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Jewish Business News: “La falla fundamental detrás del ataque cibernético”

En mi columna regular en Jewish Business News, mi nuevo artículo: “La falla fundamental detrás del ataque cibernético

La mejor manera de asegurar el ciberespacio no tiene nada que ver con la tecnología informática y todo que ver con la naturaleza humana.

El ataque cibernético masivo al que el mundo ha estado sometido por varios días, es un llamado serio para que despertemos. Aún no es claro, cuántas instalaciones y personas han sido afectadas ni en qué medida, pero es claro que es el ataque ransomware más extendido en la historia.

En su mayor parte, el rescate de 300 dólares que se les pidió pagar a los afectados fue más simbólico que un daño financiero real. Pero, el alcance y la velocidad de la propagación debería enseñarnos varias cosas: 1) ninguna agencia es a prueba de hackers, ni siquiera la National Security Agency  (NSA), cuyo software robado, WannaCry, se utilizó para este ransomware; 2) hoy, para infligir un daño generalizado sólo se requiere un obsesivo en computación con mucha mala voluntad 3) no hay forma de protegerse totalmente de estos ataques.

Capacidad incomprensible para dañar

Considera este escenario: un hacker terrorista, simultáneamente infiltra el sistema informático de varios grandes hospitales en Irán e instala un software malicioso. Este cambia las prescripciones de medicamentos a miles de pacientes, causando envenenamiento masivo que mata a cientos de pacientes. Este software es programado de tal modo que señala a Israel como el perpetrador. Que Irán tome represalias es una suposición general, pero el riesgo de iniciar una guerra total es evidente.

Otro escenario: un pirata informático entra en el sistema de navegación de un avión de pasajeros, lo hace chocar contra una zona residencial popular. Con la capacidad actual de hacerlo, un escenario tipo 9/11 no requeriría que secuestradores. Sólo con secuestrar el sistema en el aire causarían el mismo daño, sin arriesgarse.

Esta piratería también puede golpearnos a nivel personal. Imagina que una mañana despiertas y encuentras que tu cuenta bancaria con todos sus ahorros, está vacía, al parecer por un movimiento bancario lícito. Cuando llamas al banco, te dicen que tú hiciste la transacción: está registrado en su sistema.

Descarrilar trenes, interferir en el sistema de refrigeración de reactores nucleares, semáforos en verde al mismo tiempo, cambio de medicinas y dosis en hospitales, registros de decisiones gubernamentales eliminadas o modificadas… En una época en la que todo está controlado por redes informáticas, todo puede ser pirateado y saboteado. Debemos saber que: no existe ningún virus informático es prueba de hackers.

Las máquinas nos controlan, pero narcisistas desquiciados las controlan

La globalización y el internet ofrecen oportunidades infinitas para ser feliz. Piense en todas la gente que puedes conocer en Facebook, todos los lugares y cosas que puedes ver en Instagram y en todos los productos que puedes comprar con grandes descuentos en eBay. Además, actualmente no hay necesidad de ir a la tienda cuando, literalmente puedes comprarlo todo en línea.

Pero en lugar de disfrutar utilizando estas posibilidades placenteras, estos avances solo incrementan nuestra soledad y dolor. Las redes sociales se han convertido en sustituto de amistad verdadera y la gente las utiliza para transmitir los actos más repugnantes entre seres humanos. Según CNN, Facebook planea contratar a miles de personas para que ayuden a revisar las publicaciones de los usuarios, después de numerosos casos de personas que han compartido vídeos de suicidio y asesinato. El software WannaCry ha demostrado que en lugar de beneficiarnos de nuestra interconexión, tenemos miedo de ella.

Hemos dado el control a las máquinas virtuales, pero esas máquinas están bajo el control de narcisistas desquiciados y las usan para manipular y explotar. La esfera virtual no sólo refleja nuestra naturaleza inhumana y cruel, además la acentúa porque el relativo anonimato del ámbito virtual nos permite mostrar nuestro verdadero corazón despiadado. Si algo bueno podemos sacar de ese mundo en línea que hemos desarrollado, es reconocer el mal: reconocer que nuestra naturaleza es malvada hasta la médula y si no la domamos, no tendremos ni paz exterior ni paz interior.

