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The Times Of Israel: Miedo a la muerte: ¿Qué pasa si hay vida después de la muerte?

The Times Of Israel publicó mi nuevo artículo: “Miedo a la muerte: ¿Qué pasa si hay vida después de la muerte?

Sólo hay algo en la vida de lo que podemos estar seguros: tarde o temprano, moriremos. Si hay tanta certeza sobre el destino de cada uno en este planeta, ¿por qué el miedo a la muerte atormenta a la humanidad?, ¿qué pasa si morir no es tan malo como pensamos? Si resolvemos el misterio de lo que sucede después de la muerte, podremos encontrar consuelo y claridad.

Según una encuesta reciente de la Universidad Chapman sobre los temores de los estadounidenses, el 20.3% tiene “miedo” o “mucho miedo” a la muerte y casi el doble (cerca del 40%) teme perder a un ser querido. Ya sea que temamos o no a la muerte, la simple idea de entrar en lo desconocido es intimidante. Sin embargo, es claro que el cuerpo físico perece y gradualmente se desintegra hasta que desaparece por completo.

¿Cómo podemos dar sentido a la muerte?

Pareciera que la muerte nos roba nuestra independencia, nuestro ser, todo lo que obtuvimos e hicimos en nuestra vida. Incluso pasando los logros y activos que reunimos en la vida, a nuestros descendientes, todo se esfumará, ya que un día, ellos también abandonarán este mundo. Dado que la muerte es un fenómeno más allá de nuestra comprensión y que no tenemos absolutamente ningún control sobre ella, naturalmente tratamos de oponernos.

Sin embargo, paradójicamente, en los últimos años hemos sido testigos de un sorprendente aumento global en las tasas de suicidio, como consecuencia del vacío interno de la gente y de la falta de satisfacción en la vida. Las estadísticas de la Organización Mundial de la Salud muestran que de los 183 países miembros, EUA fue el séptimo lugar en la lista del aumento porcentual en las tasas de suicidio. Entre 2000 y 2016, aumentó casi 25%. Todos los días en EUA, se registra un promedio de 123 suicidios, aunque se considera que el número real es más alto, porque muchos casos no se denuncian debido a que el suicidio, culturalmente sigue siendo tabú. En 2017, la línea de ayuda para la prevención del suicidio respondió a más de 2 millones de llamadas de personas que buscaban asesoría confidencial en caso de crisis.

Particularmente en el mundo de hoy, las condiciones problemáticas en todas las áreas de la vida nos instan a desarrollar una mayor conciencia de nuestra existencia. Desde muy temprana edad, la humanidad pregunta: “¿Para qué vivimos y por qué morimos?, ¿cuál es el significado de la vida?, ¿qué caso tiene este sufrimiento?, ¿por qué estamos aquí?”. Muchos, cuando no encuentran respuesta satisfactoria a estas preguntas incómodas -y lo más importante, cuando la fuente de felicidad y satisfacción se agota-, simplemente se rinden.

A pesar de esta realidad opresiva, el instinto básico de sobrevivencia sigue siendo la fuerza impulsora más poderosa. El impulso instintivo de temor a la muerte es totalmente normal, pero cuando se vuelve severo puede transformarse en ansiedad extrema, pánico y angustia, fenómeno que se conoce en los círculos médicos como tanatofobia (miedo a la muerte).

¿Pero realmente hay razón para temer a la muerte?, ¿podemos saber exactamente qué hay más allá de la barrera de la muerte, sin recurrir a teorías ni a creencias no probadas? Si pudiéramos, ¿quizás no habría necesidad de temer a la muerte y podríamos desarrollar un enfoque más equilibrado y consciente de nuestra vida?

La cuestión del alma

De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá, no hay razón para temer a la muerte, porque tal como la concebimos, no existe. Eso aplica sólo en los reinos vegetal y animal, no en el nivel humano.

Entonces ¿qué sucede cuando morimos? Aquí es donde encontramos las preguntas más importantes en relación con vida y muerte: ¿tenemos alma o no?, ¿nacemos con alma o la adquirimos al morir? Además, si no tenemos alma, ¿podemos obtener una durante nuestra vida?

De acuerdo con la sabiduría de la Cabalá, nacemos sin alma y si no logramos un alma en nuestra vida, también morimos sin alma. Para experimentar el mundo eterno, la armonía y el equilibrio que provienen de vivir en el alma, debemos obtener el alma durante nuestra vida. Cabalá explica que recibimos esta vida y las encarnaciones futuras para que podamos obtener un alma.

¿Cómo funciona?

Ir profundo en nuestros deseos es la “semilla del alma”. Esta semilla espiritual, también conocida como “punto en el corazón”, es una chispa que hace posible el nacimiento de la vida espiritual: el logro del alma.

Durante generaciones de desarrollo humano, este punto en el corazón está latente y espera el momento en que pueda florecer. Según El libro del Zóhar, a partir de nuestra generación, el punto en el corazón comenzará a hacer sus demandas en mucha gente. Se expresará como un sentimiento de falta de sentido, vacío e insatisfacción con la mera persecución de los placeres corporales de la vida y también como preguntas sobre el significado y el propósito de nuestra vida.

Eventualmente, este sentimiento de insatisfacción con la vida corporal y las preguntas sobre su significado, nos llevarán a los medios con los que podemos desarrollar este pequeño deseo por espiritualidad, el punto en el corazón, en un gran deseo donde podamos vivir en nuestra alma durante nuestra vida. Esencialmente, este es el proceso para salir de nuestros deseos corporales y egoístas y para entrar en los espirituales y altruistas. Cuando alcanzamos este estado elevado, nada nos ata a este mundo corporal por más tiempo. Aunque la muerte biológica del cuerpo corpóreo continúa, el alma que adquirimos durante nuestra vida es eterna, porque existe en el deseo altruista, fuera de los yoes corporales y egoístas que perecen.

Desde este nuevo punto de vista, sentiremos la vida en el alma, en el deseo altruista, mucho más grande que esta vida corporal, donde constantemente tratamos de satisfacernos a nosotros mismos. De alguna forma es similar a como los padres sienten su vida en la superación y el éxito de sus hijos, logramos nuestro sentimiento de vida en los demás.

Vivimos en esta era donde el punto en el corazón comienza a despertar en las masas y eventualmente, alcanzaremos un estado donde la humanidad entrará en el mundo espiritual y vivirá en el alma eterna, donde la vida no termina y donde no hay miedo, sólo alegría y libertad. Sin embargo, la pregunta sigue siendo: ¿experimentaremos este desarrollo con conciencia y comprensión de lo que enfrentamos -desarrollar conscientemente nuestra alma- o, sufriremos cada vez más por nuestra falta de conciencia? Espero que todos descubran el camino de la conciencia -la sabiduría de la Cabalá- y entren en el proceso del descubrimiento del alma y que disminuyan la necesidad de todo tipo de crisis a nivel personal, social y a escala global, para llegar a ese despertar.

Newsmax: ¿Desde cuándo la lactancia materna se ha convertido en moneda de cambio?

El portal más grande de Newsmax publicó mi nuevo artículo “¿Desde cuándo la lactancia materna se ha convertido en moneda de cambio?

