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Estados que llevan al Templo

thumbs_laitman_276_03Pregunta: ¿Qué significa que el Masaj (pantalla) se rompió? ¿Cómo puede ser?

Respuesta: Todos los estados se refieren sólo a la persona. La realidad existe sólo en relación a la persona que lo aprehende.

Supongamos que yo estuviera en un estado de santidad ahora, en la intención “a fin de otorgar”, y que hubiera arreglado todas mis intenciones, deseos y todo lo que se revela en mí según la restricción, el Masaj, y la Luz Retornante. De repente, tengo nuevos deseos más gruesos, mayores y más fuerte, así que el viejo estado parece destruido y los deseos nuevos y mayores, me dominan, y siento que estoy en un mundo arruinado.

Esta es otra pregunta: ¿Está destruido? Porque en el momento que éste en realidad atraviese un cambio, no creo que esté destruido. Creo que yo sigo la Klipá (cáscara) y que disfrutaré de ella, que debo incorporarme en la cáscara, sentirla, estar en contacto con ella, y estar conectado con ella.

Se dice que el contacto con la Klipá debe ser sólo momentáneo. Esto depende de mi preparación, pero debo sentirla. Por lo tanto, en el momento en que yo siento que mi vida es buena y que el deseo de recibir me deleita y que todo está bien, es porque en realidad estoy siendo arrojado a las profundidades de la Klipá, es más, ni siquiera me doy cuenta de que esta es una Klipá. Yo la percibo como algo bueno.

Entonces, si continúo, si tengo garantía mutua, las fuerzas del grupo operan en mí y yo salgo del dominio de la Klipá. Si no lo hago, no puedo salir.

Esto significa que, cada vez que aparece un nuevo deseo, se destruye el viejo estado.

Por lo tanto, yo asciendo los niveles y en cada estado alcanzo un estado de santidad y construyo el templo de mi vasija. Entonces, éste se destruye, y comienzo a construir otro templo, y luego otro y otro más. Nosotros pasamos a través de tales estados, y, finalmente alcanzamos aquellos que llamamos el Templo de Santidad y, en contraste con él, la ruptura y la destrucción que atravesamos en el proceso de preparación. Es imposible revelar al Creador, la plenitud, y alcanzar el pensamiento de la creación sin pasar por estos estados.

(127841 – De la 4º parte de la lección diaria de Cabalá del 2/20/14, Escritos de Baal HaSulam) 

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pryzhok_100_wp[1]Pregunta: Usted dice que leyendo el libro de El Zóhar hay que buscar dentro de uno mismo las definiciones de cada palabra ¿Qué es lo que debo hacer si hay momentos en que nada tiene sentido?

Respuesta: Una persona debe aceptar todo lo que se le da desde Arriba, tanto lo peor como lo mejor. Está dicho: “El hombre debe agradecer tanto lo bueno, como lo malo”.

Supongamos que siento que mis sentimientos y mi mente están bloqueados. Siento confusión en mis sensaciones y pensamientos, no puedo orientarme, y las palabras no se conectan. Cuando esto sucede, debo comportarme como un niño pequeño que observa al adulto sin entender que es lo que hace. El niño sólo mira al adulto y aprende de su ejemplo. De hecho, cada adulto para él es un ejemplo, mostrándole  lo que debe hacer, para llegar a parecerse a él.

Dentro de cada uno de los estados por los que atravieso hay diez pequeños Sefirot junto con toda la información sobre todos mis estados futuros. Para desarrollarme,  sólo hay que añadir más materia o deseo, igual a la gota del semen que se desarrolla.

Por consiguiente, puedo aspirar por aquello que está escrito en cualquier lugar en El Libro del Zóhar cuando me encuentro en cualquier estado. Cada uno incluye todo y mis pequeños diez Sefirot contienen todas las definiciones interiores, aunque no sepa qué son o en dónde están.

Todo lo que leo en El Zóhar y todas las fuentes cabalísticas y todo en general existe solamente dentro de mí y en ningún otro lugar. Todo lo que me rodea y todo el mundo se encuentran dentro de mí.

Sin embargo, lo que trata El Zóhar es de suma importancia porque habla sobre uno de mis grados espirituales, un estado en la Dimensión Superior. Y eso es lo que yo debo querer sentir dentro de mí.

Este estado se revela por sí mismo en la medida en que aspiro a alcanzarlo y tengo el deseo de revelarlo. Además, no importa qué tan bien pueda reconocerlo, lo que es importante es que mi deseo lo revele.

De esta manera crecen los niños, dirigidos por su deseo. Ellos no piensan en definiciones internas ni tampoco intentan encontrarlas. No tienen nada sino la fuerza   de desarrollo de la Naturaleza imbuida ellos, ese enorme deseo de crecer. Pero, en nuestro desarrollo espiritual no sucede como con los niños, depende de nuestra libertad de elección. Es más, solamente nuestra libertad de elección puede desarrollar este deseo de crecer en la espiritualidad

Y si no tengo un ardiente deseo de revelar y descubrir  todo lo que está dentro de lo que leo en El Zóhar, si no tengo un anhelo incansable de reconocer las cosas como un niño, es una señal que no he recibido esto de los amigos. La Naturaleza me dio justo el punto en el corazón y eso es todo. Porque de la Naturaleza recibí sólo el punto en el corazón y nada más. No recibiré otro despertar aparte de la gota inicial que ya he recibido.

Además de este deseo minúsculo inicial, tengo que adquirir todos los otros deseos de las demás personas. El hecho es que estos deseos no son ajenos: son míos.  Sólo debo reconocer que son míos; debo conectarme a ellos y atraerlos hacia mí.

Pero por ahora, ellos me parecen externos, recibo de ellos la sensación de que son mi ambiente.

(Extracto de la lección sobre El libro del Zóhar correspondiente al 12 de enero 2010.)