Un software anti ego

Hay un modo de domar al ego, siempre que estemos dispuestos a abrir nuestra mente y corazón. Tiene miles de años y nos llega directamente desde la cuna de la civilización. El precursor del método es Abraham, padre de Isaac, Ismael y, también, padre de las religiones abrahámicas, judaísmo, cristianismo e islam.

En los días de Abraham, su localidad, Ur de los Caldeos, una bulliciosa ciudad del imperio babilónico, lidiaba con un problema similar al nuestro: ego excesivo que destruía el orden social. Algunas fuentes, como Pirkey de Rabí Eliezer (capítulos de Rabí Eliezer), detalla el alcance de la enemistad entre los antiguos babilonios. El libro dice que, en algún momento, los constructores de la Torre de Babel llegaron a sentir tanto odio entre ellos, que convirtieron sus arados en espadas, de sus hoces hicieron lanzas y se mataron unos a otros. Naturalmente, la construcción de la torre nunca se terminó.

Cuando Abraham vio el odio en su pueblo, reflexionó día y noche, escribe Maimónides en Mishná Torá (capítulo 1). Maimónides dice también que Abraham descubrió que solo hay una fuerza uniforme en el mundo y que siempre se manifiesta en opuestos: frío y calor, expansión y contracción, dar y recibir, vida y muerte, etc.

Además, Abraham descubrió que en la naturaleza todo es armonía y equilibrio porque los opuestos se manifiestan por igual. Sin embargo, en humanos, las manifestaciones negativas tienen tal dominio en la sociedad, que lo positivo apenas se nota. Por eso la Torá escribe: “La inclinación del corazón del hombre es mala desde su juventud” (Génesis 8:21).

Además, el sabio de Babilonia se dio cuenta de que suprimir el ego a la fuerza, es inútil. Su padre, Terá, no era un hombre común. El Midrash (Bereshit Rabá) nos dice que Terá era sumo sacerdote en el imperio babilonio, que construía y vendía iconos y conocía a Nimrod, rey de Babilonia. Abraham, creció junto a él y lo ayudaba en la tienda, conoció la manera en que los babilonios resolvían sus problemas y se dio cuenta de su futilidad.

Por lo tanto, en lugar de luchar frontalmente contra el ego, Abraham sugirió algo radicalmente diferente, tanto que incluso hoy, es un enfoque novedoso. Él dijo: “Si no puedes suprimir tu odio, úsalo como herramienta para agrandar tu amor por los demás y así, cubrirás tu odio con amor”. Varias generaciones más tarde, el rey Salomón culminó el método de Abraham con su adagio: “El odio agita la contienda y el amor cubre todas las transgresiones” (Proverbios 10:12).

Cómo el odio acrecienta el amor (si se usa correctamente)

La idea de Abraham fue revolucionaria y su implementación muy sencilla: cada vez que el ego aumenta y crece el odio entre la gente, usa esta enemistad como señal de que es el momento de aumentar la unidad. Cuando no hay odio, la gente se centra en sus asuntos y no tiene necesidad de unirse. Se llevan bien pero básicamente, son indiferentes a los demás. Pero cuando el odio se manifiesta entre ellos, pueden separarse o fortalecer su unidad y hermandad para igualar el odio creciente. El resultado de este trabajo en unidad, es que la fraternidad entre todos, aumenta en forma proporcional al incremento del odio.

Piénsalo así: si construyes una casa donde apenas hay viento, no es necesario hacer las paredes tan fuertes. Pero si la construyes en un área propensa a huracanes y grandes tormentas, debes construirla con más solidez, para poder resistir el clima. En consecuencia, la casa será mucho más maciza.

