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Jewish Business News: “La falla fundamental detrás del ataque cibernético”

En mi columna regular en Jewish Business News, mi nuevo artículo: “La falla fundamental detrás del ataque cibernético

La mejor manera de asegurar el ciberespacio no tiene nada que ver con la tecnología informática y todo que ver con la naturaleza humana.

El ataque cibernético masivo al que el mundo ha estado sometido por varios días, es un llamado serio para que despertemos. Aún no es claro, cuántas instalaciones y personas han sido afectadas ni en qué medida, pero es claro que es el ataque ransomware más extendido en la historia.

En su mayor parte, el rescate de 300 dólares que se les pidió pagar a los afectados fue más simbólico que un daño financiero real. Pero, el alcance y la velocidad de la propagación debería enseñarnos varias cosas: 1) ninguna agencia es a prueba de hackers, ni siquiera la National Security Agency  (NSA), cuyo software robado, WannaCry, se utilizó para este ransomware; 2) hoy, para infligir un daño generalizado sólo se requiere un obsesivo en computación con mucha mala voluntad 3) no hay forma de protegerse totalmente de estos ataques.

Capacidad incomprensible para dañar

Considera este escenario: un hacker terrorista, simultáneamente infiltra el sistema informático de varios grandes hospitales en Irán e instala un software malicioso. Este cambia las prescripciones de medicamentos a miles de pacientes, causando envenenamiento masivo que mata a cientos de pacientes. Este software es programado de tal modo que señala a Israel como el perpetrador. Que Irán tome represalias es una suposición general, pero el riesgo de iniciar una guerra total es evidente.

Otro escenario: un pirata informático entra en el sistema de navegación de un avión de pasajeros, lo hace chocar contra una zona residencial popular. Con la capacidad actual de hacerlo, un escenario tipo 9/11 no requeriría que secuestradores. Sólo con secuestrar el sistema en el aire causarían el mismo daño, sin arriesgarse.

Esta piratería también puede golpearnos a nivel personal. Imagina que una mañana despiertas y encuentras que tu cuenta bancaria con todos sus ahorros, está vacía, al parecer por un movimiento bancario lícito. Cuando llamas al banco, te dicen que tú hiciste la transacción: está registrado en su sistema.

Descarrilar trenes, interferir en el sistema de refrigeración de reactores nucleares, semáforos en verde al mismo tiempo, cambio de medicinas y dosis en hospitales, registros de decisiones gubernamentales eliminadas o modificadas… En una época en la que todo está controlado por redes informáticas, todo puede ser pirateado y saboteado. Debemos saber que: no existe ningún virus informático es prueba de hackers.

Las máquinas nos controlan, pero narcisistas desquiciados las controlan

La globalización y el internet ofrecen oportunidades infinitas para ser feliz. Piense en todas la gente que puedes conocer en Facebook, todos los lugares y cosas que puedes ver en Instagram y en todos los productos que puedes comprar con grandes descuentos en eBay. Además, actualmente no hay necesidad de ir a la tienda cuando, literalmente puedes comprarlo todo en línea.

Pero en lugar de disfrutar utilizando estas posibilidades placenteras, estos avances solo incrementan nuestra soledad y dolor. Las redes sociales se han convertido en sustituto de amistad verdadera y la gente las utiliza para transmitir los actos más repugnantes entre seres humanos. Según CNN, Facebook planea contratar a miles de personas para que ayuden a revisar las publicaciones de los usuarios, después de numerosos casos de personas que han compartido vídeos de suicidio y asesinato. El software WannaCry ha demostrado que en lugar de beneficiarnos de nuestra interconexión, tenemos miedo de ella.

Hemos dado el control a las máquinas virtuales, pero esas máquinas están bajo el control de narcisistas desquiciados y las usan para manipular y explotar. La esfera virtual no sólo refleja nuestra naturaleza inhumana y cruel, además la acentúa porque el relativo anonimato del ámbito virtual nos permite mostrar nuestro verdadero corazón despiadado. Si algo bueno podemos sacar de ese mundo en línea que hemos desarrollado, es reconocer el mal: reconocer que nuestra naturaleza es malvada hasta la médula y si no la domamos, no tendremos ni paz exterior ni paz interior.

