod y el faraón. Aquí es cuando la situación se vuelve peligrosa para los judíos.

En los días más prósperos de la monarquía española, por ejemplo, cuando su orgullo y confianza estaban en su punto más alto, el hacha cayó sobre los judíos. A pesar de su inmersión en la sociedad española y su alejamiento de su propia religión, los judíos fueron culpados por todos los problemas de España, expulsados, torturados y asesinados por la inquisición, bajo el liderazgo de Torquemada, quien -como Tiberio- era de ascendencia judía. El siglo pasado, Alemania estaba en la cima del mundo. Pero al caer, volcó su ira sobre los judíos. Cuando Adolf Hitler no pudo expulsar a los judíos, porque nadie los recibía, simplemente los exterminó.

Balanceándose entre nazismo y unidad

El Libro del Zóhar escribe, “He aquí, cuán bueno y cuán placentero es para los hermanos también sentarse juntos. Esos son los amigos mientras se sientan juntos, y no están separados el uno del otro. Al principio, parecen como gente en guerra, deseando matarse entre sí. Después regresan a estar en amor fraterno…Y ustedes, los amigos que están aquí, como estaban en agrado y amor antes, de aquí en adelante tampoco se apartarán…y por su mérito habrá paz en el mundo” (Aharei Mot).

Similar a El Zóhar, su gran comentador, Rav Yehuda Ashlag, escribió que “la nación israelí ha sido construida como una puerta, con la cual el mundo puede entender el agrado y la tranquilidad en el amor a otros”. Como Ashlag, Rav Kuk escribió, “En Israel está el secreto de la unidad del mundo” (Orot Kodesh).

Tanto como podamos odiar la idea, somos los portadores del método de corrección de Abraham, contra el egoísmo que separa y destruye nuestro mundo. Si no implementamos entre nosotros este método de unirnos por encima de nuestras diferencias, las naciones nos culparán de sus aflicciones y nos castigarán una vez más. Pero si lo implementamos entre nosotros, el mundo entero vendrá a aprender cómo. El antisemita más notorio en la historia de EUA, Henry Ford, reconoció la misión de los judíos hacia la sociedad en su libro, El judío internacional -el principal problema del mundo: “Los reformadores modernos, que construyen modelos de sistema sociales, harían bien en observar el sistema social bajo el cual se organizaron los primeros judíos”.

Por décadas, EUA ha ido por el camino de creciente egoísmo, alienación y aislamiento social. Desde hace varios años, la depresión ha sido la principal causa de enfermedad en el país y la desesperación está creciendo rápidamente. Si un libro titulado La epidemia del narcisismo: viviendo en la era del privilegio puede llegar a la lista de los más vendidos de The New York Times y los millennials definen su medio ambiente como la cultura de “Yo,Yo,Yo”, sabes que el país está al borde de la implosión. Y cuando la sociedad colapse, fácilmente podría tomar la forma de nazismo o fascismo extremo.

Pensamos que la Alemania nazi fue un evento de una sola vez. Pero decir “Nunca más” no evitará que la historia se repita. Nos olvidamos que no fueron los alemanes quienes inventaron la estrella amarilla, sino los británicos, desde 1218.

A principios de los años 1950, Rav Yehuda Ashlag escribió en Los escritos de la última generación: “el mundo erróneamente considera al nazismo un resultado particular de Alemania. En verdad…todas las naciones son iguales en eso; no hay ninguna esperanza de que el nazismo muera con la victoria de los aliados, porque mañana los anglosajones adoptarán el nazismo”.

Si los judíos de EUA no toman su vida en sus manos y se fuerzan a sí mismos a unirse por encima de su mutuo desagrado, los estadounidenses los forzarán a hacerlo a través de derramamiento de sangre. No hay más tiempo. Los judíos deben dejar de lado todas sus diferencias y unirse, porque la unidad es la única salvación del pueblo judío y porque cuando nos unimos, somos luz para las naciones, damos al mundo lo que Abraham tenía destinado para que lo tuviera la humanidad, desde hace casi cuatro milenios y es lo que el mundo tanto necesita en la actualidad.
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Express Courier: “El capitalismo ¿tiene futuro?”

El semanario en ruso, de Florida, Экспресс-Курьер (Express Courier) publicó mi artículo “El capitalismo ¿tiene futuro?”

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JPost: “Trump debe iniciar la próxima fase de la política EUA primero’”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “Trump debe iniciar la próxima fase de la política EUA  primero’”

Los últimos ataques terroristas prueban que el presidente Trump está en la cima. Pero si quiere hacer grande de nuevo a EUA, tendrá que implementar la siguiente fase de EUA primero —unir a “Estados Unidos”.

A pesar de la controversia sobre si el presidente Donald Trump debió consultar al Congreso, antes de lanzar, el 7 de abril, el ataque con misiles a la base aérea siria Shayrat, cuyos aviones aparentemente lanzaron, tres días antes, bombas de gas sarín sobre civiles, el sentimiento general es que era necesaria una respuesta militar.   

Hace dos meses, Carl Bildt, ex primer ministro sueco, se mofó del presidente tras la implicación de Trump en un ataque terrorista en Suecia, perpetrado por inmigrantes. Bildt tweeteó, “¿Suecia? ¿ataque terrorista? ¿qué fumó?” Dos meses después, el actual primer ministro sueco declaró que Suecia “jamás regresará” a los días de migración masiva, después de que un inmigrante ilegal mató a cuatro personas y lastimó a 15 más en un ataque con un camión en el centro de Estocolmo.   

Después de meses de burla a las declaraciones de Trump, de que la administración de Obama espió a él y a sus asesores antes de la elección, Eli Lake de Bloomberg, reveló que Susan Rice, ex asesora de seguridad nacional de Barack Obama, fue precisamente quien lo hizo. En mi opinión, el presidente Trump ha probado que por lo menos, merece la oportunidad de gobernar al país, como lo declaró el mes pasado el ex vicepresidente Joe Biden.  

A dónde ir desde aquí

A pesar de los persistentes esfuerzos de CNN, The New York Times y otros, para desacreditar al presidente Trump; y pese a que altos cargos dentro del partido republicano actúan como una quinta columna, Trump debe seguir adelante con su agenda y llevar a EUA al siguiente nivel. Y por “siguiente nivel”, quiero decir consolidar, unir y fusionar la sociedad de EUA en un todo cohesivo. Como presidente, ésta es su obligación principal ante su pueblo y nada de lo que pueda hacer le dará más respeto ante los ojos de su pueblo.   

La era de Obama fue uno de los períodos más decisivos que EUA ha visto, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial o desde antes. Las grietas que Donald Trump expuso con su propia elección, han estado en proceso por décadas. Trump no las creó, pero su elección las trajo a la superficie. A lo largo de la sociedad, se aceleró la marginación y el centro colapsa con rapidez en ambos lados del mapa político. Trump lega al poder en lo que podría ser la última oportunidad de EUA para unirse en una sociedad con una agenda común, metas comunes y un acuerdo común de lo que es bueno para EUA. Si fracasa, el próximo presidente tendrá que enfrentar tales problemas como Estados declarando la independencia política del gobierno central, enfrentamientos violentos y desenfrenados entre policía y civiles y, otros problemas más característicos de países tercermundistas que del líder del mundo libre.