Abraham se dio cuenta de que el odio que iba en aumento, era la oportunidad para restablecer el equilibrio entre positivo y negativo, que existe en la naturaleza, pero está ausente en los humanos. Es más, el esfuerzo consciente por unirse hace que la gente tome conciencia del modus operandi de la naturaleza y le otorga una sabiduría imposible de adquirir de otro modo.

Sabiendo esto, los descendientes de Abraham construyeron el sistema social con el cual se organizaron los antiguos hebreos. Ese sistema era tan perfecto, justo y equilibrado que hasta hoy, sigue siendo base de la justicia humana. El historiador Paul Johnson escribió en el prólogo de su libro Historia de los judíos: “Ningún pueblo ha insistido más firmemente que los judíos, en que la historia tiene un propósito y la humanidad un destino. En una etapa muy temprana de su existencia colectiva, creyeron haber identificado un esquema divino para la raza humana, del que su propia sociedad debía ser líder”. Incluso Henry Ford, el antisemita más notorio de la historia de EUA, se dio cuenta de la importancia de la antigua sociedad hebrea, para la humanidad. En su libro El judío internacional: el principal problema del mundo, escribió: “Los reformadores modernos, que diseñan modelos de sistemas sociales, harían bien en estudiar el sistema social con el cual se organizaron los primeros judíos”.

Restaurar el método de Abraham

Cuando los descendientes y seguidores de Abraham lograron un nivel suficiente de unidad fueron declarados nación, al comprometerse a unirse “como un hombre con un corazón”. Durante más de mil años, lucharon con su creciente ego y lo superaron, mejorando su método de unidad por encima del odio.

Pero, hace 2 mil años, los judíos sucumbieron a su ego. Inundados por odio infundado, contribuyeron para que los romanos conquistaran la tierra de Israel y, fueron exiliados y dispersados. Y lo peor, olvidaron el verdadero significado del judaísmo: exaltar el amor por encima del odio, amar al prójimo como a sí mismo.

El mundo de hoy se ha vuelto peor que la Babilonia de Abraham. No solo nos matamos unos a otros como los constructores de la Torre de Babel, además disfrutamos nuestro ego y nos enorgullecemos de nuestro narcisismo. Queremos más de todo, no porque lo necesitemos, ¡sino porque necesitamos tener más que otros! La necesidad de ser superior gobierna nuestro corazón. Y mientras luchamos unos contra otros, nos destruimos, igual que el cáncer destruye las células sanas a su alrededor, hasta que acaba con el organismo que lo alberga y se acaba a sí mismo.

A pesar del daño masivo, ransomware WannaCry, es solo una pequeña muestra del daño que el ego puede infligir. Es una advertencia de que nadie está protegido. Toda la humanidad está junta en esto. Cuanta más dependencia tecnológica tengamos, sin haber corregido nuestra actitud hacia los demás, más sufrimiento nos causará nuestra interconectividad.

No hemos logrado suprimir nuestro ego, así que ahora debemos aprender a usarlo para incrementar nuestra unidad, tal como hizo Abraham hace casi cuatro milenios. Puede parecer una tarea enorme, pero la historia de los judíos demuestra lo contrario. Si nos elevamos por encima de nuestro cinismo y resignación, lograremos solidaridad y preocupación mutua tan grandes que harán pequeña aquella unidad de nuestros antepasados.

En el proceso, también nosotros, como Abraham, revelaremos la unidad que hace que la naturaleza está en armonía. Veremos que sólo se puede encontrar sentido al odio, cuando se convierte en amor a los demás y que el amor a los demás no existe a menos que, con nuestro esfuerzo, nos unamos por encima del odio. Si elegimos hacer frente al desafío, saldremos unidos y triunfantes sobre nuestro ego. Si capitulamos, seremos atormentados más allá de lo imaginable.
[207023]

 

JPost: “El papel clave de los judíos en la administración de Trump”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo “El papel clave de los judíos en la administración de Trump

Si yo fuera Donald Trump, haría que los judíos vieran que espero que se unan, porque todo depende de ellos.

