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¿Cuáles son las plegarias que llegan hasta el Creador?

Pregunta: Rabash escribe que el Creador “escucha la plegaria de toda boca”. Pero usted dice que la plegaria debe ser interna. ¿Entonces, cuál es la plegaria que Él escucha?

Respuesta: Una plegaria es un deseo que llega verdaderamente al Creador. Existen sólo dos fuerzas en el mundo: las fuerzas de recepción (de atracción) y las de otorgamiento (de rechazo). Y existe una ley de la equivalencia de la forma: en el grado de su semejanza, las fuerzas, (los objetos) se acercan; y en la medida de su diferencia, se separan.

Puesto que el Creador es un deseo absoluto de otorgar, Él “espera” de nosotros la equivalencia con Él: que el deseo de recibir desee volverse similar a Él y también se convierta en la fuerza del otorgamiento. Para asegurarse de esto, Él colocó Su chispa, “el punto en el corazón”, el punto inicial de otorgamiento dentro del deseo de recibir, nuestra naturaleza. Y debemos cultivarlo.

El Creador responde sólo a esta plegaria. Todos las otras plegarias no llegan hasta Él. El Creador escucha la plegaria colectiva pidiendo la fuerza del otorgamiento. El Creador es la ley del otorgamiento, así es que no él reacciona a ninguna súplica que no sea para lograr el otorgamiento. Y si no lo pedimos, él nos envía mayores sufrimientos para que nos podamos dar cuenta lo que debemos pedir.

(21407 – De la lección sobre un artículo del 17 de septiembre 2010.)

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Pregunta: ¿Cómo aprende una persona a elevar una plegaria (hacer una petición al Creador) correctamente?

Respuesta: Todo el trabajo de una persona tiene que apuntar a saber cómo responder correctamente al Creador cuando la Luz Superior lo afecta.

Yo estoy separado del Creador por cinco fases (cinco mundos) de la emanación de la Luz (0-1-2-3-4) y comienzo a recibir impresiones de ella en la última, cuarta fase, en donde puedo comprender “cómo y qué”. Pero, si no he llegado a la cuarta fase, aún no entiendo que mi despertar proviene del Creador y no tengo reciprocidad con una petición.

A pesar de que nuestro punto en el corazón (un deseo por alcanzar algo más grande, espiritual) se haya despertado, aún no entendemos hacia dónde nos dirigimos, lo que tenemos qué hacer y Quién está llamándonos. Sencillamente empezamos a buscar el propósito y la causa de nuestra vida.

En otras palabras, lo que realmente se despierta es una pregunta acerca del Creador, pero la persona aún no toma consciencia. Cuando empieza a estudiar la ciencia de la Cabalá empieza a ver más claramente sobre qué o más bien sobre Quién está preguntando. La persona descubre que hay Alguien que lo despierta y que quiere que la persona misma le responda a Él.

Solamente hay dos: el Creador y la criatura. El mundo tal como lo vemos, parece ser de una cierta forma para ayudarnos a proyectarnos de regreso al Creador. Está escrito, “Todo el mundo fue creado para ayudarme, y yo fui creado para servir al Creador”. El teatro que se encuentra frente a nuestros ojos, que llamamos “nuestro mundo”, fue creado para ayudarnos a enfocar nuestra percepción y reacción para hallar al Director de todo el espectáculo.

A la larga, cuando en medio de toda esta confusión y desconcierto, nos enfocamos en Él, descubrimos la dirección correcta y aprendemos cómo comunicarnos correctamente con Él. Descubrimos que nuestra petición debe ser (su fuerza, concentración y contenido) para que merezca una respuesta. Por lo tanto, no debemos descuidar el mundo, particularmente el entorno inmediato, los estudios y los amigos en el grupo. Debemos emplear cada momento de nuestras vidas para discernir mejor la punta de la raíz desde donde llega el llamado del Creador y a través de este “portal” enviar una respuesta de regreso.

Si soy capaz de organizar mi plegaria (la petición al Creador) correctamente, desde abajo hacia arriba, entenderé que todo tiene su propósito en el mundo sin el cual no podría establecer contacto con el Creador.

(De la primera parte de la lección diaria de Cabalá del 28 de Julio 2010, ¿Quién es Aquel que origina la plegaria?)

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La plegaria del corazón

vdochnovenie_100_wpEl Zóhar, capítulo Shemot, punto 368: Cuando el Rabí Elazar estaba sentado ayunando, estaba rezando y decía, “Está revelado y es conocido de Ti, Señor mi Dios, y el Dios de mis padres, que he sacrificado mi grasa y mi sangre para Ti, y los he hervido con el calor y la debilidad de mi cuerpo…”

Hay una gran diferencia entre estar leyendo estas palabras del libro de las oraciones al que, dentro de mí, suceda algo y explote en una aspiración hacia el Creador, expresándose en palabras.

Tales sensaciones se crearon dentro de mí y se convirtieron en palabras y frases. Incluso, puede que no conozca este idioma… No sé cómo ocurre, pero el resultado de mis esfuerzos hace que iguale mis deseos con la Luz y los una a ella.

La Luz y los deseos producen esta reacción en el alma: se perciben en mi cerebro, éste transmite la indicación a los órganos de articulación y yo los pronuncio, pero ¡no sé de dónde han surgido estas palabras en mí!

Tal debe ser la verdadera plegaria, cuando todo procede de dentro, de la unión de las luces con los Kelim, de las mismas bases profundas de la creación. Se crea, gradualmente, el llenado del deseo con la Luz —toda TaNTA (el Kli completo: Taamim, Nekudot, Taguin, Otiot)— hasta que ellos llegan a la expresión, gracias al aparato de articulación.

