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Dr. Michael LaitmanEl sistema espiritual entero está en modo de espera. De hecho, se trata de un mecanismo sin vida, que no necesita nada para sí mismo. Lo mismo puede decirse acerca del Creador, porque Él es una ley fija.

Cuando yo digo que Él es amable, misericordioso, y otorgante, le atribuyo mis propias sensaciones. Esta es su imagen ante mis ojos, y Él mismo existe por encima de todo, por encima del alcance.

En consecuencia, el sistema de los mundos espirituales es un sistema de leyes inmutables. No existen otros “elementos sensibles” en este, sino nosotros, quienes demandamos algo y damos y recibimos conscientemente. Es como si hubiera una tubería que transmite Luz que pasa hacia mí. Hay un grifo al final de la tubería, pero yo no puedo abrirlo, al menos no con mis manos, sino que puedo abrirlo con mi deseo.

El grado superior no es un “hombre bueno”, sino un mecanismo programado. Yo pongo en marcha el sistema al apelar al superior. Éste sólo empieza a trabajar cuando traigo a él el deseo correcto, el impulso adecuado. Él siempre está listo; en otras palabras, está listo para iniciar el suministro de Luz tan pronto como yo “Abra el grifo”. Además, cuanto más la abra, más fuerte es la afluencia que recibiré.

Este grifo tiene un “código de acceso”. Para entrar en él, necesito hacer una solicitud adecuada, específica, verificada. Yo tengo que calcular mis deseos e intenciones, enfocar mi mente y sensación e invertirme por completo en esta “señal”, pasarla a través del grupo, conectar a mis amigos con el deseo común, y dirigir esto hacia el beneficio del Creador.

El grifo se abrirá una vez que coincida con el código correcto. El sistema está esperando que se le ingresen los datos correctos. Existe un mecanismo sin vida ante nosotros, que filtra y libera porciones de Luz, abundancia, energía, fuerzas y deseos.

La única parte viva es Maljut del mundo de Atzilut, que se encuentra abajo. Todo lo demás sólo viene a la vida en cuanto yo lleve mi vida, mis aspiraciones, y mi dolor hacia él.

Y es por eso que nosotros no podemos esperar a que algo venga de arriba por su cuenta. El sistema trabaja de acuerdo a mi deseo y a mis comandos. Si todavía no estoy listo para dar los comandos, entonces yo le grito a una pared sin encontrar al Creador. Él sólo aparece cuando sea capaz de extender la mano y tocarlo a Él.
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De la 4º parte de la Lección diaria de Cabalá del 12/5/10, “Introducción al Zóhar”

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