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JPost: “Trump debe iniciar la próxima fase de la política EUA primero’”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “Trump debe iniciar la próxima fase de la política EUA  primero’”

Los últimos ataques terroristas prueban que el presidente Trump está en la cima. Pero si quiere hacer grande de nuevo a EUA, tendrá que implementar la siguiente fase de EUA primero —unir a “Estados Unidos”.

A pesar de la controversia sobre si el presidente Donald Trump debió consultar al Congreso, antes de lanzar, el 7 de abril, el ataque con misiles a la base aérea siria Shayrat, cuyos aviones aparentemente lanzaron, tres días antes, bombas de gas sarín sobre civiles, el sentimiento general es que era necesaria una respuesta militar.   

Hace dos meses, Carl Bildt, ex primer ministro sueco, se mofó del presidente tras la implicación de Trump en un ataque terrorista en Suecia, perpetrado por inmigrantes. Bildt tweeteó, “¿Suecia? ¿ataque terrorista? ¿qué fumó?” Dos meses después, el actual primer ministro sueco declaró que Suecia “jamás regresará” a los días de migración masiva, después de que un inmigrante ilegal mató a cuatro personas y lastimó a 15 más en un ataque con un camión en el centro de Estocolmo.   

Después de meses de burla a las declaraciones de Trump, de que la administración de Obama espió a él y a sus asesores antes de la elección, Eli Lake de Bloomberg, reveló que Susan Rice, ex asesora de seguridad nacional de Barack Obama, fue precisamente quien lo hizo. En mi opinión, el presidente Trump ha probado que por lo menos, merece la oportunidad de gobernar al país, como lo declaró el mes pasado el ex vicepresidente Joe Biden.  

A dónde ir desde aquí

A pesar de los persistentes esfuerzos de CNN, The New York Times y otros, para desacreditar al presidente Trump; y pese a que altos cargos dentro del partido republicano actúan como una quinta columna, Trump debe seguir adelante con su agenda y llevar a EUA al siguiente nivel. Y por “siguiente nivel”, quiero decir consolidar, unir y fusionar la sociedad de EUA en un todo cohesivo. Como presidente, ésta es su obligación principal ante su pueblo y nada de lo que pueda hacer le dará más respeto ante los ojos de su pueblo.   

La era de Obama fue uno de los períodos más decisivos que EUA ha visto, desde el fin de la Segunda Guerra Mundial o desde antes. Las grietas que Donald Trump expuso con su propia elección, han estado en proceso por décadas. Trump no las creó, pero su elección las trajo a la superficie. A lo largo de la sociedad, se aceleró la marginación y el centro colapsa con rapidez en ambos lados del mapa político. Trump lega al poder en lo que podría ser la última oportunidad de EUA para unirse en una sociedad con una agenda común, metas comunes y un acuerdo común de lo que es bueno para EUA. Si fracasa, el próximo presidente tendrá que enfrentar tales problemas como Estados declarando la independencia política del gobierno central, enfrentamientos violentos y desenfrenados entre policía y civiles y, otros problemas más característicos de países tercermundistas que del líder del mundo libre.

El hecho de que Trump haya sido elegido prueba que a pesar de los intentos de los medios para mostrar una imagen distinta, el pueblo lo apoya en gran medida. Así como pasó por encima de los medios y se dirigió al pueblo directamente, durante la elección de presidente, puede hacerlo, incluso más efectivamente. Pasos tales como dar “a colegios y universidades, históricamente para negros, un impulso tan esperado, para superar a sus predecesores, incluyendo al primer presidente afroamericano de la nación”, puede ganarle puntos y es un paso en la dirección correcta. Sin embargo, si no son parte de una estrategia de conexión completa, no producirán el resultado deseado.

Uno de los principales activos del presidente es su enfoque empresarial al gobernar. Desea hacer cambios, tanto en política como en el personal. Como este es el caso, yo sugeriría que Trump trate de formar su gabinete con gente comprometida en la conexión de todo el pueblo de EUA, más que en promover una política específica o agenda sectorial.

Los retos actuales de la sociedad de EUA son muy pesados, pero un enfoque proactivo puede hacer maravillas. El gobierno no debe ver los problemas como crisis aisladas, sino como indicadores de desunión en la sociedad. Las tensiones entre la policía y las comunidades afroamericanas, las cuestiones de LGBT, las crecientes brechas económicas y el colapso de la clase media, resaltan la pérdida de responsabilidad mutua y la ausencia de interconexión e interdependencia en la sociedad. La forma de trabajo debe parecerse a una familia sana: priorizar, sin dejar atrás a ningún miembro de la familia. Si Trump logra ver al pueblo, como una familia saludable trata a todos sus miembros, sin duda EUA volverá a ser grande.

Trump puede dejar un precedente único

Hay otro elemento que el presidente debe intentar utilizar. Como cualquier administración en las últimas décadas, la de Donald Trump está llena de judíos en posición clave. Es creencia común que los judíos usan el poder financiero para pavimentar su camino a los más altos niveles de la administración. Sin embargo, ver su éxito como un mero resultado de su riqueza, pierde la clave de la fuerza de los judíos. Los judíos están arriba porque son grandes conectores, lo que los hace figura clave en el funcionamiento de cualquier sistema. En muchas formas, los judíos son el eje, mediadores que ayudan a conectar a la gente para producir el resultado deseado. El problema es que cada administración usa a los judíos para promover su propia agenda. Trump sentará un precedente si los utiliza para promover unidad en toda la agenda de EUA. Todos se beneficiarán.

Hay una buena razón por la que los judíos sobresalen en conectar a la gente. El pueblo judío es la única nación en el mundo que tiene un día oficial de nacimiento. De acuerdo a la Torá, el 6 del mes de Sivan, del año de 2,488 en el calendario hebreo (1272 AC) fue nombrado, pueblo judío, tras haber cumplido con el requisito previo de comprometerse a unirse “como un hombre con un corazón”. De ahí en adelante, el ascenso y caída del pueblo judío dependerá de su nivel de adhesión al principio de unidad.

Por siglos, los judíos soportaron incontables disputas y conflictos internos. Los superaron al aplicar la ley que el rey Salomón sucintamente expresó, “El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes” (Proverbios 10:12). En algún punto alrededor del comienzo de esta Era Común, perdieron su capacidad de superar su partidismo y desunión. En consecuencia, la separación entre ellos evolucionó hacia tal odio que trajo sobre ellos el exilio de la tierra de Israel y la ruina del Templo.

Los judíos siguieron siendo expertos en la conexión, pero como ya no quisieron conectar la nación “como un hombre con un corazón”, usaron la habilidad que habían perfeccionado por siglos, para promover solo los intereses de su propio grupo. Dado que el éxito político requiere buenas conexiones para pavimentar el camino a la cima, los políticos siempre han tenido cerca a muchos judíos como asesores. Incluso, esa posición tiene un título oficial, derogatorio: “judío de la corte”. Aunque más a menudo ligado a préstamos de dinero y a actividad bancaria, el término también tiene mucho que ver con política. Recientemente, Jonathan Levi de la revista Forward Magazine preguntó, “Es Jared Kushner el ‘judío de la corte’ del reino de Donald Trump?” Claramente, no es el dinero de Kushner lo que el presidente Trump necesita. El presidente siente que necesita a Kushner precisamente donde lo tiene, como “consejero mayor”  

Haciendo a EUA grande de nuevo

Si Trump realmente quiere cumplir su promesa de hacer de nuevo grande a EUA, necesitará tomar un enfoque diferente al de todos sus predecesores. Esto también requiere de que los judíos en su administración trabajen en forma diferente a la de las administraciones previas.  Para hacer grande a EUA, debe ser una nación unida. Trump necesita pedir a los judíos que faciliten la conexión y entendimiento entre ellos mismos, en ambos lados del mapa político y subsecuentemente, extiendan esa amistad al resto del pueblo.

Si los judíos, que están en posiciones clave de ambos lados del mapa, establecen una responsabilidad verdadera y mutua entre ellos, será mucho más fácil para el presidente reconciliarse con el partido democrático y establecer un gobierno que goce del apoyo total del Congreso. Cuanto más espere Trump, más duro será hacerlo. Fuerzas divisorias como Barack Obama, John McCain y Bernie Sanders se harán más fuertes en el impulso implacable de los medios neoliberales, que abarcan casi todos los grandes noticiarios, incluyendo, hasta cierto punto, a Fox News.  

Para la mayoría, los asesores sugieren al gobernante qué camino tomar y qué tácticas adoptar en una situación dada. Pero Donald Trump no es un presidente ordinario. Como hombre de negocios, entiende que para ver resultados, las cosas necesitan hacerse. Él es un líder y determinará en qué forma quiere que le ayuden sus asesores. Si es inteligente, les pedirá que tracen una ruta de la dirección del actual partidismo a la confianza, cooperación y eventual cohesión de la sociedad de EUA y el establecimiento político.  

Ésto hará a EUA no sólo grande, sino también, modelo para las demás naciones, “una luz para las naciones”, si se quiere. Implementar un plan de esta naturaleza, revertirá la trayectoria global negativa y garantizará nuestro futuro, el de nuestros hijos y el de los hijos de nuestros hijos.
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Artículos en el periódico ucraniano Evreiskie Vesti (Noticias judías)

El periódico ucraniano Evreiskie Vesti (Noticias judías) publicó mi artículo sobre el Congreso Mundial de Cabalá que tuvo lugar en Tel Aviv, Israel del 21 al 23 de febrero de 2017 (página 12), también el artículo sobre Pesaj de mi estudiante Oleg Isekson (página 2).

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Jerusalem Post: ‘Pesaj – historia de hebreos que querían ser egipcios’

En mi columna regular en The Jerusalem Post: ‘Pesaj – historia de hebreos que querían ser egipcios

El faraón con egoísmo esclavizó a los hebreos; Moisés desinteresadamente los liberó. El ‘rey’ del egoísmo sigue esclavizando nuestros corazones. Para liberarnos de la esclavitud debemos liberarnos del odio a otros.