La administración Trump lanzó recientemente un sitio web que ofrece a los estadounidenses la oportunidad de compartir ideas y sugerencias ‘sobre cómo puede el gobierno organizarse mejor para trabajar para el pueblo’ y ‘drenar el pantano’, como dice el sitio. En mi opinión, es un enfoque maduro y bienvenido de gobierno.

El sitio pregunta a la gente, ‘¿Qué agencia les gustaría reformar?’ Pero como yo lo veo, aquí está la trampa: el problema no es en las agencias, sino con los que las dirigen. Como sucede en la sociedad, los que dirigen el gobierno se vuelven tan alienados y narcisistas que el sistema se vuelve disfuncional.

Cada regla o regulación se establece para hacer frente a un desafío específico o un grupo de desafíos. Por ejemplo, el Departamento de Seguridad Nacional (DSN) se ocupa de luchar contra el terrorismo, vigilar fronteras, inmigración, aduanas, seguridad cibernética y prevención de desastres. Fue creado en respuesta a los ataques del 11 de septiembre. Pero no ha resuelto esos problemas. Lo que se logra son más reglas y regulaciones, tratando en vano de lidiar con los problemas.

Asimismo, en 1970, el gobierno de EUA creó la Agencia de Protección Ambiental (APA) para proteger la salud humana y el medio ambiente, redactando y aplicando reglamentos. Sin embargo, a pesar de un presupuesto anual de más de ocho mil millones de dólares, el medio ambiente sigue cada vez más contaminado y la calidad de aire, agua y alimentos disminuye.

Con los Departamento de Salud y Servicios Humanos, de Justicia, de Educación y todos los que el gobierno ha establecido, sucede lo mismo que con el DSN y la APA. Se ahogan en un pantano de regulaciones que los hace disfuncionales.

Cuando los primeros colonos judíos se establecieron en el Valle de Hula al norte de Israel, el área sólo era un pantano. Para secarlo, tuvieron que destapar la salida, una sección del río Jordán, llena de limo. Una vez que lo lograron, drenaron el pantano de Hula en poco tiempo, dejando detrás un suelo fértil y exuberante para el cultivo. De igual forma, el corcho que bloquea al gobierno para establecer una administración positiva es la alienación y el narcisismo arraigados en la naturaleza humana. Para drenar este pantano, el presidente de EUA, Donald Trump tendrá que lidiar primero con la desunión de la sociedad y, los judíos son la clave de su éxito o fracaso.

Por qué son importantes los judíos

El 14 de abril, Trump dijo en su discurso semanal, dedicado a Pesaj que ‘la historia del éxodo … es una historia de gente increíble que … elevó la cara de la humanidad. A través de los siglos, el pueblo judío ha … elevado al mundo inmensamente’.

La singularidad de los judíos es conocida desde que hay judíos. En su ensayo, La solución final, su autor León Tolstoi escribió: ‘El judío es símbolo de eternidad. Por tanto tiempo ha guardado el mensaje profético y lo ha transmitido a la humanidad. El judío es eterno. Es la encarnación de la eternidad’.

También, Mark Twain escribió en Complete Essays of Mark Twain: ‘Si las estadísticas son correctas, los judíos son sólo uno por ciento de la raza humana’ (En realidad, son .2 por ciento). Y, Twain escribe; ‘la contribución de los judíos a la lista mundial de grandes nombres en literatura, ciencia, arte, música, finanzas, medicina y aprendizaje oculto son fuera de proporción dado su número’.

‘Los egipcios, babilonios y persas se elevaron, llenaron el planeta de sonido y esplendor y se desvanecieron y pasaron; los griegos y romanos siguieron, hicieron gran ruido y se fueron’, continúa Twain. ‘El judío los vio a todos, los venció y sigue siendo lo que siempre fue. Todo es mortal, menos el judío; todas las fuerzas pasan, pero él permanece, ¿cuál es el secreto de su inmortalidad?