El hecho de que Trump haya sido elegido prueba que a pesar de los intentos de los medios para mostrar una imagen distinta, el pueblo lo apoya en gran medida. Así como pasó por encima de los medios y se dirigió al pueblo directamente, durante la elección de presidente, puede hacerlo, incluso más efectivamente. Pasos tales como dar “a colegios y universidades, históricamente para negros, un impulso tan esperado, para superar a sus predecesores, incluyendo al primer presidente afroamericano de la nación”, puede ganarle puntos y es un paso en la dirección correcta. Sin embargo, si no son parte de una estrategia de conexión completa, no producirán el resultado deseado.

Uno de los principales activos del presidente es su enfoque empresarial al gobernar. Desea hacer cambios, tanto en política como en el personal. Como este es el caso, yo sugeriría que Trump trate de formar su gabinete con gente comprometida en la conexión de todo el pueblo de EUA, más que en promover una política específica o agenda sectorial.

Los retos actuales de la sociedad de EUA son muy pesados, pero un enfoque proactivo puede hacer maravillas. El gobierno no debe ver los problemas como crisis aisladas, sino como indicadores de desunión en la sociedad. Las tensiones entre la policía y las comunidades afroamericanas, las cuestiones de LGBT, las crecientes brechas económicas y el colapso de la clase media, resaltan la pérdida de responsabilidad mutua y la ausencia de interconexión e interdependencia en la sociedad. La forma de trabajo debe parecerse a una familia sana: priorizar, sin dejar atrás a ningún miembro de la familia. Si Trump logra ver al pueblo, como una familia saludable trata a todos sus miembros, sin duda EUA volverá a ser grande.

Trump puede dejar un precedente único

Hay otro elemento que el presidente debe intentar utilizar. Como cualquier administración en las últimas décadas, la de Donald Trump está llena de judíos en posición clave. Es creencia común que los judíos usan el poder financiero para pavimentar su camino a los más altos niveles de la administración. Sin embargo, ver su éxito como un mero resultado de su riqueza, pierde la clave de la fuerza de los judíos. Los judíos están arriba porque son grandes conectores, lo que los hace figura clave en el funcionamiento de cualquier sistema. En muchas formas, los judíos son el eje, mediadores que ayudan a conectar a la gente para producir el resultado deseado. El problema es que cada administración usa a los judíos para promover su propia agenda. Trump sentará un precedente si los utiliza para promover unidad en toda la agenda de EUA. Todos se beneficiarán.

Hay una buena razón por la que los judíos sobresalen en conectar a la gente. El pueblo judío es la única nación en el mundo que tiene un día oficial de nacimiento. De acuerdo a la Torá, el 6 del mes de Sivan, del año de 2,488 en el calendario hebreo (1272 AC) fue nombrado, pueblo judío, tras haber cumplido con el requisito previo de comprometerse a unirse “como un hombre con un corazón”. De ahí en adelante, el ascenso y caída del pueblo judío dependerá de su nivel de adhesión al principio de unidad.

Por siglos, los judíos soportaron incontables disputas y conflictos internos. Los superaron al aplicar la ley que el rey Salomón sucintamente expresó, “El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes” (Proverbios 10:12). En algún punto alrededor del comienzo de esta Era Común, perdieron su capacidad de superar su partidismo y desunión. En consecuencia, la separación entre ellos evolucionó hacia tal odio que trajo sobre ellos el exilio de la tierra de Israel y la ruina del Templo.

Los judíos siguieron siendo expertos en la conexión, pero como ya no quisieron conectar la nación “como un hombre con un corazón”, usaron la habilidad que habían perfeccionado por siglos, para promover solo los intereses de su propio grupo. Dado que el éxito político requiere buenas conexiones para pavimentar el camino a la cima, los políticos siempre han tenido cerca a muchos judíos como asesores. Incluso, esa posición tiene un título oficial, derogatorio: “judío de la corte”. Aunque más a menudo ligado a préstamos de dinero y a actividad bancaria, el término también tiene mucho que ver con política. Recientemente, Jonathan Levi de la revista Forward Magazine preguntó, “Es Jared Kushner el ‘judío de la corte’ del reino de Donald Trump?” Claramente, no es el dinero de Kushner lo que el presidente Trump necesita. El presidente siente que necesita a Kushner precisamente donde lo tiene, como “consejero mayor”  

Haciendo a EUA grande de nuevo

Si Trump realmente quiere cumplir su promesa de hacer de nuevo grande a EUA, necesitará tomar un enfoque diferente al de todos sus predecesores. Esto también requiere de que los judíos en su administración trabajen en forma diferente a la de las administraciones previas.  Para hacer grande a EUA, debe ser una nación unida. Trump necesita pedir a los judíos que faciliten la conexión y entendimiento entre ellos mismos, en ambos lados del mapa político y subsecuentemente, extiendan esa amistad al resto del pueblo.

Si los judíos, que están en posiciones clave de ambos lados del mapa, establecen una responsabilidad verdadera y mutua entre ellos, será mucho más fácil para el presidente reconciliarse con el partido democrático y establecer un gobierno que goce del apoyo total del Congreso. Cuanto más espere Trump, más duro será hacerlo. Fuerzas divisorias como Barack Obama, John McCain y Bernie Sanders se harán más fuertes en el impulso implacable de los medios neoliberales, que abarcan casi todos los grandes noticiarios, incluyendo, hasta cierto punto, a Fox News.  

Para la mayoría, los asesores sugieren al gobernante qué camino tomar y qué tácticas adoptar en una situación dada. Pero Donald Trump no es un presidente ordinario. Como hombre de negocios, entiende que para ver resultados, las cosas necesitan hacerse. Él es un líder y determinará en qué forma quiere que le ayuden sus asesores. Si es inteligente, les pedirá que tracen una ruta de la dirección del actual partidismo a la confianza, cooperación y eventual cohesión de la sociedad de EUA y el establecimiento político.  

Ésto hará a EUA no sólo grande, sino también, modelo para las demás naciones, “una luz para las naciones”, si se quiere. Implementar un plan de esta naturaleza, revertirá la trayectoria global negativa y garantizará nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de los hijos de nuestros hijos.
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Artículos en el periódico ucraniano Evreiskie Vesti (Noticias judías)

El periódico ucraniano Evreiskie Vesti (Noticias judías) publicó mi artículo sobre el Congreso Mundial de Cabalá que tuvo lugar en Tel Aviv, Israel del 21 al 23 de febrero de 2017 (página 12), también el artículo sobre Pesaj de mi estudiante Oleg Isekson (página 2).