Para la mayoría, la historia de nuestro éxodo de Egipto no es más que un cuento. Una historia fascinante, sin duda, pero ¿es relevante para nuestro tiempo? Cuando se ve contra los platos servidos en la mesa, es injusto con la Haggadah. Sin embargo, si supiéramos lo que realmente significa Pesaj para todos nosotros, estaríamos ‘bebiendo’ la narración, en vez de esperar a que llegue el evento principal: la comida.

Bajo el cuento sobre la lucha de una nación para ser libre, está la descripción de un proceso que nosotros como judíos pasamos y que vivimos de nuevo hoy. Por una buena razón la Torá nos ordena vivir cada día como si acabáramos de salir de Egipto. El sufrimiento de nuestros antepasados debe ser signo de advertencia y señal de ruta, que nos señala el camino en un mundo de incertidumbre y temor.

Auge de Israel en Egipto

Cuando los hermanos de José fueron a Egipto, lo tuvieron todo. José el hebreo fue gobernante de facto de Egipto. Con la bendición del faraón, decretó todo lo que sucedió en Egipto, como dijo faraón a José: ‘Tú estarás sobre mi casa y según tu mandamiento todo mi pueblo rendirá homenaje. … Te he puesto sobre toda la tierra de Egipto. … Yo soy faraón, pero sin tu permiso nadie levantará mano ni pie en toda la tierra de Egipto‘ (Génesis 41: 40-44).

Gracias a la sabiduría de José, Egipto no sólo se convirtió en una superpotencia, sino que también esclavizó a las naciones vecinas y tomó el dinero, la tierra y los rebaños de sus pueblos (Génesis 47:14-19). Y el principal beneficiario del éxito de Egipto fue la familia de José, los hebreos. El faraón le dijo a José: ‘La tierra de Egipto está a tu disposición; acomoda a tu padre y a tus hermanos en la mejor tierra, que vivan en la tierra de Gosén (la parte más rica y exuberante de Egipto) y si conoces a hombres capaces entre ellos, ponlos a cargo de mi ganado‘ (Génesis 47:6).

Hay una buena razón por la que José tuvo tanto éxito. Tres generaciones antes, su bisabuelo, Abraham, encontró un método para curar todos los problemas de la vida. Midrash Rabbah dice que cuando Abraham vio a los habitantes de Ur de los caldeos, peleando entre ellos, lo perturbó profundamente. Después de reflexionar, se dio cuenta que cada vez eran más egoísta y ya no podía llevarse bien. Su odio les hacía luchar y pelear, a veces hasta la muerte. Abraham se dio cuenta de que el ego no podía ser borrado, pero podía ser cubierto con amor, centrándose en conexión en lugar de separación. Por eso, Abraham es considerado símbolo de bondad, hospitalidad y misericordia.

Aunque Nimrod, rey de Babilonia, expulsó a Abraham, Maimónides en Mishneh Torah (capítulo 1) y en muchos otros libros se describe cómo vagó hacia la tierra de Israel y reunió a decenas de miles de seguidores que entendieron que la unidad por encima del odio es la clave para una vida de éxito. Cuando Abraham llegó a la tierra de Israel, era un hombre rico y próspero o como la Torá lo describe, ‘Y Abram era muy rico en ganado, en plata y en oro’ (Génesis 13: 2).

Abraham pasó su conocimiento a todos sus discípulos y descendientes. Según Maimónides, ‘Abraham sembró este principio (unidad por encima del odio) en sus corazones, hizo libros y enseñó a su hijo Isaac. Isaac se sentó y enseñó a Jacob, lo nombró maestro, para sentarse y enseñar … y Jacob, nuestro padre, enseñó a todos sus hijos‘ (Mishneh Torah, capítulo 1). José, de la palabra hebrea Osef (reunión/asamblea), fue el principal discípulo de Jacob y se esforzó por establecer las enseñanzas de su padre. En Egipto, el sueño de José, de unir a todos sus hermanos bajo él, se hizo realidad y todos se beneficiaron. Este fue el apogeo de la estancia de los hebreos en Egipto.

Cómo las tablas se volvieron contra nosotros

Todo cambió cuando José murió. Como siempre sucede a lo largo de nuestra historia, cuando los judíos tienen éxito, su ego lo supera y desean abandonar el camino de unidad y ser como los lugareños. Este abandono es siempre el inicio de un giro peor, hasta que finalmente una tragedia o una prueba nos obliga a unirnos. Egipto no fue la excepción. Midrash Rabba (Éxodo, 1:8) escribe: ‘Cuando José murió, ellos dijeron: ‘Seamos como los egipcios’. Y como lo hicieron, el Creador convirtió el amor que los egipcios sentían por ellos en odio, como dice; (Salmo 105), ‘Él revirtió su corazón a odiar a Su pueblo, a abusar de Sus siervos’

El libro de la conciencia (capítulo 22) escribe aún más claramente que si los hebreos no hubieran abandonado su camino de unidad, no habrían sufrido. El libro comienza por citar el Midrash que acabo de mencionar, pero luego agrega: ‘el faraón miró a los hijos de Israel después de José y no reconoció a José en ellos’, es decir, la calidad de unión, la tendencia a unirse.

Y como ‘se hicieron nuevos rostros, el faraón declaró nuevos decretos’. El libro concluye ‘Ve, mi hijo, todo el peligro y todos los milagros y tragedias son de ti, por ti, y a causa de ti’. En otras palabras, el buen faraón se volvió contra nosotros porque abandonamos el camino de José, el camino de unidad por encima del odio.

Cuando Moisés llegó, sabía que el único modo de salvar a su pueblo era sacarlo de Egipto, fuera del egoísmo que destruía sus relaciones. El nombre Moshe (Moisés), dice el libro Torat Moshe (Éxodo, 2:10), viene de la palabra hebrea ‘Moshej’ (sacar) porque sacó al pueblo de la inclinación al mal.

Sin embargo, incluso cuando los sacó, seguían en peligro de volver a caer en el egoísmo. Recibieron su ‘sello’ como nación hasta que revivieron el método de Abraham, unirse por encima del odio. Una vez que se comprometieron a unirse ‘como un hombre con un corazón’, fueron declarados ‘nación’. Al pie del monte Sinaí, de Sinaa (odio), los hebreos se unieron y cubrieron su odio con amor. Fue cuando se convirtieron en la nación judía, como el libro Yaarot Devash (parte 2, Drush 2) escribe: ‘Yehudi’ (judío) viene de la palabra ‘yechudi’ (unidos).

El faraón y Moisés dentro de nosotros

Han pasado muchos siglos desde que se desarrolló esta historia épica, pero parece que hemos aprendido muy poco. Vean nuestros valores actuales, somos tan corruptos como los hebreos después de la muerte de José. Por ‘corrupto’, no digo que debemos evitar bienestar en la vida. Ni Abraham ni José se abstuvieron de ninguna forma. Por corrupto, quiero decir que somos descaradamente egoístas, narcisistas y promovemos estos valores donde quiera que vamos. Somos arrogantes, orgullosos y perdimos por completo nuestra identidad judía, es decir, nuestra tendencia a unirnos. En consecuencia, así como los egipcios se volvieron contra los hebreos cuando abandonaron el camino de José, el mundo se está volviendo contra nosotros hoy.

Faraón y Moisés no son figuras históricas; viven dentro de nosotros y determinan nuestras relaciones cada momento. Cada vez que dejamos que el odio gobierne nuestras relaciones, volvemos a coronar al faraón. Y cuando nos esforzamos por unirnos, revivimos a Moisés y el juramento de ser ‘como un hombre con un corazón’. Andrés Spokoiny, presidente y director de la Jewish Funders Network, describió magníficamente nuestra situación en un discurso que dio el año pasado: ‘En los últimos años, vimos una polarización sin precedentes y fealdad en la comunidad judía. Aquellos que piensan de manera diferente son considerados enemigos o traidores, y los que no están de acuerdo con nosotros son demonizados’. Esta es precisamente la regla del faraón.

Ser judío no necesariamente implica observar costumbres específicas ni vivir en un país específico. Ser judío implica situar la unidad por encima de todo. Por muy feroz que sea nuestro odio, debemos elevarnos por encima y unirnos.

Incluso El libro del Zohar escribe explícitamente sobre la importancia suprema de la unidad por encima del odio. En la porción Aharei Mot, el Zohar escribe, ‘He aquí, cuán bueno y cuán agradable es que los hermanos también se sienten juntos. Estos son los amigos que se sientan juntos y no están separados unos de otros. Al principio, parecen personas en guerra, deseando matarse unos a otros. Luego vuelven a estar en amor fraternal. … Y ustedes, los amigos que están aquí, como estaban en cariño y amor antes, de ahora en adelante tampoco se separarán … Y por su mérito habrá paz en el mundo ‘.

Aprender del pasado

Versiones de la historia de Egipto han ocurrido a lo largo de nuestra historia. Los griegos conquistaron la tierra de Israel porque queríamos ser como ellos, adorar al ego. Incluso peleamos por ellos, como judíos helenizados, contra los macabeos. Menos de dos siglos después, el Templo se arruinó por nuestro odio mutuo infundado. Fuimos deportados y asesinados en España cuando quisimos ser españoles y abandonar nuestra unidad y fuimos exterminados en Europa por el país donde los judíos querían olvidarse de nuestra unidad y asimilarse. En 1929, el Kurt Fleischer, líder de los Liberales en la asamblea de la comunidad judía de Berlín, expresó con precisión el problema de nuestros siglos: ‘El antisemitismo es el azote que Dios nos ha enviado para llevarnos juntos y unirnos’. Qué tragedia fue que los judíos de entonces no se unieron.

Como no podemos aprender, hoy nos colocamos en la posición de siempre. Nos hemos convertido en esclavos de nuestro presunción y arrogancia y no queremos ser judíos, es decir, unirnos. Estamos permitiendo que el faraón gobierne de nuevo, ¿qué podemos esperar para salir de esto? No debemos volver a ser ciegos; deberíamos saberlo mejor ahora.

