Esperanza de Paz

 
Un artículo escrito para el Foro Espiritual Mundial en Davos,Suiza,

Enero 2006.

Tu, que buscas la causa del mal. La causa está solo dentro de ti

Jean Jacques Rousseau.

El mundo no podrá existir a menos que los seres humanos transformen su actitud de recepción a  otorgamiento hacia el mundo. De hecho, nuestro egoísmo es la única fuerza destructiva en el mundo, pues aparte de nuestro ego humano, todas las fuerzas que existen en el mundo son las fuerzas de la naturaleza que están en perfecto equilibrio una con la otra. Entre ellas, hay fuerzas que determinamos como “positivas” y “negativas” según lo entendemos. Sin embargo, todas son activadas y sostenidas por una única ley de la naturaleza y existen en completa armonía en los niveles de la materia inanimada, vegetativa y animada.

En el pasado, pensamos que esa armonía no existía y estábamos ansiosos por destruir la parte de la naturaleza que nos parecía “perjudicial”. Las amargas experiencias que hemos sufrido por intervenir con la naturaleza nos demuestran que en ella todo está interconectado, todo existe y aspira hacia el estado de homeostasis – el equilibrio en todos los niveles de interacción entre las partes y categorías de la materia.

La homeostasis representa el equilibrio interior y exterior de cualquier organismo vivo, sin embargo, en su mayor parte, se refiere a la autorregulación (biológica) de organismos. Todo objeto tiene derecho a existir únicamente en el caso de que se mantenga la semejanza entre sus parámetros internos y externos. Si se infringe esta semejanza, se altera el equilibrio, más allá de los límites del  cual, comienza la destrucción del organismo. La posibilidad para restablecer la homeostasis en todos los niveles de la naturaleza garantiza la continuación de la vida.

Pero, si bien las fuerzas positiva y negativa de la naturaleza son opuestas, se hallan en perfecto equilibrio una con respecto a la otra, rompiendo los límites del equilibrio solo cuando es necesario para un mayor desarrollo; la única parte de la naturaleza, la única criatura que excede los límites de equilibrio y hace daño a toda la naturaleza es el ser humano.

Nuestro egoísmo causa daño. Ninguna otra criatura en la naturaleza es egoísta. Incluso si un animal devora a otro animal, esto sucede conforme a una ley de la naturaleza, que actúa dentro de este. Una criatura devora a otra siguiendo el dictado de su deseo instintivo natural, y no con el propósito de hacer daño. Aparte del ser humano, ninguna otra criatura en la naturaleza se relaciona con aquellos a su alrededor con la intención de perjudicar, explotar, o experimentar placer si se siente mejor que los demás. Solo un ser humano puede alegrarse con la desgracia de otra persona.

Ninguna otra criatura en la naturaleza se relaciona con su semejante de esta manera. Los animales luchan por su alimento, no para infligir daño al  otro. La naturaleza ha previsto  precisamente qué y cuánto se necesita para existir. Tanto es así que si la gente no violara el equilibrio descendente de la naturaleza, todas sus partes existirían en armonía. Si se observa desde fuera, puede aparecer como si las criaturas se  consumieran entre ellas, sin embargo, ningún depredador consume o acumula más de lo necesario. Todos  actúan obedeciendo el mandato de la naturaleza – salvo el hombre, quien exige disponer del mundo entero para sí mismo.

En particular, son aquellas necesidades suplementarias de los seres humanos, aparte de las que son indispensables para la vida, que denominamos egoísmo. El egoísmo es una fuerza adicional de deseo presente en los seres humanos por encima de sus necesidades físicas, más allá de lo que su cuerpo pide. Es indispensable entender que este es el único deseo y fuerza perjudiciales que existen en el mundo, y que la causa de todo nuestro sufrimiento radica en el uso incorrecto de este deseo excesivo ya que se emplea en forma egoísta. Esta parte excedente, la parte que rebasa lo indispensable para la vida, tiene que  convertirse en otorgamiento. Así es como obtendremos equilibrio con la naturaleza.