Una nación con un propósito

Los judíos existen, a pesar de persecuciones, porque hay un propósito para su existencia. Fueron creados para ser ‘luz para las naciones’, para conducir al mundo de las tinieblas a la luz, del odio al amor, de la separación a la conexión. Por eso, los judíos fueron declarados nación hasta que se comprometieron a ser ‘un hombre con un corazón’. Cuando un hombre preguntó a Hillel qué hacer para convertirse, el sabio le dijo ‘Lo que odias, no lo hagas a tu prójimo; esto es toda la Torá’ (Talmud, Masechet Shabat, 31a).

Incluso las religiones que surgieron del judaísmo reconocen su importancia seminal. El Nuevo Testamento dice, ‘la salvación viene de los judíos’ (Juan 4:22), y el Corán dice: ‘Oh hijos de Israel, recuerden el favor que Yo les he otorgado y los hice sobresalir entre las naciones’ (The Cow, 2.47, 2.122).

Al final, no hay escape, el mundo no espera nada menos de nosotros que Tikkun Olam (la corrección del mundo). Por esto, los judíos en la administración de Trump y en su familia están en posición ideal para que, al menos, comiencen a cumplir nuestra misión.

Más fácil de lo que parece

‘Cuando Israel se une, para ser único y no una figura imaginaria, sino una unidad real y verdadera, aceleramos y activamos la redención real, que es la redención total -redención después de la cual no hay exilio’, escribió el rabino Menajem Mendel Sjneerson (The Lubavitcher Rebbe) en Torat Menajem. Muchas referencias judías aluden al vínculo entre la unión de Israel y la conexión del mundo. En Aharei Mot, porción de la Torá, El libro del Zohar escribe, ‘He aquí, cuán bueno y cuán agradable es cuando los hermanos se sientan juntos. Estos son los amigos que se sientan juntos y no están separados unos de otros. Al principio, parecen personas en guerra, deseando matarse unos a otros. Luego, vuelven a estar en amor fraternal. De ahora en adelante, tampoco se separaran … Y por su mérito habrá paz en el mundo’. Rav Kook, primer rabino jefe de Israel, escribe (Orot Hakodesh): ‘En Israel está el secreto de la unidad del mundo’.

Hay una razón profunda por la cual los judíos siempre han cultivado la unidad como solución a todos los problemas. Como escribí en ¿Quiénes son ustedes, pueblo de Israel? y “Por qué la gente odia a los judíos y en muchos otros lugares, nuestra nación comenzó en la antigua Babilonia cuando Abraham nuestro padre vio que su pueblo en Ur de los Caldeos se volvía cada vez más alienado. Como Maimónides describe en Mishneh Torah (capítulo 1) y como el Midrash detalla (Beresheet Rabbah), Abraham quería ayudar a sus paisanos a superar su mutua aversión. Reflexionó y caviló hasta que se dio cuenta de que el odio no podría ser superado porque se deriva del ego humano, que es cada vez mayor. Siglos después, el Midrash (Kohelet Rabbah) resumió la esencia del ego humano con el adagio inmortal: ‘El hombre no deja el mundo con la mitad de su deseo en la mano. Si tiene cien, quiere doscientos y si tiene doscientos, quiere cuatrocientos.

Cuando Abraham se dio cuenta de que el ego crecía continuamente, también se dio cuenta de que en lugar de combatirlo inútilmente, la gente debería concentrarse en fortificar su unidad para igualar a su creciente odio mutuo. Entender esto fue clave para la singularidad de la nación que surgió de sus descendientes: el pueblo judío. El tipo de unidad de Abraham no era una unidad ordinaria, sino una forjada para superar el odio más feroz.

A lo largo de las generaciones, los judíos experimentaron muchos conflictos internos y guerras, pero todos fueron para aumentar la unidad y el amor entre ellos. El libro del Zohar (Beshalach) lo resume así: ‘Todas las guerras de la Torá son por paz y amor’ y el rey Salomón lo dijo poéticamente (Prov 10:12): ‘El odio agita la contienda y el amor cubre todos los crímenes’.