Es y siempre ha sido la mejor comida para bebés. No hay controversia acerca del beneficio de la leche materna, pero su politización nos deja en qué pensar. The New York Times afirmó que, de manera infructuosa, el gobierno de EUA amenazó con aplicar medidas punitivas como recortes de ayuda militar y cuotas comerciales a las naciones que respaldaran una initiciativa para promover la lactancia materna, en favor de la industria de fórmulas infantiles que genera 70 mil millones de dólares. Esta acusación fue negada vehementemente por la administración actual. Más allá de los titulares sensacionalistas, el factor clave es que se ha vuelto a poner sobre la mesa un tema tan importante como lo es la salud de madres e hijos.

La leche materna es rica en nutrientes y tiene anticuerpos para combatir virus y bacterias, protege al bebé de infecciones y alergias, aumenta el sistema inmunológico, reduce la mortalidad infantil y ayuda a una pronta recuperación de las enfermedades comunes de la infancia. Un estudio de Harvard en 2016, estimó que cada año en EUA se podrían prevenir 3,340 muertes prematuras de madres y bebés, sólo con la lactancia adecuada. También disminuye en la madre el riesgo de cáncer de mama y ovarios y osteoporosis.

Además de los beneficios físicos y de lo que muestran los experimentos de laboratorio, la lactancia materna es una de las mejores formas de conectarse con el bebé. Y además, aparte de nutrición, da comodidad y es relajante. Amamantar libera oxitocina, que es la hormona responsable del comportamiento amoroso que nos hace sentir bien respecto a una persona.

Si la lactancia se prolonga durante los dos primeros años de vida, permite el desarrollo adecuado del niño y las mamás tienen mayor sensibilidad materna más allá de los años de infancia, según un estudio de la asociación de psicología de EUA.

Más allá de estos hallazgos, también existe una conexión interna natural entre madre e hijo que permite que el desarrollo que inició en el útero sea positivo biológica e internamente. Esto pertenece a una capa interna de la naturaleza que nuestros estudios e instrumentos de investigación aún no pueden identificar.

Tomando en consideración el papel vital que juegan las madres en el desarrollo de cada persona, desde la más temprana edad, es lógico pensar que las madres que se queden en casa deban recibir todo el apoyo posible para criar a la siguiente generación.

Sin embargo, en la práctica, este no es el caso.

En el mundo de hoy, la mayor parte de la carga recae sobre la madre, de la cual se espera que dé más importancia a su carrera que a su familia. Termina haciendo malabares con todas las tareas encomendadas y se siente cada vez más agotada e insatisfecha. El llamado avance de los derechos de la mujer para elegir, en la práctica es un oxímoron. Las mujeres que deciden cumplir su rol tradicional como madres y se quedan en casa, no reciben ni reconocimiento ni valor ni apoyo económico de la sociedad, como si criar una nueva generación no fuera la empresa más importante.

Así como la ciencia no ha podido crear un útero artificial que dé vida al embrión, el papel de la madre de nutrir y educar al niño es irremplazable. No podemos pretender ser más sabios que la naturaleza. Si realmente se quisiera fortalecer y fomentar la autonomía de la mujer, la sociedad debería crear las condiciones para una maternidad agradable.

En la mayoría de las sociedades, la mujer lucha por tener una vida equilibrada, considera el trabajo como una necesidad económica y no como liberación y progreso personal. La mujer queda atrapada en un enredo cada vez más estrecho de compromisos en el trabajo y en el hogar, con muy poca restitución en ningún nivel.

Actualmente, algunos gobiernos están pensando en dar un ingreso básico incondicional, suficiente para satisfacer las necesidades primarias de la persona. De ser implementado este programa, debería beneficiar en primer lugar a la mujer, particularmente a las madres que decidan abandonar el lugar de trabajo para criar a sus hijos.

Las madres no deberían seguir siendo tratadas como ciudadanos de segunda clase. En cambio, deberían ser reconocidas como “dirigentes de la sociedad”: la fuerza dominante en la creación, las únicas que pueden dar a luz y nutrir a una nueva generación. Hay que tener en cuenta que el mundo es nuestro techo, la humanidad es nuestro hogar y las mujeres son el pilar de esta estructura. La naturaleza nos muestra el mecanismo perfecto del cuerpo humano. Y la maternidad, en particular, tiene un papel crucial en el nacimiento de una nueva humanidad.

JPost: “Lloramos por la destrucción del templo, pero alimentamos su causa”

The Jerusalem Post publicó mi nuevo artículo: “Lloramos por la destrucción del templo, pero alimentamos su causa

Un mal día para los judíos

El Talmud (Maséjet Taanit) nos dice: “Cinco cosas acontecieron a nuestros padres el 17 de Tamuz, y cinco el 9 de Av [los días que marcan el comienzo y el final de las Tres Semanas (Bein Hametzarim)]. El 17 de Tamuz se rompieron las primeras tablas, el fuego perpetuo se extinguió, la muralla fue atravesada, Apostomus quemó la Torá y colocó un ídolo en el Templo. El 9 de Av a nuestros padres se les prohibió entrar en la tierra, el Primer y Segundo Templo fueron destruidos, Beitar fue conquistada y [el mismo día un año después] la ciudad fue arrasada”.

La historia repleta de horrores del 9 de Av no termina con la destrucción del Templo. A lo largo del tiempo, este día del año ha venido cargado de calamidades. Tanto la expulsión de los judíos de Inglaterra en 1290 como la famosa expulsión de los judíos de España en 1492 tuvieron lugar el 9 de Av. Más cerca de nuestros días, el 9 de Av de 1942, los nazis comenzaron la deportación masiva de 300.000 judíos del gueto de Varsovia al campo de exterminio de Treblinka.

Desde el nacimiento de nuestra nación, el 9 de Av ha sido un mal día para los judíos.

¿Por qué específicamente ese día?

El calendario hebreo refleja mucho más que nuestra historia. En un plano más profundo, refleja un proceso de transformación: de seres egocéntricos –cuyos corazones son malvados desde su juventud, como narra la Torá (Génesis 8,21)– a una nación conectada y en solidaridad mutua cuyos miembros están unidos “como un hombre con un solo corazón”. Dentro de este ciclo, el 9 de Av señala un momento de crisis en el que damos la espalda a la unidad y consentimos el egocentrismo.

El evento más traumático ocurrido durante el 9 de Av es, sin duda, la destrucción del Segundo Templo. Sin embargo, no es la propia catástrofe lo que deberíamos lamentar, sino aquello que la indujo: la pérdida de nuestro amor mutuo.

Entre el amor y el odio

En nuestro ciclo de desarrollo comenzamos como puros egoístas. Queremos nada más que lo que es bueno para nosotros sin preocuparnos por los demás. La Torá nos dice “El pecado está a la puerta”, y así nos comportamos todos.

Sin embargo, si el propósito de nuestras vidas fuera conformarnos con ser la especie en la parte más alta de la cadena alimentaria, no buscaríamos la inmortalidad, la superioridad, el renombre ni otras ambiciones propiamente humanas. No haría falta haber inventado todo lo que hemos creado a lo largo de los siglos: bastaría con las lanzas y las flechas. Pero los seres humanos aspiran constantemente a la perfección y la eternidad. Queremos conocer lo que ha creado el mundo, cómo funciona y por qué. En síntesis, la humanidad quiere ser como el Creador del mundo; como su dueño. Y aunque es posible que ni usted ni yo nos identifiquemos personalmente con esto, sin estos impulsos elementales no habríamos desarrollado la ciencia, el pensamiento crítico o las competiciones deportivas; tampoco habríamos desarrollado todas las actividades relativas a la existencia humana y que van más allá de nuestra mera supervivencia física.