Ningún otro objeto en la naturaleza tiene la oportunidad extraordinaria de comportarse de manera  independiente: nadie, salvo  los seres humanos, es libre de elegir la intención de sus actos – ya sea para satisfacción propia, o para otorgar  a los demás. Ninguna otra criatura tiene la capacidad de recibir de manera egoísta u otorgar con altruismo. Si la persona usa este deseo excedente correctamente puede elevarse al nivel del Creador, convertirse en una parte autónoma de la naturaleza. Si actúa en forma contraria, la persona llega a un estado de auto destrucción.

Altruismo en la Naturaleza.

Un objeto que recibe y entrega a su entorno se llama “un ser vivo”. La ley de existencia de cualquier objeto viviente es el altruismo. Cualquier objeto viviente debe sustentar cada célula y cada órgano – tanto en forma individual, como en forma conjunta – y a la totalidad de las células y órganos que trabajan juntos, complementándose unos a otros. Al complementarse entre ellos,  necesitan entregarse uno al otro, conocerse mutuamente, interactuar, y “ayudarse” entre sí. Observamos que esta misma ley de unificación de las células, conforme al principio de “una para todas” o “altruismo”, opera dentro de cada cuerpo viviente. Sin esta ley, el cuerpo vivo no puede subsistir, se convierte en un objeto canceroso, y se da la muerte.

En toda la naturaleza, esta ley actúa de acuerdo al programa integrado en cualquier criatura, sin espacio para el libre albedrío. Los humanos son la excepción. Como resultado de nuestro desarrollo, la persona debe llegar a un estado de desilusión tal de su propio desarrollo y progreso que querrá que esta ley tome el relevo. Por lo tanto, en comparación con la naturaleza inanimada, vegetativa y animada, solo los humanos son un elemento en vía de desarrollo dentro de la naturaleza. Esto es lo que hemos observado durante estos cuantos miles de años  de nuestra historia.

Si la persona toma consciencia de la necesidad de cumplir con la ley universal de la naturaleza dentro de sí misma, se esforzara por adaptarse a esta ley y a sus propiedades – para rogar que esta ley se integre a su consciencia, y tener la fuerza de  instituir sus reglas. Este es el propósito de nuestra existencia. A través de esta decisión corregimos la totalidad de la naturaleza y nos convertimos en parte integral de toda la creación.

Las células pueden sobrevivir, desarrollarse, multiplicarse, y realizar su programa interno solo a través de sus esfuerzos conjuntos, al unificarse en un solo cuerpo. Si  no ceden una a la otra, si ignoran las necesidades de las otras – serán incapaces de sobrevivir. En efecto, la ley fundamental y general de la naturaleza actúa en forma opresiva hacia cualquier funcionamiento egoísta.

Esto es lo que sucede en cualquier cuerpo vivo. Los biólogos lo describen de manera brillante: ellos dicen que esto es “la sabiduría de la naturaleza”; que la naturaleza vive bajo este principio, que esta es la ley general de la naturaleza, y que sin ella, ni siquiera los cristales se podrían unir y los átomos no podrían interactuar. Los científicos descubren lazos recíprocos incluso ahí. Estamos hablando de dos fuerzas opuestas: acerca de la fuerza que atrae (egoísta) y la que rechaza (altruista), la fuerza de  la naturaleza (exterior) y la fuerza de creación (interior).

Los investigadores están descubriendo este comportamiento “altruista” en las diminutas partículas de la sustancia. Además, el comportamiento altruista de todo el organismo y sus componentes, claramente se manifiestan en los niveles vegetativo y animado, donde el crecimiento solo es posible cuando las células se unen, se asigna una función a cada célula, sin introducirse en territorio ajeno en la “comunidad celular”. Así, el cuerpo entero – planta o animal – puede sobrevivir.

