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Después de la convención: las primeras conclusiones

Un e-mail que recibí: Estimado doctor Laitman, Creo que hablo por muchos al decir que estoy lleno de desilusión. ¿Qué es lo que debo hacer con esto?

Respuesta: El último día de la Convención, a menudo escuché que muchas personas habían tenido la esperanza de penetrar en el mundo espiritual durante la Convención y que ahora se encontraban muy desilusionadas.

Lo voy a decir de frente: Personalmente estoy asombrado por el resultado de la Convención que acaba de terminar. Y no es por la cantidad de participantes o la reacción positiva de la prensa, sino por los cambios internos y el crecimiento de cada participante y de todo el grupo mundial. Por primera vez, las personas pasaron por estados que no hubieran podido atravesar individualmente; dentro de todas ellas ocurrieron discernimientos internos extremadamente importantes.

Y en cuanto a sus expectativas: si su deseo era la espiritualidad verdadera, de otorgamiento y amor al prójimo, entonces no debería experimentar desilusión, pues siempre tiene usted la oportunidad de otorgar y amar. Nadie se lo va a entregar o se lo va a arrebatar.

La primera cualidad espiritual, Bina, es una aspiración por Jafetz Jesed (estar por encima de su egoísmo), la sensación fuera de su deseo. Si usted aspiraba a esto, entonces no debería preocuparle el estado en que se encuentra, porque todo proviene del Creador y solamente Él decide, conforme a Su plan, lo que le sucederá a usted y a todos. Su única reacción a todo debería ser de alegría y deseo de poder encontrarse bajo el poder del Creador, la cualidad de otorgamiento. El Majsom lo atraviesan aquellos que huyen de su egoísmo y están conformes con cualquier condición con el fin de liberarse de él, aceptando sobre sí las condiciones de “todos como uno” (como un hombre con un solo corazón o deseo) y la garantía mutua, “uno para todos y todos para uno”

Nadie de nosotros tiene el poder de desprenderse de su propio egoísmo. Hasta ahora hemos hablado acerca de esto, pero éramos incapaces discernirlo con exactitud dentro de nosotros, porque esto es precisamente la cualidad que no nos deja ingresar en la espiritualidad, en la cualidad de otorgamiento. Somos incapaces de distinguir lo que es y en dónde se encuentra dentro de nosotros. Se esconde en el interior de nosotros como una víbora y no podemos identificarlo exactamente, siempre confundiéndolo con otras cualidades.

Igual como el dolor de una enfermedad, solamente el dolor de la desilusión nos ayuda a reconocer nuestro egoísmo y a descubrir que no es bueno, sino que es el malvado que nos gobierna. Tenemos que decepcionarnos a tal grado que lleguemos a odiarlo y a desear una sola cosa: apartarnos de él. Sin embargo, para llegar a este estado de decepción debemos aspirar a esto con nuestro egoísmo entero (Lo Lishma). De esto es de lo que hablé antes de la Convención, que “vamos a salir de Egipto”. Y todos estaban seguros que esto sucedería. Si no hubiéramos tenido esta confianza, entonces no hubiéramos podido decepcionarnos y discernir precisamente este mal (Faraón) dentro de nosotros, que no nos permite ascender a la cualidad de otorgamiento.

Para despertar a este mal de inmediato, manifesté al comienzo mismo de la Convención que teníamos la obligación de alcanzar la unidad, que todo nuestro trabajo en la Convención debía llevarse a cabo mediante un examen profundo de nosotros mismos y de nuestras actitudes hacia todos los amigos. Sin embargo, en lugar de la “revelación de los cielos”, que esperábamos, en seguida se produjo un descenso, enfriándonos. Con mi ruego de buscar la unidad y ascender por encima de nosotros, por encima de nuestro “yo”, quería mostrar a los participantes de la Convención que no estamos listos todavía y que como resultado de esta sensación, los participantes entraran en un trance.

Por un lado, estaba feliz acerca de este estado de “reconocimiento del mal”. Pero por el otro lado empecé a temer que el grupo no podría salir de este estado en tan corto tiempo. Es igual al enfermo que descubre un dolor y tiene que entender que es el indicativo de una enfermedad para luego comenzar a tratarla con la ayuda del doctor, el Creador. Además el 30% o 40% de los participantes de la Convención eran personas nuevas en la Cabalá y no entendían en absoluto lo que les estaba pasando. Por consiguiente, se decidió detener de un golpe al Faraón, sus esperanzas egoístas de ascender por encima de ellas.