El ego humano es diferente al de los animales. Es la fuerza motora que está detrás de nuestro desarrollo. Y si bien la naturaleza se encarga de equilibrar el egoísmo en los animales, equilibrar el egoísmo humano precisa de un esfuerzo consciente por nuestra parte.

Abraham, el hombre de la misericordia, fue el primero en hallar un método para dominar el egoísmo humano. Él y sus descendientes lo desarrollaron hasta que quedó establecida una nación basada en la misericordia y la unidad. Sin embargo, a los pies del Monte Sinaí –el monte de Sina’a [odio]– sucumbimos a nuestros egos, y en lugar de recibir la Torá, la fuerza de la conexión, nos giramos hacia el ídolo del ego: el becerro de oro. Y la consecuencia fue que las tablas se rompieron.

No obstante, de esa crisis surgió nuestra nación. Prometimos ser “como un solo hombre con un solo corazón”, y de ese modo recibimos la Torá. Además se nos encomendó la misión de ser “una luz para las naciones” mediante la difusión de la fuerza de la unidad.

El método que los antiguos hebreos desarrollaron tenía como propósito llevar al mundo a la victoria final del amor sobre el odio en la batalla entre ambos. Este método sencillamente establece que, si equilibramos nuestro egoísmo con el amor a los demás, propiciaremos que cada persona desarrolle todo su potencial y que sea utilizado en pro del bien común. De esta manera “cubrimos” nuestros egos con amor, como dijo el rey Salomón (Proverbios, 10:12): “El odio incita a la lucha, y el amor cubre todas las transgresiones”. Si así lo hacemos, descubriremos la fuerza de conexión que creó el mundo y que ahora lo sostiene. Este es el significado interno de recibir la Torá.

La frontera final

Cada año llega Tisha Be Av [9 de Av] y nos lamentamos de la destrucción del Templo por culpa de nuestro odio infundado. Y, sin embargo, cada año el odio mutuo está más enquistado entre nosotros. Entonces, ¿de qué sirven nuestras lágrimas?

¿Para qué llorar por nuestra destrucción pasada cuando estamos propiciando nuestra propia destrucción exactamente por la misma razón que nos destruyó en el pasado? ¿Realmente hemos aprendido algo de ese pasado? ¿Cuántas más destrucciones por causa de la aversión mutua tenemos que atravesar antes de que, por fin, caigamos en la cuenta?

Un posible nuevo exterminio del pueblo judío superará con creces todo lo que ya hemos vivido antes: superará la destrucción del Segundo Templo e incluso el Holocausto, en el cual, por cierto, la mayor parte de mi familia fue exterminada.

Estamos en la última etapa del viaje, en el último asalto en la batalla entre el amor y el odio. El odio que ahora está surgiendo será más intenso que nunca, y volcará su ira contra los judíos. No podemos mitigarlo de ninguna manera, pero lo que sí podemos y debemos hacer es cubrirlo con amor, como hicimos en el pasado.

Esto es a lo que estamos llamados como judíos: llevar a cabo nuestra misión de ser “una luz para las naciones”. Como ya he dicho en numerosas ocasiones, tanto en internet como en las páginas de The New York Times, debemos cubrir nuestro odio con cuidado y preocupación mutua, y de ese modo ser un ejemplo de unidad para el mundo. Podemos hacer esto por voluntad propia y de manera agradable, o podemos vernos forzados a ello por la ira del mundo. De una u otra manera, tendremos que hacerlo.

Por eso, este Tisha Be Av, pensemos más en nuestro futuro y en nuestro papel, y menos en nuestro pasado. Centrémonos en la construcción de los tiempos venideros y hagamos de la destrucción pasada la piedra angular de un futuro seguro y feliz.

Medium: “¿Qué sucede cuando morimos?”

El portal Medium publicó mi nuevo artículo “¿Qué sucede cuando morimos?

Ocurrió brevemente después de un accidente automovilístico. De pronto abrí los ojos, después del fuerte golpe que recibí, y por una milésima de segundo tuve la sensación de que todo estaba bien. Pero enseguida comencé a sentir que no podía respirar. No tenía aire. Los pulmones se fueron llenando de sangre y en mi cabeza se sucedían muchos pensamientos.

Dentro de todo el bullicio a mi alrededor, escuché la sirena de la ambulancia, gritos en árabe, y en el ángulo del ojo capté a Bentzi y a Senka que estaban acostados a mi lado, con sus rostros sangrando. Entonces, en apenas unos momentos, dejé de respirar y perdí el conocimiento.

Por un momento sentí que estábamos viajando dentro de la ambulancia y por momentos perdía la sensación, y así sucesivamente. Me veía a mí mismo fuera del cuerpo. Parado y observando de un costado cómo el médico presionaba fuertemente su rodilla contra mi pecho, tratando con todas sus fuerzas de despertarme. Parecía que trataba de parar el flujo de la sangre de la cavidad abdominal a los pulmones. No lo veía a través de mis ojos, sino a través de un sentido interno en mí.

Estuve internado en el hospital Hadasa Ein Kerem en Jerusalén durante semanas. Por momentos me despertaba, y una vez apenas escuché al médico gritar: “tienes que firmar el…”. No vi nada hasta que me introdujo una lapicera en la mano, y yo tratando de moverla muy pesadamente escuché decir: “bien, bien”.

Después de la operación, luego de recuperarme y volver al conocimiento pleno, vi su rostro por primera vez. Me contó cómo había llegado al hospital y todo lo que había pasado estando yo en coma. “Pero, ¿por qué me apretaste tan fuerte con tus rodillas?”, pregunté curiosamente. “Estabas clínicamente muerto”, me contestó, “tenía que hacerlo así para que reaccionaras”.

Lo que más me sorprendió fue que todo ese tiempo yo estaba presente, viendo todo como un espectador. Si bien no veía a la gente con claridad, sentía las imágenes que estaban en sombras y coloridas. A la par podía pensar de forma común. Me sentía entre la vida y la muerte. Pero no estaba preocupado, ni con miedo a vivir o morir. De hecho, no tenía preocupaciones por nada; no pensaba dónde estaba, quién me atendía y qué pasaría en un rato. Simplemente sentía.

El temor a la muerte se origina solamente en el fuerte aferramiento del hombre a la vida sin querer soltarse, o en la falta de capacidad de expresar su estado desequilibrado. Pero cuando uno se haya en un estado tal, no tiene miedo de morir o de la incertidumbre sobre lo que pasará en adelante. Simplemente fluye en una corriente especial que lo dirige.

Muchos creen equivocadamente que este fenómeno físico es algo “espiritual”. Pero en realidad, las sensaciones psicosomáticas que ocurren en el ser humano que se encuentra entre la vida y la muerte, están relacionadas completamente a los estados que la mente no puede procesar y dominar: una ilusión psicológica. No obstante en esos momentos uno se siente libre de la sensación de pertenecer a un cuerpo material; pero la próxima libertad del cuerpo, la desconexión temporaria de los sentidos corporales y la conciencia mental de este estado no indica que haya adquirido una vida espiritual. La vida y la muerte existen únicamente en la percepción actual  de la realidad del hombre, y no en la dimensión espiritual.

Según la Sabiduría de la Cabalá, hay vida o muerte. No hay un estado intermedio “muerte clínica”. Según la Torá, la muerte significa la falta de latidos en el corazón de la persona o de respiración en su nariz. La pregunta entonces es: cuando deja de latir el corazón o se corta la respiración y el cuerpo muere, ¿qué nos ocurre en el momento de cerrar los ojos?; ¿sigue el alma viviendo después de la muerte?; ¿a dónde va?; ¿sigue merodeando por este mundo o se traslada a otra dimensión? O más aún, ¿pertenece el alma al cuerpo?