Un software anti ego

Hay un modo de domar al ego, siempre que estemos dispuestos a abrir nuestra mente y corazón. Tiene miles de años y nos llega directamente desde la cuna de la civilización. El precursor del método es Abraham, padre de Isaac, Ismael y, también, padre de las religiones abrahámicas, judaísmo, cristianismo e islam.

En los días de Abraham, su localidad, Ur de los Caldeos, una bulliciosa ciudad del imperio babilónico, lidiaba con un problema similar al nuestro: ego excesivo que destruía el orden social. Algunas fuentes, como Pirkey de Rabí Eliezer (capítulos de Rabí Eliezer), detalla el alcance de la enemistad entre los antiguos babilonios. El libro dice que, en algún momento, los constructores de la Torre de Babel llegaron a sentir tanto odio entre ellos, que convirtieron sus arados en espadas, de sus hoces hicieron lanzas y se mataron unos a otros. Naturalmente, la construcción de la torre nunca se terminó.

Cuando Abraham vio el odio en su pueblo, reflexionó día y noche, escribe Maimónides en Mishná Torá (capítulo 1). Maimónides dice también que Abraham descubrió que solo hay una fuerza uniforme en el mundo y que siempre se manifiesta en opuestos: frío y calor, expansión y contracción, dar y recibir, vida y muerte, etc.

Además, Abraham descubrió que en la naturaleza todo es armonía y equilibrio porque los opuestos se manifiestan por igual. Sin embargo, en humanos, las manifestaciones negativas tienen tal dominio en la sociedad, que lo positivo apenas se nota. Por eso la Torá escribe: “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21).

Además, el sabio de Babilonia se dio cuenta de que suprimir el ego a la fuerza, es inútil. Su padre, Terá, no era un hombre común. El Midrash (Bereshit Rabá) nos dice que Terá era sumo sacerdote en el imperio babilonio, que construía y vendía iconos y conocía a Nimrod, rey de Babilonia. Abraham, creció junto a él y lo ayudaba en la tienda, conoció la manera en que los babilonios resolvían sus problemas y se dio cuenta de su futilidad.

Por lo tanto, en lugar de luchar frontalmente contra el ego, Abraham sugirió algo radicalmente diferente, tanto que incluso hoy, es un enfoque novedoso. Él dijo: “Si no puedes suprimir tu odio, úsalo como herramienta para agrandar tu amor por los demás y así, cubrirás tu odio con amor”. Varias generaciones más tarde, el rey Salomón culminó el método de Abraham con su adagio: “El odio agita la contienda y el amor cubre todas las transgresiones” (Proverbios 10:12).

Cómo el odio acrecienta el amor (si se usa correctamente)

La idea de Abraham fue revolucionaria y su implementación muy sencilla: cada vez que el ego aumenta y crece el odio entre la gente, usa esta enemistad como señal de que es el momento de aumentar la unidad. Cuando no hay odio, la gente se centra en sus asuntos y no tiene necesidad de unirse. Se llevan bien pero básicamente, son indiferentes a los demás. Pero cuando el odio se manifiesta entre ellos, pueden separarse o fortalecer su unidad y hermandad para igualar el odio creciente. El resultado de este trabajo en unidad, es que la fraternidad entre todos, aumenta en forma proporcional al incremento del odio.

Piénsalo así: si construyes una casa donde apenas hay viento, no es necesario hacer las paredes tan fuertes. Pero si la construyes en un área propensa a huracanes y grandes tormentas, debes construirla con más solidez, para poder resistir el clima. En consecuencia, la casa será mucho más maciza.

Abraham se dio cuenta de que el odio que iba en aumento, era la oportunidad para restablecer el equilibrio entre positivo y negativo, que existe en la naturaleza, pero está ausente en los humanos. Es más, el esfuerzo consciente por unirse hace que la gente tome conciencia del modus operandi de la naturaleza y le otorga una sabiduría imposible de adquirir de otro modo.

Sabiendo esto, los descendientes de Abraham construyeron el sistema social con el cual se organizaron los antiguos hebreos. Ese sistema era tan perfecto, justo y equilibrado que hasta hoy, sigue siendo base de la justicia humana. El historiador Paul Johnson escribió en el prólogo de su libro Historia de los judíos: “Ningún pueblo ha insistido más firmemente que los judíos, en que la historia tiene un propósito y la humanidad un destino. En una etapa muy temprana de su existencia colectiva, creyeron haber identificado un esquema divino para la raza humana, del que su propia sociedad debía ser líder”. Incluso Henry Ford, el antisemita más notorio de la historia de EUA, se dio cuenta de la importancia de la antigua sociedad hebrea, para la humanidad. En su libro El judío internacional: el principal problema del mundo, escribió: “Los reformadores modernos, que diseñan modelos de sistemas sociales, harían bien en estudiar el sistema social con el cual se organizaron los primeros judíos”.