En cada uno de nosotros hay un Moisés, un punto Moshej (salir) hacia la unidad. Sin embargo, debemos coronarlo conscientemente. Debemos elegir liberarnos de los grilletes del ego y unirnos por encima de nuestro odio. Esto puede parecer una montaña imposible de subir, pero no se espera que tengamos éxito, sólo ponernos de acuerdo y hacer el esfuerzo. Así como los hebreos fueron declarados nación y fueron liberados de Egipto cuando acordaron unirse, sólo necesitamos unirnos, el resto seguirá. Encontraremos dentro de nosotros el poder y la capacidad de unión.

En esta Pesaj, realmente debemos pasar de odio infundado, la plaga de nuestro pueblo a restaurar nuestra hermandad. Hagamos de esta Pesaj una de acercamiento de reconciliación y acuerdo. Convirtamos este día de fiesta en un nuevo inicio para nuestra nación. Pongamos un poco de Seder (orden) en las relaciones entre nosotros y seamos lo que estamos destinados a ser, ‘luz para las naciones’, difundir el brillo de unidad en todo el mundo y a nuestros hermanos. Si sólo tratamos, sé que tendremos una Pesaj feliz, una Pesaj de amor, unidad y fraternidad.
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JPost: “Éxodo – el secreto de nuestra nación”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “Éxodo – el secreto de nuestra nación

Este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo; esforcémonos por conectar con otros, de corazón.

Platillo Seder de PESAJ – este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo

Cada Pesaj, centramos nuestra atención en la lucha histórica entre Moisés, el faraón y la esclavitud de los hebreos. Sin embargo, la historia de nuestro pueblo en Egipto es más que una memoria colectiva; es una representación exacta de nuestra situación actual.

El Éxodo es la culminación de un proceso que realmente, comenzó cuando un erudito de Babilonia, llamado Abraham, descubrió la razón de los problemas de la humanidad y trató de comunicarla al mundo. Mishneh Torá de Maimonides narra que Abraham era un joven inquieto cuyo padre, Terá, poseía una tienda de ídolos en el centro de Ur, una bulliciosa ciudad en la antigua Babilonia.

La venta de ídolos y amuletos era un buen negocio, pero Abraham estaba disgustado. Se dio cuenta de que sus paisanos eran cada vez más infelices. Noche tras noche, Abraham reflexionó sobre el enigma de las tribulaciones de los babilonios, hasta que descubrió una verdad profunda: los humanos carecen de bondad. Según el libro Pirkei de Rabí Eliezer (capítulo 24), Abraham observó a los constructores de la Torre de Babilonia y los vio pelear. Trató de persuadirlos para que dejaran de luchar y cooperaran, pero se burlaban de él. Eventualmente, lucharon entre sí hasta la muerte y la torre nunca fue terminada.

El desesperado Abraham empezó a decirle a sus paisanos que dejaran de lado sus egos y odios y se centraran en la conexión y la hermandad. Sugirió que se elevarían por encima de su odioso ego y se unirían.

Abraham comenzó a reunir seguidores, hasta que a Nimrod, rey de Babilonia, le enojó la creciente popularidad de Abraham y lo expulsó de Babilonia, a él y a su séquito.

En el camino hacia lo que sería la Tierra de Israel, Abraham y su esposa Sara, hablaron a todo el que quiso escuchar. Después de algún tiempo, la compañía de Abraham contó con decenas de miles de discípulos y seguidores.

Maimónides escribe que Abraham adoctrinó a su hijo Isaac, en la idea de conexión por encima del odio, Isaac le enseñó a Jacob el mismo principio y después de unas generaciones, se creó una asamblea única. Aún no era una nación, pero tenía una forma única de unidad.

Su ‘adhesivo’ fue la idea de que el odio sólo puede triunfar al profundizar la unidad y el amor mutuo.

El pueblo de Abraham no tenía ninguna afinidad biológica, sin embargo, su solidaridad se hacía más fuerte cada día, gracias a sus esfuerzos por unirse.

El éxodo de Egipto fue la etapa para forjar la nación israelí. Cuando salieron de Egipto, fueron ante el Monte Sinaí, cuyo nombre deriva de la palabra hebrea Siná (odio). Moisés, que unió a los israelitas en Egipto, escaló la montaña a su regreso trajo la Torá, el código de unidad, mientras el pueblo de Israel se preparaba para recibirla, comprometiéndose a unirse ‘como un hombre con un corazón’. Con este compromiso, pasó la prueba. Se les declaró no sólo nación, sino que se les dio el encargo de ser ‘luz para las naciones’.

La formación de la nación israelí parece narrar la improbable alianza de una nación de extraños.

Sin embargo, en realidad, esta historia representa la batalla que todos enfrentamos entre nuestro odio innato a los demás y la necesidad de conexión.

El faraón, la inclinación al mal, convirtió nuestro mundo del siglo 21 en un Egipto contemporáneo, donde el egoísmo es el rey y el narcisismo, la tendencia. Nuestro mundo contaminado y golpeado por guerras, una sociedad polarizada, depresión ubicua y tendencias enfermizas, como transmisiones en Facebook, en directo de suicidios, esto indica que el faraón es el rey del planeta y este mundo es Egipto.

Tenemos a nuestro faraón interno y también tenemos a nuestro Moisés interno, pero no puede tener éxito solo. Si no destinamos toda nuestra fuerza y deseo hacia la conexión, permaneceremos en Egipto, esclavos de nuestro ego y el mundo seguirá de mal en peor.

Actualmente estamos tan divididos que si tuviéramos que volver a comprometernos a ser ‘como un hombre con un corazón’ y, por lo tanto, a convertirnos en una nación, unánimemente declinaríamos. Somos esclavos voluntariosos de nuestro ego. El libro Yaarot Devash dice que la palabra ‘judío’ (Yehudi) viene de la palabra ‘unidad’ (Yihudi).

Mientras permanezcamos separados, no somos judíos, así como no fuimos judíos antes de unirnos y acordar esforzarnos por amar a nuestros vecinos como a nosotros mismos.

Este Pesaj demos un golpe final a la separación y al egoísmo; esforcémonos por conectar con otros, de corazón. En tiempos difíciles como el nuestro, nuestra unidad es vital. Restaurará nuestra individualidad y nos hará “una luz para las naciones”, ejemplo de solidaridad y cohesión y, nos liberará del azote del narcisismo y todos nuestros males sociales.

Pesaj feliz y kosher, queridos hijos de Israel.
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Jewish Business News: “El odio entre judío es el fermento que debemos despejar’

En mi columna regular en Jewish Business News, mi nuevo artículo: “El odio entre judío es el fermento que debemos despejar

Si hay un odio más enigmático que el antisemitismo, es el antisemitismo judío. Nuestro odio mutuo es una fuente siniestra e inmortal, pero no se secará hasta que encontremos su detonador y lo desactivemos.

La historia está repleta de ejemplos de judíos que odian a su pueblo con tanta vehemencia que dedicaron toda su vida a su destrucción. La rebelión de los Macabeos, hacia el año 160 AC, fue ante todo, contra los judíos helenizados y no contra el imperio seléucida. Del mismo modo, el comandante de los ejércitos romanos que conquistó Jerusalén y exilió a los judíos fue Tiberio Julio Alejandro, un judío alejandrino que destruyó las puertas del templo, para cuya construcción su propio padre había donado el oro y la plata. De hecho, antes de la ruina de Jerusalén, Julio Alejandro obliteró a su propia comunidad judía de Alejandría, causando que ‘todo el distrito se inundara de sangre por los 50,000 cadáveres que fueron apilados’ esto, según el historiador judío-romano Titus Flavius Josefo. También, durante la Inquisición española, Tomás de Torquemada principal inquisidor era de ascendencia judía reciente, pero eso no disminuyó su celo en expulsar y matar judíos. Y justo en el siglo pasado, la Asociación de Judíos Nacionales alemanes apoyó y votó por Hitler y por el Partido Nazi.

De hecho, George Soros y Noam Chomsky no inventaron el antisemitismo judío, a.k.a. Y, la semana pasada se vio un desfile espantoso de esta manía. Primero, nos enteramos de que la mayoría de las amenazas de bombas a los CCJ tuvo un solo perpetrador y que el delincuente no fue ni un fanático de derecha ni un extremista musulmán, sino un israelí de EUA de 19 años, de Ashkelon, una pequeña ciudad en el sur de Israel. Luego, vimos a ‘judíos justos’ protestado contra el discurso del vicepresidente Mike Pence en el AIPAC, afirmando que si no hay paz para los palestinos (que declaran todos los días que no quieren paz con Israel sino su destrucción), entonces no habrá paz para Israel. Y tercero, si bien el Estado de Israel y algunas organizaciones judías han reunido suficiente apoyo internacional para celebrar una conferencia anti-BDS, en el Salón de la Asamblea General de la ONU, el movimiento BDS está lleno de activistas judíos y organizaciones judías que lo apoyan, J Street, Voz judía para la paz y Judíos por justicia para Palestina.

De hecho, el odio entre judío, parece ser una fuente imperecedera de ingenio siniestro. Si hay un odio más enigmático que el antisemitismo, es el odio entre judíos.

Cómo nos convertimos en nación

En septiembre de 2014, escribí en el The New York Times un artículo titulado Quién eres tú pueblo de Israel, sobre el origen único del pueblo judío y la razón del antisemitismo. Después de numerosas peticiones para que hablara sobre la idea de la unidad judía como solución al antisemitismo y de las fuentes en las que confié para apoyar mi opinión, escribí un ensayo más elaborado titulado, “Por qué la gente odia a los judíos. El ensayo se convirtió en un mini sitio de internet, donde además del ensayo hay un videoclip que explica las ideas y una copia gratuita de mi libro Como un manojo de cañas: por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día. Bajo las restricciones de una columna de periódico, sólo puedo ofrecer una breve explicación, pero se pueden seguir cualquiera de los enlaces anteriores para obtener más detalles.

Nuestra nación es única. No fue fundada en afinidad étnica o biológica, sino en torno a una idea. El libro Pirkei de Rabbi Eliezer (capítulo 24) escribe que Abraham, el padre de la nación, estaba muy preocupado por los babilonios, entre los que vivía. Se dio cuenta de que estaban cada vez más hostiles entre sí y se preguntó cuál era la causa.