Abraham aceptó a todos en su grupo, sin discriminación ni precondición, excepto la voluntad de unirse. Como resultado, sus discípulos llegaron de toda Babilonia. Esto hace del judío una nación única, no por afinidad tribal sino por una ideología de unidad por encima del odio y con ‘representantes’ de todas las naciones del mundo. Por lo tanto, ¡Tikkun Olam, está en nuestro ADN!

Cuando Moisés salió de Egipto, quiso continuar donde Abraham lo había dejado. Ramchal escribe en Comentario Ramchal de la Torá, que Moisés ‘deseaba completar la corrección del mundo. Sin embargo, no tuvo éxito por la corrupción que se produjo a lo largo del camino’. Sin embargo, tan pronto como los judíos fueron declarados nación, se les dio la misión de ser ‘luz para las naciones’, específicamente, completar la tarea de unir al mundo .

Babilonia moderna

En muchos sentidos, Estados Unidos es la moderna Babilonia: una colección de etnias, culturas y razas. Como era Babilonia en los días de Abraham, EUA está en crisis. El pantano en el que se ahoga EUA, no es el laberinto burocrático que heredó de su predecesor, sino el cenagal de odio y alienación que envuelve a la sociedad. Los judíos en la administración de Trump tienen un papel clave que desempeñar en el drenaje: para empezar, trabajar en su unidad y, así, sacar el corcho que obstruye el drenaje. Si empiezan a cultivar una ‘unidad positiva y verdadera’, como dijo el Rabino Lubavitj, liberarán los poderes de unidad que se remontan a la formación del pueblo judío.

Pero no debe terminar ahí. La unidad debe abarcar a todo el pueblo judío y, posteriormente, a toda la sociedad de EUA. Tikkun Olam comienza dentro, pero no debe terminar allí. Cuando la gente expresa diatribas antisemitas como las de Mel Gibson, ‘los judíos son responsables de todas las guerras del mundo’, implica que creen que es nuestra responsabilidad arreglarlo. Incluso nuestras fuentes nos dicen: ‘Ninguna calamidad viene al mundo sino por causa de Israel’ (Talmud, Masejet Yevamot, 63a). Porque la gente lo siente en su interior, siempre y donde quiera que haya crisis, los judíos serán considerados responsables. Y, somos.

Si yo fuera Donald Trump, presionaría a los judíos para que se unan. No violentamente, pero ciertamente les haría ver que esto es lo que espero de ellos. Incluso un antisemita rabioso como Henry Ford veía el papel que los judíos debían desempeñar: ‘Los reformadores modernos, que construyen sistemas sociales modelo, harían bien en examinar el sistema social bajo el cual los primeros judíos fueron organizados’ (El judío internacional -el principal problema del mundo). Si Ford pudo verlo, ¿por qué nosotros no podemos?

Cuando nos unamos, inmediatamente se reflejará en el mundo entero. Como dijo Ford, la humanidad busca seguir el ejemplo de los judíos. Y como los judíos están separados unos de otros, necesitan recordar su llamado.

No debemos esperar a que nos obliguen. Debemos recordar que la separación entre nosotros está creciendo precisamente para que nuestra unidad crezca y cubra nuestro odio con amor mutuo, como lo hicieron nuestros antepasados. Cuanto antes empecemos, más fácil será drenar el pantano de odio que se extiende en EUA.
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Ynet: “Perdón, pero ¿de qué somos culpables?”

De mi columna en Ynet: “Perdón, pero ¿de qué somos culpables?”

Elul es el último mes del calendario hebreo y se considera un mes de reflexión acerca del año que pasó y de preparación para el año nuevo. De qué y por qué debemos pedir perdón y, ¿cómo debemos actuar cuando la razón es descubierta? Rav Michael Laitman nos enseña cómo perdonar realmente.