Restaurar el método de Abraham

Cuando los descendientes y seguidores de Abraham lograron un nivel suficiente de unidad fueron declarados nación, al comprometerse a unirse “como un hombre con un corazón”. Durante más de mil años, lucharon con su creciente ego y lo superaron, mejorando su método de unidad por encima del odio.

Pero, hace 2 mil años, los judíos sucumbieron a su ego. Inundados por odio infundado, contribuyeron para que los romanos conquistaran la tierra de Israel y, fueron exiliados y dispersados. Y lo peor, olvidaron el verdadero significado del judaísmo: exaltar el amor por encima del odio, amar al prójimo como a sí mismo.

El mundo de hoy se ha vuelto peor que la Babilonia de Abraham. No solo nos matamos unos a otros como los constructores de la Torre de Babel, además disfrutamos nuestro ego y nos enorgullecemos de nuestro narcisismo. Queremos más de todo, no porque lo necesitemos, ¡sino porque necesitamos tener más que otros! La necesidad de ser superior gobierna nuestro corazón. Y mientras luchamos unos contra otros, nos destruimos, igual que el cáncer destruye las células sanas a su alrededor, hasta que acaba con el organismo que lo alberga y se acaba a sí mismo.

A pesar del daño masivo, ransomware WannaCry, es solo una pequeña muestra del daño que el ego puede infligir. Es una advertencia de que nadie está protegido. Toda la humanidad está junta en esto. Cuanta más dependencia tecnológica tengamos, sin haber corregido nuestra actitud hacia los demás, más sufrimiento nos causará nuestra interconectividad.

No hemos logrado suprimir nuestro ego, así que ahora debemos aprender a usarlo para incrementar nuestra unidad, tal como hizo Abraham hace casi cuatro milenios. Puede parecer una tarea enorme, pero la historia de los judíos demuestra lo contrario. Si nos elevamos por encima de nuestro cinismo y resignación, lograremos solidaridad y preocupación mutua tan grandes que harán pequeña aquella unidad de nuestros antepasados.

En el proceso, también nosotros, como Abraham, revelaremos la unidad que hace que la naturaleza está en armonía. Veremos que sólo se puede encontrar sentido al odio, cuando se convierte en amor a los demás y que el amor a los demás no existe a menos que, con nuestro esfuerzo, nos unamos por encima del odio. Si elegimos hacer frente al desafío, saldremos unidos y triunfantes sobre nuestro ego. Si capitulamos, seremos atormentados más allá de lo imaginable.
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JPost: “El papel clave de los judíos en la administración de Trump”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “El papel clave de los judíos en la administración de Trump

Si yo fuera Donald Trump, haría que los judíos vieran que espero que se unan, porque todo depende de ellos.

La administración Trump lanzó recientemente un sitio web que ofrece a los estadounidenses la oportunidad de compartir ideas y sugerencias ‘sobre cómo puede el gobierno organizarse mejor para trabajar para el pueblo’ y ‘drenar el pantano’, como dice el sitio. En mi opinión, es un enfoque maduro y bienvenido de gobierno.

El sitio pregunta a la gente, ‘¿Qué agencia les gustaría reformar?’ Pero como yo lo veo, aquí está la trampa: el problema no es en las agencias, sino con los que las dirigen. Como sucede en la sociedad, los que dirigen el gobierno se vuelven tan alienados y narcisistas que el sistema se vuelve disfuncional.

Cada regla o regulación se establece para hacer frente a un desafío específico o un grupo de desafíos. Por ejemplo, el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) se ocupa de luchar contra el terrorismo, vigilar fronteras, inmigración, aduanas, seguridad cibernética y prevención de desastres. Fue creado en respuesta a los ataques del 11 de septiembre. Pero no ha resuelto esos problemas. Lo que se logra son más reglas y regulaciones, tratando en vano de lidiar con los problemas.

