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Mirando el espejo

En la “Introducción al Libro del Zohar“, Baal HaSulam explica que la parte del cerebro responsable de nuestra percepción de la realidad está construida de manera similar a una máquina fotográfica a través de la cual vemos el mundo dividido. Yo me siento a mi mismo como una especie de cuerpo y veo que todo lo demás existe por fuera de mí. Por lo tanto, toda la realidad está divida en dos partes.

Esto, por supuesto, es una mentira y no existe tal división. Pero el punto es que hay un Creador y un ser creado, y el ser creado debe alcanzar al Creador como resultado de su desarrollo. Alcanzar al Creador sólo es posible mediante la observación hacia el exterior, por lo que el ser creado tiene que sentir que existe separadamente del Creador, parado frente a Él.

Entonces, mediante la comparación de los dos opuestos, la criatura comprueba y entiende los atributos inversos, se da cuenta que está frente al Creador, se da cuenta de que está mal y que necesita corrección para ser semejante al Creador y llegar a la adhesión con Él. Así alcanza el nivel “humano” en él.

Para permitirle a la persona evaluar todos estos atributos, entender, conocer, aclarar y corregir su percepción, la realidad está dividida en dos, de tal manera que le parezca a la persona que ella y el mundo exterior existen por separado.

Esto, por supuesto, ni siquiera se acerca a la verdad. La suposición de que existe una persona y que el Creador se encuentra por fuera de ella, por fuera del mundo de Ein Sof, tampoco es cierta. Pero tal sensación es necesaria para que vayamos añadiendo nuestro esfuerzo a la construcción de nuestra vasija y al logro de la comprensión y la revelación. Entonces ella será un “humano” que construye todo esto con su libre albedrío.

Es como darle a un niño juegos desafiantes y rompecabezas para que trabaje y gracias a ellos él crece, entiende, ve, prueba, hace un esfuerzo, y se construye a sí mismo. Lo mismo nos sucede con la doble percepción, la cual hace que nos sintamos a nosotros mismos y por fuera de nosotros, al mundo.

Todo nuestro trabajo es hacer esfuerzos para conectar las dos partes en una visión de conjunto llamada “no existe nadie más que Él” e “Israel, la Torá y el Creador son uno”. Esto significa sentirme a mí mismo y al resto del mundo externo como uno solo, y entender que primero tengo que preocuparme por el mundo exterior y sólo entonces preocuparme por mí mismo. Después de todo, tendré que proveer sólo lo necesario para la existencia de mi cuerpo bestial, y tengo que tratar de ver todo lo demás, a todo el mundo externo, como lo más preciado, como mi alma.

Entonces revelaré que el mundo externo también soy yo. Esto se debe a que lo trataba como algo opuesto a mí que yo odiaba, rechazaba y trataba de permanecer lejos de él; lo que me permitió aprender sobre mí mismo, sobre mi carácter, y sobre la “inclinación al mal“. Tuve la oportunidad de luchar con todos los atributos buenos, los imperceptibles, los toscos y los crueles y por medio de ellos alcanzar al Creador.

Después de todo, en cada incidencia de odio hacia el mundo externo, de alguna manera existe una necesidad de la ayuda del Creador. Así que mi rechazo hacia el mundo exterior y mi decisión de conectarme a él, el poder que recibo para ello del Creador y la unidad que alcance, todo esto me trae a la adhesión con el Creador.

Así que resulta que hay acciones de conexión con el mundo externo y existe la aceptación de este mundo, el sentimiento de unidad o el Creador. Mediante la creación de esta división del yo y el mundo exterior y la “zona neutral” (“Klipat Noga”) entre nosotros, yo consigo ayuda de parte del Creador, un estado que está parcialmente preparado para alcanzar la conexión con Él por medio de esta falsa percepción.

(66254 – De la 1º parte de la lección diaria de Cabalá del 8 de Enero del 2012, Shamati # 36)

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