Los investigadores están hablando acerca de la negación de sí mismo, acerca de entendimiento y apoyo mutuo de las células, partes, órganos del cuerpo, donde cada uno de los cuales está preparado para la auto destrucción en pro del programa común. Comprobamos que tales acciones toman la forma de una ley obligatoria en la naturaleza en general – así como en cada una de sus partes – salvo en la actividad consciente de los humanos.

El Altruismo en la Sociedad.

El mundo no percibía su inmenso egoísmo, hasta que este se desarrolló en un deseo máximo de placer que se está manifestando actualmente en la humanidad. La manifestación del egoísmo – lo que significa  una confrontación con la ley general de la naturaleza, en lugar de la semejanza con ella – provoca todo tipo de sufrimientos, enfermedades, y desgracias en los seres humanos. Además, dado que toda la naturaleza representa un solo organismo, la corrupción se manifiesta en todos los niveles de la naturaleza – el inanimado, el vegetativo y el animado.

Nuestra confrontación con la naturaleza ha conducido a la humanidad a una crisis general. Esta crisis no es un castigo de arriba, o una consecuencia de nuestra intervención brutal en la ecología. Es más bien debido a que no observamos la ley de la naturaleza, que estipula que todos deben consumir la cantidad necesaria para su existencia y entregar el excedente en manos de la sociedad. Si la gente corrige sus intenciones y actúan por el bienestar de toda la humanidad – el organismo – como las células en un cuerpo, y aplican la misma actitud hacia la naturaleza y el ambiente, recibiremos únicamente bienestar de la naturaleza. Esto es así porque entonces estaríamos en equilibrio con el último nivel – el pensamiento.

¿Cómo entiende la humanidad la necesidad de ser semejante a la naturaleza? ¿Cómo pueden los egoístas tomar consciencia de  que el egoísmo es perverso? En virtud de la desesperación. En un cuerpo vivo, el comportamiento cambia debido a las fuerzas naturales. En el cuerpo de la “humanidad”, no obstante, la rectificación no provendrá de la misma naturaleza, por la fuerza, sino a través del reconocimiento del mal, en el sentido de que el egoísmo es malo.

El reconocimiento del mal puede evolucionar por un largo camino de sufrimiento o por un sendero corto de corrección. Sin embargo, el camino del sufrimiento no es un camino, es solamente el tiempo necesario que pasa hasta comprender la maldad del egoísmo. De todos modos, en este camino no hay nada más que acumulación de sufrimiento.  Una persona calcula que es más provechoso corregir que sufrir – y se esfuerza por alcanzar la semejanza con la naturaleza.

Los investigadores, tanto cabalistas como biólogos, deducen que los altruistas solo constituyen el 10% de la humanidad, mientras el resto de la raza humana es egoísta. Por lo tanto, el diez por ciento de altruistas, que son parte de la población del planeta, deben corregir primero ese egoísmo. Ellos también tienen que dar a conocer la causa de la crisis y el camino de la salvación al resto de la humanidad. Tal es el orden mediante el cual un organismo vivo revive.

Para los altruistas, las acciones altruistas son innatas. Para los egoístas, que integran la mayor parte de la humanidad, las acciones de otorgamiento que aporten un beneficio a la sociedad parecen intolerables. Sin embargo, las leyes que regulan las funciones vitales de los organismos vivos, nos muestran que si un organismo reconoce que su existencia depende únicamente del trabajo conjunto de todas sus células, sus células egoístas segregadas, coexisten dentro del altruismo. Aunque cada una de sus células individuales sea egoísta, juntas, en el mismo cuerpo trabajan conforme al principio altruista – colectiva, recíprocamente, y únicamente para  beneficiar al cuerpo en su totalidad.

Por lo tanto, el objetivo no es obligar a todos a otorgar a la sociedad, mediante dictámenes o coerción. Más bien, se trata de contribuir a que  la gente entienda que la existencia y el bienestar dependen exclusivamente de la sociedad. Solo esta puede afectar a cada persona de tal manera que se desencadene un cambio en el comportamiento colectivo de receptivo a otorgante.