Sin embargo, precisamente estos procesos que experimentamos son los que nos han preparado para el paso: un paso que no sea egoísta, aspirando a revelar el llenado, pero que desee revelar la oportunidad de otorgar, de unirse “como un hombre con un solo corazón”, aceptando la garantía mutua. El resultado de la Convención es el primer golpe al Faraón, a nuestro amor propio, a nuestras esperanzas egoístas de atravesar el Majsom y recibir el Mundo Superior así como este mundo dentro de nosotros, dentro de nuestros deseos, dentro de nuestro llenado.

Baal HaSulam escribe que cuando una persona alcanza la frontera espiritual, está convencida que el mundo espiritual no le pertenece y sólo entonces puede atravesar la Klipa, la frontera, y adquirir el atributo de otorgamiento.

La revelación de nuestra falta de voluntad sucedió inmediatamente, durante mi primera lección, cuando dije al principio que en lugar de acciones externas, teníamos que ir al interior de nosotros mismos, dentro de la conexión entre nosotros, dentro de la garantía mutua. De inmediato, todo se congeló. Nuestro egoísmo surgió, pero esta revelación del mal dentro de nosotros es también un gran alcance que fue el resultado de nuestra unidad (la santidad del día).

En el transcurso de nuestra Convención descubrimos que el Faraón se encuentra dentro de nosotros y no afuera. Él recibió este primer golpe a través del hecho de que estamos decepcionados por los resultados de la Convención. Pensamos (nosotros siendo Faraón) que recibiríamos algo dentro de nosotros, pero no recibimos nada. Este es el primer golpe al Faraón, nuestro egoísmo. Hemos descubierto que no recibiremos nada dentro de nuestro deseo egoísta.

Ahora tenemos una capacidad más grande para saber en cuáles cualidades tiene que revelarse la espiritualidad dentro de nosotros. Tenemos un mayor entendimiento de que no sucederá dentro de Faraón y lo que significa pensar en el Superior. Esto quiere decir no pensar en uno mismo. Por ahora cada uno de nosotros sencillamente temblaba de impaciencia: ¿cuándo sucederá el milagro y recibiremos todo en este mundo, junto con el mundo espiritual, dentro de nosotros? Ahora tenemos una nueva sensación de la necesidad de separarnos de aquello que nos trae tal desilusión y este es el principio para rechazar el egoísmo.

Hemos pagado un precio elevado por esta lección, pero cuesta mucho más que esto. Precisamente, la decepción, el golpe a nuestro amor propio, a nuestro egoísmo, a nuestras esperanzas de recibir es la adquisición más grande que podíamos desear, y me embargo la alegría al ver a los egoístas que están tan desilusionados.

Ahora solo deben darse cuenta de lo que les ha sucedido. Dependiendo de la preparación de cada persona, una parte de ustedes se dará cuenta mentalmente, y una parte todavía experimentará más desilusiones en sus sensaciones, y entonces tomarán consciencia. En cualquier caso, habrá una conclusión: la persona ya no se atará inseparablemente a su egoísmo. Precisamente este golpe a nuestras esperanzas injustificadas y egoístas nos ayudará a empezar a apartarnos de esto (del Faraón).

Es posible que aún sea necesario experimentar más golpes, pero todos irán en la misma dirección que hemos adquirido en esta Convención. Tal vez, podamos atravesarlos no solamente en las Convenciones, sino dentro de nuestra conexión virtual diaria, en la sensación que recién hemos adquirido juntos. Por ahora vamos a desear verdaderamente una sola cosa: rechazar a nuestro egoísmo que es el único mal que existe y ascender desde nuestro “yo” a la cualidad de otorgamiento.

¡El Creador nos ha dado este gran regalo! ¡No hay nadie más aparte de Él! Escríbanme y hagan preguntas sobre las lecciones. Yo no les mentí a ustedes, sino a su egoísmo.

Con amor para ustedes,

Dr. Laitman

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