Desde siempre la muerte fue uno de los secretos más ocultos y temidos que los hombres tuvieron que enfrentar. La ciencia cuenta con miles de testimonios sobre vida después de la muerte, pero ninguna prueba que pueda corroborarlos. Por eso, muchas preguntas quedaron pendientes sin respuesta, y la razón es bien simple: la mayoría de quienes la buscaron, lo hicieron en el lugar equivocado.

Me dedico a la Sabiduría de la Cabalá hace más de cuarenta años y vi cómo mi maestro, el cabalista Rabí Baruj Shalom HaLevi Ashlag, jamás necesitó respuestas para estos temas. Su padre, el cabalista Rabí Yehudá Ashlag, conocido como Baal HaSulam, dijo más de una vez que no le importa dónde enterraran su pila de huesos. Los cabalistas jamás prestan importancia al cuerpo humano. Para ellos estaba bien claro que el espíritu que se encuentra en el cuerpo, el alma, es lo principal.

Los cabalistas cuentan que el alma del hombre pasa por muchas reencarnaciones dentro del cuerpo en “este mundo”. Durante estas etapas de vida, aún es sin conciencia espiritual, mientras que el deseo del hombre va creciendo con la evolución de sus deseos corporales de comida, sexo, familia; luego con el desarrollo de los deseos humanos de dinero, honor y conocimientos. En otras palabras,  uno va acumulando experiencia y conocimientos, y adapta para sí las cualidades de este mundo.

Después de haber colmado sus deseos corporales, durante los diferentes ciclos de reencarnación, pero sin lograr alcanzar una satisfacción, un llenado y un placer pleno y perdurable, se desarrolla en él una nueva necesidad: el deseo de una forma de existencia más elevada. El deseo de llenar el alma, que hasta ahora estaba en un estado de coma dentro del cuerpo.

Entonces uno sale a un viaje de búsqueda en el que finalmente llegará a la Sabiduría de la Cabalá. Los cabalistas, investigadores de la realidad, escribieron con precisión qué debemos hacer con el nuevo deseo -con el alma que se despierta en nosotros- para salir del ciclo de vida y muerte del ahora y aquí. Lo más sorprendente es que determinaron que no es necesario morir para conocer “el próximo mundo”, sino que es posible y se debe llegar a esa sensación aun en vida. O como ellos lo dijeron: “verás tu mundo en vida”.

Es importante comprender que alguien que no haya desarrollado su alma durante su vida, no tiene la sensación del mundo espiritual aun cuando muere. Se queda con ese punto potencial embebido en cada persona al nacer, y por eso deberá regresar a este mundo y desarrollar una vez más su alma.

Quien ya haya desarrollado su alma, siente los dos mundos a la par. Este mundo se percibe a través de los cinco sentidos; y el mundo espiritual (denominado “Próximo mundo”) se percibe a través del alma. Cuando el cuerpo deja de existir, deja de sentir este mundo a través de los cinco sentidos, pero su alma y su sensación del mundo espiritual se mantienen. Por eso, no teman a la muerte o a la vida después de la muerte, ya ahora nos consideramos “muertos”. En cambio, preocúpense de implementar la oportunidad que se les ha dado de salvarse de una vida cuyo final es obvio.

Newsmax: “POR QUÉ LAS PLATAFORMAS SOCIALES NOS HACEN MENOS SOCIALES”

El portal más grande Newsmax publicó mi nuevo artículo “Por qué las plataformas sociales nos  hacen menos sociales

¿Las redes sociales que usas están hechas con buenas intenciones? Para nada. Una investigación reciente de la BBC muestra el meticuloso trabajo necesario para hacer que las aplicaciones de las redes sociales sean lo más adictivas posible y para que un tercio de la población mundial que las utiliza no se de cuenta del problema: su exposición inadvertida a la manipulación de una industria poderosa dedicada a crear, en beneficio financiero propio, una dependencia similar a la que causan las drogas.

Las redes sociales fueron creadas deliberadamente para influir en nuestras emociones, preferencias, decisiones, impulsos, energía, capacidad de atención e interacciones. Los principales expertos en tecnología hablan de que se ha convertido en un proceso bien establecido para penetrar nuestra mente y nuestro bolsillo. “Es como si estuvieran tomando cocaína conductual y la rociaran por toda la interfaz, eso es lo que te mantiene visitándolas una y otra vez”, dijo Aza Raskin, ex ingeniero de Silicon Valley, en el informe de la investigación británica.

Sean Parker, presidente fundador de Facebook, también admitió públicamente que el propósito de la compañía es que el usuario consuma el mayor tiempo posible, “explotando la vulnerabilidad de la psicología humana”. Esto es lo que llevó al diseño de características de autovalidación, como el botón “me gusta” que le da a los usuarios, en palabras de Parker, “un pequeño golpe de dopamina”, estimulándolos a publicar más y más contenido.

El “pulgar hacia abajo” para la desconexión

La cultura de hoy nos mide por la popularidad de lo que publicamos, como si definiera quiénes somos y lo que realmente valemos. Esto crea un hábito compulsivo de revisar nuestro celular con demasiada frecuencia e ignorar a las personas que están frente a nosotros. En particular, la generación joven es la prueba viviente de este vínculo de comunicación roto. La comunicación verbal con contacto visual y lenguaje corporal se ha diluido en favor de abstraernos en el celular, tocarlo con los pulgares y enviar imágenes y frases cortas llenas de emojis. Este comportamiento afecta negativamente el desarrollo social de niños y jóvenes y se ha encontrado que tiene relación con depresión, ansiedad, inseguridad sobre nuestra apariencia física y soledad en la juventud.

Es una encrucijada. Se supone que las redes sociales crean más interacción humana para aliviar la soledad y la depresión, pero es lo contrario, la gente que pasa mucho tiempo usando las redes sociales como sustituto de la conexión personal se siente más aislada, deprimida y ansiosa.

Constantemente nos comparamos con los demás, nos sentimos presionados y obsesionados con la idea de mostrar nuestra imagen perfecta de éxito y satisfacción, pero en la vida real hay un vacío profundo que empeora con esta realidad artificial.

¿Qué podemos hacer? Hay tanta dependencia hoy a las redes sociales que desconectar a todos a la vez sería contraproducente. Aumentarían el crimen, la violencia, el abuso de drogas y los suicidios, porque nuestra capacidad humana, prácticamente, ya fue secuestrada.

Lo que se necesita es un proceso integral de rehabilitación social. Debe hacerse poco a poco, hasta que se convierta en una red social alternativa y positiva, una que se enfoque apropiadamente en la naturaleza humana y promueva relaciones cálidas y de apoyo, en vez de ser un lugar siempre abierto a la calumnia y crítica voraz.

Encontrar el módem en nuestro corazón

¿Cómo podemos transformar las redes sociales en un espacio de conexión humana real, que una a la gente sin que tenga que competir por tener más “Me gusta” y “Compartir”? Podemos hacerlo enfocándonos en el poder de la amistad y la unidad en el centro de las relaciones humanas positivas.

La naturaleza funciona de manera tal que equilibra todas sus interacciones. Por ejemplo, las células y órganos del ser humano se enfocan en el bienestar de todo el cuerpo y cada parte recibe lo que necesita para dar lo que puede en beneficio del cuerpo en su totalidad. Nosotros también podemos conectarnos con este poder positivo de amistad y unidad si consideramos el beneficio de los demás y de toda la red humana de la que formamos parte. Sólo necesitamos usar la tecnología y los medios disponibles con más sabiduría y aprender a enlazarnos de manera positiva a este sistema interconectado.