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Jerusalem Post: ‘Pesaj – historia de hebreos que querían ser egipcios’

En mi columna regular en The Jerusalem Post: ‘Pesaj – historia de hebreos que querían ser egipcios

El faraón con egoísmo esclavizó a los hebreos; Moisés desinteresadamente los liberó. El ‘rey’ del egoísmo sigue esclavizando nuestros corazones. Para liberarnos de la esclavitud debemos liberarnos del odio a otros.

Para la mayoría, la historia de nuestro éxodo de Egipto no es más que un cuento. Una historia fascinante, sin duda, pero ¿es relevante para nuestro tiempo? Cuando se ve contra los platos servidos en la mesa, es injusto con la Haggadah. Sin embargo, si supiéramos lo que realmente significa Pesaj para todos nosotros, estaríamos ‘bebiendo’ la narración, en vez de esperar a que llegue el evento principal: la comida.

Bajo el cuento sobre la lucha de una nación para ser libre, está la descripción de un proceso que nosotros como judíos pasamos y que vivimos de nuevo hoy. Por una buena razón la Torá nos ordena vivir cada día como si acabáramos de salir de Egipto. El sufrimiento de nuestros antepasados debe ser signo de advertencia y señal de ruta, que nos señala el camino en un mundo de incertidumbre y temor.

Auge de Israel en Egipto

Cuando los hermanos de José fueron a Egipto, lo tuvieron todo. José el hebreo fue gobernante de facto de Egipto. Con la bendición del faraón, decretó todo lo que sucedió en Egipto, como dijo faraón a José: ‘Tú estarás sobre mi casa y según tu mandamiento todo mi pueblo rendirá homenaje. … Te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. … Yo soy faraón, pero sin tu permiso nadie levantará mano ni pie en toda la tierra de Egipto‘ (Génesis 41: 40-44).

Gracias a la sabiduría de José, Egipto no sólo se convirtió en una superpotencia, sino que también esclavizó a las naciones vecinas y tomó el dinero, la tierra y los rebaños de sus pueblos (Génesis 47:14-19). Y el principal beneficiario del éxito de Egipto fue la familia de José, los hebreos. El faraón le dijo a José: ‘La tierra de Egipto está a tu disposición; acomoda a tu padre y a tus hermanos en la mejor tierra, que vivan en la tierra de Gosén (la parte más rica y exuberante de Egipto) y si conoces a hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado‘ (Génesis 47:6).

Hay una buena razón por la que José tuvo tanto éxito. Tres generaciones antes, su bisabuelo, Abraham, encontró un método para curar todos los problemas de la vida. Midrash Rabbah dice que cuando Abraham vio a los habitantes de Ur de los caldeos, peleando entre ellos, lo perturbó profundamente. Después de reflexionar, se dio cuenta que cada vez eran más egoísta y ya no podía llevarse bien. Su odio les hacía luchar y pelear, a veces hasta la muerte. Abraham se dio cuenta de que el ego no podía ser borrado, pero podía ser cubierto con amor, centrándose en conexión en lugar de separación. Por eso, Abraham es considerado símbolo de bondad, hospitalidad y misericordia.

Aunque Nimrod, rey de Babilonia, expulsó a Abraham, Maimónides en Mishneh Torah (capítulo 1) y en muchos otros libros se describe cómo vagó hacia la tierra de Israel y reunió a decenas de miles de seguidores que entendieron que la unidad por encima del odio es la clave para una vida de éxito. Cuando Abraham llegó a la tierra de Israel, era un hombre rico y próspero o como la Torá lo describe, ‘Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro’ (Génesis 13: 2).

Abraham pasó su conocimiento a todos sus discípulos y descendientes. Según Maimónides, ‘Abraham sembró este principio (unidad por encima del odio) en sus corazones, hizo libros y enseñó a su hijo Isaac. Isaac se sentó y enseñó a Jacob, lo nombró maestro, para sentarse y enseñar … y Jacob, nuestro padre, enseñó a todos sus hijos‘ (Mishneh Torah, capítulo 1). José, de la palabra hebrea Osef (reunión/asamblea), fue el principal discípulo de Jacob y se esforzó por establecer las enseñanzas de su padre. En Egipto, el sueño de José, de unir a todos sus hermanos bajo él, se hizo realidad y todos se beneficiaron. Este fue el apogeo de la estancia de los hebreos en Egipto.

Cómo las tablas se volvieron contra nosotros

Todo cambió cuando José murió. Como siempre sucede a lo largo de nuestra historia, cuando los judíos tienen éxito, su ego lo supera y desean abandonar el camino de unidad y ser como los lugareños. Este abandono es siempre el inicio de un giro peor, hasta que finalmente una tragedia o una prueba nos obliga a unirnos. Egipto no fue la excepción. Midrash Rabba (Éxodo, 1:8) escribe: ‘Cuando José murió, ellos dijeron: ‘Seamos como los egipcios’. Y como lo hicieron, el Creador convirtió el amor que los egipcios sentían por ellos en odio, como dice; (Salmo 105), ‘Él revirtió su corazón a odiar a Su pueblo, a abusar de Sus siervos’

El libro de la conciencia (capítulo 22) escribe aún más claramente que si los hebreos no hubieran abandonado su camino de unidad, no habrían sufrido. El libro comienza por citar el Midrash que acabo de mencionar, pero luego agrega: ‘el faraón miró a los hijos de Israel después de José y no reconoció a José en ellos’, es decir, la calidad de unión, la tendencia a unirse.

Y como ‘se hicieron nuevos rostros, el faraón declaró nuevos decretos’. El libro concluye ‘Ve, mi hijo, todo el peligro y todos los milagros y tragedias son de ti, por ti, y a causa de ti’. En otras palabras, el buen faraón se volvió contra nosotros porque abandonamos el camino de José, el camino de unidad por encima del odio.

Cuando Moisés llegó, sabía que el único modo de salvar a su pueblo era sacarlo de Egipto, fuera del egoísmo que destruía sus relaciones. El nombre Moshe (Moisés), dice el libro Torat Moshe (Éxodo, 2:10), viene de la palabra hebrea ‘Moshej’ (sacar) porque sacó al pueblo de la inclinación al mal.

Sin embargo, incluso cuando los sacó, seguían en peligro de volver a caer en el egoísmo. Recibieron su ‘sello’ como nación hasta que revivieron el método de Abraham, unirse por encima del odio. Una vez que se comprometieron a unirse ‘como un hombre con un corazón’, fueron declarados ‘nación’. Al pie del monte Sinaí, de Sinaa (odio), los hebreos se unieron y cubrieron su odio con amor. Fue cuando se convirtieron en la nación judía, como el libro Yaarot Devash (parte 2, Drush 2) escribe: ‘Yehudi’ (judío) viene de la palabra ‘yechudi’ (unidos).