Asimismo, en 1970, el gobierno de EUA creó la Agencia de Protección Ambiental (APA) para proteger la salud humana y el medio ambiente, redactando y aplicando reglamentos. Sin embargo, a pesar de un presupuesto anual de más de ocho mil millones de dólares, el medio ambiente sigue cada vez más contaminado y la calidad de aire, agua y alimentos disminuye.

Con los Departamento de Salud y Servicios Humanos, de Justicia, de Educación y todos los que el gobierno ha establecido, sucede lo mismo que con el DSN y la APA. Se ahogan en un pantano de regulaciones que los hace disfuncionales.

Cuando los primeros colonos judíos se establecieron en el Valle de Hula al norte de Israel, el área sólo era un pantano. Para secarlo, tuvieron que destapar la salida, una sección del río Jordán, llena de limo. Una vez que lo lograron, drenaron el pantano de Hula en poco tiempo, dejando detrás un suelo fértil y exuberante para el cultivo. De igual forma, el corcho que bloquea al gobierno para establecer una administración positiva es la alienación y el narcisismo arraigados en la naturaleza humana. Para drenar este pantano, el presidente de EUA, Donald Trump tendrá que lidiar primero con la desunión de la sociedad y, los judíos son la clave de su éxito o fracaso.

Por qué son importantes los judíos

El 14 de abril, Trump dijo en su discurso semanal, dedicado a Pesaj que ‘la historia del éxodo … es una historia de gente increíble que … elevó la cara de la humanidad. A través de los siglos, el pueblo judío ha … elevado al mundo inmensamente’.

La singularidad de los judíos es conocida desde que hay judíos. En su ensayo, La solución final, su autor León Tolstoi escribió: ‘El judío es símbolo de eternidad. Por tanto tiempo ha guardado el mensaje profético y lo ha transmitido a la humanidad. El judío es eterno. Es la encarnación de la eternidad’.

También, Mark Twain escribió en Complete Essays of Mark Twain: ‘Si las estadísticas son correctas, los judíos son sólo uno por ciento de la raza humana’ (En realidad, son .2 por ciento). Y, Twain escribe; ‘la contribución de los judíos a la lista mundial de grandes nombres en literatura, ciencia, arte, música, finanzas, medicina y aprendizaje oculto son fuera de proporción dado su número’.

‘Los egipcios, babilonios y persas se elevaron, llenaron el planeta de sonido y esplendor y se desvanecieron y pasaron; los griegos y romanos siguieron, hicieron gran ruido y se fueron’, continúa Twain. ‘El judío los vio a todos, los venció y sigue siendo lo que siempre fue. Todo es mortal, menos el judío; todas las fuerzas pasan, pero él permanece, ¿cuál es el secreto de su inmortalidad?

Una nación con un propósito

Los judíos existen, a pesar de persecuciones, porque hay un propósito para su existencia. Fueron creados para ser ‘luz para las naciones’, para conducir al mundo de las tinieblas a la luz, del odio al amor, de la separación a la conexión. Por eso, los judíos fueron declarados nación hasta que se comprometieron a ser ‘un hombre con un corazón’. Cuando un hombre preguntó a Hillel qué hacer para convertirse, el sabio le dijo ‘Lo que odias, no lo hagas a tu prójimo; esto es toda la Torá’ (Talmud, Masechet Shabat, 31a).

Incluso las religiones que surgieron del judaísmo reconocen su importancia seminal. El Nuevo Testamento dice, ‘la salvación viene de los judíos’ (Juan 4:22), y el Corán dice: ‘Oh hijos de Israel, recuerden el favor que Yo les he otorgado y los hice sobresalir entre las naciones’ (The Cow, 2.47, 2.122).

Al final, no hay escape, el mundo no espera nada menos de nosotros que Tikkun Olam (la corrección del mundo). Por esto, los judíos en la administración de Trump y en su familia están en posición ideal para que, al menos, comiencen a cumplir nuestra misión.

Más fácil de lo que parece

‘Cuando Israel se une, para ser único y no una figura imaginaria, sino una unidad real y verdadera, aceleramos y activamos la redención real, que es la redención total -redención después de la cual no hay exilio’, escribió el rabino Menajem Mendel Sjneerson (The Lubavitcher Rebbe) en Torat Menajem. Muchas referencias judías aluden al vínculo entre la unión de Israel y la conexión del mundo. En Aharei Mot, porción de la Torá, El libro del Zohar escribe, ‘He aquí, cuán bueno y cuán agradable es cuando los hermanos se sientan juntos. Estos son los amigos que se sientan juntos y no están separados unos de otros. Al principio, parecen personas en guerra, deseando matarse unos a otros. Luego, vuelven a estar en amor fraternal. De ahora en adelante, tampoco se separaran … Y por su mérito habrá paz en el mundo’. Rav Kook, primer rabino jefe de Israel, escribe (Orot Hakodesh): ‘En Israel está el secreto de la unidad del mundo’.