Los seres humanos dependen totalmente de la sociedad y todas nuestras acciones aspiran a  ganarnos el reconocimiento social o familiar de nuestra personalidad. Por lo tanto, si todos los que nos rodean claramente nos elogian por nuestras acciones altruistas o nos reprenden por nuestros actos egoístas, seremos incapaces de persistir con nuestro comportamiento egoísta y nos veremos  obligados a trabajar por el bienestar de la sociedad, con el propósito de ganarnos la aprobación de las personas que nos rodean.

Para que ocurra esta transformación en la sociedad, los altruistas deben presionar con vehemencia  a los medios de comunicación masivos a través de las diversas organizaciones gubernamentales y  públicas. Por temor a la destrucción propia, la humanidad debe promover la singularidad y valor de las acciones altruistas en la radio y la televisión, entregando premios, rindiendo honor a tales películas, programas educativos, eventos culturales, ceremonias y anuncios en todo el mundo.

Las explicaciones deben tener como propósito inculcar el otorgamiento en la sociedad como un valor absoluto de toda la humanidad y de cada individuo. Se debería además promover que nadie reciba reconocimiento más que aquellos que realicen actos de otorgamiento. Cuanto más grande sea esta acción de otorgamiento a favor de la sociedad, más importante, honorable y famosa será esta  persona, y en consecuencia recibirá mayor  recompensa.

No tendrá la menor importancia si la opinión pública a favor de las acciones altruistas es artificial, derivada de la desesperación, de la necesidad de sobrevivir.  La razón es que si bien las acciones  para recibir la aprobación de la sociedad, el entorno y la familia pueden realizarse de buena gana, o no, de cualquier forma el individuo estará sujeto a la influencia de la opinión pública y automáticamente aceptará el altruismo como el valor máximo.

Los fracasos pasados para corregir la sociedad

Los comunistas trataron de crear mejores condiciones de vida para el sector oprimido de la sociedad – no por la amenaza de una posible destrucción, sino para eliminar la desigualdad y la injusticia social entre las personas. Hoy en día, la motivación es diferente – como resultado del desequilibrio entre la sociedad y la naturaleza, todo el mundo enfrenta por igual la amenaza de destrucción.

Más aún, en el método propuesto para alcanzar el equilibrio con la naturaleza, ningún grupo se beneficia  a expensas de otros, ya que la naturaleza humana quiere el deleite y la satisfacción, sin tomar en cuenta la procedencia.  Experimentar  la realización constante atraerá más a las personas que cualquier beneficio material.

La idea del altruismo será aceptada más rápido entre los desarrollados y opulentos que entre los más pobres y sub desarrollados. El porcentaje de depresión y abuso de drogas en los diferentes países es también un testimonio de esto. En efecto los trabajadores y administradores reciben diferentes ingresos, ¿pero los trabajadores quieren realmente la igualdad y están de acuerdo en esforzarse en ocupar el puesto de un gerente? Constatamos que esto depende únicamente de la intensidad personal del deseo, y si una persona realmente quiere alcanzar un nivel más alto en la sociedad, él o ella lo conseguirán.

Situaciones que permiten trabajar para el beneficio de la sociedad

Otorgar no quiere decir necesariamente que la persona de hecho da a la sociedad. En este caso, habría que considerar la cantidad y calidad de los esfuerzos así como las cualidades innatas mentales, físicas y morales. De hecho, todas las personas nacen diferentes – tenemos al perezoso, al inteligente, al eficiente, al talentoso, etc. El otorgamiento a la sociedad se expresa a través de la disposición interior, si bien externamente puede asumir todo tipo de formas.