El faraón y Moisés dentro de nosotros

Han pasado muchos siglos desde que se desarrolló esta historia épica, pero parece que hemos aprendido muy poco. Vean nuestros valores actuales, somos tan corruptos como los hebreos después de la muerte de José. Por ‘corrupto’, no digo que debemos evitar bienestar en la vida. Ni Abraham ni José se abstuvieron de ninguna forma. Por corrupto, quiero decir que somos descaradamente egoístas, narcisistas y promovemos estos valores donde quiera que vamos. Somos arrogantes, orgullosos y perdimos por completo nuestra identidad judía, es decir, nuestra tendencia a unirnos. En consecuencia, así como los egipcios se volvieron contra los hebreos cuando abandonaron el camino de José, el mundo se está volviendo contra nosotros hoy.

Faraón y Moisés no son figuras históricas; viven dentro de nosotros y determinan nuestras relaciones cada momento. Cada vez que dejamos que el odio gobierne nuestras relaciones, volvemos a coronar al faraón. Y cuando nos esforzamos por unirnos, revivimos a Moisés y el juramento de ser ‘como un hombre con un corazón’. Andrés Spokoiny, presidente y director de la Jewish Funders Network, describió magníficamente nuestra situación en un discurso que dio el año pasado: ‘En los últimos años, vimos una polarización sin precedentes y fealdad en la comunidad judía. Aquellos que piensan de manera diferente son considerados enemigos o traidores, y los que no están de acuerdo con nosotros son demonizados’. Esta es precisamente la regla del faraón.

Ser judío no necesariamente implica observar costumbres específicas ni vivir en un país específico. Ser judío implica situar la unidad por encima de todo. Por muy feroz que sea nuestro odio, debemos elevarnos por encima y unirnos.

Incluso El libro del Zohar escribe explícitamente sobre la importancia suprema de la unidad por encima del odio. En la porción Aharei Mot, el Zohar escribe, ‘He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos también se sienten juntos. Estos son los amigos que se sientan juntos y no están separados unos de otros. Al principio, parecen personas en guerra, deseando matarse unos a otros. Luego vuelven a estar en amor fraternal. … Y ustedes, los amigos que están aquí, como estaban en cariño y amor antes, de ahora en adelante tampoco se separarán … Y por su mérito habrá paz en el mundo ‘.

Aprender del pasado

Versiones de la historia de Egipto han ocurrido a lo largo de nuestra historia. Los griegos conquistaron la tierra de Israel porque queríamos ser como ellos, adorar al ego. Incluso peleamos por ellos, como judíos helenizados, contra los macabeos. Menos de dos siglos después, el Templo se arruinó por nuestro odio mutuo infundado. Fuimos deportados y asesinados en España cuando quisimos ser españoles y abandonar nuestra unidad y fuimos exterminados en Europa por el país donde los judíos querían olvidarse de nuestra unidad y asimilarse. En 1929, el Kurt Fleischer, líder de los Liberales en la asamblea de la comunidad judía de Berlín, expresó con precisión el problema de nuestros siglos: ‘El antisemitismo es el azote que Dios nos ha enviado para llevarnos juntos y unirnos’. Qué tragedia fue que los judíos de entonces no se unieron.

Como no podemos aprender, hoy nos colocamos en la posición de siempre. Nos hemos convertido en esclavos de nuestro presunción y arrogancia y no queremos ser judíos, es decir, unirnos. Estamos permitiendo que el faraón gobierne de nuevo, ¿qué podemos esperar para salir de esto? No debemos volver a ser ciegos; deberíamos saberlo mejor ahora.

En cada uno de nosotros hay un Moisés, un punto Moshej (salir) hacia la unidad. Sin embargo, debemos coronarlo conscientemente. Debemos elegir liberarnos de los grilletes del ego y unirnos por encima de nuestro odio. Esto puede parecer una montaña imposible de subir, pero no se espera que tengamos éxito, sólo ponernos de acuerdo y hacer el esfuerzo. Así como los hebreos fueron declarados nación y fueron liberados de Egipto cuando acordaron unirse, sólo necesitamos unirnos, el resto seguirá. Encontraremos dentro de nosotros el poder y la capacidad de unión.

En esta Pesaj, realmente debemos pasar de odio infundado, la plaga de nuestro pueblo a restaurar nuestra hermandad. Hagamos de esta Pesaj una de acercamiento de reconciliación y acuerdo. Convirtamos este día de fiesta en un nuevo inicio para nuestra nación. Pongamos un poco de Seder (orden) en las relaciones entre nosotros y seamos lo que estamos destinados a ser, ‘luz para las naciones’, difundir el brillo de unidad en todo el mundo y a nuestros hermanos. Si sólo tratamos, sé que tendremos una Pesaj feliz, una Pesaj de amor, unidad y fraternidad.
[205058]

Haaretz: “Treinta y cinco siglos después, aún es el faraón vs Moisés”

En mi columna regular en el diario Haaretz publicó mi nuevo artículo “Treinta y cinco siglos después, es aún el faraón vs Moisés

De caudillos de Egipto nos convertimos en esclavos, porque no quisimos ser judíos -unirnos por encima del odio.

La historia de la liberación de los hebreos de la esclavitud, ha capturado la imaginación de millones de personas en toda la historia. El Éxodo ha llegado a ser símbolo de la lucha del hombre por liberarse de la opresión y la injusticia. Pero hay algo raro acerca del Éxodo: la Torá nos ordena que todos y cada uno nos veamos cada día como si recién saliéramos de Egipto ¿por qué es tan importante? ¿podría ser que bajo el relato épico, esté un significado más profundo y críptico?

Si vemos en los textos de nuestros sabios desde siglos, en realidad encontraremos que el Éxodo de Egipto detalla un proceso por el que pasamos los judíos, que estamos pasando de nuevo y que impacta las vidas de judíos y no judíos en todo el mundo. Si entendemos mejor este proceso, encontraremos respuestas certeras a muchas de las cuestiones más urgentes de hoy para los judíos, tales como la esencia del judaísmo y por qué existe el antisemitismo.

El secreto de Abraham

Cuando los hermanos de José fueron a Egipto, tuvieron la mejor vida que se pudiera imaginar. Con la bendición del faraón, José fue gobernador de facto en Egipto. “Estarás sobre mi casa y de acuerdo a tu mandato todo mi pueblo hará homenaje”, dijo el faraón a José. “Ve, te he establecido sobre toda la tierra de Egipto…Yo soy el faraón, aun así sin tu permiso nadie levantará mano ni pie en toda la tierra de Egipto” (Gen 41:40-44).

Bajo el liderazgo de José, Egipto no sólo se convirtió en una superpotencia, sino además hizo a las naciones vecinas esclavas del faraón, tomó su dinero, tierra y rebaños (Gen 47:14-19). Aun así, los principales beneficiados del éxito de Egipto fueron los hebreos. Conociendo a quién debían su riqueza y poder, el faraón dijo a José: “La tierra de Egipto está a tu disposición; establece a tu padre y hermanos en lo mejor de la tierra, que vivan en la tierra de Goshen [la parte más rica y opulenta de Egipto] y si conoces algunos hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado” (Gen 47:6).