Mientras reflexionaba sobre ese odio, escribe Maimónides en Mishneh Torah, se dio cuenta de que en la naturaleza hay un equilibrio perfecto entre luz y oscuridad, expansión y contracción, construcción y destrucción. Todo en la naturaleza tiene una contrapartida equilibrada. También, notó que a diferencia de la naturaleza, la naturaleza humana está completamente fuera de balance. Entre la gente, reinan el narcisismo, el egoísmo y la maldad. El odio que Abraham descubrió entre su gente le hizo ver la verdad acerca de la naturaleza humana, que ‘la inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud’ (Gen. 8:21).

Abraham se dio cuenta de que si la gente no logra el equilibrio de la naturaleza en la sociedad humana por propia voluntad, se destruiría a sí misma y a su sociedad. Comenzó a circular entre los babilonios la idea de que cuando el odio estalla, no se necesita luchar contra él, sino esforzarse más para unirse. La idea de Abraham comenzó a reunir seguidores, pero como sabemos de Maimónides, Midrash Rabá y otras fuentes, Nimrod, rey de Babilonia, no estaba contento con el éxito de Abraham y lo expulsó de Babilonia.

Abraham comenzó a vagar hacia la tierra de Israel y habló de su idea con la gente que se encontraría a lo largo del camino. Su noción era simple: cuando el odio surge, se cubre con amor. Siglos después, el rey Salomón lo resumió en el verso: ‘El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes’ (Proverbios 10:12).

Abraham comenzó a vagar hacia la tierra de Israel y habló de su idea con la gente que encontró a lo largo del camino. Su noción era simple: cuando el odio surge, se cubre con amor. Siglos más tarde, el rey Salomón lo resumió con el verso: ‘El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes’ (Proverbios 10:12).

Los discípulos de Abraham se unieron más y más, pero hasta que alcanzaron un nivel profundo de unidad y solidaridad, fueron oficialmente considerados, nación. El nombre monte Sinaí proviene de la palabra hebrea ‘sinaa’ (odio). Hasta que el pueblo de Israel se unió al pie del monte. Sinaí y se comprometió a ser ‘como un hombre con un corazón’ fue digno del título de ‘nación’. También se le dio la misión de divulgar el método de conexión, como lo enseñaron Abraham y sus discípulos. En palabras de la Torá, se les encomendó ser ‘luz para las naciones’.

El pueblo judío siguió desarrollando su método de conexión y lo adaptó a las necesidades cambiantes de cada generación, pero el principio de cubrir el odio con amor seguía siendo el mismo. Cuando un hombre llegó al viejo Hillel y le pidió que le enseñara la Torá, él simplemente dijo: ‘Lo que odias, no lo hagas a tu prójimo; esta es toda la Torá‘ (Masechet Shabat, 31a).

El antisemitismo judío: un profundo rechazo de nuestra misión

A lo largo de las generaciones, parte del pueblo judío que no pudo mantener el principio de el amor cubre el odio, se excluyó de la nación. Se asimiló o desarrolló formas menos exigentes de judaísmo, eso que aumentó su creciente auto absorción.

La mayoría de estas facciones e individuos desaparecieron entre las naciones, pero otros, como los helenistas, se convirtieron en enemigos firmes del judaísmo. Ka’ab al-Aḥbār, por ejemplo, no sólo fue judío, sino un rabino prominente de Yemen que se convirtió al Islam y fue una figura importante en el establecimiento de la denominación sunita. Acompañó a Khalif Umar en su viaje a Jerusalén. Cuando Umar le pidió consejo sobre donde hacer un lugar de culto, Ka’ab señaló el Monte del Templo. En consecuencia, la Cúpula de la Roca de hoy, se encuentra precisamente donde estuvo el Segundo Templo.

Cuando el odio entre judío se vuelve antisemita, no es sólo un rechazo a la fe. Es una objeción profunda a la misión de los judíos: dar a conocer el método de conexión de Abraham al mundo entero. Ser ‘luz para las naciones’ significa dar ejemplo de unidad por encima del odio. Esta es una responsabilidad grave, porque significa que si no damos ejemplo, el mundo no podrá lograr la paz y la gente nos culpará por su odio mutuo. Ya podemos ver que esto sucede en muchos partes y situaciones, pero a medida que el odio y el egoísmo se intensifican en nuestras sociedad, será cada vez más común y peligroso, a menos que ofrezcamos el antídoto, dando ejemplo de desarmar el odio trabajando en unidad.

Mientras más tratemos de demostrar que no somos diferentes de otras naciones, más somos tratados como forasteros. Recientemente, Andreas Zick, de la Universidad Bielefeld, en Alemania, reveló que el antisemitismo sigue sin control en Alemania. Pero lo más importante, Zick atribuye la omnipresencia del odio a los judíos al hecho de que los judíos ‘no son vistos como parte integral de la sociedad, sino como extranjeros’.

De hecho, seguiremos siendo parias hasta que volvamos a la responsabilidad mutua, a nuestro sentido de unidad y amor a los demás y, seamos luz de unidad para las naciones. Entonces, sólo entonces, seremos bienvenidos en todas partes. El antisemita más famoso de la historia de EUA, Henry Ford, expresó esa demanda específica en su libro Judío internacional, el principal problema del mundo: ‘Los reformadores modernos, que construyen sistemas sociales modelo, harían bien en examinar el sistema social bajo el que los primeros judíos fueron organizados‘.

La levadura entre nosotros

En esta época del año, cuando la familia se reúne para celebrar la Pascua, la fiesta de la libertad, debemos recordar que la única esclavitud que aún no abandonamos, es el odio a nuestros hermanos. Si eliminamos el Hametz (levadura) que es nuestro odio infundado, aunque sólo sea por una semana de vacaciones, será nuestra mayor operación de limpieza. También será el mayor servicio que podemos hacer por nosotros mismos, nuestra nación y el mundo.

Ser ‘luz para las naciones’ significa dar ejemplo de unidad y fraternidad. Con el odio entre judíos, estamos dando el ejemplo opuesto. Biur hametz (limpiar el fermento) simboliza despejar nuestro corazón de odio y prepararnos para unirnos y establecer nuestra nación. Por eso, la fiesta de la libertad, la Pascua, viene antes de la fiesta de la recepción de la Torá (Matan Torá), que como dijimos es ‘ama a tu prójimo como a ti mismo’, lo que inició nuestro pueblo.

En un momento de conflicto y alienación, seamos verdaderos judíos, unidos en el amor que cubre todos los crímenes y conectados en fraternidad y responsabilidad mutua.

Pascua feliz y Kosher (libre de odio).
[204541]

Haaretz: “Nuestros peores enemigos”

En mi columna regular en Haaretz, mi nuevo artículo: “Nuestros peores enemigos

Los judíos convertidos en antisemitas rechazan, no sólo su herencia, sino principalmente su misión de llevar el método de conexión al mundo.

Tras un prolongado silencio en relación a las amenazas de bomba a los centros comunitarios judíos CCJ, el FBI publicó la asombrosa noticia de que la mayoría de las amenazas tenían un solo perpetrador y que el delincuente no es un extremista de ultraderecha ni un extremista musulmán, sino un israelí de EUA de 19 años, proveniente de Ashkelon, un pequeño poblado del sur de Israel. En realidad, el auto-odio de los judíos parece ser un perenne manantial de siniestra inventiva.

Otro ejemplo de odio entre judíos es su inclusión en el movimiento BDS. Finalmente, la ONU ya reconoce la naturaleza antisemita de BDS y está organizando una conferencia anti-BDS en la sala de la asamblea general de la ONU. Pero mientras el estado de Israel y varias organizaciones judías finalmente han convocado suficiente apoyo internacional para luchar contra el BDS, muchos judíos y ex-israelís están entre los líderes del movimiento y muchas organizaciones judías lo apoyan, como J Street, Jewish Voice for Peace y Judíos por la Justicia para Palestina.

El odio entre judíos no inició con el movimiento BDS. Tampoco con George Soros o Noam Chomsky. A lo largo de nuestra historia, hemos enfrentado disputas internas que a menudo resultaron en guerras declaradas. La rebelión de los macabeos, alrededor de 160 AC, fue antes que nada en contra de los judíos helenizados y no contra el imperio seléucida. Asimismo, el comandante del ejército romano que conquistó Jerusalén y exilió a los judíos fue Tiberio Julio Alejandro, un judío de Alejandría, que destrozó las puertas del Templo, cuya construcción se hizo con el oro y la plata que su propio padre había donado. También, previo a la ruina de Jerusalén, Julio Alejandro arrasó a su propia comunidad en Alejandría, causando que “el distrito entero [fuera] inundado con la sangre de 50,000 cadáveres que fueron apilados”, esto de acuerdo a el historiador judío-romano Tito Flavio Josefo. Similarmente, durante la inquisición española, el inquisidor en jefe Tomás de Torquemada era de ascendencia judía reciente, pero eso no aminoró su celo al expulsar y matar judíos. Y justo el siglo pasado, la asociación de judíos de nacionalidad alemana apoyaron y votaron por Hitler y el partido Nazi.

La historia está repleta de ejemplos de judíos que odiaban a su pueblo, tan vehemente que dedicaron todas sus vidas a su destrucción. Si existe un odio más enigmático que el antisemitismo, es el antisemitismo judío.

Quiénes son ustedes pueblo de Israel

Hace un par de años, escribí un artículo en The New York Times titulado Quiénes son ustedes pueblo de Israel, que hablaba del origen único del pueblo judío y la razón del antisemitismo. Las respuestas que recibí de lectores me hicieron escribir un ensayo más elaborado titulado Por qué la gente odia a los judíos, el cual convertí en un mini-sitio de internet que también contiene una copia gratis de mi libro, Como un manojo de cañas: por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día. Bajo las restricciones de una columna de un diario, sólo puedo ofrecer una breve explicación, entonces son bienvenidos a seguir cualquiera de los enlaces anteriores.

Si buscamos el origen específico de los judíos, no lo encontraremos. Nuestra nación es con base en una idea, no en linaje familiar ni en afinidad étnica ni biológica. El “progenitor” de la nación judía fue Abraham y nos referimos a él como “Abraham nuestro padre”. El libro Pirkei de Rabí Eliezer (capítulo 24) dice que Abraham estaba muy preocupado por los babilonios, entre quienes vivía. Veía que se volvían cada vez más hostiles entre sí y se preguntó por qué sucedía esto.