Pero, ¿cómo lograr un objetivo tan elevado teniendo en cuenta que la naturaleza humana es innatamente egoísta, es decir, tiene como objetivo su propio beneficio a expensas de los demás? Tenemos que darnos cuenta de que cualquier innovación tecnológica que no logre hacer avanzar a la humanidad a una conexión positiva mayor la perjudica. Las organizaciones que pueden influir en la difusión de las redes sociales, incluidos los gobiernos, harían un buen servicio a la sociedad si investigaran los efectos nocivos de las plataformas sociales y las regularan, para evitar un mayor daño no sólo a nuestra vida privada sino también a nuestro bienestar general.

No estamos diseñados para procesar información como computadoras ni para guardarla como un servidor en la nube del internet. Al activar el módem en nuestro corazón, permitiendo una comunicación más profunda y significativa, experimentaremos una conexión más positiva y una vida social mucho más satisfactoria.

En pocas palabras, las redes sociales en su forma actual no nos conectan de manera transcendente, aunque sí revelan las consecuencias de nuestras relaciones egoístas. Por lo tanto, podemos aprender de los problemas de la situación actual y comenzar a avanzar hacia un cambio positivo. Ese despertar del público sería un paso hacia una transformación real. Podemos comenzar esta transformación masiva vislumbrando el futuro y tomando medidas preventivas para evitar que las redes sociales hagan un lavado de cerebro más intenso y para esforzarnos por un profundo “lavado de corazón” global.

Medium: Abuso en guarderías: ¿espejo de la sociedad del siglo 21?

El portal Medium publicó mi nuevo artículo “Abuso en guarderías: ¿espejo de la sociedad del siglo 21?

Nos avergonzamos cuando escuchamos otra horrible historia de abuso infantil, como la de los abusivos empleados de guardería que fueron arrestados la semana pasada, tanto en Israel como en Arkansas.

Por inconcebible que parezca, el abuso en guarderías parece ser sistemático y generalizado. La información recogida en 39 estados de EUA, muestra que 5,321 educadores de guarderías, fueron considerados abusivos. En Israel se están haciendo esfuerzos para impulsar leyes que obliguen a que todos los jardines de niños instalen cámaras de seguridad. Los padres se dan cuenta de que no se puede garantizar la seguridad de sus hijos.

Pero, ¿cuál es el motivo para que las personas que contratamos para que cuiden a nuestros hijos se comporten de manera tan monstruosa?; ¿cómo podemos limitar este fenómeno si no tenemos control sobre lo que sucede dentro de las guarderías?

Es difícil comprenderlo, pero estos horribles incidentes revelan el corazón frío y pétreo que late dentro del ser humano. Cuando el ego nos domina, nos inunda con un grado tan alto de agitación y furia que lo conquista todo y nos lleva a dañar a todos en nuestro camino, incluso a un pequeño e indefenso niño.

Y con niños pequeños que no pueden expresarse, no hay nada que impida que el monstruo se desate. Del mismo modo, la información muestra que el grupo de edad con más probabilidades de ser abusado es el de entre 0 y 3 años.

“¿Qué clase de monstruo puede hacer eso?”. “Si yo misma hubiera visto ese video en línea”, dijo la maestra jardinera israelí mientras le mostraban imágenes de su propia conducta abusiva, “preguntaría qué clase de monstruo haría eso”.

Evidentemente, no podemos ver nuestra propia falta en el momento de la verdad. El corazón de piedra nos ciega y elimina el sentimiento de culpa, haciéndonos perder el sentido, sin darnos cuenta.

Por lo tanto, incluso si ponemos cámaras en todas partes, no resolveremos el problema de raíz. El monstruo se encuentra dentro de cada educador y de hecho, en cada uno de nosotros. La pregunta es: ¿qué despierta al monstruo de su sueño?

Fácilmente podemos culpar a las personas por sus acciones abusivas y ciertamente deberíamos evitar que continúen. Pero estos son sólo resultados que salen a la superficie. El monstruo que despierta es una enfermedad social que se ha estado incubando por décadas y en nuestro tiempo, está surgiendo cada vez más.

¿Cómo llegamos a esto?

Hasta mediados del siglo 20, el cuidado de los niños fue completamente diferente de lo que vemos ahora y mucho más cercano a nuestro desarrollo natural como seres humanos. Las madres solían tener mejores condiciones para educar y cuidar del bienestar de sus hijos. Y eran socialmente reconocidas por hacerlo.

Luego vino la revolución industrial junto con poderosos intereses creados que buscaban modificar el orden social para obtener más ganancia. Se hicieron esfuerzos para que las mujeres ingresaran a la fuerza de trabajo, exaltando los ideales liberales de la emancipación de la mujer y su condición de igualdad en la sociedad. Esto fue para maximizar la producción y el consumo a un nivel que el mundo nunca había visto.

La sociedad de consumo que resultó, fue diseñada para saquear los recursos del planeta y orientar la vida humana a excesos materiales. Poco a poco, la gente adoptó un nuevo estilo de vida que reformuló el orden social y la unidad familiar.

Sin embargo, a medida que se descubren estudios sobre la felicidad, en realidad ni nosotros ni los pocos ricos, encontramos verdadera satisfacción y bienestar en la búsqueda cíclica de adquisición material.

¿El resultado? Una sociedad donde los niños pequeños son arrancados de su madre y arrojados a las manos de niñeras que también compiten en la carrera material. Una sociedad “libre” donde todo está permitido y los límites son difusos. Una sociedad donde la conexión natural entre padres e hijos está muy comprometida y devaluada. Una sociedad donde el ego monstruoso y desinhibido puede estallar incluso hacia niños indefensos.

El abuso infantil es el espejo de la sociedad humana en el siglo 21.

Nuestros niños necesitan una revolución social

Entonces, ¿qué vamos a hacer al respecto?; ¿cómo evitar incidentes similares en el futuro?; ¿cómo curar la enfermedad de nuestra sociedad?

Mientras no trabajemos para lograr un cambio fundamental en los valores sociales, todos podemos declararnos culpables del abuso en las guarderías.

Esto no es un llamado para retroceder en el tiempo. Por el contrario. Es una llamada de atención para que acontezca la siguiente revolución. Así como la revolución industrial nos enseñó a llevar un estilo de vida material, la siguiente revolución deberá enseñarnos a llevar un estilo de vida social.

Primero, debemos volver a darle prioridad a la educación. Esto debería convertirse en la profesión más valorada de la sociedad. Un educador debe recibir reconocimiento social junto con las condiciones para mantener su integridad profesional. Tenemos que elegir educadores que demuestren su pasión por criar a nuestros hijos, que tengan una profunda comprensión de la naturaleza humana y que reciban un intenso entrenamiento para lograr mesura y autocontrol en cualquier situación.

Estas son sólo algunas condiciones para cualquier educador que trabaje con niños. Pero la verdadera revolución sucederá cuando nosotros, los adultos, nos sentemos juntos en círculos, como en el jardín de niños y cultivemos internamente al ser humano que haga frente al monstruo que puede despertar.

Cuando redefinamos la meta de la vida, reemplazaremos la despiadada carrera material con una sensibilidad creciente para una profunda conexión humana y eso nos dará un nuevo sentido del significado de la satisfacción.