El secreto del éxito de José estaba en su linaje, Tres generaciones antes, su bisabuelo Abraham, vio a sus coterráneos de Ur de los caldeos, perder su estabilidad debido al creciente odio entre su pueblo. En toda la antigua Babilonia, la gente se volvía cada vez más centrada en sí misma y aislada. Esto se manifestó de forma más evidente en los esfuerzos por construir la ambiciosa Torre de Babel. El libro Pirkey de Rabí Eliezer describe cómo los constructores de la torre de Babel “empujaban los bloques [para construir la torre] desde el este, después descendían por el oeste. Si un hombre caía y moría, no le prestaban atención. Pero si un bloque caía se sentaban y se lamentaban, ‘ay de nosotros; ¿cuándo vendrá otro en su lugar?” Finalmente, el libro continúa, los babilonios “Querían hablar entre sí pero no conocían el idioma del otro ¿qué hicieron? Cada uno tomó su espada y pelearon entre sí a muerte. En realidad, la mitad del mundo fue masacrado y a partir de ahí se dispersaron por el mundo”.

Muy perturbado, Abraham reflexionó en la difícil situación de sus paisanos y cayó en cuenta que la intensificación del egoísmo no podía ser detenida. Para sobreponerse, sugirió a sus coterráneos incrementar la cohesión de su sociedad en sincronía con el crecimiento del ego. En Mishné Torá (capítulo 1), Maimónides describe como Abraham empezó a “dar respuestas a la gente de Ur de los caldeos”.

El éxito de Abraham atrajo la atención de Nimrod, rey de Babilonia, quien, según el Midrash (Bereshit Rabá 38:13), confrontó a Abraham e intentó probar que se equivocaba. Cuando el rey Nimrod fracasó, expulsó a Abraham de Babilonia. Mientras el expatriado deambulaba hacia la futura tierra de Israel, continuó hablando a los que se acercaban de su descubrimiento y acumulando seguidores y discípulos. De acuerdo al Mishné Torá de Maimónides (Reglas de idolatría, capítulo 1:3), “Miles y decenas de miles se reunieron alrededor de Abraham. Él plantó su precepto [de unidad como antídoto para el egoísmo] en su corazón, compuso libros acerca de esto y enseñó a su hijo Isaac. Isaac se sentó y enseñó e informó a Jacob y lo nombró maestro, él tenía un método bien establecido para lograr la estabilidad y prosperidad social a través de la unidad ante la alienación y egoísmo crecientes.  

Cómo las tablas se voltearon en nuestra contra

Como vimos, el faraón apoyó la unidad de los hebreos. Les dio la mejor tierra de Egipto y les dejó cultivar su modo de vida único -siempre mejorando la unidad- no sólo de forma ininterrumpida, sino con su pleno apoyo. Eventualmente, esa unidad única se convirtió en la esencia del judaísmo. Como el libro Yaarot Devashi (parte 2, Drush  2) nos dice, la palabra “Yehudi” (judío) viene de la palabra  “yihudi”, unido.

Los problemas comenzaron cuando José murió. En el libro Noam Elimelej  dice que el faraón “es llamado la inclinación malvada”. Faraón no es sólo egoísmo; es el epítome del egoísmo. Es amable contigo mientras lo sirvas. Cuando le dijo a José, “Yo soy el faraón, pero sin tu permiso nadie levantará mano ni pie en toda la tierra de Egipto”, quería decir que José gobernaría sobre Egipto porque el faraón sabía que la unidad paga. Sin unidad, no habría razón para hacer, a la familia de José, ningún favor especial.

Aun así, después de la muerte de José, los hebreos no conservaron su unidad. Querían ser como los egipcios: egoístas. Pero no eran conscientes de que al hacerlo, perderían el favor a ojos del faraón y se convertirían en lo que los judíos siempre han sido: parias. El Midrash Rabá (Éxodo, 1:8) escribe, “Cuando José murió dijeron, ‘seamos como los egipcios’. A causa de que lo hicieron, el Creador convirtió el amor que les tenían los egipcios en odio, como fue dicho (Ps 105), ‘Él cambió su corazón hacia odiar a Su pueblo, hacia abusar de Sus sirvientes’”.

El libro de la consciencia (capítulo 22) escribe de forma incluso más explícita que si los hebreos no hubieran abandonado su camino de unidad, no hubieran sufrido. Después de citar el Midrash añade, “El faraón observó a los hijos de Israel después de José y no reconoció a José en ellos”, es decir la tendencia a unirse. Y a causa de que “Nuevos rostros fueron hechos, el faraón declaró nuevos decretos sobre ellos. El libro concluye, “Verás, mi hijo, todos los peligros y todos los milagros y tragedias son todas desde ti, a caus de ti y a cuenta de ti”.

En otras palabras, el faraón se volvió contra nosotros porque habíamos abandonado nuestro camino, el camino de unidad por encima del odio y queríamos dejar de ser hebreos. En toda nuestra historia, las peores tragedias cayeron sobre nosotros cuando quisimos dejar de ser judíos y abandonar el camino de la unidad. Los griegos conquistaron la tierra de Israel porque queríamos ser como ellos y adorar al ego. Incluso peleamos por ellos, cuando los judíos helenizados pelearon contra los macabeos. Menos de dos siglos después, el Templo fue arruinado a causa del odio infundado. Fuimos deportados y exterminados en España cuando quisimos ser españoles y dejar nuestra unidad y fuimos exterminados en Europa por el país donde los judíos querían olvidarse de nuestra unidad y asimilarse. En 1929, Kurt Fleischer, líder de los liberales en la asamblea de la comunidad judía de Berlín, de forma precisa expresó nuestro ancestral problema: “El antisemitismo es el látigo que Dios nos envía para unirnos y soldarnos juntos”. Qué tragedia fue que los judíos de entonces no se unieron a pesar de la acertada observación de Fleischer.

Éxodo

Cuando Moisés llegó, supo que el único modo de salvar a los hebreos era sacarlos de Egipto, fuera del egoísmo que estaba destruyendo sus relaciones. El libro Keli Yakar (Éxodo 6:2), escribe acerca de Moisés: “El espíritu del Señor habló a la hija del faraón para llamarlo Moshe (Moisés) de la palabra “Moshej” (sacar) porque él es quien saca a Israel del exilio”. Es decir, como José antes de él, Moisés unió al pueblo alrededor de él y de esa manera los liberó de Egipto.

Aun así, incluso después de la salida, los hebreos estaban en peligro de caer otra vez en el egoísmo. Recibieron el “sello” de nación sólo cuando reprodujeron el método de Abraham, unirse por encima del odio. Una vez que se comprometieron a unirse “como un hombre con un corazón”, fueron declarados “nación”. Al pie del monte Sinaí, de la palabra “sinaa” (odio), los hebreos se unieron y así cubrieron su odio con amor.