Mientras reflexionaba en el predicamento, escribe Maimónides en Mishné Torá (capítulo 1), se dio cuenta que en la naturaleza existe un equilibrio perfecto entre bien y mal, conexión y separación y fortaleza y debilidad. Todo en la naturaleza está equilibrado por su opuesto. Al mismo tiempo, se dio cuenta que la naturaleza humana, a diferencia del resto de la naturaleza, está completamente fuera de equilibrio. Entre los humanos, el mal reina por mucho. El odio de los paisanos de Abraham entre sí, le reveló la verdad acerca de la naturaleza humana: “La inclinación del corazón del hombre es malvada desde su juventud” (Gen 8;21).

Abraham supo que si la gente no replicaba el equilibrio de la naturaleza por voluntad propia, se destruiría a sí misma y su sociedad colapsaría. Comenzó a hablar de su idea a cualquiera que le escuchara y reunió un buen número de seguidores. Lamentablemente, como sabemos por Maimónides, Midrash Rabá y otras fuentes, Nimrod, rey de Babilonia, no estaba contento con el éxito de Abraham y lo persiguió hasta expulsarlo de Babilonia.

Mientras el expatriado deambulaba hacia lo que se convertiría en la tierra de Israel, siguió hablando de su idea, de que la sociedad humana debe cultivar unidad y hermandad, como antídoto al egoísmo y odio humano. Con el tiempo, Abraham logró miles e incluso decenas de miles de seguidores, a quienes él y sus discípulos adoctrinaron en el método de conexión que tiene un simple principio: Cuando el odio surge, cúbrelo con amor. Siglos después, el rey Salomón lo resumió en el verso: “El odio agita las disputas, el amor cubre todos los crímenes” (Prov 10:12).

A pesar de sus esfuerzos por unirse, los discípulos de Abraham no fueron considerados nación, hasta que lograron un profundo nivel de unidad y solidaridad. Al pie del monte Sinaí, se comprometieron a ser “como un hombre con un corazón”. Ahí y sólo ahí, fueron oficialmente declarados una nación. En ese mismo momento se le dio la misión de diseminar su método de conexión al mundo o como lo afirma la Torá, “ser una luz para las naciones”.

Con el paso de las generaciones, el pueblo judío desarrolló su método de conexión y lo adaptó a las cambiantes necesidades de cada generación. Durante el tiempo de Moisés, el simple principio que Abraham había enseñado no fue suficiente para guiar a toda la nación por el camino de unidad por encima del odio, entonces Moisés le dio la Torá. Pero el principio de cubrir el odio con amor permaneció igual. Cuando un hombre vino al viejo Hillel y le pidió que le enseñara la Torá, él simplemente dijo, “Aquello que odias, no se lo hagas a tu prójimo, esta es toda la Torá” (Talmud Babilonio, Masejet Shabbat, 31a).  

Judíos antisemitas

Pese a sus esfuerzos, el odio y egoísmo entre judíos estaba (y está) creciendo, igual que en las otras naciones. Mientras facciones del pueblo judío se volvían cada vez más centradas en sí mismas y no mantenían el principio de Hillel, se apartaban del pueblo judío y se asimilaron o, desarrollaron formas de judaísmo menos demandantes, las cuales servían a su creciente absorción en ellas mismas. Esas facciones eventualmente desaparecieron entre las naciones.

Sin embargo, a veces, como con los helenistas, esas facciones sin principios se convirtieron en firmes enemigos del judaísmo. Ka’ab al-Aḥbār, por ejemplo, no sólo era judío, sino un prominente rabí de Yemen que se convirtió al Islam y fue una figura importante en el establecimiento de la denominación suní. Ka’ab acompañó al califa Umar en su viaje a Jerusalén. Cuando Umar le preguntó dónde pensaba que el califa debía construir un lugar de adoración, Ka’ab apuntó al monte del Templo. Por eso, hoy el Domo de la Roca está localizado donde antes estuvo el Segundo Templo.

Al debilitar su orígen, los judíos convertidos en antisemitas están rechazando no sólo su herencia, sino sobretodo, su misión como portadores del método de conexión para el mundo.

Aun así, lo quieran o no, los judíos son tratados de modo diferente, a pesar de sus esfuerzos por mezclarse, pertenecer y asimilarse a la cultura local. Recientemente, Andreas Zick de la universidad de Bielefeld en Alemania reveló que el antisemitismo aún es un lugar común mportante en alemania, más aún, Zick lo atribuye a que los judíos “no son vistos como parte integral de la sociedad, sino como extranjeros”.

Seremos considerados extranjeros hasta que reconozcamos que fuimos formados a través de la unidad y que nuestra vocación es compartir al mundo el método para alcanzar la unidad por encima del odio. Todas nuestras fuentes afirman que el Templo que el converso Ka’ab al-Aḥbār convirtió en mezquita, fue arruinado por nuestro odio mutuo y que por eso estamos exiliados y dispersos. Continuaremos siendo parias hasta que restituyamos nuestra responsabilidad mutua, nuestro sentido de unidad y amor a otros. Cuando lo hagamos, seremos bienvenidos en todos partes. El antisemita más notable en la historia de EUA, Henry Ford, expresó esa demanda específica en su libro, El judío internacional- el principal problema del mundo: “Los reformadores modernos, que están construyendo modelos de sistemas sociales, harían bien en observar el sistema social bajo el cual estuvieron organizados los primeros judíos”.

Removiendo el odio

Durante esta época del año, en que las familias se reúnen para celebrar la Pascua, el festival de la libertad, debemos recordar que la única esclavitud que aún tenemos que desterrar es nuestro odio hacia nuestros hermanos de tribu. El Hametz (levadura), es nuestro odio infundado y removerlo, incluso sólo por la festividad de una semana, será la más grande operación de limpieza de nuestras vidas. Será además, el servicio más grande que podemos hacernos a nosotros mismos, a nuestra nación y al mundo.

Ser “una luz para las naciones” significa dar ejemplo de unidad y hermandad. Con nuestro odio actual, estamos dando el ejemplo opuesto. Biur Hametz (remover la levadura] significa remover el odio de nuestros corazones y prepararlos para la unidad y el establecimiento de la nación. Por eso en la Torá, la Pascua viene antes de la recepción de la Torá, que como dijimos es “ama a tu prójimo como a ti mismo”, y la cual da comienzo a nuestra identidad.

En este tiempo de conflicto y alienación, seamos verdaderos judíos -unidos en amor que cubre todos los crímenes y vinculados en hermandad y responsabilidad mutua.

Les deseo una Pascua feliz y kosher (libre de odio).
[204445]

JPost: “El odio entre judíos es el fermento que debemos despejar”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “El odio entre judíos es el fermento que debemos despejar

El único odio más enigmático que el antisemitismo, es el antisemitismo judío. Nuestro odio mutuo es una fuente siniestra y perpetua y no se secará hasta que encontremos el detonador y lo desactivemos.

La historia está llena de ejemplos de judíos que odian a su pueblo con tanta vehemencia, que dedicaron su vida a destruirlo. La rebelión de los Macabeos, por el año 160 AC, fue ante todo contra judíos helenizados y no contra el imperio seléucida. También, el comandante del ejército romano que conquistó Jerusalén y exilió a los judíos fue Tiberio Julio Alejandro, un judío alejandrino cuyo propio padre había donado el oro y la plata para las puertas del templo que Alejandro destruyó. De hecho, antes de la ruina de Jerusalén, Julio Alejandro acabó con su propia comunidad judía en Alejandría, causando ‘que todo el distrito fuera inundado en sangre, como 50.000 cadáveres fueron apilados’, según el historiador judío-romano Titus Flavius Josefo. Asimismo, durante la Inquisición española, el principal inquisidor Tomás de Torquemada tenía ascendencia judía, pero eso no disminuyó su celo para expulsar y matar judíos. Y, el siglo pasado, la Asociación de judíos nacionales alemanes apoyó y votó por Hitler y el Partido Nazi.

De hecho, George Soros y Noam Chomsky no inventaron el odio entre judíos, a.k.a., antisemitismo judío. De hecho, la semana pasada hubo un espantoso desfile de esta manía. Primero, sabemos que la mayoría de amenazas de bombas en los CCJ tiene un solo ejecutor y que el delincuente no es fanático ni extremista musulmán, sino un israelí estadounidense de 19 años, de Ashkelon, una pequeña ciudad en el sur de Israel. También, vimos a los judíos ‘justos’ protestado contra el discurso del vicepresidente Mike Pence en AIPAC, afirmando que si no hay paz para los palestinos (que declaran cada vez que no quieren paz con Israel, sino su destrucción), no habrá paz para Israel. Y tercero, si bien el Estado de Israel y algunas organizaciones judías han reunido suficiente apoyo internacional para celebrar una conferencia anti-BDS en el salón de asamblea general de la ONU, el movimiento BDS está lleno de activistas y organizaciones judías que apoyan, como J Street, Voz judía para la paz y Judíos por justicia para Palestina.

De hecho, el odio entre judío parece ser una fuente perpetua de ingenio siniestro. El único odio más enigmático que el antisemitismo, es el antisemitismo judío.

Cómo nos volvimos una nación

En septiembre de 2014, escribí un artículo en The New York Times titulado Quiénes son ustedes pueblo de Israel, sobre el origen único del pueblo judío y la razón del antisemitismo. Después de numerosas peticiones para hablar de la idea de unidad judía como solución al antisemitismo y de las fuentes en las que apoyo mi opinión, escribí un ensayo más elaborado, titulado Por qué la gente odia a los judíos. Este ensayo lo convertí en un  mini sitio de internet y contiene, además del ensayo, un videoclip que explica las ideas y una copia gratuita de mi libro, Como un manojo de cañas: por qué la unidad y la responsabilidad mutua están hoy en la agenda del día. Bajo las restricciones de una columna de periódico, sólo puedo ofrecer una breve explicación, pero se puede seguir cualquiera de los enlaces anteriores para obtener más detalles.
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JPost: “Nuestra (anhelada) felicidad”

El Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “Nuestra (anhelada) felicidad

El ego causa todas nuestras guerras, pero no es un enemigo. Si lo usamos correctamente, al conectarnos el uno al otro, por encima de nuestro ego, aprenderemos cómo funciona toda la naturaleza.