Hay una razón profunda por la cual los judíos siempre han cultivado la unidad como solución a todos los problemas. Como escribí en ¿Quiénes son ustedes, pueblo de Israel? y “Por qué la gente odia a los judíos y en muchos otros lugares, nuestra nación comenzó en la antigua Babilonia cuando Abraham nuestro padre vio que su pueblo en Ur de los Caldeos se volvía cada vez más alienado. Como Maimónides describe en Mishneh Torah (capítulo 1) y como el Midrash detalla (Beresheet Rabbah), Abraham quería ayudar a sus paisanos a superar su mutua aversión. Reflexionó y caviló hasta que se dio cuenta de que el odio no podría ser superado porque se deriva del ego humano, que es cada vez mayor. Siglos después, el Midrash (Kohelet Rabbah) resumió la esencia del ego humano con el adagio inmortal: ‘El hombre no deja el mundo con la mitad de su deseo en la mano. Si tiene cien, quiere doscientos y si tiene doscientos, quiere cuatrocientos.

Cuando Abraham se dio cuenta de que el ego crecía continuamente, también se dio cuenta de que en lugar de combatirlo inútilmente, la gente debería concentrarse en fortificar su unidad para igualar a su creciente odio mutuo. Entender esto fue clave para la singularidad de la nación que surgió de sus descendientes: el pueblo judío. El tipo de unidad de Abraham no era una unidad ordinaria, sino una forjada para superar el odio más feroz.

A lo largo de las generaciones, los judíos experimentaron muchos conflictos internos y guerras, pero todos fueron para aumentar la unidad y el amor entre ellos. El libro del Zohar (Beshalach) lo resume así: ‘Todas las guerras de la Torá son por paz y amor’ y el rey Salomón lo dijo poéticamente (Prov 10:12): ‘El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes’.

Abraham aceptó a todos en su grupo, sin discriminación ni precondición, excepto la voluntad de unirse. Como resultado, sus discípulos llegaron de toda Babilonia. Esto hace del judío una nación única, no por afinidad tribal sino por una ideología de unidad por encima del odio y con ‘representantes’ de todas las naciones del mundo. Por lo tanto, ¡Tikkun Olam, está en nuestro ADN!

Cuando Moisés salió de Egipto, quiso continuar donde Abraham lo había dejado. Ramchal escribe en Comentario Ramchal de la Torá, que Moisés ‘deseaba completar la corrección del mundo. Sin embargo, no tuvo éxito por la corrupción que se produjo a lo largo del camino’. Sin embargo, tan pronto como los judíos fueron declarados nación, se les dio la misión de ser ‘luz para las naciones’, específicamente, completar la tarea de unir al mundo .

Babilonia moderna

En muchos sentidos, Estados Unidos es la moderna Babilonia: una colección de etnias, culturas y razas. Como era Babilonia en los días de Abraham, EUA está en crisis. El pantano en el que se ahoga EUA, no es el laberinto burocrático que heredó de su predecesor, sino el cenagal de odio y alienación que envuelve a la sociedad. Los judíos en la administración de Trump tienen un papel clave que desempeñar en el drenaje: para empezar, trabajar en su unidad y, así, sacar el corcho que obstruye el drenaje. Si empiezan a cultivar una ‘unidad positiva y verdadera’, como dijo el Rabino Lubavitj, liberarán los poderes de unidad que se remontan a la formación del pueblo judío.

Pero no debe terminar ahí. La unidad debe abarcar a todo el pueblo judío y, posteriormente, a toda la sociedad de EUA. Tikkun Olam comienza dentro, pero no debe terminar allí. Cuando la gente expresa diatribas antisemitas como las de Mel Gibson, ‘los judíos son responsables de todas las guerras del mundo’, implica que creen que es nuestra responsabilidad arreglarlo. Incluso nuestras fuentes nos dicen: ‘Ninguna calamidad viene al mundo sino por causa de Israel’ (Talmud, Masejet Yevamot, 63a). Porque la gente lo siente en su interior, siempre y donde quiera que haya crisis, los judíos serán considerados responsables. Y, somos.