Con su unidad, Moisés restableció el compromiso de los hebreos de unidad como antídoto para el egoísmo. Esta ha sido la esencia del judaísmo desde entonces o como Hillel lo puso en el Talmud: “Lo que odias no se lo hagas a tu prójimo; esta es toda la Torá” (Shabat, 31a). Al cubrir su egoísmo con amor y unidad, los judíos lograron sobreponerse a las incontables pruebas y tribulaciones que soportaron, desde el Éxodo hasta la ruina del segundo Templo. El rey Salomón de forma sucinta puso en palabras el principio del judaísmo con un corto verso en Proverbios (10:12): “El odio agita las disputas y el amor cubre todos los crímenes”.

El faraón y Moisés dentro de nosotros

Como dice en Haggadá, es buena idea tener en mente que el faraón, José, Moisés y todos los personajes son algo más que parte de nuestra historia ¡Se nos ordena recordar el éxodo de Egipto cada día, porque en realidad es parte de nosotros! Todos tenemos al faraón, la inclinación al mal, pero no tenemos suficientes Moisés y José, la fuerza de unidad. Somos arrogantes, nos sentimos privilegiados y somos egoístas al punto del narcisismo. Hemos perdido nuestra identidad de judíos, nuestra tendencia a unirnos.

En consecuencia, tal como los egipcios se volvieron en contra de los hebreos cuando abandonaron el camino de José, el mundo se está volviendo en nuestra contra a causa de nuestra desunión. No encontraremos soluciones al antisemitismo al suprimir las diatribas antisemitas. Esto no arrancará el odio. Como El libro de la conciencia escribe en la cita antes mencionada, “Verás, hijo mío, todos los peligros, milagros y tragedias vienen de ti, a causa de ti y a cuenta de ti”. Nuestra desunión crea, alimenta y enardece la flama del antisemitismo.

Cuando Abraham encontró el camino para sobreponerse al egoísmo, quería compartirlo con todos. Así mismo, tan pronto como los hebreos se convirtieron en nación, se les dio la misión de ser “luz para las naciones”. Puesto de forma diferente, se les ordenó llevar la unidad al mundo y completar lo que Abraham había comenzado. Pero para lograrlo, debemos primero salir de nuestro Egipto interno -el gobierno del faraón dentro de nosotros- y elegir el camino de José y Moisés, el camino de la unidad. Moisés sabía lo que Abraham había querido e intentó hacer lo mismo. Ramjal escribió en su comentario de la Torá que “Moisés deseaba completar la corrección del mundo en ese momento. Sin embargo, no tuvo éxito a causa de la corrupción que ocurrió en el camino”. Así, al final, ser judío significa seguir el camino de Abraham y Moisés -el camino de unidad, responsabilidad mutua y hermandad. Cuando buscamos unidad, somos judíos. Cuando buscamos otras metas, no lo somos.

El festival de la libertad

Pesaj es el festival de la libertad. No podemos ser libres mientras seamos esclavos de nuestro ego. Liberarse del faraón significa libertad de la inclinación al mal: del deseo de dañar, de ser condescendientes y de oprimir a otros. Estamos lejos de lograrlo. Mientras permanezcamos de esta manera, no podemos esperar que el antisemitismo disminuya. Al contrario, sólo crecerá porque, como dije antes, nuestro egoísmo lo crea, lo alimenta y lo enardece.

Si queremos celebrar un Seder adecuado, debemos poner nuestras prioridades en el orden correcto: nuestra unidad viene primero y lo demás le sigue. Podemos no estar de acuerdo en política, asuntos LGTB, Israel o asuntos de familia. Pero si no nos unimos por encima de nuestros desacuerdos, estamos equivocados sin importar nuestra posición. Así como una madre ama a sus hijos sin importar sus rasgos, creencias y acciones, debemos encontrar la manera de, al menos comenzar a acercarnos. Este será el comienzo de nuestra liberación del faraón interno.

Este año, mientras discutimos la historia de nuestros ancestros, pensemos también en los ancestros en nuestro interior, la fuerzas de egoísmo o conexión y hermandad, a cuáles alimentamos y a cuáles debemos alimentar.

Nos deseo para todos un Pesaj feliz y kosher (libre de odio).
[205156]

Haaretz: “Conexión: algo nuevo en el menú Seder”

En mi columna regular en Haaretz, mi nuevo artículo: “Conexión: algo nuevo en el menú Seder

Este año, mientras nos sentamos a la mesa durante Seder y hablamos de libertad, hablemos de liberarnos del odio

Mientras más avanza el 2017, más caótico aparece el mundo. Hoy, en lo único que la mayoría de la gente puede estar de acuerdo es que el tren de la sociedad humana está a la deriva y que el asiento del conductor está vacío.

Donald Trump está luchando para poner en marcha su administración contra los leales al anterior gobierno, en los medios y en el sistema judicial. Incluso en su propio partido, Trump está luchando contra las críticas que suenan como si vinieran directamente de un discurso de Bernie Sanders. En Europa, el Reino Unido ha iniciado el proceso Brexit, nadie está seguro de los resultados de la ruptura ni tampoco hay seguridad de la dirección deseada para la UE.

Poniendo la mesa de Seder de Pesaj

Hoy, la mayoría de los líderes y los eurodiputados de la Unión Europea están de acuerdo en que el bloque perdió el camino. ‘Necesitamos una nueva dirección para Europa, pues va hacia un fuerte problema social’, dijo Rosa D’Amato. ‘Hay, una UE de bancos, grandes empresas y lobbies y otra de ciudadanos; que perdieron su trabajo y no tienen derechos’.

Parece que la tendencia principal en la arena política es ‘cada país para sí mismo’. Brexit está en marcha, la política de Trump es ‘América primero’, Marine Le Pen en Francia y AfD en Alemania ganan apoyo y la mayoría de los suecos están con Swexit. Sin embargo, si la UE se desmorona y cada país debe defenderse por sí mismo, ¿quién será el adulto responsable que calme las cosas cuando surjan conflictos? En tal estado, la distancia entre una disputa relativamente menor y una guerra total podría ser cuestión de días.

La naturaleza VS la naturaleza humana

Dennis Gabor, premio Nobel de física escribió en 1964: ‘Hasta ahora el hombre se ha enfrentado a la naturaleza; de ahora en adelante estará en contra de su propia naturaleza’. De hecho, durante varias décadas, tecnológicamente hemos podido cubrir las necesidades básicas de cada ser humano. Si hubiéramos querido podríamos haber dado a todos comida y agua fresca, salud adecuado, electricidad, comunicación y educación.

El problema es que no deseamos hacerlo. Nuestro odio mutuo está causando que la era de la historia de la humanidad más avanzada tecnológicamente, produzca el hambre más generalizada desde la Segunda Guerra Mundial, que en sí misma fue la manifestación más satánica del odio humano.