Entendiendo la guerra comercial de Trump

El portal más grande, Medium, publicó mi nuevo artículo “Entendiendo la guerra comercial de Trump“.

Desde el punto de vista de Trump, la histórica Cumbre en Singapur puede convertirlo en un candidato principal al premio Nobel de la Paz. La reconciliación de Corea del Norte, que lleva a la desmantelación de sus armas nucleares, es un claro beneficio para él y para los Estados Unidos. Si realmente lo logra, hará la historia que sus precedentes sólo pudieron soñar.

Trump salta de Cumbre en Cumbre. De la Cumbre de los G7 en Canadá a la Cumbre del siglo en Singapur. El espíritu trumpista va tras él. Así como rompió las reglas en el más importante encuentro de la organización de los países industrializados y se negó a firmar la declaración G7 para mantener un comercio justo con el argumento de que los Estados Unidos están siendo abusados; así llegó al encuentro con el gobernante de Corea del Norte, determinando en su estilo agudo e intransigente cuál era el mejor acuerdo a lograr. El hombre de negocios, Trump, llegó muy seguro de sí mismo, y como dijo sobre su contraparte, Kim: “en tan solo un minuto sabré si es serio”.

En estos precisos momentos nadie tiene bien claro cómo se implementará este acuerdo, pero de algo podemos estar seguros: Trump arrastrará a Kim y su potencia norcoreana hacia su enfoque práctico y empresarial de canje. El pueblo se alegrará de renunciar al asunto de las armas y a cambio, optarán por dedicarse a la prosperidad económica, de modo que la presión para inducir al líder de Corea del Norte ya está presente. Es más, en su modo perspicaz, Trump forzará a los países de Asia y Europa a preparar un cheque a Kim cuando éste acceda a desmantelar sus armas.

No en vano Trump se convirtió en un héroe mundial. Él representa una posición contraria al enfoque que dicta el orden político y económico en el mundo. Basta con mirar la imagen de la última Cumbre en Canadá en que ahorró miles de palabras y marcó las complejas relaciones entre el enfoque empresarial-práctico-terco de Trump y la comunidad internacional. Su esclarecido enfoque ajusta de nuevo las relaciones de canje racionales: ahora cada país entiende claramente qué se merece recibir y qué debe dar a cambio.

Muchos analistas sostendrán que Trump siembra mucha tensión además de conflictos entre los países, pero de hecho está entorpeciendo el camino de muchos actores internacionales y no les permite agravar la falta de estabilidad global ostentado un formato artificial de unión global, despojando al público de su dinero. Sus pasos están descosiendo conexiones internacionales o evitando que éstas se refuercen, y la idea natural es mantener la ventaja competitiva de los Estados Unidos. A su manera, está conduciendo al mundo a un proceso de reajuste, sacudiendo ideologías vanas que se adhirieron a la sociedad y a la economía mundial durante años, y también a la cultura de lo “políticamente correcto” que distorsiona la realidad.

El presidente americano no está necesariamente consciente del potencial de la compleja reacción en cadena que está destapando. Tampoco comprende el tamaño del punto de inflexión en la humanidad y mucho menos su función en el mismo. La verdad es que tampoco nosotros podemos apreciar la extensión del cambio al que estamos entrando. Día a día el mundo marcha hacia una conexión global e integral estrecha y en la medida que esta verdad se vaya revelando, la mentira egoísta será más predominante a la vista de todos. Está más claro que la sociedad humana necesita una base nueva de comunicación entre los hombres y los países, un reinicio del programa existente. Y Trump es el hombre que presiona con firmeza el botón de encendido.

Newsmax: “Referéndum sobre el aborto en Irlanda: una perspectiva global”

El portal más grande Newsmax publicó mi nuevo artículo “Referéndum sobre el aborto en Irlanda: una perspectiva global

El dramático referéndum de esta semana en Irlanda mostró que la mayoría de los irlandeses quieren acabar con una ley ancestral según la cual las mujeres que abortan –y los médicos que las ayudan a hacerlo– pueden enfrentarse hasta a 14 años de prisión.

Pero a medida que los abortos se vuelven legales en Irlanda, nace algo mucho más revolucionario que un simple cambio de leyes.

La transformación que está ocurriendo en la conservadora sociedad irlandesa es reflejo de un impulso global de liberalización que rompe, una tras otra, las normas de convivencia de la sociedad moderna. Progresivamente, el hombre se va liberando de los distintos esquemas sociales que solían controlar sus pensamientos y dictar su conducta.

Una mayor libertad exige mayor madurez

Echemos un vistazo a la historia. Desde las monarquías, a través de las distintas dictaduras, y llegando hasta las democracias contemporáneas que continúan cambiando su perfil en nuestros días, podemos observar con claridad un recorrido natural del desarrollo humano. El individuo va gradualmente tomando las riendas de su familia, sus posesiones, su cuerpo, su comportamiento, así como del resto de componentes que constituyen su identidad.

Pero hay algo que fácilmente puede pasar desapercibido para nosotros: si queremos mantener el equilibrio en la sociedad, la libertad debe ir acompañada de madurez por parte del ser humano.

Al mismo tiempo que nos liberamos de las cadenas del pasado y nos encaminamos hacia la libertad del futuro, debemos desarrollar la conciencia humana a un nivel totalmente nuevo. Con cada limitación que se retira, el hombre debería preguntarse: ¿Cómo estoy conectado con las otras personas a mi alrededor? ¿Cuál es mi obligación natural hacia ellas? ¿Cómo influyen mis acciones sobre los demás?

Estamos entrando en una era en la que las respuestas a estas preguntas ya no las proporcionará el clero, ni las autoridades públicas, ni las leyes, los reglamentos o cualquier institución dirigida a dictar la forma en la que deben pensar las personas. En vez de eso, las respuestas vendrán con el desarrollo interno del ser humano o, dicho con otras palabras, de nuestro desarrollo “espiritual”.

Ahora bien, esperar a que este desarrollo humano positivo ocurra por sí solo no es lo que estoy sugiriendo. Más bien al contrario: no me cabe duda de que debemos comenzar a educarnos a nosotros mismos como sociedad esclareciendo preguntas existenciales, aprendiendo acerca de nuestra naturaleza humana y preparándonos para ese estado de interdependencia en el que el mundo se está adentrando.

En otras palabras, estoy abogando por una expansión de la conciencia humana en el conjunto de la sociedad. Y en consecuencia, los individuos de la sociedad tendrán un mejor entendimiento de cómo comportarse para alcanzar un equilibrio.

Libertad a través de la interdependencia

¿Cómo hacerlo? Deberíamos seguir el ejemplo de cómo la naturaleza mantiene un “equilibrio dinámico”. Si observamos la vida dentro del cuerpo humano, veremos contrastes como el frío y el calor, órganos con diversas funciones, distintos tipos de gérmenes o fuerzas activas y pasivas, pero todos trabajan juntos en equilibrio y reciprocidad, complementándose mutuamente. Es el principio de la vida, capaz de funcionar sin nuestra participación.

Sin embargo, nosotros, los humanos, debemos desarrollarnos y complementarnos mutuamente de forma consciente y volitiva. Nuestro desarrollo como seres humanos nos está apremiando a alcanzar el equilibrio y la reciprocidad en todos los niveles de la vida.

Si no desarrollamos la capacidad de hacer esto, concedernos cada vez más libertades puede tener manifestaciones muy negativas en forma de terrorismo, delitos y otras formas de comportamiento aberrante. Sin una madurez para mantener el equilibrio social, podríamos vernos inmersos en un caos social, familiar y político llegando a un punto en el que el individuo haga solamente lo que a él le parece correcto y en su propio beneficio.