Dr. Michael Laitman

Hace 14 mil millones de años, ocurrió el Big Bang y el universo fue creado. Una enorme cantidad de energía que estaba concentrada en un diminuto punto explotó en todas direcciones y el universo comenzó a expandirse a una velocidad tremenda. Todas las partículas creadas se reunieron formando átomos y los átomos formaron estrellas y galaxias. Miles de millones de años después, el planeta inanimado Tierra fue formado, plantas y animales se desarrollaron hasta que nació la humanidad.

El hombre vivió pacífica y calmadamente, en equilibrio con toda la humanidad y las fuerzas de la naturaleza, hasta que de pronto, ocurrió otra explosión. “El Big Bang de la humanidad” que fragmentó la unidad pastoral, en una sociedad humana y comenzó a distanciar a la gente, a la manera en que las estrellas en el universo, se aleján entre sí.

La fuerza negativa, egoísta e inconsciente de separación que operó para distanciarnos, fue identificada por primera vez por un ser humano llamado Adam. Él entendió que debía sanar la escisión entre sus contemporáneos. Él fue el primero en traer un cambio sustancial al sistema de relaciones rotas entre la gente, por eso  tenemos la costumbre de celebrar este descubrimiento en Rosh HaShaná.

Hace 14 mil millones de años, fue el Big Bang y el universo fue creado

Desde entonces, han pasado 5,777 años. Los contamos de acuerdo al calendario hebreo y cada año acostumbramos reexaminar la esencia de nuestra vida y nuestra misión en el mundo. Una de las preguntas que puede ayudarnos a definir nuestra situación es: este año ¿nos hemos acercado entre nosotros, por encima de nuestra tendencia natural que nos separa o no lo hemos hecho? Este exámen de conciencia es llamado Slijot (pedir perdón) y para internalizar su significado, debemos hacer un corto viaje por el tiempo.

Introduciendo la cualidad de elegidos de Israel

Veinte generaciones pasaron desde que ese ser humano expuso sus observaciones y fue llamado Adam HaRishón (primer Hombre) y hasta entonces la mayoría de la humanidad se estableció en el centro del mundo antiguo, la antigua Babilonia.

En este periodo, dos fuerzas opuestas trabajaban en la humanidad: la fuerza de conexión, la fuerza positiva que lucha por desarrollar la sociedad manteniendo conexiones de responsabilidad mutua y opuesta a ella, la fuerza de separación, la fuerza negativa controlada por la naturaleza egoísta. La fuerza negativa fue lo que distanció y separó a los habitantes de Babilonia, a un nivel que antes no conocían, hasta que, finalmente, dejaron de comunicarse y se volvieron enemigos. Esas fuerzas opuestas de la naturaleza que chocan entre sí, causaron una crisis difícil, pero justo como una planta brota de la semilla, en el suelo que se abre, así de la crisis entre la gente, nació una nueva humanidad.

La escisión social continuó desarrollándose y la humanidad se dispersó sobre la faz de la Tierra. Sólo un pequeño grupo decidió desafiar las fuerzas de la naturaleza y, de hecho, oponerse al proceso de separación. Ardiendo dentro de ellos estaba un impulso interno que los obligaba a conectarse entre sí.

Este grupo elegido, se llamó a sí mismo “Israel”, por el deseo de ir Yashar-El (directo a Dios), como la característica de la plena y eterna fuerza de la naturaleza. En otras partes, fueron llamados “hebreos” (Ivrim) porque ya se habían ido (Avar) y actuaban de acuerdo a las leyes de la naturaleza o “judíos” (Yehudim) porque estaban tratando de unirse (Yijud) y armonizar con la naturaleza.  