El lunes, conmemoramos el día internacional de la felicidad. Desde el 2013, ha sido conmemorado cada 20 de marzo.

Describir la felicidad representa un reto. Sin embargo, ciertas precondiciones deben cumplirse con el fin de sentirnos felices o al menos, contentos: con paz, estabilidad, necesidades básicas resueltas y habilidad de realizar nuestro pleno potencial. Lamentablemente, hoy parece haber todo menos paz y estabilidad. El medio oriente está siempre al borde de la explosión, pero ahora más que nunca debido a que Rusia y Estados Unidos se involucraron en Siria. Al mismo tiempo, Europa está desgarrada entre la extrema izquierda y la extrema derecha, principalmente alrededor del problema de inmigración. Estados Unidos se han hundido en habladurías internas desde las últimas elecciones y el antisemitismo y la violencia han crecido exponencialmente. Rusia está al borde de una caída económica; África sufre su peor hambruna desde la segunda guerra mundial y China y Japón se tambalean económicamente y están preocupadas por las amenazas nucleares de Corea del Norte.

En pocas palabras, el mundo está al borde y la inestabilidad no es receta para la felicidad.

Acerca de envidia, lujuria y honor

Lo que hace hace todo más difícil, es nuestra creciente autoabsorción. Nos volvemos cada vez más indiferentes a la gente alrededor nuestro y hostiles hacia los que tienen una opinión diferente a la nuestra. Muy a menudo, consideramos a todo lo que contradice nuestra opinión de la realidad, como enemigo y sentimos como si sólo nuestro punto de vista fuera válido. Esto crea una sensación de privilegio, que provoca intolerancia y nos lleva a negar todos los otros puntos de vista. Esta es una receta para la violencia inducida enteramente por el narcisismo, es decir el egoísmo.

A través de toda la historia, raramente ha existido otra razón para la guerra, sólo el egoísmo. Disfrazado de persecución de honor, riqueza o dominio, el ego siempre ha sido la causa principal de la guerra.

El egoísmo es un rasgo sólo de humanos. Las otras criaturas pelean por sobrevivir y procrear, pero no les interesa el estatus social ni desean lastimar deliberadamente a otros. Conquistadores como Alejandro Magno o Napoleón no existen en el reino animal, simplemente porque los animales no tienen sentido de la historia, no tienen que satisfacer su orgullo y por lo tanto, no desean tomar más de lo que necesitan para su sustento. Sus deseos se restringen a asegurar su existencia inmediata.

Los humanos son diferentes. La Mishná nos dice: “Envidia, lujuria y honor sacan a uno del mundo” (Avot 4:21). Envidia es la clave para entender por qué no somos felices. Nos obliga a competir con otros por poder y respeto, dejándonos siempre insatisfechos. Como resultado, mientras seamos sirvientes de nuestra envidia hacia otros, estamos condenados a insatisfacción, frustración, competencia y lo peor de todo, a odiar a los otros. En ese estado, no podemos ser felices.

Aun así, el ego también nos empuja a desarrollarnos. Gracias al ego, vamos al supermercado a comprar lo que necesitamos o mejor aún, lo ordenamos por internet sin salir, en lugar de jugarnos la vida cazando mamuts. Además encendemos la calefacción y la ponemos a la temperatura deseada, en lugar de calentarnos con fuego en una cueva o cubrirnos con piel de animales. El ego nos ha dado muchas grandes cosas, pero si avanzamos correctamente, podremos obtener mucho más, precisamente usando nuestro ego.

Armando el rompecabezas

En los animales, los deseos están restringidos por naturaleza. Las interacciones entre los intereses propios de las especies y las limitaciones impuestas sobre ellas por el entorno, crean un equilibrio que garantiza la prosperidad de todas las especies dentro del ecosistema.

Tal vez la mejor descripción que he escuchado del mecanismo por el cual la naturaleza equilibra sus elementos, es Elisabeth Sahtouris, bióloga evolutiva. En noviembre del 2005, fui invitado a Tokio a hablar en una conferencia titulada, “Creando una nueva civilización”, organizada por Goi Peace Foundation. Entre los conferencistas estaba la profesora Sahtouris, quien ofreció una definición concisa de las interacciones entre las fuerzas que hacen posible la vida. “En tu cuerpo”, dijo ella, “cada molécula, cada célula, cada órgano de todo el cuerpo, tiene un interés propio”. Sin embargo, “Cuando cada nivel muestra su propio interés, fuerza la negociación entre los niveles. Este es el secreto de la naturaleza. Cada momento, en tu cuerpo, esas negociaciones conducen tu sistema a la armonía”.

Pero lo que funciona para los cuerpos humanos, no funciona para la psique humana. Dentro de nosotros, el mal en forma de egoísmo prevalece de extremos a extremo, como dice la Torá, “La inclinación del corazón de un hombre es mala desde su juventud” (Gen 8:21).

Aun así, la ausencia de equilibrio entre el auto-interés y el interés del entorno nos da oportunidad de crear este equilibrio por nosotros mismos. Es como si la naturaleza nos hubiera dado un rompecabezas, cuyas piezas están separadas y debemos volver a ensamblarlo. Sin embargo, también la naturaleza nos está ayudando a lograrlo, porque la naturaleza misma es la imagen que debemos crear cuando conectamos todas las piezas corectamente. La recompensa al final del trabajo es que al aprender cómo se conectan las piezas, también aprendemos cómo funciona la naturaleza

El ego no es nuestro enemigo; es la sustancia que mantiene las piezas separadas hasta que las colocamos correctamente, de acuerdo con la imagen de la naturaleza. De esta manera, aprendemos cómo la naturaleza construye sus mecanismos y mantiene su equilibrio.

Como con cualquier rompecabezas, la saliente de una parte es la incisión de la otra. Es decir, en lugar de usar nuestras ventajas para tratar con condescendencia a otros y sentirnos superiores a ellos, debemos usarlas para “llenar las incisiones”, las desventajas de otros. Cuando otros hacen lo mismo hacia nosotros, creamos una imagen de la realidad sólida y completa.

La gente adora armar rompecabezas y construir cosas a partir de kits, porque así es como la naturaleza nos enseña y sólo replicamos la manera en la que la naturaleza nos instruye para encontrar sus secretos. Si pudiéramos captar esta noción y relacionarnos con nuestro ego de esa manera, no estaríamos compitiendo con otros de la forma despiadada en que lo hacemos ahora. En su lugar, intentaríamos ir por encima de nuestro ego y conectarnos. En el proceso, aprenderíamos cómo todo en la naturaleza encaja en un todo.

Haciendo que lo imposible suceda

Nos esforzamos por ser amos de la naturaleza. Pero antes de dominarla, debemos dominar nuestra propia naturaleza. Aprender cómo la naturaleza une todo de forma armoniosa es el primer paso. Una vez que hayamos dominado el arte de conexión por encima de nuestro ego, seremos capaces de desarrollar nuestra especie de forma favorable para nosotros mismos y para la posteridad.

Cabalistas y sabios judíos han sabido, desde hace milenios, los principios para lograr el equilibrio y la conexión. Ellos los han estado enseñando en reclusión a sus estudiantes, pero el desenfrenado egoísmo de hoy, dicta que el mundo entero aprenda cómo equilibrar nuestro indomable ego. Por eso, desde principios del siglo 20, estos sabios han hecho todos los esfuerzos por lograr que la suprema importancia de la conexión por encima del egoísmo, sea conocida en todo el mundo.

A este respecto, el libro Likutey Etzot (Consejos varios) describe el enfoque correcto para intentar conectarse: “La esencia de la paz es conectar dos opuestos. Por lo tanto, no te alarmes si ves a una persona cuyo punto de vista es completamente opuesto al tuyo y piensen que nunca podrán de hacer la paz. Además, cuando vean dos personas que son completamente opuestas entre sí, no digan que es imposible hacer la paz entre ellas. Al contrario, la esencia de la paz es intentar hacer la paz entre dos opuestos”.

Al principio de la columna, dije que la felicidad viene cuando tenemos paz, estabilidad, necesidades básicas resueltas y podemos realizar todo nuestro potencial. Sólo si adoptamos un enfoque positivo y creativo hacia el ego, como se mencionó en la cita anterior, seremos capaces de establecer una sociedad que cumpla con los criterios de felicidad. El rompecabezas no estará completo hasta que sigamos el ejemplo de la imagen completa de la naturaleza, donde todas las partes se complementen una a otra. Así como los niños aprenden a ensamblar las piezas del rompecabezas, también nosotros debemos hacerlo. Pero al hacerlo, estaremos ensamblando las piezas de nuestras vidas y las piezas de la sociedad humana, garantizando de esa manera nuestra felicidad ahora y en el futuro.
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Haaretz: “¡Buenas noticias! Está bien hablar de antisemitismo en EUA!”

En mi columna regular en Haaretz, mi nuevo artículo: “¡Buenas noticias! Está bien hablar de antisemitismo en EUA!

…porque ahora podemos hablar acerca de sus causas y soluciones.

En sólo un poco más de un mes, más de 100 centros comunitarios judíos (CCJ) y sinagogas recibieron amenaza de bomba y fueron forzados a evacuar, tres cementerios judíos fueron vandalizados, hubo disparos sobre una sinagoga cuando había personas dentro y fueron pintadas swastikas en edificios y coches.

“Corrí dos veces del trabajo tras recibir textos diciendo que los niños habían sido evacuados del edificio”, dijo una madre en el medio oeste, que pidió no ser nombrada para no atraer más atención de “quienes sean esas personas trastornadas que están amenazando”.

“Sé que pudo haber sucedido en cualquier lugar, pero el hecho de que las llamadas sucedan en centros comunitarios judíos te pone en constante tensión”, dijo Allison Vitagliano, cuyo hijo de 4 años fue evacuado de su escuela en el CCJ del centro de Nueva Jersey.