Creo que llegaremos a comprobar cómo ni el dinero ni el poder pueden llevarnos a la armonía social: sólo una educación cuyo objetivo sea elevar la conciencia humana nos ayudará a sentir nuestra interdependencia y apreciar nuestra humanidad conjunta. Y cuanto más desarrollemos al ser humano dentro de nosotros, más nos liberaremos de las limitaciones fuera de nosotros.

Breaking Israel News: “La Pascua judía: del materialismo a la unidad”

El portal más grande de Breaking Israel News publicó mi nuevo artículo “La Pascua judía: del materialismo a la unidad”

La Pascua judía es una oportunidad para pasar del estado de división, indiferencia y frialdad en nuestra sociedad a otro de unidad, preocupación y afabilidad.

Aunque el año judío comienza oficialmente en Rosh Hashaná, hay un enfoque más amplio en las fiestas judías que nos muestra la Pascua como el inicio del año judío. Para verlo desde esta perspectiva, debemos analizar el significado de la Pascua a un nivel más profundo.

La Pascua describe un proceso interno en el que, tras un periodo de intensa división, llegamos a la decisión de unirnos y con ello revelamos un estado más unificado. Asimismo, la Pascua resalta aquello que convierte al pueblo judío en un pueblo único.

¿Qué hace que el pueblo judío sea único?

A diferencia de otras naciones o razas, el pueblo judío no se formó orgánicamente a partir de un linaje familiar o por una proximidad territorial. Los judíos fueron originalmente una congregación de personas que dieron a conocer como “judíos” cuando estipularon unirse “como un solo hombre con un corazón” y aceptaron la responsabilidad de ser “una luz para las naciones” (la palabra hebrea para “judío” [Yehudí] proviene de la palabra “unido” [Yihudí] [Yaarot Devash, Parte 2, Drush 2]).

La festividad de la Pascua explica esta transición.

Todo comienza en un momento en que el pueblo de Israel vivía excepcionalmente bien en Egipto. En lo que a valores sociales respecta, los tenían todos: confort, riqueza y éxito, como está escrito en la Torá, “en Egipto (…) nos sentamos en torno a las ollas de carne y comíamos todo lo que queríamos” (Éxodo, 16: 3). No obstante, aun con toda esa abundancia material, sentían que les faltaba algo.

En este punto, debemos tomar perspectiva para ver este proceso que se describe: la naturaleza humana, que es un deseo de recibir placer, constantemente nos presiona para satisfacernos a nosotros mismos. Cuanto más tratamos de satisfacernos, más vacíos nos sentimos y más necesidad tenemos de un llenado mayor. Así, nuestro deseo de disfrutar crece y vamos evolucionando a través de las distintas fases de crecimiento del deseo. Después de satisfacer nuestras necesidades básicas –comida, sexo, vivienda y familia– nuestro deseo aumenta y desarrollamos los deseos sociales –dinero, respeto, control y conocimiento– que continuamente tratamos de satisfacer.

Pero aquí nos encontramos con un problema.

Como un perro que persigue su propia cola, vamos detrás de todos esos placeres pero seguimos sintiendo que deseamos algo más, algo diferente, sin saber precisar lo que realmente queremos. La historia de la Pascua explica este nuevo deseo: cuando nuestros deseos materiales se sacian, emerge un nuevo deseo de conexiones sociales positivas. Ese deseo se llama “Moisés”.

Moisés estuvo presente durante todo el periodo en que el pueblo de Israel prosperaba en Egipto. Creció en la casa del faraón hasta que concluyó su propia búsqueda de la felicidad en lo material. Fue entonces cuando comenzó el exilio en Egipto. El faraón, es decir, nuestro ego, no quiere aceptar la unidad. No hay peor idea para él que vivir la vida con la aspiración de “amar al prójimo como a ti mismo”.

Por eso, a medida que el pueblo de Israel prosperaba en Egipto, naturalmente comenzaron a desear más de lo que tenían, y la idea de la unificación social –Moisés– comenzó a tomar forma entre ellos. Luego comenzaría la lucha entre Moisés y el faraón. Por un lado, Moisés señalaba el camino hacia la unidad y el amor mutuo, mientras que el faraón insistía en que él gobernaría, es decir, que seguirían viviendo y trabajando solo para satisfacerse de forma egoísta y material. Cuando el faraón vio que pueblo de Israel aceptaba a Moisés, se convirtió en ese rey cruel que describe la historia de Pascua.

Tras un largo proceso, el pueblo de Israel finalmente apoyó a Moisés, clamaron unidad y triunfaron. Se unieron al pie del Monte Sinaí aceptando la ley de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Luego procedieron a purificarse del Hametz [levadura], es decir, su ego, e hicieron la transición (la Pascua) del egocentrismo a la unidad, siguiendo a Moisés y poniendo en práctica su idea.

La Pascua hoy

 La Pascua judía describe un proceso para vencer al egoísmo por medio de la unidad y, por lo tanto, hoy en día ese proceso sigue teniendo tanta relevancia como en el pasado. Nuestra actual cultura materialista se parece cada vez más al Egipto que la historia de Pascua describe: hemos disfrutado de las bonanzas del materialismo por un tiempo, y ahora cada vez más gente siente que a sus vidas les falta algo.

En las personas, esto se expresa con un aumento de la depresión, el estrés y la soledad, y en la sociedad se traduce en una mayor fractura social impulsada por la política, la xenofobia y el antisemitismo. Todos estos fenómenos nos muestran que podemos tener toda la abundancia material que deseemos, pero aun así no hallaremos satisfacción; lo que realmente necesitamos para llenar ese nuevo deseo amplificado es la unidad, unas conexiones sociales positivas.

A diferencia de lo que ocurre con nuestras satisfacciones materiales, no somos capaces de imaginar cómo sería una unión por encima de nuestras divisiones. No vemos ningún ejemplo de unidad que podamos implantar nuestros sistemas educativos y medios de comunicación. Y por ende, seguimos regurgitando y reinventando ideas, historias y productos materialistas ya que no vemos ni conocemos otra cosa.

A medida que la sociedad se mete más en este círculo vicioso de búsqueda de placer materialista sin ningún otro objetivo a la vista y a medida que surgen más problemas dada esta situación, mayor es la fijación de la sociedad con los judíos y más los culpan. El antisemitismo aumenta porque el pueblo judío, en sus raíces, posee un patrón para llevar a la práctica ese nuevo deseo por la conexión. Cuando el pueblo judío fracasa en su misión de unirse, precisamente ahora que no solo los judíos lo necesitan sino toda la humanidad, entonces, subconscientemente, el mundo comienza a sentir que los judíos son la causa de todos sus problemas.

Nuestros antepasados pasaron por el proceso de unidad y con ello se salvaron del desastre. Hoy, cuando nos señalan culpándonos con todo tipo de razones, depende de nosotros el identificar la causa de todos esos reproches: nosotros, entre todos los pueblos, hemos sido agraciados con la posibilidad de unirnos por encima de todo lo que nos separa, y eso es lo que el mundo necesita de nosotros. Es como si el mundo no prestara atención a todos los avances tecnológicos, médicos y culturales que hemos aportado a la humanidad. No obstante, si nos comportamos tal como hicieron nuestros ancestros, entenderemos para qué nos pusieron aquí y podremos ver cómo la actitud del mundo hacia los judíos se transforma en respeto y aprecio.