Está claro que Rabí Elazar pronunciaba esta plegaria no según el libro de las oraciones, sino encontrándose en este estado de conexión con el Creador.

Antes de la destrucción del Segundo Templo, el pueblo de Israel estaba en conexión con el Creador, es decir, en las cualidades de otorgamiento y amor. Su plegaria era la sensación en su corazón (en su deseo). Está escrito de esta manera: “¿Qué es una plegaria? Es el trabajo en el corazón”.

Pero los Sabios de la Gran Asamblea (Anshei Kneset HaGdola), sabiendo que pronto se acercaría una caída en el egoísmo la ocultación del Creador en cada uno crearon para nosotros el libro de las oraciones. Este libro narra sobre los estados, cuales debe pasar el hombre.

Lo llamaron Sidur y nos muestra el orden de los estados espirituales que debemos pasar en nuestro corazón, es decir, en nuestro deseo.

Pero, como no podemos hacer esto durante nuestro exilio, debido a la ausencia de la conexión con la Luz (con el Creador) por estar la Fuerza Superior oculta debemos leer mecánicamente las palabras del libro de las oraciones. De algún modo, intentamos imaginar qué pueden significar dichas palabras en lo espiritual…

Sólo la Luz, durante los estudios de la Cabalá, provocará en nosotros sensaciones, pensamientos, sentimientos, palabras y frases de nuestra plegaria, como resultado del trabajo de nuestro corazón y no del aparato de articulación.

(Extracto de la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 22 de abril 2010)

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De las lecciones del Libro del Zohar, 22/04/2010

Utilizar el mundo como un medio para avanzar

La inducción espiritual

sidur_rashash_100_wpBaal HaSulam, en el libro Beit Shaar HaKavanot (La base de las intenciones), explica que la intención depende de los deseos que no tienen una pantalla (Kelim de Igulim).

Es decir, depende de cuánto seamos capaces de entender que estamos bajo el poder de estos deseos y de cuánto queramos construir, a partir de ellos, unos deseos con una pantalla (Kelim de Yosher).

La pantalla (una fuerza anti egoísta) aparecerá sólo si quiero construirla y comprender en qué parte de mis deseos está “la cabeza” y dónde están “los pies”, qué es para mí más importante y qué menos.

Si quiero trabajar en “la línea recta”, con la pantalla, entró en colisión con los deseos “De Igulim”.

Entre nosotros surge una tensión porque queremos establecer una nueva escala de valores, no según los “Igulim”, sino según el “Yosher”, la pantalla anti egoísta. Entonces los Igulim empiezan a influir sobre mí y a empujarme de tal manera que, como resultado, me ayudan a llegar allí donde debo llegar.

Si quiero moverme, necesito una pantalla. Y si quiero recibir una pantalla, me muevo justo por cuenta de los deseos “De Igulim”, que actúan sin pantalla. Entonces resulta que introduzco mi “línea” en el campo de los Kelim De Igulim, como si moviera un trozo de cable en el campo magnético. A través de él, empieza a pasar la corriente eléctrica, la Luz, según las leyes de la “inducción” espiritual.

Si quiero que todos mis deseos sean orientados en la misma dirección (al Creador), con esto construyo mi “línea” (el deseo con la pantalla) dentro de los “Igulim”. Esto se llama intención o plegaria. Baal HaSulam escribió el libro Beit Shaar HaKavanot (La base de las intenciones) como el prefacio al libro de oraciones cabalísticas, el cual quería escribir después.

La pagina del libro de oraciones de Rashash:

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(Extracto de la lección sobre el libro Beit Shaar HaKavanot, correspondiente al 17 de marzo 2010)

Concebir los misterios del Creador

laitman_2007-03_ba-iam_045_wpEl Zóhar, capítulo Cantar de los Cantares, punto 482: La sabiduría que uno debe conocer: Conocer y observar el secreto de su Amo, de conocerse a sí mismo, saber quién es, cómo ha sido creado, de dónde viene y hacia dónde va, cómo se corrige el cuerpo, y cómo el hombre será juzgado por el Rey de Todos.

Pensamos que esto son sólo unas lindas palabras: “¿De dónde has venido y a dónde vas?”, “¿Ante qué juicio comparecerás en el futuro?” Pero lo más importante es “concebir los misterios de su Señor”. Precisamente esto es lo que debemos lograr.

El Creador desea que revelemos todo Su trabajo, toda Su creación, toda la realidad creada por Él; las causas de Su creación, el pensamiento de la creación, cómo realizarlo y qué meta debe alcanzar ella.

Conocer todo esto es posible sólo a condición de que lo percibamos. Nos vistamos con toda la creación y con todos sus estados (los pasemos todos). Sólo entonces, incorporándonos a través de la acción en toda la creación, la percibiremos sobre nosotros mismos y en nuestros deseos (Kelim). De esta percepción, lograremos todo lo que piden de nosotros.

Es posible lograr esto sólo a condición de que corrijamos nuestros deseos. Estos deseos nos son dados desde arriba y la corrección se hace por la Luz Superior.  Pero, la Luz aparece sólo conforme a nuestra disposición, nuestros esfuerzos, nuestro deseo, para que esto ocurra, para que ésta llegue y nos corrija.

Esto se llama el ascenso de MAN. El hombre debe intentar lograr el estado en el que desee que la Luz realice sobre él esta corrección.


(Extracto de la preparación para la lección sobre el libro del Zóhar, correspondiente al 17 de marzo 2010)