“Me doy cuenta de que vivo en una ingenua burbuja porque no entiendo de dónde viene este odio. Sabía que había discriminación contra musulmanes, mexicanos, personas de color, homosexuales, pero me es extraño que esto suceda a judíos. Pensé que habíamos dejado eso atrás y podiamos enfocarnos en apoyar a los otros grupos que están bajo ataque”, dijo Taylor, un ex-miembro de la escuela preescolar en el CCJ en Maitland, Florida.

“Mentiría si dijera que no estábamos asustados”, dijo Alison Levy, quien pidió no nombrar la escuela de su hijo, temiendo que fuera señalada una vez más.

El lunes después de clases, la hija de Honora Gathing, cuando llegó a casa, no saludó como usualmente lo hace. En su lugar dijo, “Tenemos un código negro”.

Los medios presentan esta ole de odio contra judíos como una nueva tendencia en EUA, pero no lo es. Durante la administración Obama, hubo no menos de 7,000 incidentes antisemitas, pero, por razones políticas, en su mayoría no fueron reportados por los medios. Ahora que la administración ha cambiado y los medios ya no están obligados a proteger a la Casa Blanca, finalmente podemos hablar abiertamente de antisemitismo en EUA y reflexionar qué significa para los judíos.

Odio como ningún otro

Primero, no debemos ser ingenuos, como lo expresó Taylor en la cita anterior. El antisemitismo es el odio más antiguo, más tenaz; sobrevivirá a todos los otros odios. Hay una característica especial en el odio a los judíos: no es realmente odio a los judíos, sino más bien, ira contra los judíos.  

La razón de esta ira surge de nuestro origen y propósito. El pueblo judío es diferente a todos los pueblo. Su primera manifestación viene desde hace cerca de 4,000 años, en la antigua Babilonia. En ese tiempo, Abraham, hijo de un sacerdote de Babilonia llamado Teraj, notó que algo malo estaba sucediendo a sus paisanos. A pesar de la abundancia de comida y agua en la tierra, los babilonios se volvieron cada vez más unos contra otros y gradualmente, se vieron con ira y hostilidad, poniendo su próspera civilización en riesgo. El libro Pirkey de Rabí Eliezer describe cómo los constructores de la torre de Babilonia “querían hablar entre sí pero no conocían el lenguaje del otro ¿qué hicieron?” pregunta el libro. “Cada uno tomó su espada y pelearon a muerte entre sí. En realidad, la mitad del mundo fue masacrada ahí y a partir de ahí se dispersaron por todo el mundo”.

Abraham estaba profundamente preocupado por las aflicciones de su pueblo, los babilonios y comenzó a reflexionar acerca de su problema, como Maimónides describe en Mishné Torá (capítulo 1). Finalmente, Abraham cayó en cuenta que el odio que brotaba en todo su país era imparable; era una fuerza de la naturaleza. Abraham también se dió cuenta que el odio de unos por otros, crecería con el tiempo a causa de la envidia incontrolable, innata en la naturaleza humana. La envidia hace, no sólo querer tener suficiente, sino tener más que otros y volvernos superiores a ellos.

Nuestros sabios resumen este rasgo de la naturaleza humana con dos famosos axiomas: 1) “La inclinación del corazón del hombre es malvada desde su juventud” (Gen 8:21) y, 2) “El hombre no abandona el mundo con la mitad de su deseo en su mano. En su lugar, si tiene cien, quiere doscientos y si tiene doscientos, quiere cuatrocientos” (Kohelet Rabá 3:13).  

Entendiendo que no podía detener la intensificación del odio, Abraham buscó la solución en la naturaleza. Observó que en la naturaleza, la fuerza negativa de destrucción está equilibrada por una fuerza igualmente severa, la positiva de conexión. Hoy sabemos que protones y electrones no pueden mantener en equilibrio la estructura del átomo, sin las dos fuerzas de atracción y rechazo equilibrandose entre sí y que este equilibrio, es mantenido en todos los niveles de existencia. La revelación del equilibrio entre fuerzas, inspiró a Abraham a formular un nuevo modo de conducir a la sociedad humana.

En lugar de intentar hacer cumplir leyes que suprimen la naturaleza humana intrínsecamente y egoísta, esfuerzo que invariablemente fracasa a causa de nuestro odio mutuo que siempre crece, Abraham determinó que debemos, en su lugar, reforzar nuestra unidad. En lugar de enfocarse en lo malo, Abraham dijo, enfócate en lo bueno -en misericordia, amor, compasión y unidad. Mientras la naturaleza equilibra la fuerza positiva y la negativa de forma natural, los humanos tienen que hacer esto de forma consciente.

Una noción para todas las naciones

Tan pronto como Abraham supo que había encontrado la clave de la miseria de los babilonios, comenzó a esparcir la noticias en todos los lugares posibles. Pero a su rey, Nimrod, le molestaron las ideas de Abraham. En lugar de adoptar la idea de unidad por encima del odio, Nimrod persiguió a Abraham y lo expulsó de Babilonia.

Pero mientras el expatriado deambulaba hacia Canaán, seguía hablando de su revelación. De acuerdo a Maimónides, “miles y decenas de miles se reunieron a su alrededor y ellos son el pueblo de la casa de Abraham. Él plantó su precepto en sus corazones, escribió libros acerca de ello y enseñó a su hijo Isaac. Isaac enseñó, advirtió e informó a Jacob y lo designó maestro, para sentarse y enseñar…Y Jacob nuestro padre enseñó a todos sus hijos” (Mishné Torá, capítulo 1). Finalmente, una tribu que conocía la ley de unidad fue formada. Después de Abraham se continuó desarrollando su método hasta que finalmente el rey Salomón finalizó con un verso: “El odio agita las disputas, el amor cubre todos los crímenes” (Prov 10:12).

Abraham nunca tuvo intención de que su idea fuera posesión sólo de su grupo. Deseaba ayudar a toda las civilizaciones de babilonia y fue forzado a abandonar su plan sólo porque Nimrod lo arrojó de Babilonia. Los discípulos de Abraham sabían esto e hicieron circular las nuevas ideas a todos los que quisieran escucharlas. Cuando Moisés guió al pueblo de Israel fuera de Egipto, también, quería impartir la noción de unidad por encima del odio. En su comentario acerca de la Torá, Ramjal escribió que “Moisés deseaba completar la corrección del mundo en ese momento. …Sin embargo, no tuvo éxito por las correcciones que ocurrieron en el camino”.

Dado que el mundo no pudo ser corregido en ese momento, a los descendientes de Abraham, Isaac y Jacob se les encomendó el método y se les dio la misión de servir como “luz para las naciones”. La nación de Israel que nació al pie del monte Sinaí se hizo merecedora del título de “nación” sólo después que sus miembros se comprometieron a unirse “como un hombre con un corazón”. Este método único de formar una nación, cimentó su identidad como pueblo, tan fuertemente que a pesar de los esfuerzos por destruirlos, de los imperios babilonio, egipcio, griego y romano, los judíos siguen existiendo, mientras que ellos se desvanecieron en los anales de la historia.

La misión que recibimos, ser “luz para las naciones” es la tarea de esparcir el método de unidad por encima del odio que Abraham descubrió y sus descendientes perfeccionaron. El odio que percibimos como antisemitismo se deriva de nuestra obligación hacia las naciones de entregar este método de conexión, la habilidad de unirse por encima del odio.

Aproximadamente hace 2,000 años, sucumbimos al odio y abandonamos nuestra unidad, pensando que la cultura romana sería más ventajosa para nosotros. En consecuencia, no sólo perdimos nuestra tierra, sino que “ganamos” el odio de las naciones -sin luz para las naciones, no tienen esperanza de cubrir su propio odio mutuo y por lo tanto, están condenadas a guerras sin fin. Por eso antisemitas como Mel Gibson y el general retirado William Boykin nos culpan de todas las guerras del mundo. Sin nuestro ejemplo, se sienten impotentes y dirigen su ira contra nosotros.

Durante siglos, hemos sido acusados de cada crimen concebible e inconcebible. Hemos sido culpados de controlar los medios, de usura, libelos de sangre en varias formas, envenenar pozos, dominar el tráfico de esclavos, deslealtad hacia los países que nos hospedan, tráfico de órganos y de esparcir el SIDA. A través de los años, los comunistas nos acusaron de capitalistas y los capitalistas de inventar el comunismo. Los cristianos nos acusan de matar a Jesús y el aclamado historiador y filósofo François Voltaire nos acusó de inventar el cristianismo. Hemos sido etiquetados de señores de guerra y de cobardes, racistas y cosmopolitas, sin carácter e inflexibles y un largo etc.

Todo esto nos sucedió porque abandonamos nuestra unidad. Cuando estamos unidos, no sólo somos fuertes, sino que el mundo tiene esperanza, una luz al final del túnel. Cuando estamos separados, ya no somos el pueblo judío, sino la chusma que éramos antes de que Abraham nos uniera en una tribu que conocía el camino de la unidad.

El odio entre nosotros hace que seamos odiados

El antisemitismo de hoy en EUA no es diferente a ningún otro antisemitismo de cualquier época. Es la ira de los estadounidenses no-judíos hacia los judíos por no mostrar el camino de unidad. Mucha gente ya relacionan la creciente fragmentación en la sociedad de EUA con el crecimiento del antisemitismo. Están en lo correcto porque el pueblo que se supone es modelo de unidad a seguir, es modelo de odio tribal. Sólo observen lo que está sucediendo en nuestras comunidades ¡Gente de diferentes opiniones políticas no puede pasar los días festivos junta y algunas veces, incluso ¡hay divorcios a causa de por quién votaron!

El odio entre nosotros provoca que en EUA nos odien incluso más. Terminarán culpando a los judíos por su división y nada que los judíos puedan decir los convencerá de lo contrario.