El valor que cada individuo tiene en la sociedad no lo determinan sus características personales. Se deberían suprimir todo tipo de premios y criterios basados en las virtudes humanas, sin importar  cuán grandes sean los logros profesionales o el éxito en cualquier otra área, es decir, ser una persona de buena familia, un buen hombre de negocios, etc. Se debe considerar únicamente  el beneficio que el individuo aporta a la sociedad.

Únicamente sobre esta base se debe conceder reconocimiento, respeto, honor, popularidad, y aprecio a una persona, y en consecuencia, esta persona será un ejemplo y  todo el mundo querrá manifestar su otorgamiento a la sociedad.  ¡Qué todo el mundo sienta envidia de esta persona!  ¡Qué todo el mundo compita  por esto!  Como resultado, en lugar de evaluar el grado de maldad de un individuo, se evaluará la medida en que el individuo perjudica  a la sociedad en general.

Plan para salvar la humanidad

Desde hace ya un buen rato que los investigadores descubrieron que el funcionamiento principal del organismo unificado y el único propósito de las células y órganos egoístas individuales les obliga  a actuar con altruismo para promover la meta común de supervivencia y desarrollo. Claramente, estamos hablando del altruismo egoísta, cuyo objetivo es la sobrevivencia, y no del altruismo desinteresado. Es personalmente provechoso y aporta prosperidad a la estructura de la comunidad.

Se puede decir que esta es una nueva forma de existencia egoísta, consciente y sabia. Sin lugar a dudas, allí se encuentra la salvación de la humanidad. Nosotros, el 10% altruista, debemos utilizar todos los recursos posibles, emplear los medios de comunicación y convencer a los científicos destacados para que manifiesten su preocupación por la visión de un futuro amenazador.  Debido al temor al sufrimiento, el atractivo de la ayuda mutua, colectiva y conjunta, convencerá a todos que el altruismo egoísta es provechoso, pues restaura el equilibrio, que es el mejor estado posible.

Con respecto a crear en la opinión pública una visión altruista, a través de los medios de comunicación masivos, es necesario proporcionar a todos un ambiente  progresivo y creciente que fascine y estimule a la gente a otorgar a la sociedad. El entorno social del individuo debe cambiar gradualmente, conforme a su capacidad para adoptar estas ideas.

El ambiente no debe oponerse a una persona a tal punto que le impida encontrar un punto de contacto. Las personas necesitan entender la sociedad en la que viven, deben descubrir en ella  beneficios personales bien definidos, y darse cuenta de las ventajas que le aportará atender las necesidades del ambiente. En consecuencia, los atributos de otorgamiento se irán formando en cada individuo por medio de la presión social.

Cambiar los objetivos de la sociedad requiere de cambios en los sistemas y planes de educación, empezando desde la infancia, en todas las áreas de la cultura – literatura, películas, TV, y periódicos. Los medios de comunicación tendrán que presentar los acontecimientos de tal forma  que se alabe y evalué todo únicamente a partir del beneficio que aporte a la sociedad – basándose en el beneficio al organismo entero.

Durante el Foro Mundial de la Sabiduría en Tokio en Noviembre del 2005, se hizo alusión a una frase  brillante de Einstein en el sentido  de que no se puede resolver un problema desde el mismo nivel, pues para resolver un problema es necesario elevarse a un nivel superior. El mundo no entiende y no entenderá los problemas que enfrenta y el método para resolverlos.

Como Fredrick Hayek dijo: Estamos dispuestos a aceptar cualquier explicación respecto a la crisis que aflige a nuestra civilización, pero negamos enfáticamente que esta crisis sea consecuencia de nuestros propios errores fundamentales.

Así pues, aquellos que lo perciben, el 10% altruista, están a la vanguardia de la humanidad, específicamente con el propósito  de revelar la amenaza que pesa sobre el  mundo, su causa, que es  existir en disparidad con la ley de equivalencia con la naturaleza, y que el método para resolver esto  es lograr que la sociedad humana vuelva  ser un único organismo vivo.