Todo lo que nos rodea, incluido nuestro propio cuerpo, es el resultado de fuerzas, órganos y vectores diferentes, a menudo en conflicto, que se complementan para crear el universo en el que vivimos y del que formamos parte. Cada pieza de la red que es nuestro mundo, aporta su parte a la estabilidad y prosperidad del sistema. Por otra parte, mientras más arriba de la cadena evolutiva estemos, el sistema de interconexión e interdependencia que encontramos es más complejo, requiere un mayor nivel de comunicación y conexión entre las partes.

Sin embargo, los seres humanos somos totalmente opuestos a la naturaleza. Nos esforzamos por apartarnos de todo, como si no dependiéramos del mundo que nos rodea. En cada nivel de la existencia humana, nos esforzamos por crear ‘Brexits. Incluso nuestra salud se ve afectada por nuestra mutua aversión. En una entrevista para el Canal 2 de Israel, Thomas Friedman, del New York Times, dijo que le preguntó al cirujano general Vivek Murthy: ‘¿Cuál es la enfermedad más frecuente en EUA, cáncer, diabetes o enfermedades del corazón? Contestó: Ninguna de esas; ¡es aislamiento!’

Resulta que nuestra alienación, causa crisis personales, sociales y globales, pues va en contra de la conexión de la naturaleza con la realidad. De hecho, esa tensión entre nuestro alienación y narcisismo contra la conexión de la realidad es tan intensa que, con toda probabilidad, se debería haber roto ya. Vemos que la ola mundial de terrorismo es una tragedia, pero a pesar de sus consecuencias trágicas, el terrorismo es una manera de desahogar el odio étnico y religioso de forma menos perjudicial que una guerra. Sin embargo, este tipo de ‘válvula de alivio’ es insoportable y, a menos que nos activemos para descomprimir esta bomba de tiempo, explotará en una guerra total.

Mientras más nos desarrollamos, nos volvemos más interdependientes y conectados. Irónicamente, nuestro narcisismo está conduciendo la globalización aún más rápido, porque nos hace querer explotar a cada uno en beneficio propio y por lo tanto, nos obliga a conectar con otros aún más vigorosamente que antes, para usarlos. Sin embargo, puesto que nuestro narcisismo también crece, nuestra conexión forzada se vuelve tan dolorosa que nos hace perder la capacidad de conectarnos correctamente. O evitamos la conexión por suicidio o abuso de sustancias o lo atacamos siendo abusivo, agresivo y a veces, incluso homicida.

Los Brexits que hierven en el mundo son ajustes necesarios para aliviar la presión de nuestra conexión forzada. Romano Prodi, ex primer ministro italiano, dijo correctamente que ‘la UE no tiene estrategias y no hay líder a seguir. La Europa con la que soñé está muerta’. También tiene razón al decir: ‘Quien dirige una coalición política y un grupo de países debe considerar los intereses de todos los miembros’. Dado que esta consideración claramente no es la situación en la UE, Debe ser demolida antes de que explotemos.

Responsabilidad mutua

A pesar de la necesidad de una separación temporal, al final tendremos que unirnos al curso de la naturaleza y conectarnos. La conexión adecuada será el siguiente gran desafío de la humanidad. Nuestra ‘última frontera’ no es el espacio, como se pensó en los años sesenta. Nuestra última frontera es nuestra relación con la gente con la que vivimos. La conexiones con la gente que nos rodea y la conexión entre sociedades y países determinarán el destino de la humanidad.

El primer paso hacia la construcción de una sociedad sostenible es entender que nos guste o no, hay responsabilidad mutua entre nosotros. En la década de 1930, el más importante comentarista de El libro del Zohar, Rav Yehuda Ashlag, escribió el ensayo Paz en el mundo, donde observó que somos interdependientes. En sus palabras: ‘Ya no podemos hablar ni tratar sólo con conductas que garanticen el bienestar de un país o una nación, sino del bienestar del mundo entero porque el beneficio o daño de cada persona en el mundo depende y se mide por el beneficio de todos’. Lo que fue verdad en la década de 1930, lo es mucho más hoy, pero aún no llegamos a un acuerdo con el hecho de que la dependencia mutua implica responsabilidad mutua.

De hecho, el fundamento del judaísmo es educar a la gente hacia la conexión. Ahora que nos acercamos a Pesaj, es un buen momento para recordarnos que fuimos declarados nación, hasta después de que acordamos unirnos ‘como un hombre con un corazón’.

A lo largo de los años que nos integramos como nación, nos esforzamos por mejorar nuestra conexión por encima del odio que estalló entre nosotros. Convertimos la conexión por encima del odio, en una ideología que ha sobrevivido a través de las generaciones. El rey Salomón dijo: ‘El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes’ (Proverbios 10:12). También, el libro Likutey Etzot (Consejos varios) dice: ‘La esencia de la paz es conectar dos opuestos. Por lo tanto, no se alarmen si ven a una persona cuya opinión es completamente opuesta a la suya y piensen que nunca podrán hacer la paz con ella. Además, cuando veas dos personas completamente opuestas entre sí, no digas que es imposible hacer la paz entre ellas. Por el contrario, la esencia de la paz es tratar de hacer la paz entre contrarios’. El libro Cartas del Raiah declara; ‘La gran regla en la guerra de opiniones, cuando cada una contradice a otra, es que no debemos contradecir, sino construir por encima y ascender’. Finalmente, el pasado año, Andrés Spokoiny, presidente y director general de Jewish Funders Network dijo: ‘El respeto y el desacuerdo han sido históricamente parte importante de lo que somos. Somos un pueblo que cree que el desacuerdo es una forma de refinar nuestra brújula moral. Somos la gente que enseñó al mundo a abrazar la diversidad y a celebrar la diferencia’.

A la vanguardia de la conexión

Recientemente, como señaló también el Spokoiny, en su discurso, hemos visto ‘una polarización sin precedentes y fealdad en la comunidad judía. Aquellos que piensan diferente son considerados enemigos o traidores y los que no están de acuerdo con nosotros son demonizados’.

Una vez que entendamos que nuestro problema es nuestra separación y odio mutuo, debemos esforzarnos hacia lo contrario. Cuando los judíos se unieron al pie del monte. Sinai, inmediatamente se nos encargó dar ejemplo de unidad para que el mundo también pudiera unirse. En otras palabras, se nos ordenó ser ‘luz para las naciones’. No sabíamos cómo, pero estábamos dispuestos a intentarlo. Esto es todo lo que hoy se requiere de nosotros.

Del mismo modo, en el ensayo que mencioné antes,  Paz en el mundo, Rav Ashlag escribe que no sabremos cómo conectarnos hasta que lo intentemos. En sus palabras: Esa es la conducta del desarrollo en la naturaleza; el acto llega antes que el entendimiento y sólo las acciones probarán y empujarán a la humanidad hacia delante’.