Si yo fuera Donald Trump, presionaría a los judíos para que se unan. No violentamente, pero ciertamente les haría ver que esto es lo que espero de ellos. Incluso un antisemita rabioso como Henry Ford veía el papel que los judíos debían desempeñar: ‘Los reformadores modernos, que construyen sistemas sociales modelo, harían bien en examinar el sistema social bajo el cual los primeros judíos fueron organizados’ (El judío internacional -el principal problema del mundo). Si Ford pudo verlo, ¿por qué nosotros no podemos?

Cuando nos unamos, inmediatamente se reflejará en el mundo entero. Como dijo Ford, la humanidad busca seguir el ejemplo de los judíos. Y como los judíos están separados unos de otros, necesitan recordar su llamado.

No debemos esperar a que nos obliguen. Debemos recordar que la separación entre nosotros está creciendo precisamente para que nuestra unidad crezca y cubra nuestro odio con amor mutuo, como lo hicieron nuestros antepasados. Cuanto antes empecemos, más fácil será drenar el pantano de odio que se extiende en EUA.
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JPost: “¿Puede haber nazismo en EUA?”

Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “¿Puede haber nazismo en EUA?”

A principios de los años de 1950, Ashlag escribió: “No hay esperanza de que el nazismo muera con la victoria de los aliados, porque mañana los anglosajones adoptarán el nazismo” ¿Podría tener razón?

Después de setenta incidentes de amenazas de bomba dirigidos a JCC [centros comunitarios judíos] en todo Estados Unidos, dos cementerios vandalizados (uno en St. Louis y otro en Filadelfia), una maestra en Texas, que fue despedida por un Tweet que incluía la frase “mata algunos judíos” y tras swastikas e insultos raciales pintados en carros, un edificio y una escuela, cerca de Búfalo y un administrador de CUNY quejándose de tener “demasiados judíos” en la plantilla, podemos oficialmente decir que existe antisemitismo en EUA. Finalmente, los líderes judíos sienten la suficiente confianza para hablar de una “pandemia mundial” sin excluir a EUA del panorama.

La intensificación del antisemitismo no es coincidencia. Es resultado de un proceso natural y obligatorio, por el cual, mientras más egoísta se vuelve la sociedad, más propensa es hacia el antisemitismo. En el libro, Como un manojo de cañas: por qué la unidad y la garantía mutua están en la agenda del día y en el sitio de internet, “Why do people hate jews”, muestro que sin importar la procedencia, más allá de cierto nivel de egoísmo, el antisemitismo debe emerger de la misma forma que hay un límite para la cantidad de sal que puede disolverse en agua, antes de que comience a verse.

Egoísmo vs ley de unidad

Maimónides, Midrash Rabá y muchas otras fuentes nos hablan de que en el tiempo de Abraham el patriarca, Abraham observó a sus paisanos construyendo la Torre de Babel. Notó que los constructores se estaban volviendo cada vez más centrados en sí mismos y alineados, lo cual lo impulsó a buscar una explicación. El libro Pirkey de Rabí Eliezer (capítulo 24) ilustra cómo los babilonios “querían hablar entre sí pero no conocían el lenguaje del otro ¿qué hicieron? Cada uno tomó su espada y pelearon entre ellos a muerte. En realidad, la mitad del mundo fue masacrada ahí y de ahí se dispersaron por el mundo”.

Este odio preocupó a Abraham y se preguntaba quién o qué estaba causando este cambio. De acuerdo a Maimónides, Abraham “comenzó a reflexionar día y noche, en cómo era posible que esa rueda siempre girara sin conductor” (Mishné Torá, capítulo 1). Al hacerlo, descubrió una fuerza unificadora que es la raíz de la creación y llamó a esa fuerza, “Dios”.

Abraham se dio cuenta que para asegurar una buena vida, la gente no necesitaba postrarse ante este Dios ni ofrecerle sémola, como hacían sus paisanos en esa época. Todo lo que necesitabas hacer con el fin de ser feliz y resolver el odio, era elevarte por encima de él y unirte. Pero cuando Abraham sugirió que los babilonios se unieran en lugar de pelear, su rey, Nimrod, lo expulsó del país.