Si queremos terminar el antisemitismo en EUA, primero, los judíos tenemos que unirnos entre nosotros. Judíos liberales y judíos conservadores deben elevarse a la altura de la ocasión, poner a un lado sus diferencias y unirse para salvarse. De otra manera, el odio que se desarrolle en EUA será tan poderoso o aún más, que el que surgió en Alemania en los años de 1930 y cuyas consecuencias conmemoramos cada año. Ya podemos ver que esto sucede; no debemos esperar a que sea demasiado tarde. Nuestra tarea es unirnos por encima de nuestras diferencias, justo como lo hicieron nuestros ancestros y dejar de lado todo -incluyendo la política.

Unidad en el clima político de hoy puede parecer imposible, pero no es así. En todo el mundo, la gente está entendiendo que la unidad por encima de las diferencias es la clave para su felicidad. Se reúnen para eventos de unidad y descubren el mismo “cemento social” que Abraham descubrió hace cerca de cuatro milenios. El próximo evento en Estados Unidos será del 4 al 7 de mayo, en Nueva Jersey. Cerca de mil personas de todas las religiones, razas y procedencias, asistirán y espero que la calidez que experimenten ahí refuerce su convicción de que la unidad por encima de las diferencias, es la única manera viable de crear una sociedad sustentable y próspera.
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JPost: “La ONU convierte el hambre en una mina de oro”

El Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “La ONU convierte el hambre en una mina de oro

El coordinador de la ONU para asuntos humanitarios: “Más de 20 millones de personas sufren hambre e inanición”, ¿dónde ha estado hasta ahora? atiborrandose con el resto de su parte, a costa de ellos.

Hace menos de una semana, Stephen O’Brien, coordinador de Naciones Unidas para Asuntos Humanitarios y Alivio de Emergencia, declaró: “Más de 20 millones de personas en cuatro países enfrentan hambre e inanición. Sin esfuerzos globales colectivos y coordinados, la gente simplemente morirá de hambre. Muchos más sufrirán y morirán por enfermedades”. O’Brien también dijo “para julio se necesitarían 4.4 miles de millones de dólares para evitar el desastre”.

Esto es lo que me gustaría saber: O’Brien lleva casi dos años ocupando el cargo, ¿qué ha hecho todo este tiempo? ¿qué ha hecho la ONU? El hambre de veinte millones de personas no ocurre de la noche a la mañana, ¿por qué la ONU no dio la alarma antes? De pronto, internet y las noticias se han inundado con imágenes desgarradoras de niños demacrados, ¿la ONU no dijo al mundo nada de esto cuando sólo eran cinco o diez millones de personas muriendo de hambre? Al parecer, alguien en esa institución exánime calculó que se requiere no menos de veinte millones de personas hambrientas para redimir un rescate de 4.4 miles de millones de dólares en julio.

Los miles de millones de dólares que la organización ya recibe podrían haber curado los problemas del hambre en el mundo varias veces. Podría haber enviado unos pocos millones de los 1,300 millones de toneladas de alimento que se tiran cada año y haber resuelto la crisis, pero no tiene interés en hacerlo. Los niños hambrientos traen donaciones. Alimentarlos hubiera secado el flujo de dinero y cerrado esa mina de oro.

Más que nada, con su declaración, O’Brien está admitiendo que la ONU está podrida hasta el fondo. El único interés de políticos y diplomáticos que sirven ahí, es su cheque de pago y promover su carrera. Por ejemplo, considere esta información proveniente del Fondo de las Naciones Unidas para la Infancia (UNICEF). En la página de Preguntas Frecuentes, UNICEF EUA refuta el rumor ‘vicioso’ e infundado de que Caryl M. Stern, presidenta y directora ejecutiva del Fondo de EUA para UNICEF, “gana más de un millón de dólares”. En verdad, la organización proclama, Stern “gana $521,820” Esto es un director ejecutivo modelo de austeridad.

La causa raíz de nuestros problemas

La creciente decadencia de la ONU no debe sorprendernos. Va de la mano con el crecimiento exponencial de la auto-absorción y el narcisismo de la humanidad. Para encontrar una alternativa real al órgano de gobierno de las naciones, debemos empezar por abordar la causa raíz de todos los problemas.

En 1964, Dennis Gabor, ganador del Premio Nobel de Física, escribió: “Hasta ahora el hombre se ha enfrentado a la Naturaleza; pero, en adelante estará en contra de su propia naturaleza”. De hecho, hemos estado en contra de nuestra propia naturaleza desde los tiempos bíblicos, cuando aprendimos que todos nuestros problemas son porque “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21). Sin embargo, hasta hace poco, empezamos a darnos cuenta del gran daño que el excesivo egoísmo inflige al mundo y, obstinadamente tratamos de eludir el problema, en vez de resolverlo.

Por eones, la humanidad ha intentado todas las formas concebibles de gobierno en busca de la forma ideal para equilibrar nuestra necesidad de conexión social con nuestro inherente egoísmo. Esclavitud, feudalismo, capitalismo, liberalismo, fascismo, comunismo y nazismo han sido parte del rastro de sangre y sufrimiento que llamamos “anales de la historia humana”. Aún así, no hemos encontrado una sola forma de gobierno sostenible y que garantice el bienestar de la gente. Y la razón por la que no lo hemos encontrado es que, no sólo somos narcisistas y egoístas hasta el núcleo, aparte ¡esto se incrementa de  forma exponencial! Ahora estamos en un punto de inflexión. Nos hemos vuelto tan apáticos hacia los demás, que si no encontramos un remedio para los males de la naturaleza humana, los medios pronto considerarán que veinte millones de personas que mueren de hambre, no son de interés periodístico.

Para realmente ayudarnos, debemos abordar dos cuestiones. La primera es la provisión de sustento. En un mundo donde se pierde o se desperdicia tanta comida, es inaceptable que seres humanos mueran de hambre. La comida existe. Todo lo que necesitamos es recogerla y enviarla a donde se necesita.

El segundo tema es prevenir. Esto implica un programa a largo plazo que cambie, en última instancia, la forma en que pensamos y sentimos al mundo -de la actitud explotadora actual, a un acercamiento más equilibrado y sostenible.

El secreto de nuestra nación

En una charla en TED en mayo de 2010, Nicholas Christakis, aclamado sociólogo y médico estadounidense, afirmó que los seres humanos forman una especie de súper organismo. Cerca de ochenta años antes, el aclamado comentarista de El libro del Zohar, Rav Yehuda Ashlag, escribió, “Ya hemos llegado a tal grado, que el mundo entero es considerado un conjunto y una sociedad. … En nuestra generación, cuando cada persona es ayudada para su felicidad, por todos los países del mundo … la posibilidad de llevar una vida buena, feliz y pacífica en un país, es inconcebible cuando no en todos los países del mundo”. Ashlag siguió “La gente aún no lo comprende” y enfatizó que es sólo porque “el acto viene antes del entendimiento y sólo las acciones mostrarán y empujarán a la humanidad hacia adelante”. Es decir, no sentiremos que somos un súper organismo (como dijo Christakis) hasta que empecemos a actuarlo.

Esto plantea la pregunta: ¿Cómo puede un mundo tan profundamente dividido operar como un súper organismo? Piensa en este curioso hecho: la única nación que ha sobrevivido desde la antigüedad es la judía. Naciones como Babilonia, Egipto, Grecia y Roma desaparecieron y sólo quedan los judíos. Eruditos, filósofos, filo-semitas y antisemitas, por siglos han reflexionado en, “¿cuál es el secreto de su inmortalidad?”, como Mark Twain preguntó acerca de los judíos.

La respuesta radica en una diferencia fundamental entre judíos y las demás naciones. El secreto de nuestra resistencia es nuestra unidad. Los primeros judíos vinieron de diferentes tribus y culturas. Lo único que los unió fue la idea que Abraham les enseñó: misericordia y amor son la piedra angular para fundar la sociedad. Cada vez que el ego irrumpe, no pelen ni se aparten, mejor cúbranlo con amor. El más sabio de los hombres, el rey Salomón, resumió el principio de Abraham: “El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes” (Proverbios 10:12).

Este enfoque, ha mantenido a los judíos unidos durante crisis y guerras por casi 1,500 años, desde el tiempo de Abraham hasta la ruina del Segundo Templo, hace unos dos milenios. Por otra parte, la historia ha demostrado que el “cemento” de la unidad que cubre el egoísmo es tan fuerte que no sólo sostuvo al pueblo judío más tiempo que a cualquier otra nación, sino que también los mantuvo intactos a pesar de innumerables intentos por destruirlos y dispersarlos. Aunque los judíos de hoy han perdido esa unidad especial que los había sostenido por siglos, la fuerza persistente de esta unión es aún muy fuerte, como para mantener la existencia de nuestra nación.

Éxito en la prueba del concepto

El hecho histórico de nuestra supervivencia única es la llave a resolver los problemas del mundo. La unidad sobre el egoísmo es el único modo de gobierno que el mundo aún no ha intentado. Ante el riesgo de otra guerra mundial, hambre masiva, calentamiento global acelerado y contaminación de los recursos naturales, creo que debemos considerar seriamente este enfoque. De entre las personas improbables, fue el famoso antisemita Henry Ford quien escribió: “Los reformadores modernos, que están construyendo sistemas sociales modelo, harían bien en examinar el sistema social bajo el cual los primeros judíos estuvieron organizados”. No podía ser más correcto.

Como Ashlag dijo, “el acto viene antes de la comprensión” Hoy, estamos implementando el principio de Abraham de unidad por encima de enemistad. Después de numerosos eventos exitosos de unidad en todo el mundo, incluidas zonas de conflicto como Israel, con árabes y judíos, estamos seguros de que podemos restaurar el método de nuestros antepasados a gran escala (ejemplo 1, ejemplo 2, ejemplo 3 [este último es en hebreo con opción para subtítulos)

En mi opinión, hasta que abordemos el núcleo del problema -el egoísmo en la naturaleza humana- y lo hagamos, específicamente en la forma en que Abraham legó a sus discípulos, unirse por encima de su animosidad, no encontraremos alivio para nuestros problemas. La noción de que no necesitamos suprimir nuestro ego rebelde, sino sólo unirnos por encima de él, puede ser una idea nueva para algunos, pero en mi opinión, nos hemos quedado sin otra opción. La aplicación del método de Abraham es la única forma de ahorrar a la humanidad muchos años más de tormento innecesario.
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