Nosotros, los judíos, estamos a la vanguardia de ciencia, tecnología y finanzas. Sin embargo, lo que el mundo necesita es que estemos a la vanguardia de la conexión. Como dijo Spokoiny, ‘El colapso de la civilidad no es sólo problema judío. Nosotros como judíos somos como todos los demás, sólo un poco más’. Sin embargo, sólo de nosotros como judíos se espera que seamos modelo de unidad y civilidad y no ejemplo de lo contrario. La gravedad con que la ONU juzga a Israel en comparación con los demás países del mundo combinados, no es sólo expresión de antisemitismo. Debajo del odio está la esperanza de que los judíos sean ‘luz para las naciones’, es decir, conducir al mundo en la dirección opuesta, del odio al amor. Cuando esa expectativa se encuentra con la dura realidad de nuestra separación, se traduce en ira hacia nosotros, que luego se convierte en odio. Lo llamamos antisemitismo. Lo importante no es si somos globalizadores izquierdistas, aislacionistas o conservadores de línea dura. Sino, su combustible es cómo tratamos a nuestros correligionarios, independientemente de sus opiniones políticas o económicas.

Debemos aprovechar todas las oportunidades de que disponemos para intentar invertir la tendencia hacia el aislamiento. La próxima semana, cuando nos sentemos en la mesa durante Seder y hablemos de libertad, discutamos de la liberación del odio. Pensemos realmente en lo que significa ser ‘luz para las naciones’ y del porqué del antisemitismo. Si lo hacemos, nuestra noche de Pascua puede muy bien ser ¡la más importante y memorable!

El pasado mes, el presidente de la UE, Antonio Tajani, declaró ante el Parlamento de la UE: ‘Hoy más que nunca necesitamos demostrar que estos retos sólo pueden superarse si estamos unidos”. Todos entienden que la unidad es imperativa, pero sólo nuestra nación tiene la clave oculta para hacer que el amor cubrir todos los crímenes, como dijo el rey Salomón. Si ‘el acto llega antes que el entendimiento’, como escribió Ashlag, entonces actuemos sobre la unidad y veamos lo que produce. Pase lo que pase, si aspiramos a la unidad, no podemos equivocarnos.
[205133]

JPost: “Éxodo – el secreto de nuestra nación”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “Éxodo – el secreto de nuestra nación

Este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo; esforcémonos por conectar con otros, de corazón.

Platillo Seder de PESAJ – este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo

Cada Pesaj, centramos nuestra atención en la lucha histórica entre Moisés, el faraón y la esclavitud de los hebreos. Sin embargo, la historia de nuestro pueblo en Egipto es más que una memoria colectiva; es una representación exacta de nuestra situación actual.

El Éxodo es la culminación de un proceso que realmente, comenzó cuando un erudito de Babilonia, llamado Abraham, descubrió la razón de los problemas de la humanidad y trató de comunicarla al mundo. Mishneh Torá de Maimonides narra que Abraham era un joven inquieto cuyo padre, Terá, poseía una tienda de ídolos en el centro de Ur, una bulliciosa ciudad en la antigua Babilonia.

La venta de ídolos y amuletos era un buen negocio, pero Abraham estaba disgustado. Se dio cuenta de que sus paisanos eran cada vez más infelices. Noche tras noche, Abraham reflexionó sobre el enigma de las tribulaciones de los babilonios, hasta que descubrió una verdad profunda: los humanos carecen de bondad. Según el libro Pirkei de Rabí Eliezer (capítulo 24), Abraham observó a los constructores de la Torre de Babilonia y los vio pelear. Trató de persuadirlos para que dejaran de luchar y cooperaran, pero se burlaban de él. Eventualmente, lucharon entre sí hasta la muerte y la torre nunca fue terminada.

El desesperado Abraham empezó a decirle a sus paisanos que dejaran de lado sus egos y odios y se centraran en la conexión y la hermandad. Sugirió que se elevarían por encima de su odioso ego y se unirían.

Abraham comenzó a reunir seguidores, hasta que a Nimrod, rey de Babilonia, le enojó la creciente popularidad de Abraham y lo expulsó de Babilonia, a él y a su séquito.

En el camino hacia lo que sería la Tierra de Israel, Abraham y su esposa Sara, hablaron a todo el que quiso escuchar. Después de algún tiempo, la compañía de Abraham contó con decenas de miles de discípulos y seguidores.

Maimónides escribe que Abraham adoctrinó a su hijo Isaac, en la idea de conexión por encima del odio, Isaac le enseñó a Jacob el mismo principio y después de unas generaciones, se creó una asamblea única. Aún no era una nación, pero tenía una forma única de unidad.

Su ‘adhesivo’ fue la idea de que el odio sólo puede triunfar al profundizar la unidad y el amor mutuo.

El pueblo de Abraham no tenía ninguna afinidad biológica, sin embargo, su solidaridad se hacía más fuerte cada día, gracias a sus esfuerzos por unirse.

El éxodo de Egipto fue la etapa para forjar la nación israelí. Cuando salieron de Egipto, fueron ante el Monte Sinaí, cuyo nombre deriva de la palabra hebrea Siná (odio). Moisés, que unió a los israelitas en Egipto, escaló la montaña a su regreso trajo la Torá, el código de unidad, mientras el pueblo de Israel se preparaba para recibirla, comprometiéndose a unirse ‘como un hombre con un corazón’. Con este compromiso, pasó la prueba. Se les declaró no sólo nación, sino que se les dio el encargo de ser ‘luz para las naciones’.

La formación de la nación israelí parece narrar la improbable alianza de una nación de extraños.

Sin embargo, en realidad, esta historia representa la batalla que todos enfrentamos entre nuestro odio innato a los demás y la necesidad de conexión.

El faraón, la inclinación al mal, convirtió nuestro mundo del siglo 21 en un Egipto contemporáneo, donde el egoísmo es el rey y el narcisismo, la tendencia. Nuestro mundo contaminado y golpeado por guerras, una sociedad polarizada, depresión ubicua y tendencias enfermizas, como transmisiones en Facebook, en directo de suicidios, esto indica que el faraón es el rey del planeta y este mundo es Egipto.

Tenemos a nuestro faraón interno y también tenemos a nuestro Moisés interno, pero no puede tener éxito solo. Si no destinamos toda nuestra fuerza y deseo hacia la conexión, permaneceremos en Egipto, esclavos de nuestro ego y el mundo seguirá de mal en peor.

Actualmente estamos tan divididos que si tuviéramos que volver a comprometernos a ser ‘como un hombre con un corazón’ y, por lo tanto, a convertirnos en una nación, unánimemente declinaríamos. Somos esclavos voluntariosos de nuestro ego. El libro Yaarot Devash dice que la palabra ‘judío’ (Yehudi) viene de la palabra ‘unidad’ (Yihudi).

Mientras permanezcamos separados, no somos judíos, así como no fuimos judíos antes de unirnos y acordar esforzarnos por amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos.

Este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo; esforcémonos por conectar con otros, de corazón. En tiempos difíciles como el nuestro, nuestra unidad es vital. Restaurará nuestra individualidad y nos hará “una luz para las naciones”, ejemplo de solidaridad y cohesión y, nos liberará del azote del narcisismo y todos nuestros males sociales.

Pesaj feliz y kosher, queridos hijos de Israel.
[204969]