Mientras el exiliado Abraham deambulaba hacia Canaán, la gente “se unía a su alrededor y le preguntaba acerca de sus palabras”, escribe Maimónides. “él enseñó a todos … hasta que miles y decenas de miles se reunieron a su alrededor y ellos son el pueblo de la casa de Abraham. Él plantó su precepto en su corazón, compuso libros acerca de ello y enseñó a su hijo, Isaac. E Isaac enseñó y advirtió, e informó a Jacob y lo designó maestro, para sentarse y enseñar…y Jacob, nuestro Padre, enseñó a sus hijos”.

Finalmente, una tribu que conocía la ley de unidad fue formada, también el odio por esa ley y por los que la defienden.

Unos siglos después, Moisés quiso hacer lo mismo que Abraham. Él deseaba unir a su pueblo y enfrentar la fiera resistencia del faraón. Como Abraham antes que él, Moisés huyó con su pueblo, pero esta vez eran millones y por lo tanto necesitaban una “actualización” del método de conexión de Abraham.

La actualización fue la Torá –una serie de leyes que se reducen a un solo principio, el cual el viejo Hillel describió muy simplemente: “Aquello que odias, no se lo hagas a tu prójimo; esta es toda la Torá. El resto es comentario; ve a estudiar” (Shabbat, 31ª). Bajo la guía de Moisés, las tribus hebreas se unieron y se convirtieron en nación, pero sólo hasta que se comprometieron a ser “como un hombre con un corazón”. La nueva nación obtuvo su nombre, Israel, de su vocación, ir Yashar-El (directo a Dios) -lograr la misma unidad de la fuerza que Abraham descubrió.

Inmediatamente después de convertirse en nación, a Israel se le dio la misión de completar lo que Abraham había intentado lograr cuando por primera vez comenzó a hablar de unidad por encima del odio- que el mundo entero se beneficie del método. “Moisés deseaba completar la corrección del mundo en ese momento. …Sin embargo, no tuvo éxito a causa de las corrupciones que sucedieron en el camino”, escribió Ramjal en su comentario a la Torá. Pero cuando Israel logró la unidad, se le dio la tarea de transmitirla, o como lo expresa la Torá, ser “luz para las naciones”.

Cuando el ego extiende la ruina, los judíos son culpados

Después de que se formó la nación judía, los judíos conocieron muchas altas y bajas. Cuando la unidad prevalece entre nosotros, prosperamos. Cuando el ego toma el mando, sufrimos. Pero cuando el egoísmo de nuestros ancestros llegó a tales niveles que no podían tolerarse entre sí, sina’at hinam (odio infundado/sin base) explotó entre ellos y debilitó su fortaleza. Finalmente, el líder de la legión romana en Judea. Tiberio Julio Alejandro, judío él mismo, su propio padre había recubierto de oro las puertas del Templo que él destruyó, exilió a los judíos de la tierra de Israel. En palabras del Maharal de Praga: “El Templo fue arruinado a causa del odio infundado, porque sus corazones se dividieron y no eran dignos del Templo, el cual es la unificación de Israel” (Netzaj Israel).

El odio que nos destruyó entonces, aún persiste. Y aún así, la semilla de unidad vive dentro de nosotros y es nuestra única fuente de fortaleza. Por siglos, nuestros sabios han hecho énfasis en que la unidad es la llave de nuestra salvación. El libro Maor VaShemesh escribe, “La primera defensa contra la calamidad es amor y unidad. Cuando existe amor, unidad y amistad entre todos en Israel, ninguna calamidad puede caer sobre ellos”. Asimismo, El libro de la conciencia escribe, “En cada generación, se nos ordena reforzar nuestra unidad para que nuestros enemigos no gobiernen sobre nosotros”.

Aun cuando la semilla de unidad existe dentro de nosotros, mientras estemos desunidos, no podemos ser “luz para las naciones” y no estamos extendiendo la unidad al mundo, como Abraham y Moisés lo intentaron. Al mismo tiempo, la humanidad se vuelve cada vez más egoísta. Nuestro egoísmo es tan intenso que, incluso cuando sabemos que estamos arruinando el futuro de nuestros hijos al contaminar el planeta, simplemente no nos importa tanto como para detenernos. Entendemos que el pluralismo es importante y el liberalismo es vital para la sociedad, pero cada uno es tan narcisista que no puede escuchar al otro, mucho menos unirnos por encima de nuestras diferencias. En tal estado, el odio hacia los judíos se intensifica porque tenemos la llave para sobreponernos al egoísmo y al mismo tiempo, nuestro egoísmo rechaza ese remedio, como el rey Nimrod y el faraón. Aquí es cuando la situación se vuelve peligrosa para los judíos.