Espero que empecemos a tener en cuenta la raíz y la directriz que hay detrás de todos los problemas del mundo y que, en esta Pascua, podamos avanzar hacia la verdadera solución: la unidad.

¡Les deseo una feliz Pascua!

The Times of Israel: “La Pascua Judía: del materialismo a la unidad”

The Times of Israel publicó mi nuevo artículo “La Pascua Judía: del materialismo a la unidad”

La Pascua judía es una oportunidad para pasar del estado de división, indiferencia y frialdad en nuestra sociedad a otro de unidad, preocupación y afabilidad.

Aunque el año judío comienza oficialmente en Rosh Hashaná, hay un enfoque más amplio en las fiestas judías que nos muestra la Pascua como el inicio del año judío. Para verlo desde esta perspectiva, debemos analizar el significado de la Pascua a un nivel más profundo.

La Pascua describe un proceso interno en el que, tras un periodo de intensa división, llegamos a la decisión de unirnos y con ello revelamos un estado más unificado. Asimismo, la Pascua resalta aquello que convierte al pueblo judío en un pueblo único.

¿Qué hace que el pueblo judío sea único?

A diferencia de otras naciones o razas, el pueblo judío no se formó orgánicamente a partir de un linaje familiar o por una proximidad territorial. Los judíos fueron originalmente una congregación de personas que dieron a conocer como “judíos” cuando estipularon unirse “como un solo hombre con un corazón” y aceptaron la responsabilidad de ser “una luz para las naciones” (la palabra hebrea para “judío” [Yehudí] proviene de la palabra “unido” [Yihudí] [Yaarot Devash, Parte 2, Drush 2]).

La festividad de la Pascua explica esta transición.

Todo comienza en un momento en que el pueblo de Israel vivía excepcionalmente bien en Egipto. En lo que a valores sociales respecta, los tenían todos: confort, riqueza y éxito, como está escrito en la Torá, “en Egipto (…) nos sentamos en torno a las ollas de carne y comíamos todo lo que queríamos” (Éxodo, 16: 3). No obstante, aun con toda esa abundancia material, sentían que les faltaba algo.

En este punto, debemos tomar perspectiva para ver este proceso que se describe: la naturaleza humana, que es un deseo de recibir placer, constantemente nos presiona para satisfacernos a nosotros mismos. Cuanto más tratamos de satisfacernos, más vacíos nos sentimos y más necesidad tenemos de un llenado mayor. Así, nuestro deseo de disfrutar crece y vamos evolucionando a través de las distintas fases de crecimiento del deseo. Después de satisfacer nuestras necesidades básicas –comida, sexo, vivienda y familia– nuestro deseo aumenta y desarrollamos los deseos sociales –dinero, respeto, control y conocimiento– que continuamente tratamos de satisfacer.

Pero aquí nos encontramos con un problema.

Como un perro que persigue su propia cola, vamos detrás de todos esos placeres pero seguimos sintiendo que deseamos algo más, algo diferente, sin saber precisar lo que realmente queremos. La historia de la Pascua explica este nuevo deseo: cuando nuestros deseos materiales se sacian, emerge un nuevo deseo de conexiones sociales positivas. Ese deseo se llama “Moisés”.

Moisés estuvo presente durante todo el periodo en que el pueblo de Israel prosperaba en Egipto. Creció en la casa del faraón hasta que concluyó su propia búsqueda de la felicidad en lo material. Fue entonces cuando comenzó el exilio en Egipto. El faraón, es decir, nuestro ego, no quiere aceptar la unidad. No hay peor idea para él que vivir la vida con la aspiración de “amar al prójimo como a ti mismo”.

Por eso, a medida que el pueblo de Israel prosperaba en Egipto, naturalmente comenzaron a desear más de lo que tenían, y la idea de la unificación social –Moisés– comenzó a tomar forma entre ellos. Luego comenzaría la lucha entre Moisés y el faraón. Por un lado, Moisés señalaba el camino hacia la unidad y el amor mutuo, mientras que el faraón insistía en que él gobernaría, es decir, que seguirían viviendo y trabajando solo para satisfacerse de forma egoísta y material. Cuando el faraón vio que pueblo de Israel aceptaba a Moisés, se convirtió en ese rey cruel que describe la historia de Pascua.

Tras un largo proceso, el pueblo de Israel finalmente apoyó a Moisés, clamaron unidad y triunfaron. Se unieron al pie del Monte Sinaí aceptando la ley de “ama a tu prójimo como a ti mismo”. Luego procedieron a purificarse del Hametz [levadura], es decir, su ego, e hicieron la transición (la Pascua) del egocentrismo a la unidad, siguiendo a Moisés y poniendo en práctica su idea.

La Pascua hoy

La Pascua judía describe un proceso para vencer al egoísmo por medio de la unidad y, por lo tanto, hoy en día ese proceso sigue teniendo tanta relevancia como en el pasado. Nuestra actual cultura materialista se parece cada vez más al Egipto que la historia de Pascua describe: hemos disfrutado de las bonanzas del materialismo por un tiempo, y ahora cada vez más gente siente que a sus vidas les falta algo.

En las personas, esto se expresa con un aumento de la depresión, el estrés y la soledad, y en la sociedad se traduce en una mayor fractura social impulsada por la política, la xenofobia y el antisemitismo. Todos estos fenómenos nos muestran que podemos tener toda la abundancia material que deseemos, pero aun así no hallaremos satisfacción; lo que realmente necesitamos para llenar ese nuevo deseo amplificado es la unidad, unas conexiones sociales positivas.

A diferencia de lo que ocurre con nuestras satisfacciones materiales, no somos capaces de imaginar cómo sería una unión por encima de nuestras divisiones. No vemos ningún ejemplo de unidad que podamos implantar nuestros sistemas educativos y medios de comunicación. Y por ende, seguimos regurgitando y reinventando ideas, historias y productos materialistas ya que no vemos ni conocemos otra cosa.

A medida que la sociedad se mete más en este círculo vicioso de búsqueda de placer materialista sin ningún otro objetivo a la vista y a medida que surgen más problemas dada esta situación, mayor es la fijación de la sociedad con los judíos y más los culpan. El antisemitismo aumenta porque el pueblo judío, en sus raíces, posee un patrón para llevar a la práctica ese nuevo deseo por la conexión. Cuando el pueblo judío fracasa en su misión de unirse, precisamente ahora que no solo los judíos lo necesitan sino toda la humanidad, entonces, subconscientemente, el mundo comienza a sentir que los judíos son la causa de todos sus problemas.

Nuestros antepasados pasaron por el proceso de unidad y con ello se salvaron del desastre. Hoy, cuando nos señalan culpándonos con todo tipo de razones, depende de nosotros el identificar la causa de todos esos reproches: nosotros, entre todos los pueblos, hemos sido agraciados con la posibilidad de unirnos por encima de todo lo que nos separa, y eso es lo que el mundo necesita de nosotros. Es como si el mundo no prestara atención a todos los avances tecnológicos, médicos y culturales que hemos aportado a la humanidad. No obstante, si nos comportamos tal como hicieron nuestros ancestros, entenderemos para qué nos pusieron aquí y podremos ver cómo la actitud del mundo hacia los judíos se transforma en respeto y aprecio.

Espero que empecemos a tener en cuenta la raíz y la directriz que hay detrás de todos los problemas del mundo y que, en esta Pascua, podamos avanzar hacia la verdadera solución: la unidad.

¡Les deseo una feliz Pascua!