A la cabeza del grupo estaba Abraham, un investigador implacable que buscaba el significado de la vida. Él fue el primero en identificar la razón de la crisis: el egoísmo en desarrollo que separa y pone distancia entre la gente. Abraham urgió a sus estudiantes a ser fuertes, a elevarse y reforzar el espíritu de unidad con todas sus fuerzas, por encima del terrible cisma. Sus esfuerzos por conectarse despertaron una fuerza positiva inherente a la naturaleza. Esta fuerza equilibró la tendencia negativa y los conectó en un fuerte vínculo llamado “un hombre en un corazón”. De ese esfuerzo, Abraham desarrolló un método de conexión que enseñó a todos los que lo siguieron. Este método hizo posible que los miembros del grupo comenzaran a desarrollar un sistema de relaciones entre ellos, basado en dar, en amar, en responsabilidad mutua que ellos llamaron Beit HaMikdash (Templo).

El punto de quiebre en la historia de la humanidad

Una vez que los hijos de Israel llegaron al máximo nivel de conexión entre ellos, la situación se deterioró y la conexiones se debilitaron. Ellos entendieron que para reforzar su conexión, necesitaban conectarse con sus hermanos babilonios que se habían dispersado y se habían convirtieron en las setenta naciones del mundo. El amor fraterno fue reemplazado por el odio infundado, provocando no sólo la destrucción del sistema de relaciones, el “Templo”, también la destrucción del Templo físico y, continuó con la caída del reino unido de Israel. La fuerza del ego continuó dividiendo a los babilonios y sembró el odio en todas las direcciones.

Un buen y dulce año

Por 2,000 años, los judíos se asimilaron a las naciones del mundo. Por una parte, la chispa que Abraham sembró en el pueblo de Israel comenzó a florecer en el corazón de la humanidad, por la otra, los judíos absorbieron nuevos deseos y opiniones egoístas. La conclusión de la fusión global marca el punto de partida de un proceso real que nos lleva a un punto de quiebre en la historia de la humanidad.

Slijá, el error entre realidad y deseo

En el mundo global y conectado de nuestros días, el pueblo de Israel y las setenta naciones del mundo están inmersos y juntos en un problema común, un poco como Adam HaRishón hace 5,777 años o Abraham hace 3,500. La dramática crisis que tenemos hoy, es el resultado del mismo desequilibrio entre las fuerzas opuestas de la naturaleza. El ego crea conflicto y división y causa que nos distanciemos unos de otros. En contraste, el poder de conexión desarrolla a la gente, corrige las partes rotas y las convierte en un sistema completo y armonioso.

En las primeras generaciones, no entendíamos cómo operaban las fuerzas de la naturaleza porque no teníamos las herramientas en nuestras manos para hacerlo, pero una vez que ese punto de conexión fue creado por primera vez en Babilonia, se nos requirió reforzarlo y desarrollarlo, cuando nos enfrentamos a los estados de separación. Abraham nos dejó un método y una misión: dar al mundo el poder de conexión, hasta que llegue a un estado de armonía y equilibrio.

Para no cometer un error en el camino hacia el destino que la naturaleza nos dio, necesitamos hacer diariamente una limpieza de casa y examinar a profundidad cuánto hemos avanzado hacia nuestra conexión y si aún estamos en el camino hacia la misma red de conexión completa que Adam HaRishón descubrió.

Esta aclaración esencial es llamada Slijot, el descubrimiento de la brecha entre las fuerzas de la naturaleza que apuntan hacia la unidad y nuestra falta de disposición para unirnos. Se acostumbra, simbólicamente, antes de Rosh HaShaná, aclarar juntos hasta que grado estamos actuando de acuerdo a las leyes de la naturaleza y del del sistema. Con respecto a esto, confesamos que, “Somos culpables, hemos traicionado, hemos robado…” y nos arrepentimos por la oportunidad que estuvo en nuestras manos, de lograr nuestra conexión y no lo hicimos. Ahora es el momento correcto para buscar un nuevo camino a la conexión.

Espero, deseo y ruego por un año de cambio, un año de construir un sistema de relaciones correctas entre nosotros.

¡Felíz año nuevo a todo el pueblo de Israel!
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De Ynet: “Perdón, pero ¿de qué somos culpables?” 2/jun/16