En los días más prósperos de la monarquía española, por ejemplo, cuando su orgullo y confianza estaban en su punto más alto, el hacha cayó sobre los judíos. A pesar de su inmersión en la sociedad española y su alejamiento de su propia religión, los judíos fueron culpados por todos los problemas de España, expulsados, torturados y asesinados por la inquisición, bajo el liderazgo de Torquemada, quien -como Tiberio- era de ascendencia judía. El siglo pasado, Alemania estaba en la cima del mundo. Pero al caer, volcó su ira sobre los judíos. Cuando Adolf Hitler no pudo expulsar a los judíos, porque nadie los recibía, simplemente los exterminó.

Balanceándose entre nazismo y unidad

El Libro del Zóhar escribe, “He aquí, cuán bueno y cuán placentero es para los hermanos también sentarse juntos. Esos son los amigos mientras se sientan juntos, y no están separados el uno del otro. Al principio, parecen como gente en guerra, deseando matarse entre sí. Después regresan a estar en amor fraterno…Y ustedes, los amigos que están aquí, como estaban en agrado y amor antes, de aquí en adelante tampoco se apartarán…y por su mérito habrá paz en el mundo” (Aharei Mot).

Similar a El Zóhar, su gran comentador, Rav Yehuda Ashlag, escribió que “la nación israelí ha sido construida como una puerta, con la cual el mundo puede entender el agrado y la tranquilidad en el amor a otros”. Como Ashlag, Rav Kuk escribió, “En Israel está el secreto de la unidad del mundo” (Orot Kodesh).

Tanto como podamos odiar la idea, somos los portadores del método de corrección de Abraham, contra el egoísmo que separa y destruye nuestro mundo. Si no implementamos entre nosotros este método de unirnos por encima de nuestras diferencias, las naciones nos culparán de sus aflicciones y nos castigarán una vez más. Pero si lo implementamos entre nosotros, el mundo entero vendrá a aprender cómo. El antisemita más notorio en la historia de EUA, Henry Ford, reconoció la misión de los judíos hacia la sociedad en su libro, El judío internacional -el principal problema del mundo: “Los reformadores modernos, que construyen modelos de sistema sociales, harían bien en observar el sistema social bajo el cual se organizaron los primeros judíos”.

Por décadas, EUA ha ido por el camino de creciente egoísmo, alienación y aislamiento social. Desde hace varios años, la depresión ha sido la principal causa de enfermedad en el país y la desesperación está creciendo rápidamente. Si un libro titulado La epidemia del narcisismo: viviendo en la era del privilegio puede llegar a la lista de los más vendidos de The New York Times y los millennials definen su medio ambiente como la cultura de “Yo,Yo,Yo”, sabes que el país está al borde de la implosión. Y cuando la sociedad colapse, fácilmente podría tomar la forma de nazismo o fascismo extremo.

Pensamos que la Alemania nazi fue un evento de una sola vez. Pero decir “Nunca más” no evitará que la historia se repita. Nos olvidamos que no fueron los alemanes quienes inventaron la estrella amarilla, sino los británicos, desde 1218.

A principios de los años 1950, Rav Yehuda Ashlag escribió en Los escritos de la última generación: “el mundo erróneamente considera al nazismo un resultado particular de Alemania. En verdad…todas las naciones son iguales en eso; no hay ninguna esperanza de que el nazismo muera con la victoria de los aliados, porque mañana los anglosajones adoptarán el nazismo”.

Si los judíos de EUA no toman su vida en sus manos y se fuerzan a sí mismos a unirse por encima de su mutuo desagrado, los estadounidenses los forzarán a hacerlo a través de derramamiento de sangre. No hay más tiempo. Los judíos deben dejar de lado todas sus diferencias y unirse, porque la unidad es la única salvación del pueblo judío y porque cuando nos unimos, somos luz para las naciones, damos al mundo lo que Abraham tenía destinado para que lo tuviera la humanidad, desde hace casi cuatro milenios y es lo que el mundo tanto necesita en la actualidad.
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